No. 48
(enero de 2003)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Entre el “argentinazo” y el “efecto Lula”

Si en las calles de Venezuela se desarrolla una confrontación política y social decisiva, tanto para el destino democrático del país como para las relaciones de fuerzas con el imperialismo norteamericano en la región, la experiencia del “argentinazo” y el triunfo de Lula vuelven a colocar cuestiones estratégicas para la izquierda y los movimientos sociales, en un escenario donde Estados Unidos refuerza su ofensiva (económica, política y militar) con el objetivo de tender un cerco “preventivo” a los procesos de cambios políticos y las dinámicas de luchas que se desarrollan en diversos países de América del Sur. Mientras no deja de preparar las condiciones contrarrevolucionarias.

Ernesto Herrera*

Diciembre 2001 . Un formidable levantamiento revolucionario sacudió a América Latina. Cuando las masas en la calle y autoorganizadas pasaron por encima de las calavéricas mediaciones de la “democracia representativa” y las corruptas estructuras partidarias y sindicales, para poner fin a la corta y patética experiencia de la Alianza “progresista” en Argentina.

Un año después, las multitudinarias marchas a la histórica Plaza de Mayo (19 y 20 de diciembre) donde confluyeron miles de piqueteros, asambleístas barriales, trabajadores que autogestionan fábricas, pequeños ahorristas, movimientos sociales y sindicales, organizaciones de derechos humanos, y los partidos de izquierda, confirmaron que la vitalidad de la lucha popular mantiene abierto el proceso de lucha de clases donde se construye una salida alternativa a la crisis capitalista... más allá del calendario electoral.

Enero 2003. Lula asume como presidente de Brasil. Con 52 millones de votos a sus espaldas, el ex-dirigente de los obreros metalúrgicos y su Partido de los Trabajadores, llegan al gobierno. Comienza, entonces, una batalla fundamental en el país que representa el 40% del PIB latinoamericano.

Dos horizontes se dibujan nítidamente. Por un lado, la política de alianzas con los empresarios “productivos” y “nacionales” , de “pacto social” entre trabajo y capital, de gestos conciliadores hacia los “mercados financieros” , y de relación “amistosa” con Estados Unidos. Es la estrategia que impulsa la mayoría de la dirección del PT luego de abandonar la propuesta de “ruptura con el neoliberalismo” que el último Congreso (Recife, diciembre 2001) había votado. Por el otro lado, las demandas populares largamente postergadas. Y las enormes fuerzas sociales acumuladas de los movimientos urbanos, de los trabajadores rurales Sin Tierra, de las corrientes clasistas en los sindicatos, de las comunidades cristianas de base, y de una izquierda petista que, aún minoritaria y dispersa, resiste y enfrenta el giro ideológico-programático de Lula y la mayoría de la dirección del partido.

Esas fuerzas sociales y militantes dieron sustento a la fenomenal victoria política de octubre; y componen esa columna vertebral que articula la resistencia clasista y beligerante contra la dictadura del capital y la recolonización imperialista; y encabezan la lucha por un cambio radical en las condiciones de vida de millones de brasileros hoy desempleados, hambrientos, y en la más espantosas de las miserias.

Tanto el “argentinazo” , como la victoria de Lula, sólo pueden entenderse en el cuadro de una aplastante debacle socio-económica, en la crisis de dominación de las elites gobernantes, en la pérdida de legitimidad de las “instituciones democráticas” del Estado neoliberal y en la descomposición de sus máquinas electorales-clientelares. Y, sobre todo, por la persistencia de una amplia y radical lucha popular, democrática, antineoliberal, antiimperialista (de carácter “espontáneamente” anticapitalista) que impide cualquier ilusión de gobernabilidad duradera; esta lucha se entrelaza con las movilizaciones contra el golpismo fascista en Venezuela, las movilizaciones continentales contra el ALCA, el Plan Colombia, el Plan Puebla-Panamá, y el pago de la fraudulenta deuda externa.

Operación ideológica

Argentina y Brasil. ¿Dos “modelos” antagónicos de enfrentar la barbarie neoliberal? Diversos analistas, intelectuales, unas cuantas ONGs, iglesias de diferentes orígenes, y dirigentes políticos de “centroizquierda” o del ahora llamado “campo progresista” —con la bendición de los dólares del Banco Mundial, el BID y diversas fundaciones de la Unión Europea y Estados Unidos— lanzan una operación a pasos acelerados.

