No. 56
(noviembre de 2003)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Cincuenta años después de la primera revolución obrera boliviana

La insurrección boliviana

Pedro Fuentes*

La insurrección boliviana no ha sido un hecho aislado en la historia de Bolivia. Para las nuevas generaciones militantes, Bolivia es conocido por ser un país pobre en donde murió el Che en manos del ejército. Pero también Bolivia es el país de más revoluciones de nuestro continente, porque es el país en donde se juntaron grandes contradicciones. Un país saqueado primero por el imperio español y luego por el imperialismo británico y yankee. Que como relata Galeano tuvo en Potosí la ciudad más rica y una de las más pobladas del planeta en 1650. No por casualidad es también el país que más golpes de Estado tuvo: 170 golpes en 157 años de independencia nacional y dos guerras a fines del siglo XIX con Chile que le quitó la salida al mar, y en 1930 con el Paraguay por el dominio del Chaco. Una burguesía que se mostró en toda la historia incapaz de poder encabezar el desarrollo del país hecha un sandwich entre la voracidad imperialista y un movimiento de masas radicalizado como consecuencia de su extrema pobreza.

En los mismos escenario que hace sólo días se vivieron los enfrentamientos más importantes entre los trabajadores y campesinos, en la ciudad del Alto, La Paz y en las grandes zonas mineras de Oruro transcurrió hace cincuenta años la revolución de 1952. A comienzos de abril de ese año la clase obrera, educada por el trotskysmo llevó adelante una de las revoluciones obreras más perfectas conocidas. Destruyó al ejército, constituyó milicias obreras y campesinas como el único poder real del país y organizó la Central Obrera Boliviana que centralizaba a todo el movimiento obrero y campesino y las milicias. Fue la más importante revolución de nuestro continente que infelizmente no llevó al poder a los trabajadores porque la COB entregó el poder que estaba en sus manos al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) a un partido burgués nacionalista que con el tiempo logró desmontar la revolución.

El nacionalismo burgués en Bolivia

Para la década del 40, Latinoamérica fue atravesada por movimientos nacionalistas burgueses que en medio de la Segunda Guerra Mundial y su posguerra hicieron cierta resistencia al imperialismo, como fue el caso de —Getulio Vargas en Brasil y Peron en la Argentina. En Bolivia, este período y este movimiento fue infinitamente más contradictorio y convulsivo, llevó a golpes, insurrecciones populares, y guerras civiles. El movimiento “nacionalista” estaba prisionero entre la fuerza de “la rosca” constituido por los grandes latifundistas y los grandes propietarios de las minas —en parte testaferros de empresas yankees— y un movimiento de masas sumamente empobrecido y radicalizado en donde se fue gestando como vanguardia el proletariado minero.

El 21 de julio de 1946 una insurrección popular en la Paz, esencialmente de las masas pobres urbanas, trabajadores estatales y estudiantes, terminó con el presidente Villarroel que encabezaba un gobierno que tenía roces importantes con los Estado Unidos de un lado y los latifundiarios, pero que no resolvía ninguno de los problemas del país. La violencia se vio condensada en el hecho de que Villarroel y varias ministros al grito de “Villarroel al farol”, fueron asesinados y colgados en los faroles de la Plaza principal de la ciudad de La Paz.

Los trabajadores mineros y el trotskysmo

Este contexto explica que en el año 1946, en dos sucesivos congresos de los mineros, el trotskysmo, formado en los años 30 y que era hasta entonces una formación pequeña que representaba esencialmente a un sector de intelectuales, se convirtiera en la fuerza mayoritaria de estos congresos desplazando tanto al Partido Comunista como a los sectores nacionalistas. Este sector social más concentrado y que más peso tenía en la economía del país, hizo la experiencia con las salidas “revolucionarias” de los militares golpistas que hablaban de socialismo, de la política pro burguesa del Partido Comunista y el nacionalismo inconsistente del MNR. Comenzó a poner su atención en las posiciones del POR (Partido Obrero Revolucionario) adherido a la IV Internacional. Así es como en su tercer Congreso, bajo la inspiración del POR se pronuncia por “la escala móvil de salario, la ocupación de las minas y su nacionalización bajo control obrero”.

Posteriormente a la insurrección de julio y bajo los influjos de la marea revolucionaria que no se había detenido, se hace un nuevo congreso extraordinario donde se votan las Tesis de Pulacayo, la máxima conquista teórica y programática lograda hasta entonces para los trabajadores de América Latina presentado por un sector de obreros mineros bajo la inspiración del POR.

