No. 54
(septiembre 2003)

csapn@laneta.apc.org
CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

<< Νndice de artνculos

Imperialismo

El militarismo, la guerra y la crisis del capitalismo *

Claude Serfati

Varios economistas que trabajan para bancos franceses han señalado que la recesión que ha afectado a los EE.UU. varios meses antes del 11 de septiembre de 2001 presenta ciertas de las formas de las crisis analizadas por Marx /1. La sobreacumulación de capital industrial /2 se ha producido en la euforia de la “ nueva economía ” . Ha sido alimentada por una formidable subida del crédito y del endeudamiento que han alimentado a la vez la inversión de las empresas y el consumo de los hogares. La sobreacumulación del capital se ha traducido por una bajada de la tasa de rentabilidad del capital invertido en la producción.

Sin embargo, Marx consideraba que las crisis que analizaba no eran simplemente un “ punto bajo ” en una evolución cíclica del capitalismo. Reflejaban el callejón sin salida de un modo de producción cuya perpetuación no podía sino llevar a la humanidad a la catástrofe. La mundialización del capital no tuvo como consecuencia una expansión del capitalismo comprendida como una ampliación de la reproducción de las riquezas a escala planetaria, sino un aumento de las operaciones predatorias operadas por el capital, cuyos “ derechos de propiedad “ (sobre activos financieros) le permiten percibir rentas financieras, así como apropiarse de los procesos de la vida. “ No se produce demasiada subsistencia proporcionalmente a la población existente. Se produce demasiado poco para satisfacer decente y humanamente a la masa de la población ” /3.

Es esta contradicción la que la mundialización del capital ha llevado a un nivel inigualado, aplastando a la mayor parte de los países de África y llevando durante el decenio de los 90 a los países “ emergentes ” de Asia y América Latina a la crisis. Esta contradicción se expresa hoy en los Estados Unidos y exigirá, para ser superada, un conjunto de medidas que golpearán no solo a los asalariados americanos, sino que acentuarán la amenaza sobre las condiciones de reproducción de las clases sociales explotadas y las poblaciones oprimidas, y la propia existencia de mucha gente (como se constata ya inciertas regiones de la llamada periferia, en África, Asia y otros lugares).

La crisis económica en el corazón del imperialismo dominante

Es necesario poner en perspectiva la situación actual de la economía americana. Como consecuencia de la crisis económica que estalló en 1973, el decenio de 1980 estuvo marcado por un cambio radical de relación de fuerzas entre el capital y el trabajo. El capital, apoyado en las políticas neoliberales, impuso una elevación considerable de la tasa de explotación de la mano de obra, gracias a tasas de paro elevadas y una progresión de la flexibilidad y de la precarización, en particular la de los jóvenes. Se ha visto resurgir en los países de le Unión Europea (y no sólo en Gran Bretaña), dirigidos por gobiernos de “ derechas ” o de “ izquierdas ” , azotes que recordaban a los de los años 30 ( “ ollas comunes ” , sin-techo, enfermedades debidas a las carencias alimenticias y a la falta de recursos para ir al médico o al dentista).

El decenio de 1980, mostraba ya el coste, que para los explotados, supone el mantenimiento de la dominación del capital. El hundimiento de los regímenes burocráticos de la URSS y de los países de Europa Central y Oriental a comienzos del decenio de los 90 se produjo cuando las economías de los EE UU y de la UE estaban confrontadas a una grave recesión. En los Estados Unidos, esta recesión había sido agravada por el crack bursátil de octubre de 1987 –en el curso del cual los valores de las acciones de Wall Street habían bajado más que en el “ jueves negro ” de 1929-, y luego por la quiebra de las cajas de ahorro (Saving&Loans) cuyo salvamento costó 150 millardos de dólares pagados por los contribuyentes americanos.

