No. 46
(noviembre de 2002)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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El Frente Socialista en Puerto Rico: logros, retos y contradicciones

Rafael Bernabe *

El Frente Socialista (FS) nació en 1989-90. La razón inmediata fue la posible celebración de un plebiscito sobre el status de Puerto Rico (1) En aquel momento, el Partido Independentista Puertorriqueño anunciaba su disposición a participar en un plebiscito auspiciado por los partidos coloniales y por Washington, lo cual implicaba una ruptura con la posición histórica del independentismo (2) Ese hecho, al igual que el revuelo que levanta el tema de un posible cambio de la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos, plantearon tajantemente la pregunta: ¿qué posición deben asumir los socialistas? Por otro lado, las diversas organizaciones socialistas sintieron más agudamante su relativa debilidad y la necesidad, por tanto, de unir fuerzas para intervenir con mayor efectividad en la coyuntura. El plebiscito nunca se celebró, pero las conversaciones que provocó en la izquierda llevaron a la creación del FS.

Diversas agrupaciones han sido parte del FS. Tres se destacan por ser las que desde el principio hasta el presente han sido parte de este esfuerzo: el Movimiento Socialista de Trabajadores (MST), el Partido Revolucionario de los Trabajadores Puertorriqueños-Macheteros (PRTP-M) y el Taller de Formación Política (TFP, sección en Puerto Rico de la Cuarta Internacional). En la actualidad también son miembros del FS la Liga Juvenil Revolucionaria (LJR) y Refundación Comunista (RC), así como afiliados individualmente. Como esfuerzo unitario, el FS reconoció desde el principio la diversidad de sus componentes, provenientes, para decirlo con etiquetas simplificadoras (que no todos necesariamente aceptarían), del guevarismo (con referentes como la Junta de Coordinación Revolucionaria, el MIR chileno, el MLN-tupamaros de Uruguay, la revolución cubana), del maoísmo y del trotskismo.

Las bases de la unidad fueron el compromiso con el socialismo como alternativa de conjunto al capitalismo, la centralidad de la clase obrera como agente de dicha transformación, la combinación de la lucha nacional y las luchas sociales en Puerto Rico, la apertura a las diversas luchas sociales emergentes (de la mujer, ambiental) y el internacionalismo, incluyendo destacadamente la lucha de los inmigrantes en Puerto Rico (mayormente dominicanos) y el vínculo con luchas en Estados Unidos, aunque sobre algunos temas no dejaban de existir profundas diferencias.

Demás está decir que el FS nació en una coyuntura internacional muy difícil. No sólo es el momento de la ofensiva neoliberal (que en Puerto Rico corresponde a los ocho años del gobierno del Partido Nuevo Progresista-anexionista), sino del colapso de los gobiernos de la URSS y de Europa del Este. En aquel momento, el hecho se proyectaba como la “muerte del socialismo”, incluso como el “fin de la historia”. A esto se añade pocos meses después la derrota del FSLN en Nicaragua (febrero, 1990) y el inicio de las negociaciones que llevarían a la desmovilización de la guerrilla salvadoreña. La prepotencia de EUA se manifiesta de forma aplastante con la invasión de Panamá y con su masiva intervención contra Iraq en la Guerra del Golfo. Si algo caracterizó al FS fue su disposición a seguir trabajando contra la corriente.

Los individuos y organizaciones que fundaron el FS trajeron experiencias y fortalezas que se complementaban o que, al menos, podían complementarse. Sin agotar el tema, podemos mencionar que el PRTP-Macheteros traía un prestigio y una visibilidad considerables, producto, entre otras cosas, del impacto de algunas de sus acciones político-militares; el MST una larga experiencia de trabajo estudiantil y sindical de base, con presencia en sindicatos importantes, y una publicación periódica modesta, pero consistente y reconocida; el TFP su trabajo de formación e investigación, y su trabajo en ciertas áreas (derechos democráticos, la mujer, derechos sexuales y reproductivos). Los individuos traían larga experiencia organizativa sindical, comunal o partidaria. Tanto organizaciones como individuos contaban con vínculos internacionales variados: con sectores de la izquierda puertorriqueña en Nueva York, con Cuba y la izquierda en América Latina y, en el caso del TFP, con sectores de la izquierda norteamericana (Solidarity, Labor Notes ), y con el Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional.

Dos hechos contribuyeron al desarrollo del FS durante la difícil década del noventa. Su nacimiento coincidió con la transformación del Partido Socialista Puertorriqueño (hasta principios de los 80 organización dominante de la izquierda) en Nuevo Movimiento Independentista. Ese cambio convirtió al FS en la única organización que de forma sistemática colocaba el mensaje anticapitalista en el centro de su trabajo político. No hay duda de que esto ayudó al desarrollo del FS como un punto de referencia para los que en Puerto Rico desean hacer un trabajo político francamente socialista y no exclusiva o casi exclusivamente anticolonial, independentista o de “afirmación nacional”.