Se trata de desvirtuar tácticas y estrategias, condenar formas de organización y de lucha de “otros tiempos” , y enjuiciar a los métodos de “violencia colectiva” que se zafan de la “racionalidad” y se vuelven incontrolables para el “Estado de derecho” . La “conflictividad de intereses” dicen, se resuelve en un contexto de “unidad nacional” y respetando la “convivencia ciudadana” .... aunque casi la mitad de la población del continente, ni siquiera tenga el “derecho” a comer una vez al día.

Disfrazada bajo el discurso de los costos menos dolorosos, pregonan la “distribución equitativa” del ingreso y convocan a “diálogos” , “concertaciones” y “nuevos contratos sociales” como única vía de evitar los “enfrentamientos sangrientos” o la “guerra de pobres contra pobres” . Para este “progresismo” de “centroizquierda” , la “reconstrucción económica de un modelo nacional” , pasa por la “estabilidad constitucional” (del capitalismo, evidente) y la “inclusión de los excluidos” . Entonces, cualquier idea de ruptura democrática antineoliberal o de enfrentamiento con las patronales y el capital imperialista, es simplemente un “arcaísmo” suicida. Pueden tolerar —como último recurso— vagas apelaciones ideológicas y filosóficas al socialismo (si es en los círculos académicos mejor) pero penalizan política y moralmente cualquier intento de ensayar estrategias de acumulación revolucionaria. Esta operación marca la línea divisoria. Ante el “caos sistémico” y la “inseguridad sicológica” que produce una levantamiento revolucionario como el de Argentina, con su correlato de radicalidad social y política, sus experiencias de autoorganización, su cuestionamiento a la propiedad privada, su virulento antiim­perialismo, y su práctica de democracia, la contrapartida “racional-democrática” es el “efecto emulación” de Lula y la “flexibilización” de los medios” para garantizar tanto un sistema de alianzas plurales (hacia la derecha, claro) como para darle cauce posible al “vuelco de la ciudadanía —ya evidente en América Latina— hacia opciones nacional-regionales productivistas con base en el desarrollo de los mercados internos y la recuperación del papel del Estado en áreas claves como fiscalidad, salud, educación, moneda, regulaciones, estrategias de desarrollo, defensa y seguridad” . 1

Triunfos temporales

Las victorias derechistas de Sánchez de Lozada y Uribe en Bolivia y Colombia respectivamente, aparecieron como una bocanada de oxígeno para Washington. Pronto lo vientos de cambio que soplan con fuerza en América del Sur volvieron a encauzarse. A las continúas revueltas y levantamientos populares, se agregan victorias electorales de extraordinaria trascendencia (Venezuela, Brasil, Ecuador), y avances políticos-electorales que aún sin llegar a ganar el gobierno, modifican el escenario de la confrontación social (Bolivia). Partidos, frentes y movimientos de izquierda ganan apoyos de masas en contrapartida a la crisis de las opciones y candidatos neoliberales que, abiertamente, se alinean con la “globalización” y las contrarreformas impuestas por los organismos financieros internacionales.

Ni siquiera la prensa imperialista, aún con las distorsiones del caso, pueden esconder su preocupación por una situación donde “presidentes de izquierda y neopopulistas asumen el mando en América Latina”, donde “el pueblo-pueblo, carente de un nicho político adecuado dentro de la democracia representativa, está siguiendo a líderes castrenses carismáticos, neopopulistas e izquierdistas (...) en una inclinación continental hacia el centro-izquierda, con una masa agotada que desprecia a políticos tradicionales desacreditados”. 2

Positivo. La tendencia de los años ´80 y los ´90 se revierte. La población ya no vota solamente por la “estabilidad” sino que “pierde el miedo” a las alternativas identificadas con la izquierda. Sin embargo, presidentes electos con millones de votos y muy amplias bases populares de sustento (trabajadores, campesinos, comunidades indígenas, funcionarias públicos de distintos rangos, desempleados, mujeres, jubilados, sectores empobrecidos de la clase media, jóvenes radicalizados), recorren el camino de realizar acuerdos con el FMI, juramentar que no adoptarán medidas contra los “mercados” y los intereses de las corporaciones multinacionales, y que seguirán cumpliendo con el pago de una deuda externa que cierra toda posibilidad de desarrollo soberano.

