No. 49
(febrero de 2003)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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XV Congreso Mundial de la IV Internacional: En el corazón del combate anticapitalista

Relanzamiento, apertura, reagrupamiento y reposicionamiento

François Vercammen*

De legados, observadores e invitados, representando a organizaciones de 40 países han debatido y adoptado resoluciones sobre la situación política mundial (que engloba también un balance del estalinismo y de las resistencias a la mundialización capitalista); sobre el papel y las tareas de la IV Internacional; así como un nuevo Preámbulo a los Estatutos y una reforma a los Estatutos y dos documentos programáticos: “La liberación gay-lesbiana” y “La ecología y el socialismo”. El Congreso ha elegido una nueva dirección que integra el Comité Internacional —que se reunirá por lo menos una vez al año—, y éste elige un Buró Ejecutivo. Los dos han sido renovados y rejuvenecidos.

Si quisiéramos ponerle un título a este Congreso, lo nombraríamos como: “En el corazón del combate anticapitalista, con una política de relanza­miento, de apertura, de reagrupamiento y de reposicionamiento”.

El XV Congreso se llevó a cabo en un ambiente caluroso, muy inclinado al estudio y la reflexión, con debates apasionados pero al mismo tiempo con actitudes responsables. Ocho años después del anterior Congreso (julio 1995), se daba un efectivo reencuentro de los “veteranos” —conscientes de haber “aguantado bien” frente a las derrotas y a la barbarie en ascenso—, con una nueva generación —ya curtida en el ascenso de las movilizaciones internacionales— y dispuesta a tomar el relevo en las nuevas luchas anticapitalistas. Las nuevas perspectivas relativizan los viejos debates, las tendencias y las fracciones al punto que los documentos políticos sometidos a la discusión y al voto —completamente proyectados hacia el futuro— han sido adoptados por una amplia mayoría.

En el corazón del combate anticapitalista

Los militantes de las organizaciones de la IV Internacional se encuentran hoy en el corazón del combate anticapitalista. Esto no es un hecho reciente pues algunos de sus integrantes (aunque pocos) estaban, desde el giro de 1989-91, en la iniciativa de diversas campañas Internacionales que en ese momento se desconocía iban a desembocar en las movilizaciones de Seattle y Génova, así como en la organización y promoción de los Foros Sociales de Porto Alegre y Florencia y en el levantamiento mundial de los pueblos contra la guerra imperialista.

Esta participación y presencia “ha salvado” a nuestra corriente de la marginalización y del sectarismo, ya que unirse con quien se “mueve” en el plano de las luchas ejemplares de emancipación, construir el movimiento de masas (contra viento y marea) y batirse por la unidad está entre nuestras tradiciones.

A lo anterior se suma una característica sustancial de nuestras organizaciones y de la Internacional, donde los debates, todos los debates han sido posibles, aún comprendidos los más heterodoxos. Porque cuando no se impone ningún mar de fondo —cuando el viejo mundo se desploma— y una nueva perspectiva emancipadora tarda en movilizar a las masas populares, no hay más evidencias, solo los dogmas que sobreviven (el zapatismo, la terrible “cuestión nacional” en Yugoslavia, el papel de las “instituciones Internacionales” hacia los genocidios y masacres, el debilitamiento estructural de la clase asalariada y de sus organizaciones, “el fin de la Historia”) , la elección para una organización que se llame marxista-revolucionaria, deviene muy simple: o bien abrirse hacia el exterior y dar rienda libre a la dialéctica interna (con su inevitable lote de heterodoxia, de duda y de fragmentación), o bien aplastar el debate por la “dogmatización” de los análisis y de la teoría, e imponer la “línea política correcta” a partir de reforzar la disciplina activista, cristalizando una “dirección infalible”. Bien sabemos que ninguna organización revolucionaria ha salido indemne de este periodo neoliberal de contrarrevoluciones; todas han debido enfrentar la derrota y cada una ha tenido que adaptarse, ninguna ha escapado a crisis internas. Nosotros tenemos la convicción de haber tomado la mejor elección. Henos aquí delante de las realidades y de los problemas.

