No. 51
(mayo de 2003)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Otro modelo económico es posible

Contribución al debate del Partido de los Trabajadores
Coordinación Nacional de la Democracia Socialista, corriente interna del Partido de los Trabajadores (marzo de 2003)

Este texto busca:

a) Reflexionar sobre los impasses de la política macroeconómica de nuestro gobierno partiendo del hecho de que ella representa una continuidad de la política del gobierno de Fernando Henrique Cardoso (especialmente en su última fase). Más que un cuestionamiento de medidas puntuales adoptadas, proponemos un debate sobre la orientación general que se le ha dado a dicha política.

b) Argumentar a favor de una política diferente, que apunte claramente al cambio. Además de viable esta política es congruente con la Concepción y Directrices del Programa de Gobierno del PT para Brasil, documento aprobado por el XII Encuentro Nacional del PT en diciembre de 2001, y con el Programa de Gobierno de Coalición del Presidente Lula, aprobado en la reunión del Directorio Nacional en julio de 2002.

El gobierno de Fernando Henrique Cardoso, además de derrotado, está agotado

La aplicación del modelo neoliberal en Brasil desde el gobierno de Collor de Mello hasta el último mandato de Fernando Henrique Cardoso dejó un legado terrible. Los problemas estructurales del capitalismo periférico brasileño fueron gravemente profundizados. De la crisis del desarrollo pasamos a un estancamiento permanente; de una autonomía nacional limitada y siempre en riesgo pasamos a una subordinación pasiva a los vaivenes de los mercados internacionales y a una creciente vulnerabilidad externa. Fue en este contexto cuando pasamos de una inflación alta a una estabilidad de precios precaria y, además, puesta en jaque durante 2002.

Este retroceso económico vino acompañado de un retroceso político y social. De los avances conseguidos en la lucha democrática y popular contra la dictadura y durante la década de los ochenta pasamos a una especie de oligarquización financiera del Estado. La crisis social que acompañó este proceso es la mayor que ha vivido este país.

La raíz de la degradación de la situación económica brasileña durante el gobierno de Cardoso fue la profundización de la dependencia hacia el exterior. Como se señaló en el XII Encuentro del PT:

Al elevar las necesidades de financiamiento externo a niveles críticos y abolir las restricciones al movimiento de capitales, las políticas aplicadas transformaron la dependencia del capital extranjero en un mecanismo de internalización de la inestabilidad del mercado financiero globalizado y de subordinación del funcionamiento de la economía nacional a las prioridades e intereses de los acreedores e inversionistas externos. 1

De hecho, fue la dependencia lo que condujo al agravamiento de la crisis durante 2002. Por una combinación de razones externas e internas, fuimos testigos de una intensa salida de capitales del país. La consecuente devaluación del real detonó aumentos de precios, particularmente de las tarifas de los servicios públicos privatizados y de los derivados del petróleo. Para defender las metas de inflación, el Banco Central siguió la política ortodoxa de elevar las tasas de interés y restringir el crédito, es decir, de reprimir la inflación mediante la reducción de la demanda agregada. Tanto la devaluación del real como la elevación de los intereses provocaron el crecimiento de la deuda pública. Para evitar su crecimiento futuro, el gobierno federal recortó el gasto público buscando elevar el superávit fiscal primario. Medidas como ésta refuerzan la reducción de la demanda agregada y, por tanto, llevan la economía al estancamiento. Entre otras consecuencias negativas, provocan el crecimiento del desempleo.

Crisis como la vivida en 2002 en Brasil han sido frecuentes en países del Tercer Mundo que liberalizan los movimientos de capitales. Si el Banco Central no controla el flujo de capitales, adecuándolo a las necesidades del crecimiento de la economía y del empleo, y no restringe su volatilidad, los movimientos de capitales provocan problemas al entrar y al salir, al tiempo que agravan la dependencia de la economía.

La defensa de la libertad de movimientos de capitales y la aceptación de la profundización de la dependencia de la economía brasileña eran coherentes con la concepción de desarrollo puesta en práctica por el gobierno de Cardoso. Se tenía la ilusión de que la liberalización de los mercados, y en particular de los mercados financieros, traería al país un ahorro externo abundante, y a partir de allí el crecimiento económico. Así su modelo económico se organizó con base en dos principios de poder:

En primer lugar, la renuncia de la soberanía nacional. Esta liberalización implicó la aceptación de una política económica determinada fundamentalmente por el exterior, es decir, por los flujos internacionales de capital, por instituciones de la globalización neoliberal (como el FMI), por las decisiones de los grandes Estados imperialistas, en especial los Estados Unidos. Implicó, por tanto, una profunda desnacionalización de los centros nacionales de poder y la eliminación casi total de la capacidad de definición nacional de política macroeconómica.

