No. 49
(febrero de 2003)

csapn@laneta.apc.org
CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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La estrategia imperialista estadounidense y su momento de verdad

James D. Cockcroft*

El imperialismo estadounidense bélico, con su estrategia de “la guerra preventiva, global e infinita”, ha encontrado su “momento de verdad” (expresiones favoritas de Bush). Ese momento es la resistencia de la Humanidad contra la globalización capitalista, su dogma del “fundamentalismo del mercado” y las guerras sangrientísimas que resultan, especialmente la guerra contra el pueblo iraquí. Esta resistencia popular ha cambiado la política internacional aislando al gobierno ilegítimo, genocida y terrorista de Bush. Aquí se ofrecen algunas definiciones e interpretaciones de este momento, con un enfoque en las políticas bushianas y el nuevo movimiento antiguerra en los Estados Unidos.

Gobierno ilegítimo de Bush

Es “ilegítimo” porque Bush llegó al poder a través de un golpe de Estado por parte de la Corte Suprema estadounidense (5 votos republicanos a favor y 4 en contra) después de haber recibido menos votos populares que su rival y con solamente 20% del voto de los ciudadanos. Además ha lanzado guerras genocidas contra Iraq y Afganistán y patrocinado guerras genocidas contra los pueblos indígenas de las Américas. Siguiendo su propia lógica, nos preguntamos: ¿es necesario “un cambio de régimen”?

Genocidio: Según los artículos II y III de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio adoptada por la ONU en 1948 y ratificada por los EE.UU. en 1988, “se entiende por genocidio cualquiera de los actos [...] perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal: (a) Matanza de miembros del grupo; (b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; (c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; (d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo; (e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo” y “Serán castigados los actos siguientes: (a) El genocidio; (b) La asociación para cometer genocidio; (c) La instigación directa o pública a cometer genocidio; (d) La tentativa de genocidio; (e) La complicidad en el genocidio”. 1

Las expresiones “total o parcialmente”, “traslado por fuerza” y “complicidad” son importantes porque tienen mucho que ver con los crímenes de genocidio económico, mental o físico, todos los cuales ocurren durante ciertas condiciones a largo plazo, por ejemplo, durante la globalización capitalista neoliberal que resulta en un proceso de genocidio gradual que afecta a docenas de millones de personas, trasladándolas por fuerza y matándolas diariamente de malnutrición, hambre, desocupación o enfermedades, en el nombre del “libre comercio”, “el mercado libre”, “los derechos de propiedad intelectual” y el pago de deudas externas injustas e impagables.

Terrorismo internacional: “el uso ilegal de la fuerza o la violencia, ejecutado por grupos o individuos que tienen alguna conexión con una potencia extranjera o cuyas actividades trascienden las fronteras nacionales, contra personas o propiedades, para intimidar o coaccionar a un gobierno, a una población civil o a uno de sus sectores, con fines políticos o sociales”. Esta definición del terrorismo parece como una confesión. Proviene del Federal Bureau of Investigation (FBI), institución oficial del país que más larga experiencia tiene en la práctica de estos menesteres en el mundo entero. 2

El líder campesino popular boliviano, Evo Morales, frecuentemente ha señalado que: “Los terroristas son los que aplican los planes del hambre”. Mientras tanto, los embargos contra países excluidos del mal llamado libre comercio (¿libre para quienes?), como Iraq y Cuba, generan consecuencias también criminales. Aun la revista Foreign Affairs , la “voz” del prestigioso “think tank” estadounidense Consejo de Relaciones Exteriores, ha descrito las sanciones contra Iraq de la última docena de años como “sanciones de destrucción masiva”.

Y ahora vemos la destrucción masiva de ciudades inmensas como Bagdad, Basra, Mosul, Tikrit, Kirkuk, An Nasiriyah y otras, donde barrios civiles (no blancos militares) han sido bombardeados en una guerra de “brutalidad sin precedentes” que “no es una repetición de cualquier otro conflicto y que consiste de una fuerza, una amplitud y una escala nunca antes visto” (ministro de defensa Donald Rumsfeld, 21 de marzo 2003). Este es un genocidio premeditado y anunciado públicamente mediante el mayor bombardeo aéreo en la historia y otras agresiones criminales como el uso de uranio reducido o armas químico-biológicas. Como dijo uno de los autores del plan militar “choque y pavor”, la estrategia es “para que un efecto simultáneo ocurriera, como las bombas nucleares en Hiroshima”. 3 No por nada el Che Guevara calificó al gobierno de EE.UU. como “el gran enemigo del género humano”.

