No. 45
(octubre de 2002)

csapn@laneta.apc.org
CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Papel y tareas de la Cuarta Internacional

Resolución para Congreso Mundial (Borrador).

 

1. La nueva fase política y las tareas estratégicas del periodo

(1) La nueva fase política en la actividad, la orientación programática-política y la organización del movimiento obrero, social y popular pone en el orden del día, durante toda una etapa, la resistencia contra la ofensiva brutal de las clases dominantes, y plantea como tarea estratégica abatir al “neoliberalismo social”, aún mayoritario en el movimiento obrero y popular, con el fin de (re) construirlo bajo una base anticapitalista, internacionalista, ecologista y feminista. Esta batalla gira alrededor de dos ejes, la oposición a la guerra y la oposición al neoliberalismo.

(2) Esta oportunidad existe porque desde el inicio de este nuevo ciclo:

• El discurso neoliberal entra en crisis. La política neoliberal muestra su naturaleza socialmente regresiva. Sobre todo, la “tercera vía” de la socialdemocracia “neoliberal” (bajo sus diferentes variantes organizativas y regionales) revela su vaciedad. En el terreno de la política concreta, la alternativa estará cada vez más entre la política neoliberal, al servicio de la globalización capitalista, y una orientación anticapitalista dirigida a satisfacer las necesidades sociales de las masas explotadas y oprimidas.

• La amenaza de la guerra, que genera un nuevo ascenso de corrientes racistas y fascistas, ha despertado a una nueva generación joven dispuesta a movilizarse y organizarse.

• La crisis histórica de las corrientes dominantes (socialdemócratas, estalinistas, populistas-nacionalistas) y la declinación del movimiento obrero tradicional despejan un amplio espacio para una alternativa política y organizativa.

• El movimiento contra la globalización capitalista es una fuerte palanca en la renovación del movimiento obrero y los movimientos sociales y en el desarrollo de una nueva perspectiva emancipadora. A partir de la apertura de este nuevo ciclo, fuerzas militantes radicales (políticas, sociales, sindicales, ciudadanas, intelectuales), fuera del control de las burocracias del movimiento obrero, han tenido un papel integral, incluso asumiendo la iniciativa.

• Se hace posible la fusión entre una nueva generación joven, portadora de la repolitización y de un nuevo radicalismo, y los militantes experimentados de las generaciones de los ciclos de 1968 y 1985-95 que siguen activos.

• La coyuntura sociopolítica y económica, en la que la ofensiva neoliberal enfrenta una resistencia fortalecida, favorece la polarización entre las clases, y promueve el debate político en la sociedad y los movimientos sociales.

• Un nuevo internacionalismo se ha manifestado de manera espectacular en movilizaciones sin precedente desde la década del 60, impulsado por un nuevo sentir internacionalista y de anti-capitalismo espontáneo.

• El movimiento de las mujeres se ha revitalizado y ha relanzado la acción en el plano nacional, regional e internacional específicamente contra la política neoliberal y la violencia contra las mujeres.

 

(3) La mutación histórica del movimiento social no se encuentra sino en su fase inicial. Ante nosotros se encuentra un largo periodo de reconstrucción.

El viraje en la situación mundial ha roto el sentimiento de impotencia política y el fatalismo en los medios militantes. A falta de un acontecimiento histórico y emblemático que subvierta espectacularmente la situación internacional, la reorganización del movimiento mundial anticapitalista / antiimperialista se efectuará a través de una sucesión de experiencias sociales y políticas, susceptibles de reunificar, alrededor de alternativas reivindicativas y sociales, a las capas explotadas y oprimidas hoy fragmentadas y divididas, reconstituyendo equipos militantes y cuadros militantes del movimiento social, y desarrollando un programa anticapitalista de “transición” de alcance global, resultado de las contradicciones actuales del capitalismo y de la actividad de las clases explotadas y oprimidas.

Nos encontramos en una nueva situación muy particular en la que la clase obrera se encuentra todavía a la defensiva en una posición de debilidad, pero la izquierda radical se levanta y retoma la iniciativa política en una escala amplia. El objetivo es afirmar una izquierda anticapitalista, social y política audaz que se dirija a influir y orientar las luchas y las movilizaciones.

Es largo y difícil el recorrido que se abre entre “el momento presente”, en el que la reorganización del movimiento social comienza, y la etapa ulterior, donde el cambio cualitativo de la relación de fuerzas entre las clases relanzará batallas ofensivas a nivel internacional, creando el clima ideológico y político propicio a la perspectiva socialista.