En segundo lugar, el golpeteo del Estado por parte del poder económico, con la banalización de las instituciones representativas y de los elementos de democracia conquistados tras el fin de la dictadura, se expresó particularmente en las definiciones macroeconómicas que, además de ser cada vez más desnacionalizadas, pasaron a constituir una esfera controlada por los llamados mercados y, en especial, por los mercados financieros (nacionales e internacionales).

Además del estancamiento económico y la elevación del desempleo, esta concepción tiene otras implicaciones negativas. Las tasas de interés, durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, siempre estuvieron entre las mayores del mundo. Por otra parte, altos intereses no significan sólo mayores dificultades fiscales y retraso de la demanda agregada, también transfieren ingreso a los detentadores de riqueza financiera y, además, tienden a establecer un piso a las tasas de ganancia, presionando, por tanto, hacia la reducción de los salarios. De esta forma, altas tasas de interés refuerzan la concentración del ingreso de manera significativa.

Dogmas como el de que la libre circulación de los capitales es benéfica o el de que cualquier alza de la inflación debe ser combatida con alza de las tasas de interés no son, como la experiencia de los últimos años lo ha demostrado, compatibles con un proyecto de desarrollo y menos aun con mayor justicia social, pero corresponden perfectamente a los intereses de los capitales financieros. Las concepciones del gobierno de Cardoso pueden comprenderse fácilmente cuando tenemos en mente que los grandes bancos e instituciones financieras fueron la esencia de la base social de la coalición que le dio sustento.

El agotamiento de este modelo de política económica, su fracaso, fue evidente en 2002, cuando hasta el control de la inflación, que parecía la gran conquista del gobierno de Cardoso, fue puesta en jaque. El rechazo a este modelo y el deseo de nuevos rumbos para el país están en la raíz de nuestra victoria.

¿Un periodo de transición?

Una serie de medidas económicas del nuevo gobierno expresan una preocupante continuidad de la política económica derrotada. Entre ellas destacan el mantenimiento de elevadas tasas de interés (las tasas nominales fueron aumentadas dos veces durante los dos primeros meses de gobierno) y el incremento de la meta de superávit fiscal primario de 3.75% del PIB a 4.25%.

Además, una de las autoridades más importantes del área económica del nuevo gobierno, el presidente del Banco Central, anunció en diversas oportunidades una concordancia irrestricta con la orientación seguida por la administración anterior.

Las medidas, continuadoras de la política económica que venía aplicando Fernando Henrique Cardoso y reconocidas como amargas , fueron justificadas por la vulnerabilidad externa, por la fragilidad financiera de la economía brasileña y la necesidad de hacer un esfuerzo por ganar la confianza de los mercados. Además, se recordaba que desde la campaña electoral se había anunciado un periodo de transición al inicio del nuevo gobierno.

De hecho, desde la divulgación de la Carta al Pueblo Brasileño por el Lula candidato (junio de 2002) se incorporó la idea de que el nuevo gobierno no podría poner en marcha su programa de inmediato y de manera integral, y que debería, por tanto, haber un periodo de transición. Este concepto fue después incluido en el Programa de Gobierno de Coalición de Lula como presidente y aprobado en reunión del Directorio Nacional en julio de 2002.

Por otra parte, un análisis de las primeras medidas y de las propuestas anunciadas por el nuevo gobierno en el tema económico no confirma que esté en curso una transición (lo que supone un cambio, aunque gradual). Por el contrario, además de que la política adoptada por el Banco Central representa una continuidad, hay medidas anunciadas que configurarían, de ser llevadas a la práctica, una verdadera consolidación de aspectos de la política del gobierno anterior. Es el caso de la continuidad de la privatización de bancos estatales y, principalmente, de la concesión de autonomía operacional al Banco Central.

Es preciso tener claro el lugar tan importante ocupado por el Banco Central en la política económica. Además de ser el responsable de la política monetaria, también dirige la política cambiaria, la regulación y supervisión del sistema bancario, así como los movimientos de capitales. Ha tenido una participación central en las discusiones con el FMI, además es importante advertir que la política monetaria significa respetar, ante todo, la definición de los intereses, lo que en el caso brasileño tiene una enorme implicación fiscal (si aumentan los intereses, también aumenta la deuda pública y su servicio). La política cambiaria también tiene un gran impacto fiscal (gran parte de la deuda pública brasileña interna se corrige según la variación de la tasa de cambio, lo mismo ocurre con toda la deuda externa). De hecho, puede decirse que el tamaño del superávit fiscal primario (ingresos del gobierno menos egresos, excluyendo los de tipo financiero) necesario para evitar el crecimiento de la relación deuda pública/PIB, piedra de toque de las exigencias del FMI y de los mercados, es determinado en gran medida por las variables (intereses y tipo de cambio) de las que es responsable el Banco Central.