Estrategia imperialista y “Doctrina Bush”

La “Doctrina Bush”, una forma de Doctrina Monroe aplicada a todo el planeta, fue claramente explicada en detalle en un documento oficial que circuló por Internet a mediados de septiembre 2002: “The National Security Strategy of the United States of America”. 4 Es un documento casi paranoico, escrito en un estilo escalofriantemente racional y en tono de superioridad moral. En su mayor parte repite varios “strategy papers” anteriores escritos por personas e instituciones de la ultra-derecha política estadounidense en los 90. Los autores de aquellos documentos actualmente están en posiciones de altísima influencia en la administración bushiana. Son gente como Rumsfeld, Wolfowitz, Perle, etc.

En el nombre de la “democracia”, “libertad”, “autodefensa”, “paz” y “guerra contra el terrorismo” (una guerra auto-declarada “infinita” y “preventiva”), la estrategia de la Casa Blanca en este documento reivindica una posición a favor de la dominación mundial estadounidense, unilateral y sin límites. Reconociendo que: “Hoy, EE.UU. disfruta de una posición de fuerza militar sin paralelo”, el documento propone la creación de “un nuevo Departamento de Seguridad Interna y un comando militar unificado [...] la innovación en el uso de fuerzas militares y tecnologías modernas […] más énfasis en la colección de inteligencia […] fácil acceso a teatros [de combate] lejanos y la protección de la infraestructura y activos (“assets”) críticos en el espacio sideral [...] la meta debe ser ofrecer al presidente una gama más amplia de opciones militares”.

Además, dice que: “Tomaremos las medidas necesarias para asegurar que nuestros esfuerzos de cumplir nuestros compromisos con la seguridad mundial y proteger Americanos [de EE.UU.] no estén reducidos por el potencial de investigaciones, indagación o juicio por la Corte Penal Internacional cuya competencia no aceptamos y no se extiende a los Americanos [de EE.UU.]”. Es decir, de nuevo el gobierno estadounidense se revela como un “rogue state”, fuera de la ley. Por eso no es sorprendente que rompiera con la ONU para invadir Iraq, casi de la misma manera que rompió con El Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, Holanda, antes de ser juzgado culpable de “terrorismo” contra el pueblo nicaragüense y de “agresión armada” y “violación de la soberanía de otro país”, en 1986. Es el único Estado en el mundo entero que ha sido condenado por haber cometido terrorismo internacional y que ha vetado una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU llamando a los gobiernos a observar las leyes internacionales­.

El terrorismo de Estado a escala internacional forma una parte clave de la doctrina militar estadounidense. Fue usado en los bombardeos aéreos masivos e indiscriminados contra la población civil y objetivos civiles (Vietnam, invasiones a Granada y Panamá, guerras del Golfo, Yugoslavia y Afganistán), utilizando armas prohibidas, como el napalm, la sustancia naranja, las bombas de racimo, las armas químico-biológicas, etc.

La “Doctrina Bush” es una política muy consistente con el rechazo por la administración bushiana de otros tratados y acuerdos internacionales tales como los de Kyoto (sobre el medio ambiente), ABM (contra los misiles balísticos), el protocolo del año 1972 de inspección de sitios de producción de materiales químico-biológicos (contra la producción de ese tipo de armas), la Convención de los Derechos del Niño y la propuesta de resolución presentada en 2001 por México ante la 75ta. Comisión de Derechos Humanos a favor de la igualdad de las mujeres en el acceso a la propiedad y vivienda adecuadas. En cada caso fue EE.UU. el único país que votó en contra. Lo que los Estados Unidos no aprueba, desde luego, no obedece, o en las palabras del golpista Bush: “O están con nosotros o están con los terroristas”.