Ascenso del movimiento de masas, renacimiento de las fuerzas anticapitalistas

El primer punto será tener claridad sobre “lo que pasa realmente en el mundo hoy en día”. El XV Congreso señala: “El fin de los años 90 constituyó un giro en la situación política mundial. Una nueva fase se abrió que pone al orden del día una renovación radical de la actividad, del programa, de la estrategia y de la organización del movimiento obrero y social”. 1 Antes de poner esta tarea en el corazón de nuestra actividad, nuestra Internacional había escrutado cuidadosamente el nacimiento balbuciente de lo que iba a convertirse en el movimiento contra la mundialización capitalista, llamado también el “movimiento altimundialista”, o “no global” o “el movimiento de los movimientos”. Así, el documento resolutivo “Resistencias”, escrito antes de Seattle, había puesto el acento y preparado a nuestros militantes, organizaciones nacionales y a la Internacional misma para tomar nota del gran cambio del “factor subjetivo”. Desde el inicio había casi unanimidad en nuestras filas para decir: es necesario estar en ese movimiento antiglobalización, ayudarlo a construir, respetando —sin sectarismo o arrogancia— su desarrollo. De Seattle (diciembre 1999) a la fecha histórica del 15 febrero 2003 (el levantamiento mundial de los pueblos contra la guerra), pasando por Porto Alegre, Génova y Florencia, una dinámica de refundación global de un movimiento social internacional está en curso, en el cual múltiples potencialidades están por desprenderse, precisarse y organizarse.

Esta nueva y potente dinámica del movimiento social es sacudida por tres importantes contradicciones: 1) una brutal ofensiva militar, económica y anti-democrática que los imperialismos y los grandes patrones han tomado medida del obstáculo que constituye este nuevo movimiento que se ha consolidado, y ha sido capaz, en tres años, de crear un “frente único mundial” contra la guerra, poniendo a todos los gobiernos del capital bajo presión; 2) la existencia de un desfase persistente e inquietante entre el ascenso de este movimiento y la prolongada debilidad del movimiento de los asalariados, que recupera muy lentamente su capacidad de lucha y organización, debido a una relación de fuerzas desfavorable tras las derrotas del periodo 1985-95; y 3) ante una crisis histórica sin precedente de las fuerzas políticas que han dominado el movimiento obrero y popular (social-democracia, post-stalinismo, social-populismo) a lo largo de todo el siglo XX, la alternativa anticapitalista políticamente organizada se encuentra muy débil.

A menos que ocurra un cataclismo (una guerra en cadena fuera de control, o el hundimiento de la economía mundial) que obviamente no podemos descartar, nuestra “tarea estratégica para toda una etapa es derrotar a la socialdemocracia y al populismo neoliberal, todavía mayoritarios en el movimiento obrero y popular, con el objetivo de reconstruirlo sobre una base anticapitalista e internacionalista, ecologista y feminista (…) alrededor de la doble cuestión: la lucha contra la guerra y la política neoliberal”. 2

La presente crisis del movimiento obrero­ no puede ser resuelta con el simple refuer­zo de las organizaciones marxis­tas-revolucionarias porque la fase que empieza está caracterizada no sólo por la debilidad de la izquierda revolucionaria —muy minoritaria—, sino también por el retroceso dramático, a escala de masas, de la conciencia socialista, del espíritu reivindicativo antipatronal, del compromiso militante de las organizaciones sindicales. Por otra parte, el cambio en el “factor subjetivo” lleva la marca de la enorme radicalización de la juventud. Esta se encuentra en vías de constituirse en una “generación política”, a partir de su propia experiencia social en todos los niveles, especialmente, en las grandes movilizaciones que la historia haya conocido­.

Este conjunto heteróclito que anuncia una renovación profunda y global del movimiento social, exige una proposición adecuada. Ésta no puede más que residir en un reagrupamiento de todas las fuerzas contestatarias, de todas las corrientes políticas radicales, que de lugar a una formación política nueva (partido, movimiento, coalición, alianza...), a la vez anticapitalista y pluralista, fuerza de combate y lugar de discusión, formación electoral y extra-parlamentaria, interlocutora del movimiento social y factor de clarificación hacia todas las otras corrientes políticas reformistas y social-liberales. Dentro de tal formación, los marxistas-revolucionarios no hacen “entrismo” con un objetivo secreto o confesó de pasar lo más rápido posible a un “partido revolucionario” de vanguardia que se dotaría de un programa revolucionario; al contrario, ellos son co-iniciadores, co-organizadores, co-dirigentes de este partido amplio para compartir las experiencias de los combates actuales y futuros, para progresar conjuntamente hacia un partido de masas anticapitalista, capaz de luchar por el socialismo.