La autonomía operacional del Banco Central formalizaría legalmente la libertad de acción que ya tiene y le daría mayor consistencia; además, como se prevé que sus directores permanezcan en sus puestos, dificultaría el que fueran sustituidos como resultado, por ejemplo, de una decisión del gobierno con vistas a modificar su política económica. Naturalmente, de acuerdo con el proyecto en discusión, el Banco Central tendría que cumplir metas definidas por la Secretaría de Hacienda, es decir, la política instaurada a partir de la administración de Armínio Fraga, que consiste en usar metas de inflación como ancla de la política monetaria. Sin embargo, además de ser muy cuestionable este modelo de política económica, definir metas de inflación resulta poco orientador: el Banco Central tendría total libertad para conducir la política monetaria con el objetivo de alcanzar dichas metas. En lugar de que la Secretaría de Hacienda dirija la actuación del Banco Central, lo que ha sucedido desde el gobierno de Cardoso, es que el Banco Central determina los márgenes de libertad de acción de Hacienda, mediante la influencia ejercida sobre el marco fiscal. Recuérdese esto: el PT siempre se opuso a la autonomía del Banco Central, en cualquiera de sus formas.

La misma lógica de la estrategia de lograr la confianza de los mercados, que parece dominar la política económica en esta fase inicial del nuevo gobierno, se opone a la idea de transición. O sea: si la confianza de los mercados es conquistada con determinada política su posterior modificación puede conducir a la pérdida de confianza.

De hecho, toda la lógica de la política implementada hasta ahora sugiere que la transición representa tan sólo un esfuerzo por obtener mayor margen de maniobra manteniendo la actual política macroeconómica; no es un proceso que busque cambiarla. O sea: seguiríamos dependiendo de la política internacional y de los humores de los mercados. Si se estabilizara la situación financiera internacional y si se redirigiera el flujo de inversiones hacia América Latina, entonces la política económica tendría mayor margen de maniobra. Como lo demostró la última década, esta expectativa es ingenua y la inestabilidad sería una situación permanente de este tipo de estrategia.

La transición según el programa de gobierno

La transición hacia un nuevo modelo, tal como la define el programa de gobierno, es claramente diferente de las medidas tomadas hasta ahora. Veamos qué dice el programa:

26. La cuestión clave para el país es volver a crecer con equilibrio en todos los ramos de la productividad, en agricultura, en la industria, en el comercio y en los servicios. Volver al crecimiento es la solución para impedir que se establezca un círculo vicioso entre altos intereses, inestabilidad cambiaria y aumento de la deuda pública en proporción con el PIB. […] La superación de esos obstáculos que impiden volver al crecimiento ocurrirá mediante una lúcida y juiciosa transición entre lo que tenemos hoy y lo que la sociedad reivindica.

27. […] Ya caímos en la trampa cambiaria. Salimos de ella en 1999 con muchos dolores, pero sobrevivimos. Ahora, tenemos el dilema del ancla fiscal. La cuestión es cómo superarla sin atentar contra la estabilidad de la economía. Nuestro gobierno va a preservar el superávit primario o cuanto sea necesario, de tal manera que no se permita un aumento de la deuda interna en relación con el PIB, lo que podría destruir la confianza en la capacidad del gobierno para cumplir sus compromisos. Pero va a trabajar firmemente en reducir la vulnerabilidad externa y, con ella, las tasas de interés que hoy asfixian las cuentas públicas y el sector empresarial productivo. […] Nuestro gobierno no va a romper contratos ni a revocar reglas establecidas. Serán respetados los compromisos internacionales. Los cambios que sean necesarios se realizarán democráticamente, dentro de los marcos institucionales.

[….]

29. La rigidez de la actual política económica puede provocar la pérdida de rumbo y de credibilidad. Brasil ya mostró históricamente una vocación para crecer alrededor de 7% anual. Esa vocación será rescatada por nuestro gobierno trabajando día y noche para que el país transite del ancla fiscal hacia el motor del desarrollo. Brasil necesita navegar en el mar abierto del crecimiento ¿o será que nos está vedado buscar el puerto seguro de la prosperidad económica y social?