Cuando el documento de septiembre 2002 de la Casa Blanca define “rogue states”, describe las políticas actuales estadounidenses sin ser consciente de ello. Son Estados que “insensibilizan a su propia gente y dilapidan sus recursos naturales para el beneficio privado de sus gobernantes; no demuestran ningún respeto por la ley internacional, amenazan a sus vecinos y violan cruelmente los tratados internacionales; [...] patrocinan al terrorismo en todas partes del mundo y rechazan los valores humanos básicos”. Finalmente, reflejando su entendimiento de “la libertad” como la libertad de los mercados, el documento tiene una larga sección con el título emocionante e ilusorio de “Ignite a New Era of Global Economic Growth through Free Markets and Free Trade” (“Se enciende una Nueva Era de Crecimiento Económico Global a través del Libre Mercado y el Libre Comercio”), esto durante la peor depresión mundial en la historia desde los 30.

Imperialismo económico y rivalidad interimperialista

El imperialismo económico es el capital monopólico y su expansión a nivel global que se expresa en la “globalización”, es decir, la expansión del capital de las grandes empresas transnacionales de los Estados Unidos, la Unión Europa, Japón y Canadá. El poder económico principal es el capital estadounidense que controla 9 de las 10 principales empresas del mundo, tal como controla 18 de las 25 principales compañías y 35 de las primeras 50. Estas corporaciones estadounidenses dominan en materia tecnológica, industrial, de comunicaciones y transportes, materias primas, armas y de alimentación, sin mencionar el espacio sideral.

Debido a la crisis de sobreproducción de bienes y las conexiones entre las grandes compañías y “sus” Estados, el capitalismo y los Estados en cada centro del imperialismo están en competición y conflicto. Se lo observa bien en las “guerras permanentes de comercio”, por ejemplo, en la reciente decisión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) contra los aranceles estadounidenses sobre el acero. La rivalidad se ha intensificado con los desacuerdos políticos sobre el papel de la ONU y la OTAN en cuanto a la guerra en Iraq. Sin embargo, para recuperar sus tasas de ganancia y salir de la recesión mundial, el gran capital y cada poder imperialista siguen con sus políticas neoliberales contra el estándar de vida de las clases obreras, “sobre-explotando” cada vez más a las mujeres y l@s inmigrantes. En el caso estadounidense, el Keynesianismo militar de nuevas guerras para apropiarse más riqueza, el neoliberalismo y el fortalecimiento de su patio trasero latinoamericano, constituyen la estrategia para salvar su economía y el dólar como moneda preferida en los mercados internacionales de comercio y finanzas.

La política estadounidense de apoyar a los mercados “libres” sigue siendo un intento de colonizar el mundo económicamente, usando sus tropas militares y las de otros Estados para reprimir los actos de resistencia popular desde las Filipinas hasta Colombia. El ALCA y el NAFTA son esfuerzos estadounidenses para asegurar América Latina como su patio trasero. Lo que no se puede lograr de esta manera, en otras partes del mundo es intentado mediante la guerra, como en Iraq.

Militarización, debilidad y lo que está en juego

Reflejando y estimulando los intereses de la mayor parte de las grandes empresas estadounidenses, el imperialismo norteamericano implementa una militarización del mundo, amenazando públicamente a 60 naciones (o cualquier nación donde se encuentra un/a “terrorista” o el desarrollo de armas de destrucción masiva) con ataques preventivos militares. En realidad, la militarización que lleva a cabo Estados Unidos es para asegurar e incrementar el control de los recursos naturales, la expansión del gran capital industrial y financiero y las mejores condiciones para sus inversionistas, banqueros y comerciantes.

Se refleja una inseguridad y debilidad por parte no solamente de la administración bushiana sino también del gran capital norteamericano que no puede competir fácilmente con otros capitales. Con la mayor deuda y la menor tasa de interés en el mundo, EE.UU. corre el riesgo de que japoneses, árabes y otros inversionistas en bonos y mercados financieros estadounidenses huyan hacia otros países. Además, con los grandes escándalos como Enron, WorldCom, AOL Time Warner, Tyco, Qwest, Andersen y otras empresas gigantes, se encuentra en condiciones de perder el dominio del dólar y el control sobre otras economías del mundo.