El viraje de un importante sector del liderato independentista hacia alianzas de diverso tipo con el Partido Popular Democrático (PPD, defensor del actual régimen colonial) no ha dejado de acentuar este efecto. Por otro lado, al mismo fenómeno ha correspondido la tendencia de diversos sectores del independentismo (en búsqueda de la respetabilidad que les permita convertirse en interlocutores reconocidos por el PPD, en el gobierno desde 2001) a criticar abiertamente al FS como "intransigente", "extremista" e incluso "violento". Detestado por el gobierno, la burocracia sindical y los sectores independentistas más interesados en el cabildeo que en la movilización, el FS tiene que enfrentar en todo momento una compleja lucha contra los intentos de deslegitimarlo y aislarlo.(3)

Otro hecho sirve de empuje inicial al FS: el Paro general del 28 de marzo de 1990. En un contexto en que se hablaba de la “muerte del socialismo”, e incluso de la clase obrera, en Puerto Rico se vive una experiencia de sentido contrario: un llamado a Paro General, sin precedentes hasta aquel momento, y una gran movilización obrera (contra la privatización de la compañía telefónica), que si bien parece pequeña comparada con otras que vinieron después (en 1997-98), en aquel momento no dejó de impactar, tanto a los que participamos en ella, como a sus enemigos.

La constitución de la clase obrera en agente político independiente, aunque lejana, no se presentaba como una idea descabellada. Durante la década del noventa el movimiento obrero en Puerto Rico, aunque reducido en buena medida el sector estatal, vive un auge relativo y se proyecta por vía de la movilización como una fuerza significativa en la política del país: en 1993, impulsando la derrota del gobierno en un referéndum que pretendía limitar derechos democráticos; con movilizaciones contra leyes anti-obreras en 1995; la creación del Comité Amplio de Organizaciones Sociales y Sindicales para luchar contra la privatización en 1997; paros generales en 1997 y 1998; huelga de empleados telefónicos con amplio apoyo popular en 1998. El FS tuvo un rol activo --en algunos casos significativo-- en dichos procesos. Su visibilidad y capacidad de movilización alcanzan su nivel más alto como parte de la creación del CAOSS, de la preparación del Paro nacional de 1997 y de las acciones que preparan la huelga de 1998. En ese momento, también se consolida el primer grupo fuera de Puerto Rico, en la ciudad de Nueva York.

De igual forma, desde 1999 el FS participa activamente en el ascenso de la lucha contra la Marina de Estados Unidos en Vieques, promoviendo las movilizaciones en todo Puerto Rico, así como participando en las actividades de desobediencia civil en los terrenos ocupados por la Marina.

Hay que reconocer entonces que, con altas y bajas, con graves limitaciones de recursos y fluctuaciones en su capacidad de actuar, el FS se ha ganado un espacio en las luchas políticas del país, aunque todavía sea un espacio muy precario y limitado. Sin duda, el FS tiene el mérito de asumir abiertamente los derechos del inmigrante, de la mujer (incluyendo el derecho al aborto), de gays y lesbianas, y de los jóvenes (contra medidas de control y censura), temas muy poco tratados por las organizaciones socialistas e independentistas en el pasado.

Pero el FS acarrea todavía una serie de debilidades. Tiene, para empezar, fronteras muy difusas. Salvo el núcleo de militantes de sus comités permanentes y un puñado más, es difícil saber quiénes son integrantes, simpatizantes o personas que se identifican con el FS. Incluso dentro las organizaciones que lo integran, se detecta una identificación muy variable con el FS en el trabajo práctico. Esto quiere decir que se pueden hacer estimados muy variados del tamaño del FS. Más que actuar como una organización, el FS se presenta muchas veces como una especie de corriente de gente que tiene posiciones más o menos afines. De lo que no hay duda es de que existe una considerable discrepancia entre la cantidad de gente que se identifica con el FS y la gente que ha logrado integrar a sus estructuras de trabajo.