[…]

[El siguiente párrafo abre un apartado del programa cuyo título es “La transición hacia el Nuevo Modelo tiene como blanco el crecimiento”]

48. El objetivo esencial de nuestro gobierno será, por tanto, buscar incesantemente la vuelta al crecimiento económico como medio privilegiado para la generación de empleos y la distribución del ingreso. Ése será el instrumento esencial para la superación del círculo vicioso entre déficit externo, intereses elevados, inestabilidad cambiaria y aumento de la deuda pública, creado por el actual gobierno. Precisamente por eso, el esfuerzo con miras al crecimiento será estructurado simultáneamente con una juiciosa y responsable transición entre lo que tenemos y lo que la sociedad brasileña reivindica. Precisamente porque el agravamiento de la vulnerabilidad de nuestra economía no tendrá su origen en el cambio del actual modelo económico, pero sí en su continuidad. 2

Frente al texto citado cabe preguntar:

1) ¿Qué hacer para que el país transite del ancla fiscal hacia el motor de desarrollo, estructurando el crecimiento al mismo tiempo en que es conducido a la transición?

2) ¿Qué hacer para […] reducir firmemente la vulnerabilidad externa (considerando que ésta sería agravada por la continuidad del actual modelo, como se señaló)?

Nos atrevemos a afirmar que no fueron tomadas iniciativas importantes de política macroeconómica en estos dos frentes decisivos.

En relación con la primera cuestión, el Programa deja claro que corresponde al crecimiento económico la tarea de romper el círculo vicioso de intereses altos, inestabilidad cambiaria y aumento de la relación deuda pública/PIB. Retomar el crecimiento facilitaría el ajuste corriente de las cuentas públicas y, de ser correctamente orientado, contribuiría a reducir la vulnerabilidad externa; esto permitiría estabilizar el cambio y disminuir la tasa de interés, contribuyendo a detener el crecimiento de la deuda pública y a retomar el control de la inflación.

Así, la preocupación por la estabilidad no se sustenta en que la política económica estará presidida y condicionada por el mecanismo de los superávit y la tasa de intereses crecientes, o incluso, a ciclos de estas dos variables enteramente dependientes de los ciclos externos de los flujos de capital. Sin embargo, hasta ahora la política económica apunta en esta dirección.

En lo tocante al problema esencial de la vulnerabilidad externa, ¿qué nuevos instrumentos fueron creados o han sido planeados para avanzar en ese sentido? Es importante que se combinen movimientos en esa dirección con las importantes iniciativas del gobierno brasileño de defender la democracia en Venezuela y promover una mayor unidad de los países latinos para oponerse a la aplanadora de los Estados Unidos y su política de imponer el ALCA.

Si desde estos dos puntos de vista (la vuelta al crecimiento y la superación de la vulnerabilidad externa) —considerados fundamentales por el Programa de Gobierno para la transición hacia un nuevo modelo económico— no registramos avances, el cuadro no es más favorable en relación con un tercer elemento, la autonomía decisoria de la política económica y de las instituciones económicas frente a los mercados, considerado tema estratégico en Concepción y directrices del XII Encuentro Nacional . Por el contrario, cuando ganar la confianza de los mercados se convierte en el eje, la política económica y la agenda de gobierno comienzan a ser guiadas por aquéllos. Los mercados (financieros) no se limitan a expresar su confianza o desconfianza; presionan para que se atiendan sus intereses. Por tanto, confían en quien realiza una política económica que los favorece.

En resumen: la práctica de la política económica, en nombre de una transición reinterpretada y limitada a la expectativa de conseguir mejores resultados dentro de los marcos de la antigua política económica, toma distancia de la propia definición de transición que consta en el Programa de Gobierno. Aun más: se opone al contenido general de la campaña, que puso énfasis en los cambios y criticó claramente la política del gobierno de Fernando Henrique Cardoso.

Estimamos que esta línea es globalmente incorrecta y que es posible desarrollar una alternativa partiendo de lo establecido en Concepción y directrices del Programa de Gobierno del PT para el XII Encuentro y en el Programa de Gobierno 2002 .

Elementos para una alternativa

La construcción de una política macroeconómica alternativa es una tarea de todo el partido, no sólo de las compañeras y compañeros que están al frente del gobierno.

Intentamos destacar aquellas definiciones partidarias (del texto Concepción y directrices y del Programa de Gobierno ) que son lo suficientemente consistentes como para servir de referencia para la definición de un nuevo rumbo en la política económica. A partir de ellas, buscamos delinear propuestas que a nuestro juicio sean útiles al debate partidario y al esfuerzo de síntesis que de allí deberá surgir.

En el texto Concepción y directrices se afirmó claramente la necesidad de una ruptura global con el modelo existente:

1. La puesta en marcha de nuestro programa de gobierno para Brasil, de carácter democrático y popular, representará una ruptura con el actual modelo económico, fundado en la apertura y en la desregulación radicales de la economía nacional y en la consecuente subordinación de su dinámica a los intereses y humores del capital financiero globalizado.