En ese momento, los hechos (déficits comerciales, endeudamiento exterior) y los análisis concordaban: los EE UU salían del decenio de los 80 en una posición económica netamente deteriorada frente a sus competidores más cercanos (Alemania, Japón). La recesión comenzada a finales de 1989 no había terminadocuando la guerra contra Irak fue decidida por G. Bush (padre). Esta decisión intentaba confirmar a los ojos de todos, incluidos los aliados europeos, que la era del reparto del mundo con la URSS estaba cerrada, y que las reglas (por ejemplo respecto a la ONU) habían cambiado. Había sido preparada por intervenciones militares que intentaban acabar con el “ síndrome de Vietnam ” y que habían aumentado en intensidad en el curso del decenio (Granada 1983, Libia 1986, Golfo Pérsico en apoyo a Sadam Hussein en la guerra contra Irán 1986-87, Panamá 1989-1990). La guerra contra Irak (1990-1991), etapa fundamental en la confirmación de la postura imperialista de los Estados Unidos, mostraba que sus dirigentes utilizarían la fuerza armada para imponer y ampliar la dominación del capital americano.

Algunos meses después del fin de la guerra, la economía de los Estados Unidos conoció un fuerte crecimiento. Luego, la “ exuberancia irracional ” señalada por Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal , en 1996, no solamente golpeó a los “ mercados financieros ” , sino que invadió también el pensamiento económico dominante, que asistió a la emergencia de una “ nueva economía ” de la que estarían eliminados todos los males engendrados por el capitalismo: paro, inflación, crisis y muchas más cosas.

La economía de los EE UU dispone evidentemente de recursos en el plano interno, pero el fuerte crecimiento de los años 90 se explica, en primer lugar, por el papel absolutamente dominante que ese país desempeña en el plano internacional y por el uso económico y militar que hace de él. La deuda externa de los Estados Unidos pasó de 200 millardos de dólares en 1990 a 2700 millardos en 1999.

Los títulos de la deuda pública han alimentado la actividad de los mercados financieros americanos, y les han puesto, teniendo en cuenta el estatus de los Estados Unidos, en el centro de la acumulación del capital rentista en búsqueda de colocaciones menos inciertas y arriesgadas que en cualquier otra plaza del planeta. Pero esta mecánica hace igualmente de las plazas americanas un lugar vulnerable debido al inmenso edificio de créditos, obligaciones y acciones que se ha constituido en los años 90.

El primer pilar de este frágil edificio está constituido por los préstamos extranjeros que financian la enorme deuda externa. Sin embargo, la desconfianza que se instala en el comportamiento de los acreedores extranjeros en cuanto a la capacidad de la economía americana para poder superar la crisis actual se añade a la crisis profunda que los acreedores extranjeros /4, en primer lugar los japoneses, también conocen.

Créditos a raudales

El segundo pilar ha reposado sobre la creación de créditos por la FED, institución central del capitalismo americano contemporáneo. La apertura de créditos a raudales por el banco central americano ha sido la base sobre la que el capital ficticio ha proliferado. La creación de créditos ha sido utilizada a menudo para hacer frente a los crack bursátiles anteriores (en particular el de octubre de 1987), y a las grandes quiebras (como las cajas de ahorro en 1990-91, fondos especulativos LTCM ocurrida en 1998 tras la crisis asiática). Pero hoy, el muy bajo nivel de las tasas de interés consentidas por la FED -se han elevado al 1,75% como media en 2001 y 2002 /5- no tiene a penas efecto sobre la economía, puesto que no es repercutido por las instituciones de crédito. En efecto, estas últimas, desde los asuntos Enron, WorldCom y demás, han agotado sus créditos a las empresas y han elevado su coste para todos los demás solicitantes de créditos.

Todo el mundo sabe en los EE UU que la casi totalidad de los grandes grupos puede encontrarse, mañana, en la situación de Enron o de WorldCom. Hay inquietudes de una amplitud aún más importante sobre la posible quiebra, para algunos inevitable, de las dos grandes instituciones de crédito bancario /6, debido al elevado nivel de sus compromisos en los mercados de derivados.

El tercer pilar, el de los títulos emitidos en bolsa ( obligaciones, acciones) que había permitido financiar a crédito el crecimiento de las firmas fundadas en las tecnologías de la información y de la comunicación (y de otros sectores), está evidentemente hundiéndose en el curso de los cracks bursátiles de los últimos quince meses.