Por una nueva Internacional de masas

La IV Internacional propone una serie de respuestas en tres niveles de actividad y de organización, que abordan tanto el plano nacional como el internacional:

1. El movimiento contra la globalización —de ámbito internacional— es portador de una conciencia, de métodos de lucha, de proposiciones programáticas y de estructuras internacionales. Apunta en dirección de una nueva Internacional. Provoca un gran entusiasmo entre algunos jóvenes en los cuales la conciencia política está, de entrada, ligada al internacionalismo. Este movimiento también evoca recuerdos históricos e interpela a aquellos y aquellas que han estado o están aún organizados en una estructura de este tipo. “La construcción de las Internacionales que han existido en la historia, han respondido, cada una, a nuevas tareas ligadas a las evoluciones socio-políticas de gran amplitud. La nueva fase política de reorganización coloca, de inicio, el problema de una nueva Internacional anticapitalista/antiimperialista y revolucionaria de masas”, 3 esto se lee en la Resolución sobre el papel y las tareas de la IV Internacional. Igualmente se señala: “No es imaginable un avance hacia una nueva Internacional sin una aportación importante de este nuevo movimiento”. 4 Pero, hará falta que aparezca “un proceso de clarificación y de diferenciación (...) bajo el impacto de los grandes acontecimientos políticos en el mundo”. 5

Esta nueva Internacional, o al menos un primer paso en el camino de su construcción, saldrá de los ámbitos de los movimientos y movilizaciones actuales. Ella no se parecerá a ninguna de las precedentes, y tampoco a las Internacionales marxistas-revolucionarias de tipo partidario. Ella será la respuesta “espontánea” y masiva al reino despótico global sin precedente en la historia del capitalismo, y su punto de anclaje estará en su internacionalismo y anticapitalismo intuitivo; pero también su gran heterogeneidad desde cualquier punto de vista. Creemos que su coherencia está, prioritariamente, en su propio movimiento como tal. Esta nueva internacional será, ciertamente, distinta de las cinco precedentes: la Liga Comunista Internacionalista de 1848, la Primera Internacional (1864-1876), la Segunda Internacional (1889-1914), la Internacional Comunista (la “Tercera”, 1919-1943), la IV Internacional (fundada en 1938).

Nuestro objetivo no es hacer a corto plazo un sobre esfuerzo político-organizativo para decantar el movimiento “antiglobalización capitalista”, según líneas de fractura ya perceptibles, con el fin de configurarlo como organización política. Por el contrario, debemos construirlo y reforzarlo como movimiento de combate “sui generis”, y agotar todas sus potencialidades en los diferentes planos: como movimiento socio-político; como espacio de discusión y de elaboración; como portador de varias campañas autónomas (Tasa Tobin, Anulación de la deuda del Tercer Mundo, Defensa de los servicios públicos, Contra el esclavismo moderno…); como lugar de encuentro de los movimiento sociales constituidos (sindicatos, parados, ecologistas…); como Frente Único Mundial (las movilizaciones anti-guerra). Donde no se renuncia a la discusión, al debate político.

Porque se pueden constatar desacuerdos tácticos y estratégicos en el seno del movimiento. Éste no ha nacido de la autoactividad de la clase asalariada y no se vincula espontáneamente a ésta. Del mismo modo, no desemboca, por el momento, automáticamente en una formación política, al contrario, hay una desconfianza “anti-política” ampliamente extendida e incluso cultivada.

Es a este doble desafío y contradicción que el movimiento está confrontado en su voluntad de ganar. Como imponer las reivindicaciones más importantes del “movimiento de movimientos”; y, más allá, como detener la globalización capitalista, e imponer un cambio económico y social radical.

Para llevar a cabo lo anterior es necesario contar con una fuerza en la sociedad, que no es otra que la masa de los explotados y oprimidos a escala mundial, en la cual el núcleo decisivo se sitúa en el seno del imperialismo americano y europeo. Es necesario una o varias formaciones políticas de carácter de masas que estén en el movimiento social y que propongan una estrategia.

