No. 54
(septiembre 2003)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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EZLN: un viraje importante

Guillermo Almeyra

Primera nota

La "treceava" (en realidad, décimotercera) "estela" del subcomandante Marcos marca un cambio importante con todas las anteriores. En primer lugar, la misma no es vieja ni descriptiva ni está llena de retórica sino que es actual y concreta, y aborda con seriedad y profundidad problemas fundamentales tratando de eliminar el sectarismo. El intento de reforzar la autonomía en los municipios rebeldes chiapanecos refuerza también los elementos de doble poder frente al poder estatal y al federal.

Es decir, fortalece la construcción de la democracia directa y la vieja idea de los municipios libres, por un lado, y la restructuración del territorio como tarea ciudadana, por el otro. Por eso los partidos y las autoridades chiapanecas pusieron el grito en el cielo, pues sienten que frente a ellos se yergue el germen de otro Estado. O sea, el que se está construyendo desde abajo hacia arriba en el aprendizaje de la disputa del poder, en la conciencia de los habitantes y en las relaciones sociales, para así dar coherencia práctica y programática al "partido-movimiento" de los oprimidos e impulsar más la modificación de las relaciones de fuerza entre las clases para poder después disputar el poder central en todas sus múltiples manifestaciones.

Hay que saludar que en el EZLN se haya dirimido -al menos por lo que se puede leer- una discusión importante permitiéndole entrar a ver cómo construir relaciones nuevas que van más allá de las tradiciones comunitarias indígenas, del encierro local, de lo meramente étnico, sin dejar por eso de apoyarse en las comunidades, que se están renovando profundamente.

El largo silencio del EZLN que imperó hasta no hace mucho pesó como una losa sobre la vida política de los explotados y oprimidos de este país, no porque los mismos esperasen "la línea" del EZLN sino porque no se puede encarar un cambio prescindiendo del zapatismo. Las desdichadas cartas a ETA y al juez Garzón reforzaron en los amigos del zapatismo una amarga sensación negativa y la idea de que en el EZLN reinaba una fuerte confusión.

Pero ahora, las muchas páginas de Marcos que leemos desde hace menos de 10 días, aunque sigan teniendo muchas cosas innecesarias (¿a quién le interesa, en efecto, si las mujeres reconocen desnudo al Sup a pesar de su pasamontañas?), son textos que dan en cambio la impresión de una liberación sicológica de su autor y de una fase nueva en la relación entre el EZLN y lo que Marcos llama "la sociedad civil" refiriéndose en realidad sólo a un sector -el progresista, se le habría llamado hace años- de aquélla. Eso es oportuno, necesario y, si mi impresión fuese correcta, debería ser apoyado.

Sin embargo, todo cambio trae siempre aparejados peligros que, como no tengo páginas a mi disposición, mencionaré sólo de paso, a pesar de la importancia de estudiar y desmenuzar cuidadosamente esta "estela". En primer lugar, Marcos reivindica justamente el derecho del EZLN de tener una política internacional y de pronunciarse en favor de los movimientos sociales vascos (no dice de ETA), argentinos, latinoamericanos, mientras que el EZLN hasta hace poco estuvo ausente de los foros contra el neoliberalismo, de la campaña contra la invasión de Irak, del debate sobre la situación en que se encuentra Cuba, del apoyo al movimiento campesino en su lucha contra el gobierno y la política neoliberal, de la discusión sobre el impasse en que se encuentra el movimiento indígena.

Si su nueva política declarada se concretase y llevase a dar a los zapatistas chiapanecos una nueva conciencia de la relación entre lo mundial y lo local, y de su propia fuerza e influencia a escala global, ayudando a abrirles ventanas culturales y políticas hacia el mundo, el mismo EZLN crecería políticamente y colaboraría mucho en la creación del pensamiento crítico, tan necesario en todos los movimientos sociales. Una participación en la batalla de las ideas contra el capital haría dar un salto enorme a un movimiento que oscila entre una definición social-indigenista fundamentalmente local y su caracterización como movimiento-partido con vocación nacional.

La construcción de las juntas de buen gobierno, piso superior de los municipios, busca regular el mercado y repartir de modo más justo los apoyos y los ingresos provenientes del comercio, además de construir una instancia para fijar normas y resolver litigios. En la lucha contra la fragmentación descentralizada de los territorios zapatistas existe, sin embargo, en germen, el peligro de una centralización burocrático-administrativa controlada por el aparato militar. En efecto, la concentración en éste de la "vocería" y el control del funcionamiento de las juntas por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena (que "en cada zona vigilará el funcionamiento de las juntas de buen gobierno"; La Jornada, 29 de julio) refuerzan e institucionalizan lo que según Marcos ya sucedía (en las comunidades "el EZLN se ha dedicado (...) a intervenir cuando hay conflictos o desviaciones"; La Jornada, 28 de julio) y, por supuesto, a decidir qué es una desviación. Pero sobre esto volveremos en la segunda parte de estas notas.

