No. 55
(octubre 2003)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Izquierda radical

Anti-imperialismo, anti-capitalismo y revolución

Alex Callinicos

Las protestas anti-guerra alrededor del mundo este fin de semana son otro paso en el desarrollo de un genuino movimiento global de resistencia a las normas actuales del mundo. Muchos manifestantes reconocen que el problema es mucho más profundo que George W. Bush y Tony Blair.

Algunos liberales deben mirar en retrospectiva nostálgica a la presidencia de Bill Clinton. Pero el General Wesley Clark, el candidato demócrata presidencial más cercano a él, comandó las fuerzas OTAN que bombardearon a Yugoslavia dentro de una sumisión a las órdenes de Clinton en 1999. Además, la dominación del mundo por un puñado de grandes matones toma diferentes formas. Hace unas noches, la conferencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún en México colapsó en desorden.

Esto ocurrió porque los dos poderes económicos más grandes en el mundo —los Estados Unidos y la Unión Europea— fueron muy lejos al tratar de forzar a los países pobres del Sur a abrir más sus economías a las grandes corporaciones del Norte. El fracaso de estos esfuerzos fue una derrota importante para el neo-liberalismo, las políticas del libre mercado que instituciones como la OMC, FMI y BM han intentado aprovechar globalmente en beneficio de los países ricos.

Muchos activistas ahora reconocen las conexiones entre los distintos puntos. Al ver corporaciones norteamericanas como Bechtel y Halliburton que obtienen contratos para reconstruir Irak incluso antes que el Pentágono empezara a derribarlos, son valederas las docenas de lecturas sobre imperialismo.

Estas conexiones proceden del hecho que todos nosotros vivimos bajo el mismo sistema mundial capitalista. La principal fuerza conductora del capitalismo es económica la búsqueda de ganancias. La fuente de estas ganancias vienen del trabajo de cerca de mil millones de trabajadores asalariados de todo el mundo.

El sistema está constantemente re-estructurándose a sí mismo para encontrar las mejores oportunidades de explotar a estos trabajadores. Por ejemplo, en los pasados últimos años las multinacionales occidentales han estado volcando inversiones dentro de China para aprovecharse de su vasta fuerza de trabajo.

El capitalismo es manejado también por la competencia. Los capitalistas luchan entre ellos mismos por el mejor reparto posible del botín que ellos han exprimido colectivamente de los trabajadores. A pesar de unirse para imponer el neo-liberalismo en el Tercer Mundo y en los otros países del viejo Bloque Oriental, los Estados Unidos y la Unión Europea continuamente chocan en el comercio.

Esta competencia no es sólo económica. A comienzo del siglo XX, el mundo fue dominado por un puñado de poderes capitalistas donde sus rivalidades económicas se empezaron a entretejer con la lucha por la política global y la dominación militar.

Esto es lo que los herederos intelectuales de Karl Marx un siglo atrás llamaron imperialismo. Corporaciones gigantes, en su búsqueda de mercados e inversiones, han empezado a depender de la fuerza militar de sus respectivos Estados. Fuera de estas peleas viene primero la espantosa destrucción impuesta a la humanidad por la larga Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Al comienzo de la Guerra Fría, George Kennan del Departamento de Estado de los Estados Unidos escribió, “Nosotros tenemos alrededor de un 50% de la riqueza mundial pero sólo 6,3% de su población. En esta situación no podemos fallar en ser el objeto de envidia y resentimiento. Nuestra real tarea en el próximo período es trazar un modelo de relaciones que nos permita mantener esta disparidad sin el detrimento positivo de nuestra seguridad nacional”.

Esto mantiene la tarea de los dominadores norteamericanos hoy en día. Los Estados Unidos emergieron de la Guerra Fría como el poder imperialista dominante. Pero los neo-conservadores que ayudan a formar la política global de la administración de Bush, temen que su “hegemonía” no durará. Los Estados Unidos es militarmente incuestionado, pero enfrenta economías rivales como la Unión Europea y Japón. La rápida expansión económica de China puede algún día permitirle desafiar a los Estados Unidos como un “competidor par” por la dominación regional o incluso la global. La administración de Bush ha apostado afirmar su poder militar norteamericano para intimidar al resto del mundo en la sumisión. Pero parece como si no pudiera amortizar esta apuesta.

En Irak la ocupación del ejército anglo-americano se está volviendo empantanada frente a la resistencia armada creciente. Incluso los condescendientes medios norteamericanos y el establecimiento político están comenzando a pronunciar la temida palabra “Vietnam”.