“Todo combate hasta el final, por una gran reivindicación social, económica o democrática, desemboca necesariamente, para su realización, en el nivel político-institucional, es decir, en el Estado. No es más que el abrelatas de lo político en el sentido fuerte del término, que implica tomar posición y comprometerse en las cuestiones electorales, la política gubernamental, la relación con los partidos existentes y la estrategia que conduce a ‘otro mundo posible' ”.

La política es, de hecho, omnipresente, ¡pero escondida! Esto no es sano. Porque los partidos existen, con su historia, su cultura política, su programa, su táctica, su inserción en la sociedad, en los movimientos, en las instituciones...

Es evidente que está en curso una política a gran escala sobre las masas, alrededor de tres ejes, de los cuales dos afectan a las condiciones de vida y trabajo de millones de hombres y de mujeres: la política de guerra (el imperialismo armado) y la política neoliberal (la guerra anti-social), y un tercero, en el seno del mismo movimiento, que afecta a la relación de los partidos políticos con el “nuevo movimiento social”, y más generalmente, el movimiento de masas de emancipación. Esto implica una clarificación sobre dos frentes, pero tiene, as u vez, dos niveles diferentes: un combate político para contestar la hegemonía de la izquierda social-liberal; un debate político fraternal en el seno de la izquierda radical, revolucionaria contra el sectarismo y “el vanguardismo”.

2. Desde hace casi diez años, la IV Internacional actúa, con otras corrientes de la izquierda radical no sectaria, por un reagrupamiento anticapitalista amplio y pluralista con la finalidad de batir la hegemonía de la izquierda social-liberal. En lógica con el movimiento del capital, el nuevo movimiento político anticapitalista encontrará más rápidamente una cohesión sobre un plano regional/continental. En América Latina el Foro de Sao Paolo, hoy en retirada, fue un ejemplo. Hace relativamente poco tiempo se llevaron a cabo diversas reuniones con el objetivo de relanzar un proceso de convergencia entre corrientes anticapitalistas/anti-imperialistas de varios países. En Europa, la Izquierda Anti-Capitalista Europea se reunió en Conferencia, desde marzo 2000, dos veces por año (durante las contracumbres de la Unión Europea). Ella reagrupa partidos y movimientos representativos, tales como la Alianza Rojo-Verde (Dinamarca), el Bloque de Izquierda (Portugal), la LCR (Francia), el SSP (Escocia), la Alianza Socialista (Inglaterra), el SWP británico, y el Partido de Refundación Comunista (Italia), se han incorporado a la misma (la Conferencia de la izquierda anti-capitalista), formando igualmente parte del GUE (Gauche Unie Européenne, de los partidos comunistas). En Asia, a iniciativa del DSP (Democractic Socialist Party, Australie) una Conferencia de solidaridad Asia-Pacífico reunen, cada dos años, un abanico muy amplio de partidos radicales, anti-imperialistas y movimientos sociales.

Estas son propuestas prometedoras, pero todavía muy diferentes entre si como para pasar directamente a organizarse a nivel mundial, aunque podrían ayudar a las dinámicas en marcha en el plano regional. Esto no excluye poder explorar vías de encuentros de ámbito mundial que estén en relación con el desarrollo del movimiento social.

3. Teniendo en cuenta nuestros puntos de vista sobre el movimiento “altermundialista” y de la prioridad dada a los reagrupamientos anticapitalistas, nuestro Congreso ha abierto la vía a debates, iniciativas, encuentros con las corrientes de la izquierda revolucionaria para probar las convergencias, sin que esto desemboque en una nueva estructura a corto plazo.

Concebimos estos tres niveles de intervención (la clarificación política unida al “movimiento de movimientos”, los reagrupamientos anticapitalistas pluralistas, el diálogo con la izquierda revolucionaria internacional) como plataformas distintas pero que pueden concurrir y contribuir a una nueva internacional anticapitalista de masas.

Relanzar y reposicionar a la IV Internacional­

Entre el XIV y el XV Congreso de la IV Internacional —siete años con siete meses—, a tenido lugar una ruptura de dimensión histórica a todos los niveles de la sociedad. Nuestra organización ha confrontado con dificultades, pero con éxito, el “descenso a los infiernos” de los años 1985-95 y el renacimiento del movimiento de emancipación a partir de 1999 y su ascenso espectacular reciente. Tal proceso tan accidentado ha estimulado la reflexión y la decisión. Así, nuestro Congreso ha procedido a la vez a un relanzamiento y a un reposicionamiento político-organizativo de la IV Internacional.