El relanzamiento de la economía por el aumento de los gastos públicos decidido por la Administración Bush constituye una tentativa para remediar la recesión que golpeaba a la economía americana antes del 11 de septiembre de 2001. El plan se eleva a 51 millardos de dólares para el año 2002, de los cuales 35 millardos son ayudas fiscales a las empresas a fin de favorecer la inversión. Las exenciones fiscales destinadas a los hogares –puestas en marcha o programadas- conciernen esencialmente a las altas rentas (bajada de las tasas marginales, fin de la doble imposición de los dividendos, etc.).

Según un reciente estudio, las reducciones de impuestos planificadas por la Administración Bush conducirán a que el 1% de los contribuyentes americanos más ricos captarían más del 50%, mientras que el 20 % de los contribuyentes más pobres no disfrutaría más que del 1% del montante total de esas reducciones fiscales /7. En cualquier caso, el resultado más inmediato es que los años de excedentes presupuestarios primarios (es decir antes de pago de los intereses de la deuda), que llevaron a algunos a anunciar la reabsorción de la deuda pública para fin del decenio de 2000, han sido sustituidos de nuevo por un déficit de 160 millardos de dólares en 2002 y probablemente 200 millardos en 2003. La subida exponencial de la deuda pública está recomenzando y con ella las esperanzas del capital rentista.

La estrategia de seguridad nacional: la nueva agenda

El 17 de septiembre de 2002, la Administración Bush ha hecho público un documento titulado “ La estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos de América ” . Este documento representa la conclusión de una evolución observada desde finales del decenio de los 90. Pero su publicación tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la guerra de Afganistán, en un contexto de recesión y de hundimiento incontrolado de los valores bursátiles, hace de él un manifiesto para la acción en los próximos años. En el preámbulo, el documento de septiembre 2002 adopta por estandarte “ el internacionalismo americano (que triunfa después que) las visiones militantes de clase, de naciones, de razas que habían prometido la utopía (sic) y librado la miseria hayan sido derrotadas y desacreditadas ” (p.1)/8.

Los comentarios de este documentos han insistido justamente en el derecho que se autootorgan los Estados Unidos de llevar a cabo guerras preventivas cada vez que estimen amenazados sus intereses. “ La mejor defensa, es el ataque ” (p.6. “ Los Estados Unidos han mantenido la opción de acciones preventivas desde hace tiempo... Para contrarrestar o impedir actos hostiles de nuestros adversarios, los Estados Unidos actuarán, si fuera necesario, de forma preventiva ” (p.13).

Ha sido mucho menos destacado lo que concierne a la definición dada a los “ intereses ” americanos y a las acciones preventivas. Las acciones preventivas realizadas para hacer frente a las amenazas planteadas por “ el terrorismo y el caos ” + (preámbulo) tienen por objetivo la aplicación de los “ valores no negociables de la dignidad humana ” (p.3). Esos valores son “ la paz, la democracia, la libertad de los mercados, el libre cambio ” (preámbulo). El libre cambio representa bastante más que una opción de política económica: “ se desarrolló como un principio moral antes de convertirse en un pilar de la ciencia económica ” + (p.18). La seguridad nacional de los Estados Unidos no puede ser garantizada si esos principios –entre ellos el libre cambio- son puestos en cuestión, en cualquier parte del mundo (p.17).

La inclusión de objetivos económicos en la “ agenda ” de seguridad nacional no es nueva. C. Rice, consejera de seguridad nacional de G.W.Bush e inspiradora del documento publicado en septiembre de 2002, había sido ya el alma inspiradora de un informe publicado en 1999 en el que las dimensiones económicas teníanuna fuerza particular /9. Tres años después de la publicación de ese informe, la instalación de los Estados Unidos en el Cáucaso gracias a la guerra en Afganistán y la preparación actual de la guerra contra Irak confirman la importancia cada vez mayor de las guerras para defender los intereses del capital americano. El documento publicado en septiembre de 2002 sistematiza este planteamiento. Un capítulo entero, titulado “ Iniciar una nueva era de crecimiento económico global gracias a los mercados y al libre cambio ” , independientemente de las numerosas referencias hechas en otras partes del documento, está consagrado a los asuntos económicos y financieros.