En algunas de sus partes fundamentales decía: “El proletariado constituye la clase social revolucionaria por excelencia. La particularidad de Bolivia es que no hay una burguesía capaz de liquidar el latifundio y otras formaciones precapitalistas. (...) No puede realizar la unificación nacional y liberarse del yugo imperialista. Tales tareas burguesas no cumplidas son los objetivos de la revolución democrático burguesa que debe realizarse. (...) El proletariado se caracteriza por tener la fuerza suficiente para realizar sus propios objetivos e incluso los ajenos. Señalamos que la revolución democrático burguesa sino se la quiere estrangular debe convertirse sólo en una fase de la revolución proletaria. Las consignas transitorias además de la escala móvil y la nacionalización de las minas con control obrero incluían el armamento para los trabajadores.

Decía también que “los ministros obreros no cambian la estructura de los gobiernos burgueses. Mientras el Estado defienda la sociedad capitalista los ministros obreros se convierten en vulgares proxenetas de la burguesía. La burguesía idea los ministros obreros para poder engañar a los trabajadores para conseguir que los explotados abandonen sus propios medios de lucha”. Y sobre las elecciones afirmaba “que no llegaremos al poder por la papeleta electoral: llegaremos por obra de la revolución social”.

La insurrección triunfante

Las tesis de Pulacayo no fue un programa alejado de la realidad y escrito entre cuatro paredes. No fue impuesto a los mineros por la habilidad de algún orador sino que representó una guía para la acción de los trabajadores bolivianos y se puso a prueba en abril del 52. Se llegó a ese año, después de un convulsivo periodo marcado por una violenta guerra civil en el 49 y una huelga general revolucionaria en 1950 que provocaron una situación de pánico de la gran burguesía. En las elecciones realizadas en el 51 triunfa el MNR. A los pocos días los militares dan un golpe que dio el poder a una nueva Junta Militar.

Este gobierno no duró mucho, ya que uno de los militares que en ese momento representó al traidor de turno, en convivencia con sus “enemigos” del MNR decidió dar un nuevo golpe palaciego. Este golpe que debía ser sólo un levantamiento de horas y de algunos cuarteles y militantes del MNR para tomar el Palacio Quemado de la PAZ se transformó en una insurrección obrera y popular que triunfó.

Los trabajadores y el pueblo salieron a las calles se armaron asaltando arsenales, enfrentaron una encarnizada lucha de dos días con el ejército y lo derrotaron. El troskysta argentino Liborio Justo lo relata en su libro sobre Bolivia. “Del 9 al 11 de abril la ciudad de la Paz vive sus sesenta horas rojas. La lucha que se libra de barrio a barrio se define luego casa a casa. En oruro, los mineros descabezan las fuerzas del regimiento que se disponía trasladar sus efectivos a la Paz. Sobre el borde del Alto los obreros de milluni arrojan cargas de dinamita sobre la ciudad como mensaje de aliento. Copada la retaguardia de las tropas por los mineros, los revolucionarios de La Paz reinician el avance . En pocas horas se resuelve la suerte de la lucha a favor de la revolución. Siete regimientos perfectamente equipados han sido vencidos”.

El poder en manos de los trabajadores se entrega al MNR

El ejército fue destruido y el poder quedó en las manos de las milicias armadas de la federación minera, de los sindicatos de la Paz y de los campesinos. La oleada revolucionaria no se detuvo con este triunfo. Pocos días después se creaba la COB que nucleaba a todos los trabajadores organizados y sus milicias, y a la que se sumarían en poco tiempo los sindicatos campesinos. Las milicias armadas centralizadas en la COB era el único poder efectivo y existente, al punto tal que el Palacio Quemado era precisamente custodiado por ellas. Pero dentro estaba el gobierno del MNR, de Paz Estensoro y Silez Suazo a los que la insurrección entregó el gobierno.

La insurrección fue de hecho codirigida por el POR y el sector de Lechin, dirigente minero del MNR y representante de la burocracia sindical. El POR aceptó esta política, bajo la fórmula que debía ser un poder transitorio. El gobierno incorporó hasta cinco ministros obreros, para como decían las mismas Tesis de Pulacayo “engañar a los trabajadores para conseguir que los explotados abandonen sus propios medios de lucha”.

Esta negativa a tomar el poder tuvo consecuencias nefastas para los trabajadores. El MNR en el poder se vio obligado a cabalgar el proceso revolucionario para ir desmontándolo en un proceso que duró mucho tiempo, pero con lo hecho logró salvar el régimen burgués.

La nacionalización de las minas se hizo un año después pagando indemnizaciones que salvaron a la burguesía minera que estaba golpeada no sólo política sino económicamente por años de ascenso de las luchas que bajaron la producción. En contrapartida, la reforma agraria campesina fue llevada adelante en todo el altiplano y esta se convirtió durante mucho tiempo en la base social del gobierno del MNR.

