No. 52
(junio-julio de 2003)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Las guerras preventivas lanzadas por Bush.

Una nueva versión del capitalismo

Entrevista a François Chesnais*

Si bien el resultado de la guerra es muy reciente, ¿cuáles son para usted las lecciones más importantes que tenemos que sacar los socialistas sobre esta acción imperialista, en particular sobre la nueva política de EEUU y cómo enfrentarla?

Yo pienso que al día siguiente de la victoria militar de los EEUU en Irak los militantes anticapitalistas y revolucionarios deben tener en cuenta, en la elaboración de su política, los siguientes elementos: la victoria militar de los Estados Unidos en Irak fue inevitable y previsible, por dos razones. Una fue la superioridad militar absolutamente avasalladora de los imperialismos americano y hasta del mismo británico. La segunda —más importante aun— fue el hecho que Bagdad no podría ser, de manera alguna, un “nuevo Stalingrado”.

En el Irak de Saddam Hussein no había algo similar ni lejano parecido a las conquistas de la Revolución de Octubre para ser defendido.

Ningún obrero o campesino iraquí tenía ningún motivo para morir en la defensa de la dictadura de Saddam Hussein.

Por otro lado, en ningún lugar y en ningún momento, salvo en el Kurdistán, las tropas americanas y británicas fueron acogidas como libertadores. Rápidamente en diversas ciudades hubo movilizaciones populares por reivindicaciones básicas (agua, electricidad, sistema sanitario) y desde la reafirmación de identidades comunitarias hasta la oposición abierta a la acción imperialista hicieron traducir el sentimiento de que la independencia y la autodeterminación del pueblo iraquí son pisoteadas. Las primeras declaraciones en Bagdad del ex general Jay Garner fueron marcadas por el desafío y la hostilidad. Es a partir de ahora que el sentimiento nacional antiimperialista se va a desarrollar, tal vez en gran escala, frente al ocupante extranjero. Lo que está en juego —y sobre lo que tenemos muy frágiles informes— es si este sentimiento va a ser canalizado y desviado por el islamismo político, o podrá liberarse de él, al menos parcialmente.

En abril del 2003 no nos encontramos en una situación clásica de posguerra (como fue el caso después de la Guerra del Golfo de 1991) sino, por el contrario, en una nueva situación política “entre guerras” de carácter permanente. El proconsulado militar establecido por los EEUU en Irak no podrá ser transitorio ni por un lapso de algunos meses. El control estable y durable de los campos petrolíferos, pero también el motivo político por el cual fue realizada la agresión militar (restablecer la democracia), representan para el imperialismo americano (y también para el imperialismo británico) dos retos inmensos. Es por esta razón que no será mañana ni tal vez nunca que ellos encuentren un gobierno iraquí que les sea conveniente, además de que posea un grado de legitimidad suficiente y fundamentos políticos estables. Esta es una de las razones por las cuales se lanzan amenazas contra el régimen baasista de Siria, pero también, otra razón, para obtener su sumisión al proyecto político de liquidación completa de Palestina.

Sin embargo los equilibrios geopolíticos de todo el Oriente Medio fueron los más ampliamente sacudidos por la guerra y sus efectos. De esta forma, las reivindicaciones Kurdas a las que los EEUU tuvieron que aparentar atender son incompatibles con las relaciones que ellos están obligados a rehacer con Turquía. Pero es sobre todo la rápida emergencia política de los chiítas en Irak lo que coloca en el proceso la cuestión de las relaciones con Irán, uno de los Estados pertenecientes al “Eje del Mal” señalados por G. W. Bush. La invasión y la ocupación de Irak llevan a otras nuevas agresiones. Los EEUU y los que están con ellos, entraron realmente en la “guerra sin límites” y en situaciones que no serán ni de paz ni de guerra.

Ninguna de las razones (que aunque secundarias siguen siendo importantes en la configuración mundial de la dominación imperialista) que llevaron a diversos países (Francia, Alemania) a oponerse a la agresión contra Irak han desaparecido, por lo que dan coraje a los aparatos burocrático-capitalistas ruso y chino para hacer lo mismo. Lo que acaba de ser dicho, solo refuerza sus razones. Estos estados y fuerzas sociales que los apoyan, son obligados, bajo vasallaje, a aceptar la forma de gestión de las relaciones públicas mundiales escogida por el equipo de Bush. “El unilateralismo” de los EEUU esto es, su decisión de imponer sus propios intereses cualesquiera que sean las circunstancias, amenaza sus intereses vitales y los obliga a defenderse.

La rápida victoria militar de los EEUU obliga hoy a estos Estados a recular tácticamente y a negociar lo que pueden, pero las fisuras que aparecieron en el dispositivo imperialista mundial no se van a cerrar.