Se encuentra allí un programa económico que retoma las expresiones literalmente utilizadas por las instituciones económicas internacionales. Por considerar algunos ejemplos, el documento trata de las políticas reglamentarias destinadas a animar las iniciativas empresariales, políticas fiscales de bajada de las tasas marginales, del auge de poderosos mercados financieros, de la creación del Area de Libre Cambio de las Américas (ALCA-ZLEA), la imposición de acuerdos comerciales internacionales o bilaterales y de leyes contra las + “ prácticas comerciales injustas ” 10/(p.17-20).

Ese documento da pues todo su alcance estratégico a las declaraciones sobre la “ guerra sin límites ” hechas tras el 11 de septiembre por G.W. Bush.

Militarismo e imperialismo: la actualidad de Rosa Luxemburgo

Como recuerda Rosa Luxemburgo, “ el militarismo tiene una función determinada en la historia del capital. Acompaña todas las fases históricas de la acumulación ” /11. Rosa Luxemburgo enumera a continuación algunas etapas de esa historia, resaltando lo que se llamaría hoy la “ historicidad ” de la relación del militarismo con el capital.

La referencia a Rosa Luxemburgo no es fortuita. La pertinencia de sus análisis del imperialismo y del papel que juega en él la fuerza armada sigue siendo muy grande. Tras haber definido “ la fase imperialista de la acumulación (como) fase de la competencia mundial del capital ” , describe que esta fase “ tiene el mundo

entero por teatro. Aquí los métodos empleados son la política colonial, el sistema de préstamos internacionales, la política de la esfera de intereses, la guerra. La violencia, la estafa, el pillaje se despliegan abiertamente, sin máscara ” . Y concluye: “ la teoría liberal burguesa no contempla más que el aspecto único de la `competencia pacífica ´ , de las maravillas de la técnica y del cambio puro de mercancías; separa el terreno económico del capital del otro aspecto, el de los golpes de fuerza considerados como incidentes más o menos fortuitos de la política exterior. En realidad, la violencia política es, también, el instrumento y el vehículo del proceso económico; la dualidad de los aspectos de la acumulación recubre un mismo fenómeno orgánico, surgido de las condiciones de la reproducción capitalista ” /12.

Este análisis sigue siendo indispensable si se quiere comprender los procesos de militarización contemporáneos que están en marcha, principalmente en los Estados Unidos. La lucha contra lo que Rosa Luxemburgo llama la “ economía natural ” + (capítulo 27) no ha terminado. Alcanza su apoteosis con la apropiación de los procesos de la vida por el capital y la amenaza a las condiciones de la reproducción física de las clases y pueblos explotados /13. “ El préstamo internacional ” (capítulo XXX) constituye desde hace dos decenios, bajo la forma del pago de una deuda perpetua, uno de los factores mayores del hundimiento económico y de la tragedia social de los países dependientes, incluso los que han sido llamados emergentes.

Las guerras de la mundialización del capital

Hay que utilizar los análisis de Rosa Luxemburgo para comprender como esta “ dualidad de los aspectos de la acumulación ” (violencia política y procesos económicos) se encuentra en la trayectoria del capitalismo contemporáneo. La dominación que ejercen las instituciones del capital financiero desde hace veinte años ha permitido al capital concentrar su poder frente al trabajo, y ha ofrecido a la burguesía y a las clases rentistas un enriquecimiento considerable.

Sin embargo, ni la considerable elevación de la tasa de explotación de la mano de obra consecutiva a la ofensiva del capital contra el trabajo organizada por las políticas neoliberales, ni la apertura de nuevos mercados en Rusia y en los países del Este han dado una nueva juventud al capitalismo. A escala planetaria, la extensión del capital y de las relaciones de propiedad sobre las que está fundado –o sea, en sentido estricto, la extensión del espacio de la reproducción de las relaciones sociales- no ha producido desde hace dos decenios un aumento duradero y significativo de la acumulación del capital (reproducción ampliada del valor creado). Muy al contrario, la dominación del capital financiero expresa con fuerza los rasgos predadores del capitalismo.