Fuerte militarmente, el imperialismo estadounidense es débil económica y políticamente. Por eso lleva a cabo su política de guerras infinitas que cree poder ganar contra naciones débiles como Afganistán e Iraq. Pero ni siquiera puede ganar fácilmente aquellas guerras y ciertamente no puede ganar la paz, porque no puede controlar las poblaciones y “el efecto bumerang” en todo el planeta de sus crímenes de superterrorismo bélico y genocida. 5

El ala militar del ALCA lo constituyen el Plan Colombia, el Plan Puebla-Panamá, la Iniciativa Regional Andina, la Operación Cabañas 2001 en Argentina y otros planes cívico-militares similares. Hay bases, tropas y oficiales militares y policíacas estadounidenses en casi todas partes de América Latina, supuestamente para el entrenamiento de fuerzas locales en “la guerra contra el terrorismo”.

“La Visión para el 2020 del Comando Espacial de Estados Unidos”, entregada a la prensa en junio de 2002, menciona planes de intervención en Colombia, Venezuela, Ecuador, Panamá y Perú, o sea, en “Estados fracasados” cuya “viabilidad” dependería de la “ayuda” estadounidense, una doctrina que se supone se podría aplicar a Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia o cualquier otro país. Un “estado fracasado” es un Estado que no puede mantener el control sobre sus ciudadan@s. La militarización del mundo sirve para reprimir los movimientos multitudinarios contra la globalización capitalista y por la democracia y la paz con justicia y dignidad, tales como las insurrecciones de los y las indígenas en casi todas las Américas, la Intifada de los Palestinos o los movimientos antiguerra.

Los pueblos latinoamericanos ya han pasado penurias de decenios de terrorismo de Estado, con su secuela de centenares de miles de asesinados, desaparecidos y torturados, practicado en buena parte por los 45.000 militares latinoamericanos capacitados en la Escuela de las Américas creada por el gobierno estadounidense durante la “guerra fría” y con la complicidad del FBI, la CIA (Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos) y la DEA (el organismo antidrogas de Estados Unidos). Sólo en el 2001, más que 15.000 militares latinoamericanos fueron capacitados por el gobierno estadounidense. Varios congresistas destacados en Washington hablan de un nuevo “eje del mal” latinoamericano: los presidentes Castro (Cuba), Chávez (Venezuela), Lula da Silva (Brasil) y Gutiérrez (Ecuador).

En breve, Washington estará movilizando al Pentágono, la CIA, la DEA, la guardia costera, el Comando Sur y el nuevo Comando Norte (que intenta unificar las fuerzas armadas de México, Estados Unidos y Canadá bajo el mando de oficiales estadounidenses), para poner en práctica una política de intervención sofisticada, coordinada y bien armada con las más modernas tecnologías de guerra. Lo que está en juego es la soberanía de todos los países de América Latina y del mundo y el control de sus riquezas naturales, incluyendo el petróleo, la energía y la mano de obra barata; su biodiversidad y fuentes de agua potable; sus escuelas, hospitales, viviendas, transportes, seguros sociales, jubilaciones y otras instituciones de servicio público; sus bancos e industrias y, sobre todo, la sobrevivencia de sus movimientos sociales que protestan contra la privatización de la naturaleza, la commodificación de la vida y el pillaje que significa la política neoliberal impuesta por el imperialismo y sus instituciones financieras como el FMI, el Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En efecto, nuestra supervivencia como especie está en juego.

Nuevo macartismo y encarcelamiento de antiterroristas

Mientras el imperialismo estadounidense reprime los derechos básicos de la humanidad en otras partes del mundo, el nuevo Departamento de Seguridad Interna (DSI) amenaza a todos los ciudadanos y residentes de Estados Unidos y a sus derechos relativamente “democráticos”. El DSI coordina la implementación de una serie de nuevas leyes aprobadas después del 11 de septiembre 2001 y decretos ejecutivos que permiten al gobierno intervenir contra individuos, comunidades y hasta compañías privadas debido al “estado de urgencia” declarado por el presidente Bush el 14 de septiembre 2001.

La Ley Acta Patriótica de Estados Unidos (2001) legalizó las operaciones de la CIA contra los ciudadanos dentro de Estados Unidos e incorporó una vaga, holgada definición de “terrorismo” que sigue haciendo posible la represión de cualquier organización civil. Hay una demonización y criminalización de los movimientos de protesta. El pretexto es buscar a los que hospedan a terroristas o escriben correos electrónico a gente “sospechosa”. En realidad el gobierno quiere vigilar con métodos policiales a los movimientos sociales y de derechos civiles, los que están contra la guerra, la globalización capitalista y la persecución de minorías, incluyendo inmigrantes. Comienza un nuevo macartismo.