¿Qué consecuencias a corto y medio plazo tiene esta situación para los trabajadores de Europa?

Pienso que estos son elementos que deben animar a los militantes anticapitalistas y revolucionarios para construir su política, tomando las manifestaciones que precedieron a la guerra y que se reanudaron los primeros días después de la invasión como trampolín para la acción. Estas manifestaciones reunieron en diversos países, decenas y a veces centenas de miles de mujeres y hombres, en especial todo un nuevo sector de la juventud. Invadiendo Irak el imperialismo americano y británico golpearon de frente en los sentimientos democráticos y contra la guerra de millones de personas, creando una indignación profunda que no está próxima a desaparecer. Es preciso apoyarse en estos sentimientos y unirlos con los aspectos económicos, políticos y sociales de la dominación y explotación capitalista-imperialista. Necesitamos aprovechar el tema de la guerra más o menos como en los años 1930, pero teniendo en cuenta todas las especificidades del momento actual, es decir, que deberemos nutrir y reforzar la convicción de que es el sistema de la propiedad privada y de los medios de producción debe ser combatido. Nosotros debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para mostrar los nudos corredizos entre las dimensiones militares del imperialismo y la política del FMI, pero también la del Banco Mundial en la gestión de la dominación planetaria imperialista.

Tenemos todos la responsabilidad imperativa de intentar establecer cuantos nudos corredizos fueran posibles entre los militantes que viven en la América del Norte y que permitieron la eclosión del combate contra la guerra en los EEUU No debemos subestimar la importancia del dato que frente a ésta guerra y a pesar del uso desvergonzado del control monopólico de los grandes medios de comunicación para justificarla, decenas de millares de militantes y ciudadanos activos retaron con su acción política al gobierno, estableciendo lazos entre la agresión a Irak y los profundos ataques a las libertades políticas y los derechos individuales del pueblo, votados por el Congreso de EEUU después del 11 de septiembre. Más importante aún, hubo una batalla política en los sindicatos. Muchas secciones de base participaron de inmediato en el movimiento anti guerra y continuaron haciendo lo mismo después de la agresión. El dirigente Sweeney de la AFL-CIO tuvo que adoptar la posición “no guerra sin la resolución de la ONU”, mientras que durante la guerra del Vietnam los dirigentes habían apoyado sin reservas.

¿Cuál es su opinión del cuadro que se abre para Latinoamérica y en particular cómo cree que serán las relaciones de Brasil con los países imperialistas?

En lo inmediato y por un período de duración imprevisible, la situación mundial está colocada en una evolución que es la antípoda, el opuesto de la “multipolaridad”. La Tríada de los años 1980 pertenece al pasado. Los EEUU la han destruido políticamente y lo usarán en el plano económico (utilización de la globalización financiera para exportar su propia crisis para Japón). El G8 no pasa de una instancia de fachada, cuyas reuniones no pasan de juegos de escena. La misma OTAN se volvió un espacio que implica negociaciones con los otros “aliados”. La posición tomada por Francia y por Alemania, por Rusia y China en el Consejo de Seguridad representó una tentativa por expresar a los EEUU que las relaciones de cooperación en el “gobierno mundial” deben ser reestablecidas como mínimo entre estos grupos de Estados. Los EEUU por lo menos, bajo el impulso de la administración Bush, expresan cada día su recusa a hacerlo. Presentar el “refuerzo” de la “multipolaridad” como una hipótesis política de la actualidad, y pretender que un país cómo Brasil pueda ser un actor, no es intelectualmente serio. El argumento sólo puede servir para enmascarar alineamientos y capitulaciones.

El “unilateralismo” de los EEUU tiene raíces económicas profundas. El contexto inmediato de agresión a Irak fue el del crack financiero que anuncia una crisis económica mundial de proporciones, así como los escándalos próximos al clan Bush (Enron, etc) y que atentaron contra el funcionamiento mismo de los mercados de acciones. La política de la Administración Bush empujada a su paroxismo es un factor de estado ya que gobierna un país cada vez más dependiente del resto del mundo, de una economía que establece con el conjunto del globo relaciones de punición y/o de rapiña parasitarias. La invasión y la ocupación de Irak revelaron a los EEUU como el Estado más peligroso del mundo, donde se puso en funcionamiento una nueva versión del totalitarismo propio del capitalismo.

* François Chesnais es profesor en la Universidad de París (Villetaneuse). Autor de numerosos libros, entre ellos La mundialización del capital (1994). Miembro del colectivo editorial de la Revista francesa Carré rouge. Entrevista realizada por Pedro Fuentes para la revista Movimiento (mayo 2003), publicada por el Movimiento Esquerda Socialista, corriente interna del Partido de los Trabajadores de Brasil.

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

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    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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