En un contexto en el que la mundialización del capital produce la miseria, se han multiplicado las guerras fuera de las metrópolis imperialistas que conducen al exterminio en masa. Estas guerras son producidas por la mundialización del capital, pero se han convertido también en una de sus componentes. El genocidio en Ruanda no ha detenido la explotación de los campos petrolíferos por los grupos multinacionales, que participaron en el financiamiento de los ejércitos en guerra /14. Los recursos naturales saqueados por las bandas armadas son “ reciclados ” en los mercados internacionales, que proporcionan así financiación para la prosecución de esas predaciones.

Los EE UU y la guerra en los años 90

Antes de volver sobre la situación actual, hay que recordar que el decenio de 1990 ha sido el de operaciones militares masivas y de guerra por parte de los ejércitos norteamericanos. La guerra contra Irak de 1991, las intervenciones de fuerzas armadas americanas en el mundo (que fueron más numerosas en el decenio de los 90, encabezado por la Administración Clinton, que durante el período 1945-90), la guerra contra Serbia... testimonian que la guerra se ha convertido en un elemento del modo de funcionamiento del capitalismo americano de los años 90. Ocupan un lugar en un contexto en el que estalla la incapacidad evidente del capitalismo para reencontrar el camino de un crecimiento susceptible de obtener una especie de “ compromiso social ” , como en los años de posguerra.

La guerra contra Serbia de 1999 ha marcado un nuevo giro cuya relación con las condiciones generales de la reproducción del capital ha sido subestimado. En esa fecha, los efectos de la crisis de 1997 (crisis asiática) se hacían sentir en todas partes. La posibilidad de una recesión en los Estados Unidos era seriamente evocada por la minoría de comentadores que no se habían cegado con la “ nueva economía ” , ni apostaban por ella. La guerra contra Serbia, así como las perspectivas de nuevos mercados en el Este y avances significativos en la “ ruta del Cáucaso ” y sus reservas petroleras, produjeron un efecto dopante sobre la “ moral ” de Wall Street y del índice Nasdaq. Teniendo en cuenta las devastaciones producidas por la mundialización del capital, la “ comunidad financiera ” comprendió, en 1999, que la decisión anunciada por el presidente Clinton de aumentar el presupuesto militar de forma significativa (más 110 millardos de dólares en el período 1999-2003) abría un ciclo de subida duradera de los gastos militares. Esto hizo de los grandes grupos de producción de armamento valores bursátiles atractivos. Como consecuencia, esos grupos han consolidado su poner de influencia en la sociedad y la política de los EE UU.

Pero los grupos productores de armamento no fueron los únicos beneficiarios. La euforia de Wall Street encontró un nuevo impulso con el avance en Europa del Este. Los cursos bursátiles subieron como nunca,mientras que los índices “ fundamentales ” , comenzando por las tasas de rentabilidad del capital invertido en la producción, habían retrocedido de forma continua desde 1997. Las tasas de rentabilidad se situaban en 2001 al mismo nivel que en 1984, cuando la economía americana apenas salía de una muy fuerte depresión. La “ exuberancia ” de Wall Street no era sin embargo “ irracional ” : las entregas de dividendos a los accionistas pasaron del 4,5% de la cifra de negocios en 1995 al 5,7% en 2001, año en el que los dividendos distribuidos incluso fueron superiores a las ganancias tras impuestos. El resultado fue que en 1999 la gran mayoría de los análisis convergían en subrayar que la economía americana era tan poderosa que se encontraba “ al margen de las crisis ” .

Es ahora evidente que los EEUU están directamente afectados por la crisis económica que desde 1997 ha golpeado a todas las regiones del planeta. El hundimiento bursátil no está ya controlado. Y la puesta al día de los métodos de gestión, de contabilidad, de auditoría y de análisis financiero que han permitido a la “ comunidad financiera ” imponer su poder gracias a la desreglamentación, revela el carácter en gran medida ficticio que poseía la “ nueva economía ” . Dicho de otra forma, las contradicciones que acarrea el capital no están suprimidas, sino amplificadas por la mundialización del capital y acaban por expresarse también en los EE UU, aunque ese país haya sacado de ellas, debido a su posición de imperialismo dominante, más ventajas que sus aliados militares/concurrentes económicos. Dicho de otra forma, no existe más “ capitalismo sin crisis en un solo país ” de lo que existió un “ socialismo en un solo país ” .