Tras el largo proceso de debilitamiento, es necesario, en primer lugar, reforzar nuestra organización: la IV Internacional. Sin este instrumento colectivo de gran utilidad para reflexionar y actuar no se hace política. Se trata de un debate desde la base y de una reconstrucción reflexionada de nuestras estructuras de dirección, de los mecanismos de coordinación y de intervención pública, de nuestras escuelas de formación y de nuestros seminarios, de nuestra prensa.

Esto implica una doble corrección

Somos consciente de que tenemos, desde hace tiempo, una debilidad en relación con la definición de nuestros propios objetivos de organización, de funcionamiento interno, de la incorporación y formación teórica y política de los nuevos integrantes, de la aparición pública, de la propaganda y de la agitación. Este problema nos lleva a otra debilidad: “hay un desajuste importante entre nuestra influencia difusa en el seno de los movimientos y el reforzamiento político y organizativo de nuestras secciones”. 6 La respuesta no es solamente una propaganda por el socialismo (en sus diferentes aspectos: estrategia, reivindicaciones anticapitalistas transitorias, modelo de sociedad, historia de la explotación y de la opresión, el movimiento obrero...). La respuesta consiste en “demostrar que ella [la IV Internacional] tiene, desde hoy, una función propia a cumplir en la actividad corriente, en el trabajo de masas y en el movimiento. Ello requiere contar con una propaganda más regular y más sostenida de nuestras ideas; una agitación más consistente; una voluntad de debate político y estratégico; un sistema de organización reforzado como soporte”. 7 El problema es, ciertamente, organizativo. Pero no es solamente esto: es la capacidad de reflexionar y de definir unos objetivos políticos sostenibles en el corto y medio plazo.

Este relanzamiento de la IV Internacional no conduce a una auto-afirmación sectaria sino a una dinámica de apertura, de diálogo, de colaboración y de reagrupamiento unitario: “Nuestra tarea principal como IV Internacional consiste en contribuir a una vasta reorganización del movimiento obrero y social a escala mundial teniendo como perspectiva la constitución de una nueva fuerza internacionalista, pluralista, revolucionaria, militante y con impacto de masas”. 8 Esta afirmación implica una revisión importante de lo que es y podría hacer la IV Internacional. Ésta no es “el partido mundial de la revolución socialista” (objetivo que ella se había fijado en el momento de su constitución), tampoco el núcleo central de un futuro partido como éste. Los sesenta y cinco años que nos separan de su proclamación no han estado marcados por un proceso de reagru­pamiento de las fuerzas revolucionarias, sino por rupturas, separación de caminos, estallidos. Somos una corriente trotskista entre otras, una corriente revolucionaria entre otras. El capítulo se cerró cuando la IV Internacional podía tener la perspectiva de ser llevada a la cabeza del proceso revolucionario, mediante un gran esfuerzo militante, un justo análisis y una batalla lograda en el seno del la órbita trotskista.

Tenemos el orgullo de pensar que hemos atravesado por un periodo histórico difícil, que podemos reivindicar este pasado y que tenemos un papel importante que jugar, que tenemos una gran responsabilidad política… Pero, sobre todo, tenemos la convicción de que esto será por una colaboración sistemática con otras corrientes radicales no-sectarias y, con fuerzas nuevas que los nuevos partidos y la nueva Internacional se impondrán. Esta reorientación está reflejada en nuestras proposiciones unitarias. También ha desembocado en la reescritura de nuestros estatutos.

En una nueva Internacional, la IV Internacional será una corriente entre otras. Ello comportará ciertamente una continuidad. Pero lo más importante siempre ha sido, y también esta vez: una refundación sobre un nuevo programa cuya renovación, con toda evidencia, se hará a partir de una nueva constelación social e ideológica.

 

Notas

1. Resolución titulada “Una nueva situación mundial”, adoptada por el Congreso. La Revista Inprecor publicará el conjunto de las resoluciones adoptadas en un número especial.

2. Resolución titulada “Papel y Tareas de la IV Internacional”, adoptada por el Congreso.

3. Op. cit.

4. Op. cit.

5. Op. cit.

6. Op. cit.

7. Op. cit.

8. Op. cit.

 

* François Vercammen es miembro del Comité internacional de la IV Internacional y de su Buró Ejecutivo.

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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