Por otro lado, el funcionamiento del FS ha dependido de varios factores, tanto formales, como informales. Primero, la confianza mutua de que ninguna organización intentará controlar o imponerse en el FS y la comprensión de que tal intento haría estallar el esfuerzo unitario casi inmediatamente. Por ello, en la práctica, mientras de mayor alcance resulta una decisión, más se insiste en el consenso como mecanismo de decisión. El lado negativo de esto ha sido la imposibilidad de actuar allí donde no se puede alcanzar el consenso. Diversas organizaciones (TFP, PRTP, LJR), por ejemplo, consideran la participación electoral como una gestión importante del movimiento socialista, por lo cual se deben ir creando las condiciones que la hagan posible. Otros sectores se oponen a la participación electoral. La falta de consenso implica la imposibilidad del FS para actuar en ese importante escenario político. De igual forma, el FS ha generado una actitud de respeto y aceptación de posiciones muy diversas en el seno de la organización. El lado negativo de esto ha sido que a veces la tolerancia no es otra cosa que la falta de debate sobre los temas polémicos y que la unidad que se mantiene no incluye un diálogo que vaya superando las divergencias.

Así, junto al tema de la indefinición y de la debilidad organizativa, está el de la fragmentación de las experiencias. En pocas palabras: si bien los miembros (militantes, simpatizantes) están activos en diversas organizaciones o esfuerzos, no puede decirse que ello sea producto de un trabajo coordinado o, en ciertos casos, que siquiera corresponda a una orientación compartida. El ejemplo más evidente ha sido el de la lucha sindical: se ha dado el caso de elecciones en que integrantes del FS han apoyado candidatos contrapuestos. Esto apenas empieza a superarse con la creación de la Conferencia Sindical, que intenta acercar a sindicalistas militantes de diversas uniones. Un primer logro ha sido la publicación del libro De la Huelga del Pueblo a la “Cumbre Social” , un análisis crítico de las movilizaciones de 1997-98 y de la situación actual del movimiento obrero. Pero el camino de la superación de divergencias pasadas y presentes es todavía muy largo.

A ello hay que añadir otro tema: la posibilidad de construir el FS se relaciona de forma problemática con la construcción de las diversas organizaciones que lo integran. En la medida que las organizaciones continúen priorizando en la construcción de cada uno de sus proyectos, el FS contará con limitados recursos para su consolidación: esa sigue siendo la situación a diez años de fundación del FS.

Esto nos regresa el problema ya planteado: los debates no resueltos y ni siquiera iniciados sobre diversos temas que históricamente han dividido a la izquierda. Se trata de divergencias a diversos niveles: objetivos finales (concepción del socialismo) concepciones estratégicas y tácticas (participación electoral, por ejemplo), y concepciones organizativas, entre otras. Divergencias que será necesario enfrentar eventualmente, aun a riesgo de poner en peligro una unidad que no sería tal en la medida que depende de la evasión de problemas ineludibles. En cuanto a esto, tan sólo podemos resumir algunos de los temas que sería necesario abordar.

Socialismo y democracia. Muy brevemente: hay quienes, ante las críticas de falta de democracia bajo gobiernos llamados "socialistas" pasados y presentes, tienden a contestar señalando las limitaciones de la democracia burguesa , las injusticias del capitalismo , la hipocresía del imperialismo cuando levanta esa bandera, todo lo cual es cierto, pero no deja de evadir el tema planteado. En algunos casos --en apoyo, en lo fundamental, al modelo cubano-- se defiende el partido único, no como necesidad en determinados momentos, sino como parte de una democracia superior.

Hay otros que planteamos que la democracia es un ingrediente necesario en la construcción del socialismo y que la democracia obrera tiene que incluir necesariamente el derecho de los obreros y obreras a reunirse, debatir, organizarse, publicar sus ideas, etc. Posición que no está reñida con una defensa de los logros de la revolución cubana. Insistir en esta dimensión del socialismo es un aspecto indispensable de su renacimiento, sobre todo luego de la experiencia de los regímenes burocráticos de Europa del Este. En sectores del FS todavía sobreviven, más aún, algunas nostalgias por el antiguo "campo socialista". Es decir: la actitud hacia la necesidad, la importancia y el sentido de un arreglo de cuentas con la herencia del stalinismo sigue siendo uno de los temas poco explorados de las divergencias que sobreviven en el FS.

De igual forma, se detecta en el FS la tendencia de algunos sectores a enfrentar el colapso de toda una cultura de izquierda y socialista asociada con los partidos y el campo socialista y los movimientos de liberación nacional más o menos afines a éstos con una reafirmación e insistencia en los discursos, las orientaciones, los referentes históricos y los símbolos de la izquierda latinoamericana de los sesenta y setenta: sus simpatías mayores están hoy con las FARC, por ejemplo. Otros, sin dejar de apoyar las luchas del pueblo colombiano y a las FARC contra la agresión imperialista, se interesan más en una renovación del proyecto socialista, a partir de una recuperación y apertura -siempre crítica-- a diversos fenómenos emergentes: desde el movimiento antiglobalización al zapatismo a las recientes experiencias autogestionarias en Argentina.