Muy numerosos análisis económicos estimaban, y esperaban, en la primavera de 2002 que la recesión de la economía americana estaba en vías de progresiva desaparición. Todo indica que esas esperanzas deben ser puestas al día.

Parece por el contrario que estén funcionando mecanismos acumulativos que podrían acelerar la llegada de una crisis mayor. Su potencia viene sin duda del hecho de que la crisis de los mercados financieros y el atasco de los factores fundamentales de la producción y del consumo se refuerzan mutuamente.

Si este pronóstico se confirma, maduran las condiciones para un enfrentamiento de gran amplitud entre el capital y el trabajo. Todo el mundo sabe que, si la crisis durara, la tasa de paro subiría considerablemente /15. El arsenal de las medidas utilizadas en octubre 2002 por G.W.Bush para hacer ceder a los trabajadores portuarios de la Costa Oeste ( “ amenazas contra la seguridad nacional ” ), así como la utilización de tecnologías de control –incluyendo amenazas de prisión- para verificar que no bajarán su ritmo de trabajo tras resolución judicial, indican en qué disposición de espíritu la

Administración se prepara para grandes conflictos sociales. A esto hay que añadir las consecuencias sociales para las jubilaciones actuales y futuras de los asalariados de las pérdidas masivas sufridas por los fondos de pensiones. El último consuelo viene de que la subida de los precios inmobiliarios ha compensado, en parte, las pérdidas sufridas en Bolsa /16. La cuestión que todo el mundo se plantea es: ¿cuándo se producirá el crack inmobiliario?.

El auge de la economía de guerra

El momento elegido para la publicación del documento que presentaba “ La estrategia de seguridad nacional de los EE UU de América ” no es pues fortuito. Los Estados Unidos están bajo la amenaza de ser el epicentro de la crisis mundial. Éste es el contexto en el que preparan la guerra contra Sadam Husein, que es en realidad una guerra por la apropiación de los recursos petroleros. El vicepresidente Dick Cheney, él mismo figura dominante de las redes político-petroleras americanas no oculta este objetivo. La preparación de esta guerra constituye una experimentación muy importante de la doctrina de seguridad nacional, en la que lo militar y lo económico están fuertemente imbricados.

La preparación de la guerra contra Irak, decidida con un mandato del Congreso que unía a republicanos y demócratas, hace franquear un paso más a la “ economía de guerra ” que ha comenzado a ponerse en pie, por etapas, en el curso de los años 90. Se apoya en los presupuestos militares en enorme ascenso, pero también, en el marco de la “ seguridad interna ” (Homeland Security), en los gastos que los estados, las colectividades locales, las empresas van a consagrar a la “ seguridad ” . Estos montantes superan el presupuesto de equipamiento militar (que alimenta las actividades de los grupos productores de armamento). Los objetivos asignados a la “ seguridad interna ” son indisociables de las medidas tomadas para “ criminalizar ” las resistencias de los explotados y de los oprimidos. El semanario de la City londinense The Economist ha publicado un artículo titulado “ Por quién dobla la campana de la libertad ” /17. El articulo señala en la introducción que “ casi en todas partes los gobiernos ( y el periódico incluye en primer lugar los de las `democracias occidentales ´ ) han aprovechado el 11 de septiembre como una oportunidad para restringir la libertad de sus ciudadanos ” . Concluye que si las restricciones no fueran levantadas en un plazo breve, “ las palabras inteligentes de M. Bush en septiembre pasado no habrán servido más que para ampliar para siempre las fisuras de la campana de la libertad ” .