 

2. Sostener las luchas, construir el movimiento de masas

(1) Una de nuestras primeras tareas continúa siendo participar en la primera línea de las luchas, en las movilizaciones, en las campañas y en la organización de la clase asalariada, de la juventud, de las mujeres, de los inmigrados, tanto en el terreno nacional como el internacional. Estamos comprometidos en la construcción del movimiento de masas, asumiendo tareas y responsabilidades; nos identificamos con sus objetivos. Estamos en la primera línea de la lucha por la unidad y la colaboración con otros militantes y corrientes. Este trabajo de largo aliento apunta a fortalecer el movimiento sindical, el movimiento de las mujeres, de los jóvenes, ecologista, contra la guerra, antifascista y antirracista. Pretende, al mismo tiempo, impulsar la conciencia de las exigencias estratégicas que incluye destacadamente la formulación de demandas de transición. Apoyamos todas las reformas que contribuyan a mejorar las condiciones de vida y los derechos de los trabajadores, todas las iniciativas que estimulan la auto-organización y la confianza en las luchas colectivas, todas las demandas que posibiliten cobrar conciencia a través de la experiencia de los límites que el capitalismo implica al momento de hacer efectivas y de estabilizar cualquier conquista. Hacemos esto convencidos de que el auge del movimiento de masas proveerá militantes para construir un nuevo partido socialista revolucionario de masas, enraizado en el proletariado.

(2) Continuamos sosteniendo y construyendo el “movimiento contra la globalización neoliberal” alrededor de las cumbres del imperialismo, a fin de denunciar la política neoliberal internacional, deslegitimar las “nuevas instituciones” del capitalismo global y afirmar un polo anticapitalista / antiimperialista, internacionalista. Las reuniones internacionales en Porto Alegre (Foro Social Mundial), la descentralización hacia otros continentes y su fusión con el “movimiento real” en diversas sociedades han cambiado y seguirán cambiando las condiciones para avanzar hacia una radical renovación del movimiento obrero y los movimientos sociales.

(3) Seguimos sosteniendo y fortaleciendo las campañas en curso o a ser (re)lanzadas y construyendo los movimientos que las impulsan, particularmente:

• Por la anulación de la deuda del Tercer Mundo.

• Por la imposición de una tasa Tobin como palanca para cuestionar el capitalismo.

• Más generalmente, la batalla por deslegitimar a las instituciones paraestatales más visibles: OMC, FMI / BM.

• Contra la nueva esclavitud, en particular el trabajo de los niños y la sobreex­plotación de las mujeres.

• Por los derechos reproductivos de las mujeres, la educación de las jóvenes, el acceso al agua potable y a la salud.

• Contra los organismos genéticamente modificados (OGM) ( cfr . resolución 15o. CM sobre Ecología).

 

(4) Nos proponemos contribuir a relanzar el movimiento feminista en nuestros países, lo mismo que a escala internacional, apoyándonos, entre otros elementos, en el éxito de la Marcha Mundial de las Mujeres.

(5) La ofensiva mundial del imperialismo norteamericano “contra el terrorismo global” anuncia una serie de guerras e intervenciones militares durante un largo periodo. Esto llevará inevitablemente a una remilitarización de países grandes y pequeños, un aumento de la tensión y una agudización de los conflictos. Las libertades democráticas estarán cada vez más amenazadas. Esto también implicará ataques sistemáticos a la situación social del proletariado. Un movimiento anti-guerra (por la paz) permanente debe ser (re)construido, que movilice, denuncie y luche contra todos los aspectos del nuevo militarismo (conquista espacial, armas de destrucción masiva, subsidios estatales masivos para la investigación militar, garantías estatales para las ventas de armas, etc.).

A la misma vez, debe darse una reacción inmediata a escala internacional y con la unidad más amplia posible, tan pronto se comience a preparar o se inicie una intervención militar. Lucharemos por la disolución de la OTAN. En las condiciones actuales estamos obligados a denunciar en primer término al imperialismo norteamericano, pero denunciaremos también la remilitari­zación del imperialismo europeo, que es simultáneamente un aliado y un rival del imperialismo de EE.UU. La Unión Europea es más pacífica tan sólo porque se encuentra muy rezagada ante EE.UU. en poderío militar. También nos oponemos al rol de los gobiernos que promueven o apoyan “guerras locales” en interés de las multi-nacionales que explotan las materias primas de la periferia (África sub-sahariana)

(6) La CI, en el periodo que viene, pondrá una atención redoblada a su actividad dentro del mundo del trabajo. Esta se concretará en una intervención, una coordinación y una publicidad más sistemáticas en las luchas sociales. Globalmente, a escala mundial, el movimiento sindical acusa un retraso dramático frente a la centralización del capital y de sus auxiliares pre-estatales. Nuestro objetivo es la construcción de un movimiento sindical activo, internacionalista y feminista.