[…]

21 […] Para quien defiende no una mera continuidad sin continuismo —por la adopción de una política desarrollista que incluye lo social como algo accesorio—, sino una verdadera transformación inspirada en los ideales éticos de la justicia social, no puede quedar duda de que un gobierno democrático y popular necesitará llevar a cabo una ruptura global con el modelo existente, estableciendo las bases para la creación de un modelo de desarrollo alternativo.

22. Tal proyecto deberá incorporar el combate a la dependencia externa y la defensa de la autonomía nacional; tendrá lo social como referencia central del desarrollo, es decir, el desarrollo sustentable incorporará en su propia dinámica interna la distribución del ingreso y la riqueza, la generación de empleo, la inclusión social y el uso de los recursos naturales con sustentabilidad, y buscará crear condiciones, de modo permanente, para la democratización del Estado y de la política. Su implementación sólo será posible tras la constitución de una nueva coalición de fuerzas que rompa con los sucesivos pactos conservadores que han dominado al país desde hace décadas. Es hora de atreverse, pues es en momentos de grandes cambios mundiales como éste cuando se abren nuevas posibilidades para que los países de la periferia del sistema, como Brasil, conquisten una posición de inserción soberana en el mundo. 3

Además de ello, el documento definió que el nuevo modelo de desarrollo brasileño deberá articular tres ejes estructurales: lo social, lo democrático y lo nacional. 4

El Programa de Gobierno 2002 de la Coalición de Lula presidente detalló más algunos aspectos del texto Concepción y directrices , enfatizó cuestiones distintas, incorporó la idea de transición, pero no se opone a él; es correcto, por tanto, considerarlo nuestra referencia fundamental en el desarrollo de una nueva formulación para la política económica.

La idea de un periodo de transición implica que la ruptura con el antiguo modelo no se hará de modo abrupto. Debe ser preparada. Entonces, la cuestión tiene que plantearse de la siguiente manera: ¿cómo crear condiciones y efectuar esta ruptura con el modelo de los años de Cardoso?

El punto de partida central debe ser la construcción de condiciones políticas para desarrollar una nueva política económica.

En realidad, lo que tenemos que cambiar desde el principio del gobierno son las bases políticas en que se fundó la política económica del gobierno de Cardoso. Para construir una nueva política económica es preciso redefinir quién dirige la política económica. En el gobierno de Fernando Henrique Cardoso fue dirigida por un profundo proceso de desnacionalización de los centros de decisión y por una intensa subordinación al mercado financiero (con sus dimensiones nacional e internacional enteramente imbricadas). En nuestro gobierno la construcción de la política económica debe ser cada vez más soberana frente a los mercados y a las injerencias externas. Debe ser una construcción simultáneamente coherente con el programa de cambio y con iniciativas internacionales para enfrentar las imposiciones de las instituciones de la globalización neoliberal sobre los países subdesarrollados. Así como la implantación del neoliberalismo en Brasil nació de una derrota política de las fuerzas democráticas y populares, ahora la derrota de las fuerzas neoliberales exige un desdoblamiento coherente en la formulación y en la práctica de una nueva política económica.

La construcción de condiciones para el cambio debe manifestarse en diversos aspectos:

a) La recuperación de soberanía nacional para la toma de decisiones de política económica.

El resultado de más de 10 años de apertura y desregulación, vueltos crónicos con los acuerdos con el FMI a partir de 1998, fue una transferencia real de poder decisorio para el exterior. Es preciso, por tanto, retomar condiciones de autonomía decisoria nacional.

Para esto, es esencial retomar el control de la cuenta de capitales. Hay diversas maneras de hacerlo y varias gradaciones posibles. Es posible imponer exigencias mínimas de estadía en el país (por ejemplo un año), como ya fue realizado en Brasil en el pasado. Es posible utilizar formas de tasación que inhiban salidas a corto plazo. Sólo en caso de falta aguda de reservas es necesaria una centralización de todas las operaciones de cambio, estableciendo, por tanto, un control completo, mecanismo ya utilizado por Brasil. En cualquiera de estas modalidades y gradaciones, los controles de cambio no configuran un rompimiento con la comunidad financiera internacional.

Las Directrices del XII Encuentro Nacional iban más allá en aspectos importantes de la relación con los capitales externo y financiero:

49. […] implantar mecanismos de regulación de la entrada de capital especulativo y reorientar la inversión extranjera directa (IED) con criterios de selectividad que favorezcan el aumento de las exportaciones, la sustitución de importaciones, la expansión y la integración de la industria de bienes de capital y el fortalecimiento de nuestra capacidad endógena de desarrollo tecnológico. Es esencial que el capital extranjero se vincule a la creación de capacidad productiva adicional y compense el aumento de la remesa de ganancias, dividendos y royalties (derechos de explotación) con su impacto positivo sobre el saldo comercial.