Ya se lleva a cabo una caza de brujas contra millones de extranjeros e inmigrantes en Estados Unidos, sean “documentados” o no, principalmente los 7 millones de musulmanes, en su mayor parte ciudadanos estadounidenses, pero también muchos latinoamericanos y otra gente cuya piel no es “blanca”. La asociación inmigrante-terrorista ha crecido cotidiamente, no solamente en los Estados Unidos sino también en Europa.

Esto es sumamente útil para los empleadores porque les permite disciplinar e intimidar aún más a todo el sector inmigrante de la clase obrera en cada nación y así mantener un bajo nivel salarial que, en efecto, hace más difícil para cualquier obrero incrementar su salario, sea ciudadano o no. En los Estados Unidos hay “detenciones preventivas”, encarcelamientos y deportaciones secretas de miles de personas sin obligación de informar a nadie ni derechos para el sospechoso de llamar a un abogado. Todo esto, fuera de las leyes nacionales e internacionales. Hay tribunales militares para los extranjeros. El tratamiento cruel en la base naval de Guantánamo de los 650 “prisioneros” (en realidad, secuestrados) de más de 40 países es un ejemplo chocante. Amnesty Internacional lo ha estado denunciando como “tortura­”.

Mientras tanto, la administración bushiana protege a terroristas y detiene a antiterroristas. A mediados de 2001 José Dionisio Suárez y Virgilio Paz, dos terroristas cubano-americanos convictos que en 1976 mataron al chileno allendista Orlando Letelier y a su ayudante, Roni Moffitt, en el centro de Washington, D.C., fueron liberados por el Fiscal General, John Ashcroft. Como ha observado el vicepresidente cubano Ricardo Alarcón: “Ellos vieron en TV el 11/9 en libertad y no les preocupó que fueran a ser detenidos para interrogarlos, porque saben que pertenecen a actividades terroristas que continuarán teniendo el apoyo del mismo gobierno”. En cambio, en 1998 cinco cubanos (incluyendo dos ciudadanos estadounidenses) fueron detenidos en EE.UU. por haber infiltrado varios grupúsculos de origen cubano para desenmascarar acciones terroristas contra Cuba. Fueron ilegalmente juzgados culpables de “espionaje”, sin testigos y sin pruebas, y sentenciados a condenas muy duras. Actualmente, estos “Cinco Héroes Prisioneros del Imperio”, como se conocen en Cuba, están mantenidos alejados de sus familias y entre sí. Es un contraste con el caso de 120 jóvenes israelíes que fueron deportados antes y después del 11 de septiembre 2001 porque, según la DEA, fueron involucrados en “actividad organizada de recopilación de datos de inteligencia”. 6

El gobierno bushiano no solamente apoya actos terroristas sino que los planifica. Un documento clasificado, divulgado a la prensa en octubre de 2002 y preparado por el “Defense Science Board” para Rumsfeld, revela un plan del Pentágono para usar un nuevo “Proactive, Preemptive Operations Group (P2OG)” para llevar a cabo misiones violentas y secretas con la meta de “estimular reacciones” entre grupos terroristas para provocar ataques contra gente inocente y así crear otro pretexto para otra guerra o cualquier acto de defensa de la seguridad nacional. 7

En febrero de 2003 se reveló un documento de 120 cuartillas del Departamento de Justicia proponiendo una serie de nuevas leyes llamado el Acto de Mejoramiento de la Seguridad Doméstica (DSEA, por sus siglas en inglés). Conocido como la “Ley Acta Patriótica II”, el DSEA autoriza la anulación de la ciudadanía de toda persona que apoye las actividades legales de una organización caracterizada por el gobierno como “terrorista”. Prescinde de órdenes judiciales que limiten a las policías locales de vigilar a personas debido a sus afiliaciones políticas o religiosas. Además, autoriza la deportación de una persona extranjera que resida legalmente en el país, si el Fiscal General cree que su presencia podría afectar a la seguridad nacional. Todo esto en el país con la más alta tasa de encarcelamiento en el mundo, incluyendo dos mil niños “no documentados”. 8

Movimiento antiguerra estadounidense y el momento de crear un nuevo sistema: El gobierno bushiano es una dictadura que se desarrolla por etapas. La mejor defensa de los derechos civiles en EE.UU. son los movimientos sociales: antiguerra, antiglobalización, los grupos que luchan a favor de los derechos civiles y en defensa de los inmigrantes.