Con las minas nacionalizadas los obreros mantuvieron durante más de una década el control obrero de la producción. Más de un año después es refundado el ejército bajo el rotulo de “nuevo ejército de la revolución”. Sin embargo, las milicias obreras van a ser parte de la realidad boliviana por muchos años, y van a terminar de ser desarmadas con el golpe sangriento de Barrientos en el año 65, en donde es fusilado en los socavones de la mina de siglo XX, el dirigente minero trotskista Cesar Lora.

La lucha de clases no paró durante estas décadas. El proletariado boliviano sufrió una derrota por no tomar el poder pero nunca fue aplastado por la contrarrevolución como sucedió en otros países latinoamericanos. Esto explica que haya tenido sistemáticamente nuevas expresiones de lucha revolucionaria y muy poca estabilidad de la burguesía. En el 70 fue la Asamblea Popular que nucleaba a todos los trabajadores la que sostuvo una fuerte lucha contra los golpes de derecha. En el 85, con una huelga general de 16 días en la cual los mineros estuvieron a la vanguardia ocupando el gobierno de Oruro, enfrentaron al gobierno del MNR. La huelga general no se transformó en insurrección y de esa manera terminó siendo derrotada, dando un golpe fuerte a los trabajadores por el cual comenzaron las privatizaciones en Bolivia.

La nueva revolución boliviana

Cincuenta años después vivimos una nueva revolución boliviana que vuelve a sacudir a Latinoamérica. Tiene muchos elementos comunes con la anterior. Esta vez su componente indígena y campesino es más fuerte como resultado del proceso de desindustrialización y achique de la industria minera.

Desde comienzos de septiembre los campesinos de la región de Warisata organizados en la CSUTCB dirigida por Quispe, cortaron las rutas por sus reclamos sectoriales y la entrega del gas. El 19 de septiembre más de 150 mil personas se manifestaron en la Paz y en otras ciudades en rechazo a la entrega del Gas. El 20 de septiembre el ejército intentó desalojar el bloqueo de Warisata matando a seis campesinos entre ellos una niña de seis años. Esta masacre desató un levantamiento general de los campesinos que salieron a hacer bloqueos en todo el altiplano. La presión de las bases obligó a la CSUTCB a decretar el bloque generalizado de los caminos hacia La Paz y la COB llamó a la huelga general. La represión del ejército transformó la lucha del gas en una lucha por derrocar al gobierno de Sánchez de Losada.

El Alto, al borde de La Paz, fue nuevamente escenario de una batalla fundamental de los trabajadores y el pueblo. Con los mineros de Huanuni a la cabeza se logró enfrentar la represión, vencerla y avanzar hacia La Paz que fue ocupada por el pueblo movilizado. El ejército se sintió con sus fuerzas débiles para la represión, y entonces Lozada prefirió retirarse para evitar un enfrentamiento decisivo que hubiera perdido como en el 52 y de esa manera salvar al régimen.

Pero como también ocurrió en el 52, en ese momento decisivo del derrocamiento del gobierno, la tregua que han dado la COB la CSTUCB y el MAS ha permitido que surja de la crisis revolucionaria un nuevo gobierno burgués. Las lecciones del 52 son claras, basta releer las tesis de Pulacayo. La tregua de hoy, como la entrega del poder del 52, sólo permitieron que la burguesía gane tiempo para llevar adelante nuevos ataques a los trabajadores.

La lucha no está decidida

Sin embargo, una nueva revolución puede surgir a no largo plazo ya que el nuevo gobierno no resolverá ninguno de los problemas. A diferencia del 52, tiene menos márgenes. Ahora el enfrentamiento al imperialismo es aún más directo, y se inscribe en una confrontación continental más aguda con el imperialismo, cuando ha habido levantamientos en Ecuador y en Argentina. En momentos en que no hay ningún margen para proyectos nacionalistas burgueses, como no hay más márgenes para hacer concesiones a las masas en medio de un saqueo imperial que no cesa.

En este marco, los revolucionarios latinoamericanos deberemos poner nuestra mira en una nuevo levantamiento boliviano, recuperando las enseñanzas de sus gloriosas y heroicas luchas y en la esencia de las Tesis de Pulacayo que están hoy vigentes. La batalla es para que las organizaciones obreras y campesinas tomen el poder terminando con el régimen burgués. Esta es la única forma de que Bolivia rompa con el imperialismo y se avance en la lucha continental por la segunda independencia de Latinoamérica del imperialismo.

 

Publicado en Correspondencia de Prensa - Boletín Informativo difundido electrónicamente por la red solidaria de revistas de la izquierda radical, Desde los 4 puntos, Movimiento y A L‘ encontre.

* Miembro del Consejo Editorial de la revista Movimiento, y dirigente del Movimiento Esquerda Socialista (MES) de Brasil.

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