“¿Será que acaso a las fuerzas políticas de izquierda les tocará el triste papel de confirmar la debacle del escuálido Estado-Nación, que a duras penas se construyó en nuestros países en la segunda mitad del siglo XX? ¿Enterradores de lo caduco pero estériles para generar lo nuevo?”. Sin duda, muy pertinentes las preguntas que realiza el sociólogo ecuatoriano Francisco Hidalgo Flor. 3

Porque la temporalidad (provisoria o prolongada en una perspectiva de derrotas o de avances en acumulación revolucionaria) dependerá en última instancia, del nivel de polarización social, de autoorganización autónoma, y de la capacidad de introducir programas de transformaciones estructurales de carácter anticapitalista. Y, obviamente, de las condiciones para desarrollar una estrategia de lucha por el poder.

Continuidad o ruptura

Es el dilema de Lula y el PT. En tal sentido, todas las miradas se dirigen a Brasil. Allí se juega un test de importancia fundamental, no sólo para realizar los impostergables cambios socio-económicos y políticos que el país y su gente precisan. Sino también, para la izquierda latinoamericana en términos amplios, y para una izquierda radical y socialista con voluntad transformadora y horizonte de revolución.

Pocos ponen en tela de juicio la importancia histórica de la victoria de Lula y el PT, la ruptura que esta victoria ha significado en diferentes planos y las oportunidades que se abren para una modificación sustancial en las relaciones de fuerzas entre las clases trabajadoras, la clases dominantes, y el imperialismo. Y en tal sentido, el destino de esta experiencia nos compromete, de alguna manera o de otra, a todas las fuerzas revolucionarias.

Aunque es claro y definitivo: la respuesta sobre el destino de esta inédita experiencia, que no se puede comparar ni de cerca con el gobierno de Salvador Allende, 4 tendrá mucho que ver con la evolución del partido y sus relaciones de fuerzas internas, con los vínculos de la izquierda radical y socialista con las luchas (sin poner por delante sus compromisos institucionales y parlamentarios) y, sobre todo, con el papel central de los movimientos sociales en este proceso. Por lo tanto y por ahora, la partida es de final abierto.

Sin embargo, el trayecto empieza errado, y los presagios son oscuros. Lula ha conformado un gobierno de conciliación de clases, donde cohabitan grandes empresarios industriales y latifundistas, gerentes de la banca imperialista, del conservador Partido Liberal, ex-funcionarios del gobierno neoliberal de Fernando Henrique Cardoso, y militantes del PT con diversas experiencia de lucha política y social. Es verdad, mayoritariamente, el gabinete ministerial está compuesto por miembros y dirigentes del partido. Pero no podría decirse que la burguesía está representada apenas por su sombra o en cargos secundarios.

El designado Ministro de Hacienda, y jefe del “equipo de transición” de Lula, Antonio Palocci 5 ha presentado el itinerario de la carta de navegación con una fórmula que lo dice todo: “Brasil es un gran transatlántico. No se puede girarlo bruscamente”. Ha insistido en que el cambio de rumbo solo se podrá hacer “gradualmente” y con el mínimo de oscilación. Luis Fernando Novoa Garzon militante de ATTAC-Brasil, realiza en artículo que citamos un análisis rigurosamente serio. 6

En Nueva York, Palocci dio plenas garantías de que “no hay plan B”. No existen cartas en la manga ni triunfos escondidos. Para asombro y júbilo de los ilustres usureros, no había nada detrás de la máscara de Mefisto a no ser lo propio. Era el conservadurismo el que se camuflaba con ropajes reformistas, y no lo contrario. El strip tease del nuevo gobierno fue completo. A la hora decisiva, Palocci prefirió la contraseña: “¿Conocen ustedes al Dr. Mireilles?” Fue de esta forma como el nuevo presidente del Banco Central del Brasil fue entronizado por Wall Street.