Ni en EE.UU. ni a nivel mundial se ha visto el desarrollo de un movimiento antiguerra tan grande y antes del comienzo de una guerra como se ve ahora (fines de marzo 2003). Además, nunca antes se ha visto una conexión tan fuerte entre la lucha económica y la lucha por paz, como se ve en la relación entre el movimiento antiglobalización capitalista neoliberal y el movimiento antiguerra. Las gigantescas manifestaciones repetidas en los primeros meses de 2003 tienen sus raíces en varias manifestaciones antiguerra y antiglobalización anteriores y fueron planificados originalmente en el Foro Social Mundial/Porto Alegre y sus foros regionales, especialmente el de Florencia, Italia, en noviembre de 2002. Ahora l@s vari@s organizadores de la protesta internacional del 15 y 16 de febrero 2003 reconocen que ningún grupo o coalición de grupos puede controlar este nuevo surgimiento de docenas de millones de personas. “El movimiento” los guía y no al contrario.

Cuando la guerra de “choque y pavor” comenzó el 20 de marzo, varios militantes de la Red de Acción Directa (RAD), un grupo norteamericano que junto con sindicalistas y otra gente habían hecho fracasar a la OMC en Seattle en 1999, actuando bajo el nuevo nombre de “Acción directa para terminar la guerra” (http://www.actagainstwar.org/), paralizaron la ciudad de San Francisco durante casi dos días bajo del lema de “cuando hay guerra no habrá negocio como todos los días”.

Pero estos militantes, cuya lucha principal había sido contra la globalización capitalista, pertenecen a uno de los muchos grupos de la nueva resistencia contra la guerra en EE. UU. Otras coaliciones formidables y enfocados en la lucha antiguerra incluyen a A.N.S.W.E.R. (siglas en inglés de “¡Actuar ahora para prohibir la guerra y terminar con el racismo http://www.internationalanswer.org/); Unidas por la paz y la justicia (www.unitedforpeace.org/); Coalición de solidaridad con América Latina; No en nuestr@ nombre; Veteranos contra la guerra en Iraq; Poetas contra la guerra; Voten no guerra (http://www.votenowar.org/) y docenas más. La mayoría de las iglesias estadounidenses participan en el nuevo movimiento, incluyendo grupos religiosos muy activistas y militantes como Pax Christi USA, la Congregación de la Reconciliación, los Sojourners, el Centro Shalom y la Oficina para Asuntos Globales Maryknoll. Aun la tímida confederación sindical AFL-CIO está contra la guerra en Iraq. Muchos centros culturales y laborales en varias ciudades y pueblos constituyen una parte clave del nuevo movimiento antiguerra. Los estudiantes y la juventud juegan un gran papel.

Bush admite que la guerra hace más probable actos de terrorismo dentro de los EE.UU. Si un nuevo acto terrorista en la escala del 11 de septiembre 2001 o mayor ocurriera, provocaría nuevas avances para las fuerzas ultraderechistas en el país. Pero hay conservadores supernacionalistas como Pat Buchanan que se oponen a Bush y “su” guerra precisamente porque ven más terrorismo como una consecuencia y creen que Bush está siguiendo la política de Israel en vez de fortalecer el “American way of life”.

Hay muchos desafíos para el creciente y heterogéneo movimiento antiguerra estadounidense. Uno es acelerar la participación de veteranos de otras guerras e incorporar a los soldados actuales y sus familias. Otro es evitar su cooptación por un nuevo candidato presidencial del partido demócrata, aunque según las encuestas los que encabezan la nómina actual de candidatos presidenciales son superhalcones en cuanto a la guerra y a la seguridad interna. Hasta ahora, los “Verdes” de Ralph Nader no han tenido un papel importante en el nuevo movimiento. Individuos y algunos pequeños grupos de la izquierda desempeñan un papel más importante, desde el nivel local en ciertas ciudades hasta el nivel internacional, como en los casos de A.N.S.W.E.R. y otros.