Desde el punto de vista macroeconómico, los presupuestos militares representan inmensas sustracciones sobre las riquezas creadas por el trabajo. Son más incapaces que nunca de encadenar mecanismos de expansión económica duraderos, contrariamente a los análisis del papel de los gastos militares hechos por los keynesianos y ciertos marxistas /18 en los decenios de posguerra. Los pedidos públicos (así como los gastos de las empresas) consagrados a la defensa y a la seguridad van a hacer prosperar a los grupos productores de armamentos al precio de una agravación considerable de la deuda pública americana. Podrían igualmente crear en los mercados financieros de los Estados Unidos un “ foco de atracción ” alrededor de esos grupos y de las industrias auxiliares, dando por ello, provisionalmente, “ moral ” a las instituciones detentadoras de activos financieros.

Además, teniendo en cuenta el papel crucial jugado por las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) en la supremacía militar y el control de la seguridad, los grupos de armamento americanos están conquistando una posición central en el desarrollo de las TIC que había sido dominado por las firmas civiles en los años 90. El hundimiento bursátil de la “ nueva economía ” , seguido de la desaparición de numerosas firmas de la información y de la comunicación cierra el ciclo de los años 90. Hoy, la influencia mayor que los grupos de la defensa han adquirido en el seno de las instituciones federales y estatales desde la Segunda Guerra Mundial, la extensión de la “ agenda de seguridad nacional ” –que va bastante más allá de las amenazas militares afectando a cada vez más aspectos de la vida social y privada- van a facilitar la creación del “ sistema militar-seguridad ” y podrían darle, en los años próximos, un peso bastante más importante que el que el “ complejo militar-industrial ” tuvo durante los decenios de la Guerra Fría.

Es totalmente ilusorio pensar que la guerra contra Irak abrirá una era de estabilidad, que permitirá liberar un horizonte actualmente cerrado por la “ incertidumbre ” que afectaría las direcciones de las grandes firmas y darles así la “ confianza ” favorable a las inversiones. Es el camino inverso el que hay que considerar. La crisis económica actual no viene de una falta de “ confianza ” o de la “ incertidumbre ” . Son elementos que pueden eventualmente jugar, pero que no pueden nada contra los “ fundamentales ” de las relaciones sociales y de la reproducción del capital. La historia no se repite dos veces de la misma forma. Una nueva guerra contra Irak no recreará las condiciones económicas, sociales y políticas que existían tras la guerra de 1991 y que han permitido a los Estados Unidos conocer nueve años de crecimiento. Durante el decenio de los 90, todas las regiones del Planeta han sido conjunta o sucesivamente golpeadas por la crisis. Al comienzo de este decenio, ha llegado el turno de los Estados Unidos. Tras los anuncios hechos hace algunos años de que la “ nueva economía ” pondría fin a las recesiones, los análisis insisten ya sobre el hecho de que la economía mundial ha entrado desde hace algunos años, incluso en los Estados Unidos, en una era de inestabilidad económica permanente, con fuertes recaídas que siguen a las fases de breve crecimiento, que algunos prefieren incluso llamar “ remisiones ” /19.

La guerra tiene por objetivo la apropiación de los recursos petroleros de Irak y un dominio aún más fuerte sobre el Medio Oriente. Evoca directamente la postura de los grandes países imperialistas de comienzos del siglo XX. El comportamiento de los Estados Unidos añadirá un poco más de caos al caos que conoce el mundo /20 y que resulta de la fase contemporánea de la era imperialista /21. Sabemos a qué grados de barbarie llegó la dominación del imperialismo en el siglo pasado.

 

* Artículo publicado en À l ´ encontre, mensual del Movimiento Por el Socialismo. Lausanne-Suiza, diciembre 2002. Traducción: Alberto Nadal

www.alencontre.org

 

NOTAS:

1/Ver P.Artus, “ Karl Marx is back ” , Flash CDC IXIS Capital markets (artículo reproducido en Problèmes économiques del 10 de abril 2002) y V. Lahuec, “ La crisis americaine. L ´ aile d ´ un papillon ” , Crédit Agricole Eco, 1 febrero 2002.

2/ Como ejemplo, las capacidades de producción disponibles en el sector de los semiconductores no son utilizadas hoy más que en un 23% de sus posibilidades.

3/ K. Marx, El Capital, Livre 3, Tomo 1, Capítulo 15 “ Las contradicciones internas de la ley ” .