El capital transnacional se hizo representar orgánicamente en el núcleo económico del nuevo gobierno. Es el viejo modelo de inserción pasiva basado en la liberalización de los flujos de capital, en la adaptación a sus fluctuaciones y en el mantenimiento de los escenarios favorables a las inversiones externas. Palocci se tomó el trabajo de explicar: “Haremos un severo ajuste fiscal, una política de gran austeridad fiscal; reduciremos la deuda líquida con relación al PIB; a partir de ahí crearemos un ambiente macroeconó­mico sano y después tomaremos medidas para crecer”. ¿Desde cuándo el rigor salarial y fiscal conduce a la ampliación del mercado interno? ¿Es la recesión inducida por los elevados intereses el único camino para el crecimiento económico sostenido? ¿Austeridad hoy, crecimiento mañana?

Indexación y protección del poder adquisitivo de la población, ni pensar. “La propia idea (indexación) debe ser evitada”, dice el ministro, exégeta del capital financiero. El lenguaje debe ser censurado, recortado y rehecho, como un neolenguaje orwelliano. El sentido viene después de la decisión arbitraria. La indexación de los salarios es impensable en la misma medida en que es indispensable la indexación de las tarifas, de las prestaciones de la deuda y de las commodities.

La inflación debe ser controlada, por supuesto, pero sin que se empleen “medidas exóticas”, como congelamientos o listas de precios. Una forma astuta de decir que se mantendrán las mayores tasas de interés del mundo. El mercado, pudiendo, manda, y el gobierno, no pudiendo, obedece. Simples y sencillo. Palocci es quien confirma: “Queremos trabajar con la libertad de mercado. El mercado y la economía deben hacer un acomodo entre sí”. El “enganche” del nuevo gobierno fue hecho en el último acuerdo con el FMI. El garrote sólo fue firmemente ajustado porque hubo consentimiento y adhesión. El FMI planteó mantener una sintonía fina con las autoridades económicas responsables de uno de los más lucrativos mercados de derivados del mundo: el de la deuda pública brasileña. No se puede dar ningún paso en falso. Las posiciones iniciales fueron exhaustiva­mente ensayadas y coreogra­fiadas.

Köhler, gerente general del Fondo, disimulando la ansiedad de los acreedores, dice que es “suficiente el 3,75% de superávit primario para 2003”. Palocci, demostrando máxima solicitud, responde que el compromiso del futuro gobierno es “obtener el superávit primario que sea necesario en 2003”. Los límites sólo valen de allá para acá. Los gastos público, éstos sí, se pueden sacrificar ilimitadamente. Al respetar pisos mínimos de superávit primario, el gobierno asume él mismo el papel de verdugo de la nación. El FMI puede así replicarse sin demasiados costos políticos. El objetivo prioritario es la transferencia de la administración de la deuda (y de la política presupuestaria, de intereses y cambiaria) a la esfera transna­cional y privada, poniéndola a resguardo de presiones “políticas”. La autonomía operativa del Banco Central es la garantía de esta transferencia de poder. Es fácil entender el empeño del gobierno en la reglamentación a toda prisa del artículo 192 de la Constitución Federal. La propuesta es un auto-ataque que imposibilita de antemano otra gobernabilidad.

Hasta la CEPAL, que ya no incomoda a nadie, consiguió compeler a los nuevos administradores del Planalto. La propuesta es que Brasil y los demás países latinoamericanos reivindiquen la creación de una instancia multilateral de renegociación de la deuda, que dé acceso automático a líneas especiales de crédito y fondos de emergencia, de manera de disminuir el riesgo de moratorias unilaterales. La CEPAL sólo se hace eco del modelo de “reestructuración” de las deudas en gestación en el FMI. El sistema financiero internacional no dejó de sacar las debidas lecciones del default argentino. Las alternativas están siendo construidas justamente por aquellos que dicen que no hay alternativas. En relación con esto, en Brasil los fieles seguidores del malanismo siguen creyendo que no hay nada que hacer sino cumplir con los objetivos recesivos y llevar el rigor fiscal hasta las últimas consecuencias. ¿Renegociación de la deuda, moratoria negociada? Palocci se persigna y jura: “Esto está fuera de nuestras intenciones. Está fuera de programa”.