Otro desafío es intensificar las contradicciones en la clase dominante (Carter, Clinton, New York Times ) y aún en la administración bushiana (superhalcones como Cheney, Wolfowitz y Perle, halcones como Rumsfeld y halcones enmascarados de palomas como Powell). Estas contradicciones tienen que ver con la guerra preventiva sin el apoyo de la ONU y la diplomacia internacional y no con la meta general del imperialismo­.

Otro desafío es resistir al nuevo macartismo y prepararse para nuevos eventos. Debido a muchos factores la situación política podría cambiar rapidamente. El movimiento también tendrá que mantenerse después de la guerra en Iraq. Sobre todo habrá que extender la conciencia pública al nivel del antiimperialismo, insistiendo en la necesidad de solidarizarse con las luchas de otros pueblos del mundo.

Ya existen muchas tradiciones norteamericanas de tal solidaridad, especialmente con las revoluciones en América Latina y la lucha zapatista en México. Además, hay tres movimientos internacionales con los cuales el movimiento antiguerra estadounidense puede fortalecer sus vínculos fácilmente: el mismo movimiento internacional contra la guerra genocida del imperialismo en Iraq; La Marcha Mundial de las mujeres (http://www.ffq.qc.ca/marche2000/en/index.html) y el movimiento antiglobalización. La Marcha mundial de las mujeres tiene una rica experiencia internacionalista en la lucha contra la violencia del patriarcado y del capitalismo y es evidente que las mujeres y l@s niñ@s sufren más de las guerras recientes. También el movimiento antiglobalización puede contribuir mucho. La política imperialista estadounidense de “cambio de régimen” que se aplica a los palestinos, iraquís, venezolanos o a cualquier país que trate de controlar los mercados o inversiones capitalistas es el motor de su guerra contra el resto del mundo. El dogma fundamentalista del mercado libre que trata de privatizar y comerciar hasta el agua y nuestras propias vidas es la otra cara de la misma guerra. Lo que temen los grandes poderes financieros —cada día más revelados como los ladrones mayores en la historia del mundo— son precisamente las luchas populares que apoyan el rechazo de las deudas opresivas, una democracia participativa, el fin de las guerras y matanzas y del tráfico y abuso sexual de mujeres y niñ@s y la creación de condiciones humanitarias para una vida con dignidad y justicia.

Si la globalización económica actual es el imperialismo, es decir, la expansión del capital monopólico, principalmente de Estados Unidos apoyado por una fuerza militar bastante superior, entonces la única solución a los problemas creados por la globalización es la socialización de aquellas grandes empresas y sus sucursales en América Latina y otras partes del mundo. Solamente nuevas alternativas anticapitalistas y revolucionarias —bien pensadas y organizadas, pluralistas y democráticas— y alianzas internacionalistas pueden vencer tantos obstáculos tan fuertes, sea en Estados Unidos, Argentina, Iraq o cualquier otra parte del mundo­.

Como dijo Martin Luther King: “los Estados Unidos es el peor proveedor de violencia en el mundo”. Será la tarea del movimiento antiguerra estadounidense cambiar el país para terminar con el imperialismo. Solamente un cambio profundo abriendo el camino a un nuevo sistema —socialista, pluralista y democráticamente participativo— puede lograrlo.

 

Notas:

1. <http://www.preventgenocide.org/es/derecho/convencion/textos.htm>

2. FBI Policy and Guidelines, 16 de febrero de 1999.

3. CBS News January 27, 2003; New York Times, February 2, 2003. Estados Unidos es el poder principal en el desarrollo y uso de armas químico-biológicas de destrucción masiva. Entregó los materiales y aprobó el uso de tales armas por Saddam Hussein en los 80 cuando apoyó a Iraq en la guerra contra Irán. Además, antes de su muerte en enero de 2003, el científico Riley Housewright, quien dirigió los laboratorios del ejército estadounidense en Fort Detrick, Maryland, entre 1956 y 1970, admitió que los laboratorios habían desarrollado varios tipos de plagas que destruyen cosechas y ciertas formas de antrax para incapacitar al pueblo y las tropas cubanas durante una invasión norteamericana. En los 90 hubieron varios casos supuestos de guerra bacteriológica de Estados Unidos contra Cuba que incluían la introducción de la influenza africana de los puercos y la plaga del arroz Sogata.