4/ En 1999, esta deuda estaba en manos en un 40% por no residentes. Los acreedores asiáticos representaban el 35%, los europeos el 15% de los no residentes. Los fondos de gestión basados en Londres tenían el 20% de los títulos de la deuda.

5/ A título de ejemplo, se elevaban a 3,25% en 2001 y 2002 en la UEM.

6/ Los montantes de compromiso en los mercados derivados de las dos instituciones (popularmente llamadas Fannie Mae y Freddy Mac) representan ellos solos el 174% de la deuda del sector público y no financiero americano a finales de 2001. Mercados derivados: compartimentos de mercado cuyos instrumentos reposan en activos financieros cotizados independientemente en otros mercados.

7/ El semanario americano +Business Week+, 8 de julio de 2002, “ Tax cuts for the rich are even more wrong today ” , que cita un estudio de la organización Citizen for Tax Justice.

8/ Las referencias están hechas a partir del documento original publicado por la Casa Blanca.

9/ He escrito sobre estas “ nuevas dimensiones de la seguridad nacional ” en La mondialisation armée: le déséquilibre de la terreur. Ed. Textuel, febrero

2001 (de próxima publicación en castellano, en la serie VIENTO SUR).

10/ Por una ironía quizá voluntaria, este capítulo afirma que “ la intransigencia contra la corrupción ” es prioritaria....

11/ Rosa Luxemburgo, La acumulación de capital, Tomo 2, Capítulo 32, “ El militarismo, campo de acción del capital ” .

12/ idem. Subrayado por mí.

13/ Ver Francois Chesnais y Claude Serfati, “ “ Ecologie ” et conditions physiques de la reproduction sociale ” , Actuel Marx (en prensa). Se puede encontrar un primer esbozo en el texto “ Ecologie et Marxisme ” , en www.alencontre.org, rúbrica Forum.

14/ Ver mi artículo en Carré Rouge nº 17 y el capítulo “ Les nouvelles guerras à l ´ ère de la mondialisation ” en La mondialisation armée: le déséquilibre de la terreur, op.cit.

15/ Las estimaciones de ciertos economistas cuentan con un ascenso de la tasa de paro entre 7% y 9% si el consumo de los hogares, principal variable del crecimiento, caería a niveles “ normales ” (es decir si el recurso al endeudamiento por los hogares disminuye y si ahorran más para compensar las pérdidas de rentas sobre los activos en manos de los fondos de pensiones como consecuencia del hundimiento de la bolsa).

16/ Desde el comienzo de 2002, las pérdidas de los hogares de sus activos bursátiles se elevarían a 165 millardos de dólares y sus ganancias en su patrimonio inmobiliario en 80 millardos de dólares.

17/ The Economist, 31 agosto 2002. La “ campana de la libertad ” sonó en Filadelfia en 1776 para anunciar la declaración de independencia de los EE UU.

18/ Sea en los planteamientos de Baran y Sweezy que consideran que los gastos militares “ absorben ” el excedente de valor creado, o para los teóricos del capitalismo monopolista de estado para quienes son una defensa de la “ sobreacumulación del capital ” . He analizado estas posiciones en Production d ´ armes, croissance et innovation. Economica, 1995.

19/ Según la expresión de P. Blanqué, Crédit Agricole Eco, 5 septiembre 2002. Ver también el diagnóstico sin rodeos dado por el estudio especial consagrado a la situación de la economía mundial, por The Economist, 28 septiembre 2002.

20/ El caos como fenómeno distinto del terrorismo es recordado en el documento publicado por la administración Bush: “ Hoy, las grandes potencias mundiales nos encuentran del mismo lado que ellas, unidos por los peligros semejantes del terrorismo y el caos ” (preámbulo).

21/ En el período actual como fase de la era del imperialismo, ver F. Chesnais, “ Etats rentiers dominants et contraction tendancielle. Formes contemporaines de l ´ impérialisme et de la crise ” , dans Dumenil G,Lévy D.

(editores), Le triangle infernal, Crises, Mondialisation, Financiarisation, PUF, Actuel Marx Confrontations, 1999.

 

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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