Por otro lado, todo el FS tiene ante sí la tarea de renovar radicalmente su propuesta política. ¿Cómo defender la independencia entre una población que goza de un nivel de vida notablemente superior al de las repúblicas independientes vecinas? ¿Cómo transformar las luchas sociales inmediatas (en defensa de conquistas obreras, del ambiente, de derechos ciudadanos, contra el militarismo, etc.) en aspectos de una lucha por nuevas formas de soberanía y auto-gobierno, que no dejarían de chocar con los límites de la relación colonial?

Nada de esto es posible fuera de una perspectiva que conciba la independencia, no como una lucha por el aislamiento o la separación, sino como el vehículo para participar activamente en la lucha (de Seattle a Chiapas, de Québec a Colombia) por transformar las estructuras políticas y sociales en nuestra región: por transformar la Norte América y el Caribe de las multinacionales y del gran capital, en la Norte América y el Caribe de sus pueblos. ¿Cómo transformar esa visión en algo concreto, vinculado a las luchas obreras y sociales existentes? Es una pregunta que tan sólo puede resolverse por vía de una constante reflexión compartida a partir de la práctica política y social: precisamente lo que todavía no ha logrado articularse plenamente al interior del FS, a pesar de los años de trabajo conjunto.

En ese sentido, el FS ha tenido más éxito en generar consensos internos sobre las medidas y políticas (del estado, los patronos) que deben ser rechazadas (privatización, limitaciones a derechos democráticos, por ejemplo) que en la formulación de exigencias y propuestas concretas a corto y mediano plazo. En demasiadas ocasiones el FS logra demostrar los efectos negativos de las políticas existentes, sin que un conjunto de demandas y propuestas de transición le permita convertir ese rechazo en el punto de partida de procesos de politización y auto-organización popular.

Como planteó el TFP en la asamblea de 2001 del FS: "Algunos compas tienden a hacer su política a nivel de la oposición capitalismo-socialismo. Se denuncia algo y se plantea como ello es producto del capitalismo, lo cual es cierto. El problema es que desde ese punto de vista la solución al problema sería el socialismo. Lo cual quiere decir que por ahora no hay solución. Lo cual quiere decir que la gente va a pensar que las ideas de los socialistas puede que sean buenas, pero tienen pocas consecuencias prácticas en el presente. Hay que elaborar propuestas concretas, radicales, pero que sean atractivas a la gente pues prometen mejorías concretas a su situación, ... Es luchando por esas conquistas parciales que la gente se convencerá de la necesidad y adquirirá las capacidades y la auto-confianza para hacer concreto y posible ese socialismo a que aspiramos".

La política y los conflictos, sin embargo, no esperan por nosotros, en lo que logran articularse los debates necesarios, el FS sigue en la calle, interviniendo día a día en la política del país, desde la lucha de Vieques al trabajo sindical. Existe una base organizativa y política, un conjunto de experiencias conjuntas importantes, un reconocimiento público de la organización que podrían ser el punto de partida para la consolidación de un proyecto cada vez más vigoroso. Convertir esa posibilidad en realidad dependerá de que se cuente con la audacia y la valentía para enfrentar tanto al enemigo de clase -algo que los militantes del FS han demostrado tener en abundancia- como en la capacidad de echar una mirada crítica y renovadora a las prácticas y tradiciones de la misma izquierda, tarea en la que se sufre de un considerable retraso.

 

Notas

(1) Puerto Rico es una colonia de Estados Unidos desde 1898, el status colonial actual se conoce oficialmente como Estado Libre Asociado. Los partidos principales son el Partido Popular Democrático, defensor del ELA y el Partido Nuevo Progresista, promotor de la anexión como estado de EUA. El PNP gobernó de 1992 a 2000. El PPD gobierna desde 2000.

(2) El PIP es el más grande de los partido independentistas y el único que cuenta con registro electoral. Surgió cuando los defensores de la independencia fueron excluidos del PPD en 1946. Cuenta en la actualidad con dos legisladores. Es miembro de la Internacional Socialista.

(3) Además del PIP, el independentismo y la izquierda en Puerto Rico están integrados por: el Frente Socialista, el Nuevo Movimiento Independentista (antiguo Partido Socialista Puertorriqueño, a su vez heredero del Movimiento Pro Independencia), el Congreso Nacional Hostosiano (reagrupamiento de independentistas que no militan en otras organizaciones), la Federación de Universitarios Pro Independencia, el Partido Nacionalista y otras organizaciones locales y regionales. El FS, el NMI, el CNH y el PN son parte, o se integrarán en breve, al Foro de Sao Paulo.

 

* Miembro del Taller de Formación (sección portorriqueña de la IV Internacional) y de la dirección del Frente Socialista.

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

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