Entonces, el control de capitales y el establecimiento de un nuevo modelo de financiación del desarrollo son asuntos fuera de programa. ¿Quiere decir que la desprivatización, la soberanía nacional y regional y la democratización están fuera de programa? ¿Quién dicta el programa de la vida de 170 millones de brasileños? La nueva tecnocracia, instrumentalizando la democracia, se entrega a la plutocracia”.

¿Y el ALCA que diez millones de brasileros rechazaron en una Consulta Popular y que el propio Lula definió como un “proyecto de anexión” ? El nuevo Ministro de Relaciones Exteriores (ex-embajador en Londres del gobierno Cardoso), matiza. Ya no es un “antimodelo” de integración. Sino que “el ALCA es un espacio de negociación de varios temas. Hay temas típicamente comerciales y temas que van mucho más allá del comercio, como la propiedad intelectual e inversiones”. 7 La revista Veja subtitula: “O´Neill (Paul) salió de la escena y el sentimiento anti-ALCA del PT va a dar lugar al pragmatismo”. 8 Puede ser o no. Lo cierto, es que el rechazo categórico que tanto alentaba Aloizio Mercadante tiempo atrás, desapareció del diccionario.

Entonces, no fue por casualidad. En el XI Encuentro del Foro de Sao Paulo realizado en Antigua-Guatemala (diciembre 2002) la delegación del PT (junto con la del Frente Amplio de Uruguay), presentaron un proyecto de redacción donde en el capítulo ALCA, se formulaba la critica al ALCA de manera tal, que se abría la puerta a que “otro ALCA” podría ser negociable. La oposición del Partido Comunista cubano y de fuerzas de la izquierda del Foro (FARC de Colombia, Frente Socialista de Puerto Rico, entre otros) dio marcha atrás con esa pretensión del PT y del Frente Amplio. Finalmente, el XI Encuentro reafirmó resoluciones anteriores: “el ALCA tal como fue propuesto por los Estados Unidos constituye un plan de anexión y no un acuerdo de verdadera integración para las Américas. Frente a esta estrategia, proponemos una integración alternativa, que contemple principalmente la dimensión política y social”. El Foro se definió por la “construcción de una Comunidad Latinoamericana de Naciones” con la integración plena de Cuba, obviamente. 9

Noviembre en La Habana. II Encuentro Hemisférico de Lucha Contra el ALCA: Evo Morales, el diputado cocalero y dirigente del Movimiento al Socialismo de Bolivia, lanzó un llamado: “Quiero decirle al compañero Lula, al compañero Lucio Gutiérrez, al compañero Hugo Chávez, que estén al lado del pueblo y no de las transnacionales. Hago un llamado, a nombre de los pueblos, para que no entren al ALCA. Solamente con que Lula no entre, no habrá ALCA para Latinoamérica. Si nos complementamos con el compañero Hugo Chávez, con el compañero Lucio Gutiérrez, con seguridad por primera vez en Latinoamérica, el imperio puede ser derrotado”. 10 ¿Lo habrán escuchado?

Boinas Verdes

El discurso sobre “el fantasma del eje” (Castro-Chávez-Lula-Gutiérrez) no asusta a nadie. Y ni siquiera es funcional para justificar un intervencionismo. Estados Unidos desconfía del “neopopulismo de izquierda”, pero más le teme al movimiento indígena ecuatoriano, a los Sin Tierra de Brasil, a las masas que defienden en la calle la República Bolivariana de Venezuela, a la insurgencia armada de Colombia, al movimiento indígena-campesino de Bolivia y, por supuesto, a la radicalización de masas en Argentina. En un cuadro de inestabilidad política y de crisis de las elites neoliberales, el imperialismo deja las piruetas mediáticas y pone en funcionamiento los instrumentos contrarrevolucionarios.

Las prioridades son dos: derrumbar a Chávez, derrotar al movimiento popular, y a las organizaciones revolucionarias bolivarianas. Instalar un gobierno lacayo que le asegure las inversiones a las empresas norteamericanas, y el suministro de petróleo. Si Gaviria y la OEA no logran imponer una “negociación democrática” (a favor de la derecha golpista) la desestabilización de Chávez continuará por otros medios. Simultáneamente, extender el Plan Colombia (Iniciativa Regional Andina) a Ecuador y Perú. Aplastar a las FARC y al ELN, integrar al paramilitarismo como actor legal de la política contrainsurgente de Uribe, y asegurar que allí también la canilla petrolera será yanqui.