50. […] la reglamentación del proceso de apertura del sector financiero. La reducción de la fragilidad externa de la economía brasileña involucra también la eliminación de brechas legales que facilitan operaciones financieras con el exterior no transparentes, la revisión de los esquemas de captación de recursos utilizados por el sistema bancario para operaciones de arbitraje con títulos públicos y la reglamentación del ingreso de nuevos bancos extranjeros al sistema financiero nacional. 5

Además, es preciso crear las condiciones para concluir el acuerdo con el FMI, que es el instrumento institucional que subordina la política económica en su conjunto. A este respecto, las Directrices señalan:

63. […] Por oposición al monitoreo de carácter monetarista y ortodoxo del FMI, el nuevo gobierno buscará asumir públicamente un conjunto de compromisos sociales y económicos en sintonía con los objetivos y prioridades del nuevo modelo de desarrollo. En este contexto, cabrá establecer metas de crecimiento económico, generación de empleo, de inversión social y de inflación que concreten y den consistencia a aquellas prioridades, viabilizando, al mismo tiempo, su amplio control público. 6

Estas iniciativas deben combinarse con la lucha por cambiar la correlación de fuerzas internacional, destacando en ello la vuelta del movimiento de países endeudados y la renegociación de la deuda externa. Estas posiciones están presentes en las Directrices:

51. […] en relación con la deuda externa, hoy predominantemente privada, será necesario denunciar desde el punto de vista político y jurídico el acuerdo actual con el FMI, para liberar la política económica de las restricciones impuestas al crecimiento y a la defensa comercial del país y bloquear las tentativas de reestatización de la deuda externa, reduciendo la emisión de títulos de la deuda interna indexados al dólar. Brasil debe asumir una posición internacional activa sobre la deuda externa, articulando aliados en el proceso de auditoría y renegociación de la deuda externa pública, particularmente de países como Brasil, México y Argentina, responsables de gran parte de la deuda externa mundial y que, no por nada, tienen a gran parte de su población en la pobreza. 7

Además, es importante incluir el aspecto de las relaciones comerciales de Brasil, buscando volver orgánico y equilibrado el proceso de sustitución de importaciones y obtención de saldos comerciales en relación con los demás elementos de una nueva política económica, de modo que no se repita el intento de reducir la vulnerabilidad externa con base sólo en los saldos comerciales (lo que también conduciría a una dinámica recesiva). Por eso, otra cuestión clave es la posición respecto al ALCA. Es pertinente adoptar como orientación estratégica lo definido en el XII Encuentro Nacional:

53. El ALCA […] no es cuestión de plazos o de eventuales ventajas para ese o aquel sector. Tal como está propuesto, el ALCA es un proyecto de anexión política y económica de América Latina a los Estados Unidos, cuyo blanco principal es Brasil, por la potencialidad de sus recursos y de su mercado interno. Entonces, lo que está en juego son los intereses estratégicos nacionales, la preservación de nuestra capacidad y autonomía para construir nuestro propio futuro como nación. En otras palabras, rechazar esa propuesta, tal como está siendo presentada, es un requisito esencial para viabilizar la reducción de nuestra dependencia y vulnerabilidad externas. 8

b) Recuperación de la capacidad de coordinación gubernamental sobre los centros de decisión de la política económica, garantizando su autonomía decisoria frente a los mercados y su subordinación al programa de cambio.

Además de nacionalizar los centros de decisión en política económica, es preciso integrarlos a la coordinación gubernamental cuya lógica es el programa de cambio (y no las presiones e intereses de los mercados). El punto más importante se relaciona con el Banco Central. Hay toda una discusión pendiente sobre la regulación del capítulo del sistema financiero de la Constitución. Iniciarla justamente con el otorgamiento de mayor autonomía al Banco Central, es decir, con la concesión legal de poder al mercado y la renuncia formal de control sobre lo fundamental de la política económica, puede representar no sólo un impedimento a cualquier intento de transición, sino que tendrá un impacto general destructivo sobre las posibilidades del gobierno. Por el contrario, en este punto es pertinente realizar una discusión general sobre la regulación democrática del sistema financiero, considerando la necesidad de sujetar la administración de la política económica, en especial la del Banco Central, al programa electo y al gobierno. Funciones hoy exclusivas del Banco Central, como la definición de la tasa de interés a través del COPOM, deben ser revisadas, estableciendo formas más transparentes y menos susceptibles a las presiones e intereses del mercado financiero.