Véanse <http://abcnews.go.com/sections/us/DailyNews/jointchiefs_010501. html>; “Riley Housewright, Microbiologist, Dies at 89”, The National Post, January 17, 2003 (<http://www.canada.com/national/>) y <www.antiterroristas.cu>.

4. Washington, D.C.: White House <http://www.whitehouse.gov/nsc/nssall.html>

5. He hecho notar el efecto bumerang en mi último libro América Latina y Estados Unidos (México: siglo veintiuno editores, 2001, página 95) “Varios extranjeros acusados [y convictos] de poner las bombas que casi destrozaron el World Trade Center y de haber planeado otros actos terroristas en la ciudad de Nueva York fueron admitidos en el país en 1993 a petición de la CIA. Estos hombres habían trabajado con el grupo de [Gulbuddin] Hekmatyar [...] el bien armado aliado de Estados Unidos en Afganistán contra la incursión militar soviética de los 80”. Es decir, Hekmatyar fue un “CIA asset” [activo] en los 80, junto con Saddam Hussein, Bin Laden y otros.

6. Véanse Saul Landau, “Entrevista a Ricardo Alarcón”, Progreso Weekly, 13 de febrero 2003, <http://www.tni.org/archives/landau/alarcon-s.htm> y Tampa Tribune, 15 de agosto 2001. No es coincidencia que 8 de los 11 principales funcionarios del gobierno bushiano encargados de las relaciones con América Latina son exiliados cubanos, todos con experiencia de practicar o apoyar al terrorismo, sin mencionar otras personas convictas de crímenes en los 80 en puestos altos del gobierno como John Poindexter, jefe del proyecto del Pentágono “Total Information Awareness” o Elliott Abrams, jefe de la “Office for Near East and North African Affairs” del poderoso National Security Council (NSC), ambos altos oficiales durante el asunto Irán-contras.

7. Véase Chris Floyd, “Global Eye - Into the Dark”, Page XXIV, 1 de noviembre 2002. El segundo “presidente” Bush frecuentemente dice que “los que dan refugio a terroristas son tan culpables como el propio terrorista”. El primer presidente Bush, presionado por su hijo Jeb Bush (actualmente gobernador de Florida), liberó a Orlando Bosch, el exiliado cubano superterrorista responsable de las muertes de docenas de personas inocentes y más de 30 actos terroristas documentados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. ¿Según la definición del señor Bush, significa esto que su papá y hermano son terroristas?

8. Véanse: “Entrevista: James Cockcroft ‘En Estados Unidos estamos ante un nuevo macartismo' “, Clarín, Buenos Aires, Argentina, 5 de enero de 2003; <http://www.whitehouse.gov/ news/releases/2001/09/20010914-4.html>; Robyn E. Blumner, “Patriot II: If you liked Patriot Act I, don't miss the sequel”, St. Petersburg Times (Florida), 16 de February 2003; Christine Delphy, “Guantánamo y la destrucción del derecho”, Correo de Prensa de la IV Internacional Boletín Electrónico, No. 393 - América Latina y el Caribe - 20/9/02 [<germain@chasque.net >]; y “U.S. Decries Abuse but Defends Interrogations ‘Stress and Duress' Tactics Used on Terrorism Suspects Held in Secret Overseas Facilities”, Washington Post, 26 de diciembre 2002.

 

* Este artículo fue escrito para su publicación en revista La Maza , Buenos Aires, Argentina, Abril 2003. El latinoamericanista, sociólogo e historiador estadounidense Dr. James D. Cockcroft, fellow del Instituto Internacional de Investigación y Formación en Amsterdam, Holanda y profesor vía internet de la Universidad Estatal de Nueva York, ha escrito 35 libros sobre América Latina, asuntos internacionales y derechos humanos, incluyendo: América Latina y Estados Unidos. Historia y política país por país y La Esperanza de México (ambos México/Buenos Aires: siglo veintiuno editores, 2001). jcockcro@hotmail.com

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

  Desde los cuatro puntos es una publicación mensual de Convergencia Socialista, Agrupación Política Nacional (apn), registrada en el Instituto Federal Electoral. Registro de la Dirección General del Derecho de Autor (en trámite). Certificado de Título y Contenido (en trámite). Publicación periódica. Oficinas y suscripciones: Xola 181, 3er. piso, Col. Alamos, C.P. 03400, Teléfono 5 90 07 08, México, D.F.