Es el neoliberalismo armado en su faceta más brutal. En septiembre, el nuevo jefe del Comando Sur, el general texano James Hill pasó por Buenos Aires. En octubre, diez días antes de la elección de Lula, en el parlamento de Uruguay, definió a Brasil como “el segundo consumidor de cocaína del mundo” . Postuló la integración de las Fuerzas Armadas y las de seguridad en una estructura represiva única. Planteó la “preocupación” de Estados Unidos por las llamadas “zonas vacías” y las “áreas ingobernables” . Volvió a insistir sobre la peligrosidad de la Triple Frontera (Argentina-Paraguay-Brasil) donde se esconden y se financian “terroristas” ...palestinos.

En noviembre, se realizó en Santiago de Chile la V Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. Invitado especial: Donald Rumsfeld. El documento elaborado, entre otras cosas dice: “fortalecer la coordinación interinstitucional e interguberna­mental de los regímenes de seguridad y defensa que permitan la protección de la población”. Por lo cual se propone la realización de “Ejercicios Combinados de Fuerzas Armadas y Seguridad Pública” , como el de los Boinas Verdes norteamericanos con la Gendarmería argentina. 11

Fue la bienvenida a la instalación del gobierno del PT. Mientras Duhalde se abrazaba con Lula y proclamaba al MERCOSUR como un “proyecto estratégico” , dejaba firmado un proyecto de ley que permitía a tropas especiales de Estados Unidos ocupar posiciones en la provincia de Misiones en cuanto Lula asumiera la presidencia. Mientras tanto, los Boinas Verdes ya están en la provincia de Salta sin ninguna autorización del Congreso argentino.

 

Notas

1. “El ejemplo Brasil”. Carlos Gabetta, Le Monde Diplomatique , edición Cono Sur, B.A., nov/2002.

2. “El fantasma del eje”. Mauricio Montaldo. Newsweek , edición en castellano, 18-12-02.

3. “Elecciones en Ecuador: organicidad e inorganicidad en la votación de Lucio Gutiérrez”. Francisco Hidalgo Flor, director de la Revista Espacios , Quito, 2002.

4. Hay que evitar las analogías que algunos hacen con el gobierno de la Unidad Popular en Chile durante 1970-1973. No sólo porque el contexto internacional era distinto, sino también, porque Salvador Allende llegó al poder en el cuadro de una situación pre-revolucionaria, nacional y continental, con un programa de reformas estructurales (nacionalizaciones, reforma agraria, desconocimiento de la deuda externa, ruptura con el FMI, aumentos de salarios, etc) y sin representantes de la gran burguesía en el gobierno. Por el contrario, esta organizó con los militares y el imperialismo el inmediato sabotaje. Además, en la experiencia de la Unidad Popular estaba abierto el debate sobre las “vías de aproximación al poder” con el MIR y otros componentes de la izquierda revolucionaria, aunque finalmente predominara la estrategia de “revolución por etapas” del PC y PS.

5. Palocci es elogiado unanimamente por funcionarios de organismos internacionales, empresarios que “esperan en el próximo año crecimiento moderado con responsabilidad fiscal” . Hay condiciones para las reformas. Foro de líderes empresariales. Gazeta Mercantil , Brasil, 13-12-02.

6. ¿Por qué aguas navega el gobierno de Lula? Luis Fernando Novoa Garzon. Web de Rebelión , 23-12-02.

7. Entrevista a Carlos Amorín, Ministro de Relaciones Exteriores designado por Lula. Folha de Sao Paulo , 18-12-02.

8. “El Brasil decide su futuro en el imperio”. Veja , Sao Paulo, 11-12-02.

9. Declaración Final del XI Encuentro del Foro de Sao Paulo, Antigua, Guatemala, 4-12-02.

10. Intervención de Evo Morales en La Habana. La Jornada , México 26-12-02.

11. “Boinas Verdes”, Horacio Verbitsky. Página/12 , Buenos Aires, 8-12-02.

 

* Miembro de la Dirección Nacional y de la Comisión Política de la Corriente de Izquierda (reagrupamiento de la izquierda radical en el Frente Amplio de Uruguay), y del Secretariado Unificado de la IV Internacional.

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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