Por otro lado, es necesario reducir el poder del capital financiero sobre la economía. Éste es un amplio tema de debate que repercute en la reforma tributaria (en la redefinición de los impuestos pagados por los bancos que deben gravar progresivamente las crecientes ganancias bancarias), en la recuperación (y no privatización de los bancos públicos estatales), en el fortalecimiento de los bancos públicos y en su direccionamiento coherente con el programa de gobierno, entre otros aspectos.

Cabe destacar también la cuestión fiscal, la tasa de interés y el servicio de la deuda pública.

60. La reversión de la fragilidad fiscal, para garantizar la consistencia de la política fiscal, es la piedra angular del nuevo modelo de desarrollo. Esto significa, ante todo, la preservación de la solvencia del Estado, traducida en la reducción sustantiva y progresiva del compromiso de los ingresos en el pago de intereses de la deuda pública y en su capacidad de realizar políticas activas y coordinadas de gasto público (incluyendo el gasto social). La perspectiva de colocar lo social como eje del desarrollo exigirá una revisión completa de las actuales políticas que colocan la deuda financiera y a sus acreedores como la prioridad número uno del Estado brasileño. En esos términos, la reducción de la fragilidad externa deberá promover una reducción de las tasas de interés cobradas en los financiamientos externos, con efectos positivos sobre la tasa de interés interna de corto plazo, la que influye sobre el costo del financiamiento de la deuda pública, disminuyendo la carga de intereses y la imprevisibilidad de su trayectoria.

61. Dado el objetivo de mantener la solvencia del Estado, es prudente preservar un aspecto esencial del gasto público, su papel anticíclico y estimulante del crecimiento económico. Desde el punto de vista cíclico, la evolución del déficit público no puede sujetarse a metas de largo plazo o a concepciones anacrónicas o marcadamente ortodoxas y monetaristas que postulan el presupuesto equilibrado como un valor absoluto y permanente. Tal equilibrio puede alcanzarse a través del crecimiento económico y la estabilidad macroeconómica (que inducen al pleno empleo y a la maximización de los ingresos fiscales). 9

Obviamente estas medidas generarán muchos conflictos con los intereses especulativos del capital financiero; sin embargo, puede confiarse en que existe amplia legitimidad —[las avalan distintos] sectores del empresariado a las clases medias, del comerciante a los agricultores, del movimiento sindical a los vastos sectores populares— para la adopción de medidas que disminuyan la ganancia de los especuladores en defensa del crecimiento, del ingreso, del empleo de los brasileños. No sólo la inflación perjudica el ingreso: los escandalosos intereses vigentes en el país afectan severamente el presupuesto de las familias, en particular el de las de menores ingresos.

c) Valoración del eje democrático del nuevo modelo de desarrollo.

La concepción del nuevo modelo de desarrollo, aprobada en el XII Encuentro Nacional, puso énfasis especial en su carácter democrático. La ampliación de la democracia y la construcción de una administración participativa son fundamentales en sí mismas, y, además, forman parte de la creación de condiciones políticas par la construcción de un nuevo modelo. Estos aspectos ya fueron abordados en las Directrices aprobadas en el XII Encuentro:

64. El modelo de desarrollo comandado por el gobierno democrático y popular estará sustentado en un nuevo contrato social, fundado en un compromiso estratégico con los derechos humanos, en la defensa de una revolución democrática en el país. La alternativa propuesta representará una ruptura con nuestra herencia de dependencia externa, de exclusión social, de autoritarismo y de clientelismo y, simultáneamente, con el neoliberalismo más reciente. Eso implicará, por tanto, una disputa por la hegemonía, en que la afirmación de valores radicalmente democráticos se opondrá, por un lado, a la cultura política y a las prácticas del clientelismo, de la conciliación, de la privatización de lo público y, por el otro, a la cultura de la mercantilización que articula valores y determina actitudes individualistas y consumistas, inclusive entre los propios segmentos excluidos y oprimidos. 10

Uno de los aspectos de este eje democrático del modelo de desarrollo es la participación popular, decisiva hasta para viabilizar su puesta en marcha:

66. La construcción del nuevo modelo de desarrollo se dará en los marcos del Estado de derecho. Nuestras propuestas de cambios profundos en los rumbos del país serán transparentes y previsibles, estarán marcadas por la disposición permanente al diálogo, respetando siempre los principios de nuestro proyecto: desarrollo autónomo, justicia social, participación democrática. Por otro lado, la puesta en marcha de ese nuevo modelo tendrá que considerar limitaciones legales e instituciones importantes. Esto significa que las reformas políticas e institucionales tenderán a asumir un papel decisivo, exigiendo intensa movilización, presión popular y base de sustento parlamentario. 11