Segunda Nota

Sobre el peligro -que apuntaba en mi nota anterior- de burocratización administrativo-militar de las juntas de buen gobierno (JBG) hay que decir que Marcos tiene conciencia del mismo. En efecto, escribe (La Jornada, 28 de julio) que "la estructura militar del EZLN 'contaminaba' de alguna forma una tradición de democracia y de autogobierno. El EZLN era, por así decirlo, uno de los elementos 'antidemocráticos' en una relación de democracia directa comunitaria".

Pero el peligro de centralización autoritaria no viene de la voluntad subjetiva del EZLN (que desea fortalecer la autonomía de las comunidades al crear las JBG) sino de la inevitable relación con el mercado, de la imposibilidad de una vida autárquica a pesar de la autonomía, del encierro de las mismas comunidades, de su falta de experiencia y visión regional y de las inevitables transformaciones en las comunidades mismas como resultado de la influencia cultural externa.

Por ejemplo, hay una gran transformación en la visión comunitaria de los cargos tradicionales, antes respetadísimos y base del poder en la comunidad. Marcos mismo escribe (sin sacar las conclusiones, tan normal es el caso) que "no pocas veces" la comunidad utiliza el nombramiento a un cargo "para sancionar la desidia o el desapego de algunos de sus integrantes, como cuando a alguien que falta mucho a las asambleas comunitarias se le castiga dándole un cargo como agente municipal o comisariado ejidal" (lo cual implica cargas económicas y trabajo gratuito). O sea que los cargos ya no son siempre un honor al que se aspira o un deber de solidaridad y marca de conciencia comunitaria sino una pena, una carga.

En la estructura misma de la vida de la comunidad, en su poder político, están surgiendo grietas bajo el golpe de la vida externa, particularmente duro en tiempos de neoliberalismo, recesión y emigración masiva. El impacto en la comunidad de las "sociedades civiles" -la importancia de cuyo apoyo Marcos no se cansa de reiterar, en polémica contra los ultraizquierdistas que ponen a todas las ONG y a todos los voluntarios en un solo saco, el de la "contrainsurgencia bien intencionada" (La Jornada, 28 de julio) y el impacto del propio EZLN son también muy fuertes y ayudan a la transformación interna de la comunidad.

Un ejemplo de ello es el intento de hacer que se cumpla la "ley revolucionaria de las mujeres", que en buena parte es aún letra muerta, o de lograr que las niñas vayan a la escuela, o la propaganda por radio contra el machismo. Otro ejemplo, que Marcos destaca, es que la autonomía -cuya construcción es un proceso- sólo es posible con el apoyo de "cientos de miles de personas de diferentes colores, diferentes nacionalidades, diferentes culturas, diferentes lenguas, en fin, de mundos diferentes" -La Jornada, 28 de julio- (o sea, que no tiene una base puramente étnica o local).

Otra fuente de peligro es lo que Marcos llama "el problema principal" en la relación con "la sociedad civil nacional e internacional". O sea, esa especie de "renta diferencial" que hace que los municipios autónomos más conocidos o con mejor acceso vial reciban más proyectos o más apoyo. Porque el problema es que el territorio rebelde no puede depender sólo de "proyectos y apoyos" de los voluntarios, ya que no puede aislarse del mercado del café, del de las artesanías, de la mano de obra, de la madera y otros recursos, sobre todo porque el maíz de la milpa y los productos de autoconsumo no alcanzan sino para comer un cuarto del año y todo lo demás -alimentos, medicinas, servicios, ropa, etcétera- hay que comprarlo en el mercado, con dinero en efectivo.

Esa es la principal tendencia disgregadora de la comunidad, porque una cooperativa que está en condiciones de exportar café orgánico debe cumplir con las reglas estatales sobre la exportación y la calidad de la misma, pagar los impuestos, etcétera, y no puede romper sus relaciones con el Estado ni basar su precaria acción mercantil en la distribución solidaria de los ingresos, porque se hunde. No es un problema de zapatismo o de antizapatismo de "las cooperativas de producción y comercialización de café orgánico" -La Jornada, 29 de julio-, aunque quizás algunos de sus dirigentes no sean zapatistas o estén contra el EZLN: es que las cooperativas deben responder a los imperativos del mercado, como las vendedoras de artesanías que deben ir allí donde pueden vender, y además solas, o los que quieren beber refrescos.

Los indígenas que eligieron el zapatismo no eligieron la pobreza, que no es una virtud. El voto de pobreza pueden hacerlo algunos religiosos o algunos revolucionarios, pero no los campesinos ni los trabajadores, que quieren satisfacer sus necesidades, las cuales crecen con su cultura y su conocimiento de lo que podrían necesitar. Por eso no bastará redistribuir los ingresos provenientes de un proyecto con el "impuesto hermano" de 10 por ciento o decidir que los proyectos deben ir a otro municipio. Hay que elevar la producción de alimentos en los municipios autónomos y distribuir los bienes y servicios con equidad entre ellos. Pero, sobre todo, hay que buscar una solución política regional y nacional con la extensión de la autonomía a todas las regiones del país. Sobre eso hablaremos en la parte final de estas notas.

 

Publicado en el periódico La Jornada .

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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