Más aún, la guerra en Irak ha ensanchado las divisiones entre los líderes capitalistas poderosos, Francia y Alemania, contra los EEUU e Inglaterra. Las divisiones fomentaron a que los gobiernos del Tercer Mundo resistan las demandas de los EEUU y de la UE en Cancún. El activista filipino y el intelectual Walden Bello señalan que es bastante justo decir que el capitalismo neo-liberal esta experimentando un aumento de “crisis de legitimidad”. ¿Pero cómo los movimientos de resistencia toman ventaja de esta crisis?

Algunos creen que podemos encontrar aliados entre los dominadores del mundo. Principales intelectuales anti-capitalistas como George Monbiot y Bernard Cassen infieren en armar a la Unión Europea como un contrapeso a los Estados Unidos. Pero la UE es una de las fuerzas conductoras bajo el neo-liberalismo. En Cancún, Pascal Lamy, el apoderado comercial europeo, fue aún más malintencionado en sus demandas al Tercer Mundo que su colega de los Estados Unidos, Robert Zoellick. Edificar la UE como un poder militar, como los gobierno franceses y alemanes ahora proponen, permite una carrera de armamentos que, como la Guerra Fría, puede amenazar en destruir la humanidad.

Nosotros necesitamos ser similarmente cautelosos sobre los gobiernos de los poderosos estados del Tercer Mundo como Brasil, India y Sud-África que guiaron la oposición en Cancún. Todos ellos son empujados a través de políticas neo-liberales nacionales, mientras que India es normada por el ala chauvinista hindú de la extrema derecha.

Más fundamental, el problema básico es el sistema. En vez de hacer retroceder un grupo de ladrones y asesinos que arreglan el mundo contra otro, necesitamos deshacernos del capitalismo. Necesitamos una revolución. “Revolución” es una palabra que asusta a mucha gente. Esto evoca imágenes de violencia. Pero la fuente principal de la violencia, en la que realmente implica revoluciones es la de la contrarevolución.

La historia muestra que el rico y poderoso peleará despiadadamente por defender sus privilegios. El ejemplo más reciente es el “otro 11 de septiembre”, Chile en 1973, cuando un golpe militar derribó al Presidente Salvador Allende. El ejemplo de la administración de Bush muestra detrás de cualquier duda la determinación de que el rico reglamenta por la fuerza. Pero hay una oposición a su poder. Después del día global de la protesta anti-guerra del 15 de febrero, el New York Times anunció que este movimiento marcó la emergencia de un “segundo superpoder”.

El actual movimiento anti-guerra es inaudito­ en su escala y en alcance mundial. Esto es también caracterizado por una conciencia creciente de la convergencia entre resistencia a la guerra y el movimiento contra el capitalismo global que empezó en Seattle en 1999. Reflejando esta conciencia, el Foro Social Europeo traerá decenas de cientos juntos a París en noviembre. Por supuesto, el movimiento no paró a Bush ni a Blair de ocupar en Irak. No ha terminado la ocupación, si bien hay una oportunidad que, en combinación con la resistencia en Irak, se haga.

La debilidad fundamental de los movimientos es que ha fallado realmente en movilizar la fuerza de la clase trabajadora organizada. Porque como la explotación capitalista consiste en el trabajo de los trabajadores, ellos tienen el poder colectivo para paralizarlo y aún más llevarlo hasta a un fin. Más allá, sólo hemos tenido destellos de lo que esto podría ser, con la presencia de los contingentes de sindicatos en las grandes protestas anti-capitalistas y anti-guerra, y en las huelgas y en las protestas en los lugares de trabajo que se manifestaron frente a la invasión de Irak en marzo.

Una razón por la que el movimiento necesita socialistas organizados es para ligar el amplio movimiento contra el neo-liberalismo con las batallas diarias de trabajadores contra su explotación.

Cuando estas dos luchas se fusionen en un solo asalto contra el sistema, nosotros no diremos solo, “Otro mundo es posible”. Nosotros lo haremos realidad.

 

Publicado en Socialist Worker , Londres, 27-9-03. Traducción de Estefania S. para Panorama Internacional de Prensa - Correspondencia de Prensa Boletín Informativo difundido electrónicamente por la red solidaria de revistas de la izquierda radical, Desde los 4 puntos, Movimiento y A L‘ encontre

 

 

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