El propio papel del Estado debe ser redefinido. Más allá de la planeación estratégica (o administración estratégica) la administración participativa es condición necesaria para ello:

73. Finalmente, la redefinición del papel del Estado, en el marco del nuevo patrón de desarrollo, requiere un nuevo modelo de administración estatal, que se divide en dos grandes vertientes: la administración participativa y la administración estratégica. La administración pública participativa, una de las referencias centrales de nuestros gobiernos estatales y municipales, debe ser una dimensión básica de la reformulación de la relación entre el Estado brasileño y la sociedad, también en el nivel central. La constitución de nuevas esferas públicas democráticas, enfocadas a la co-administración pública, a la repartición de poder público, a la articulación entre democracia representativa y democracia participativa, será factor clave para, al mismo tiempo, combatir las prácticas clientelares, valorando el hablar sobre los derechos y propiciar la participación de nuevos protagonistas sociales, representando a la mayoría de la población, hoy excluida de las decisiones (salvo raras excepciones). Por tanto, no sólo serán espacios de debate y deliberación que involucra al Estado y la sociedad, pero igualmente de disputa de hegemonía con la cultura clientelar y con los valores neoliberales. 12

Entre las modalidades de administración participativa destaca el presupuesto participativo. Como subrayan las Directrices, existe el presupuesto participativo, cuya implementación en el nivel central será un desafío importante. 13

d) Recuperación de las condiciones para que las empresas estatales puedan desempeñar un papel estratégico.

Otro aspecto de la creación de las condiciones para el tránsito hacia un nuevo modelo de desarrollo es quitar los obstáculos puestos al funcionamiento de las empresas estatales.

A pesar del dañino proceso de privatización de empresas estatales, realizado sobre todo en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, Brasil aún cuenta con un número importante de empresas estatales, localizadas principalmente en el área de la infraestructura (en especial el sector energético). Estas empresas pueden desempeñar, como en el pasado, un papel inductor en el proceso de desarrollo nacional.

Para ello, por lo pronto, es imprescindible recuperar su capacidad de inversión. Hoy la principal restricción es el respeto al absurdo criterio impuesto por el FMI de incluir la inversión de empresas estatales en el cálculo del déficit público, y en particular de contarlo negativamente para el cálculo del superávit fiscal primario. De esta forma, los recientes incrementos en las metas de superávit fiscal primario implican la imposibilidad de inversión de las estatales.

El criterio de manejar la inversión de empresas estatales como parte del déficit público es enteramente ideológico (es una aplicación directa de la ideología neoliberal); no tiene absolutamente nada de técnico. Su objetivo claro es inviabilizar el funcionamiento de las empresas estatales. Conviene, por tanto, recusarlo.

Procuramos destacar algunos aspectos de las iniciativas, coherentes con la Concepción y directrices del programa de gobierno del PT para Brasil y con el Programa de Gobierno de Coalición del Presidente Lula , que consideramos necesarios para posibilitar la construcción de un nuevo modelo de desarrollo. Naturalmente, hay muchas otras orientaciones fundamentales para esta construcción, varias de ellas puestas en marcha ya por nuestro gobierno. Nuestro objetivo, como dijimos antes, es contribuir a un debate que debe involucrar a todo el partido.

 

Notas a pie de página

1. Concepción y Directrices del Programa de Gobierno del PT para Brasil , diciembre de 2001, § 11, p. 21.

2. Programa de Gobierno 2002 de Coalición del presidente Lula, julio de 2002, pp. 16-17 y 48.

3. Concepción y Directrices del Programa de Gobierno del PT para Brasil , diciembre de 2001, pp. 15 y 27-28.

4. Ibid. , p. 29.

5. Ibid ., pp. 46-47.

6. Ibid. , p. 55.

7. Ibid., pp. 46-47.

8. Ibid. , pp. 47-48.

9. Ibid. , pp. 53-54.

10. Ibid., pp. 55-56.

11. Ibid., p. 57.

12. Ibid. , pp. 61-62.

13. Ibid. , p. 62.

 

Traducción de María Cristina Hernández Escobar.

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

  Desde los cuatro puntos es una publicación mensual de Convergencia Socialista, Agrupación Política Nacional (apn), registrada en el Instituto Federal Electoral. Registro de la Dirección General del Derecho de Autor (en trámite). Certificado de Título y Contenido (en trámite). Publicación periódica. Oficinas y suscripciones: Xola 181, 3er. piso, Col. Alamos, C.P. 03400, Teléfono 5 90 07 08, México, D.F.