(a) Esto concierne en primer lugar al reforzamiento de la solidaridad, de la unidad y de la organización entre trabajador@s de los países imperialistas y aquell@s de la periferia. Dado que la fragmentación del proletariado mundial se desarrolla paralelamente a su extensión numérica esto implica una preocupación particular por los trabajadores/as más explotados(as): los excluidos, los precarios, los sometidos a la nueva esclavitud, comprendidos los trabajadores inmigrados en el seno del mundo imperialista, los jóvenes trabajadores/as sin derechos en la “nueva economía”, la masa de los pobres que viven en condiciones inhumanas. Esto implica una preocupación particular por las trabajadoras y, por consiguiente, por la integración de las reivindicaciones de las mujeres en las negociaciones sindicales, sobre todo en el plano de la igualdad salarial, de la seguridad del empleo y de las ventajas en caso de trabajo parcial y temporal.

La estructura jerárquica del capitalismo mundial impone una desigualdad estructural paralela en el seno del proletariado mundial, entre la clase obrera del núcleo central y los países de la periferia, pero igualmente en el seno de cada una de las clases obreras. De aquí se desprende la multiplicación y la agravación de la competencia entre las clases obreras y sus diferentes fracciones. El movimiento sindical se encuentra aquí confrontado a una problemática ya conocida, pero que no deja de agudizarse (USA-Canadá + América Latina; Japón + Asia del noreste). En la Unión Europea, el mundo del trabajo se encuentra directamente confrontado a un proto-Estado supra­nacional, arma poderosa para agudizar la competencia entre clases obreras nacionales, agravada por la inminente ampliación hacia Europa del Este.

(b) También lucharemos contra y en el seno de las empresas multinacionales que constituyen el núcleo central del capitalismo globalizado: por medio de campañas de denuncia contra multinacionales específicas; por la solidaridad internacional con los trabajadores en lucha de una multinacional; por una participación activa en las campañas animadas por los Secretariados Profesionales Internacionales (SPI, ligados a la CISL) y, los comités de empresas en el seno de las multinacionales.

(7) En la Unión Europea, la brutal política neoliberal, que emana de un aparato proto-estatal supranacional, afecta directamente todos los aspectos de la vida cotidiana y, por tanto, de la vida de los y las asalariados. Frente a esto, el movimiento sindical europeo oficial presenta un balance desastroso. Hay que activar las estructuras existentes y tomar iniciativas directas. Esto incluye: la solidaridad con luchas particulares en un país que, sin embargo, resultan significativas para toda Europa; la coordinación de huelgas sectoriales; el desarrollo de campañas y de movilizaciones alrededor de reivindicaciones parciales, y el establecimiento de un programa social de conjunto. Pero sobre todo: esos problemas sindicales plantean de inmediato la necesidad de una estrategia política del movimiento obrero y social, y una alternativa a las instituciones sociales y estatales existentes (cfr. Las resoluciones del último congreso mundial).

Reafirmamos la tarea estratégica de contribuir a un movimiento sindical activo en Europa a través de una actividad simultánea en las grandes confederaciones nacionales de la CES, en los sindicatos radicales y en todos los movimientos y redes vinculados al proletariado (por ejemplo, el movimiento de las Euromarchas).

 

3. Derrotar al neoliberalismo, tomar la vía anticapitalista

(1) La lucha por derrotar al “neoliberalismo” se encuentra en el corazón de nuestro combate político. La ofensiva patronal e imperialista en curso implica una verdadera amenaza a la vida de millones de personas, al planeta, la democracia, el movimiento obrero y popular. La creciente fuerza, organización y politización de la resistencia no ha parado los ataques, que pueden asumir formas muy brutales y muy duras.

(2) Mientras más éxitos logre la resistencia, más se desacreditará la social-democracia y más se desarrollará un vasto medio “antiliberal” y “antiglobalización”, y más se diferenciará dicha resistencia. En el seno del movimiento obrero tradicional, en los “nuevos” movimientos sociales, en el movimiento internacional antiglobalización, se desarrollarán diferentes opciones políticas, estratégicas y organizativas.

(3) Esto exige una batalla política de clarificación y de orientación, en dos niveles distintos donde los retos son diferentes.

En primer lugar, en contraposición a las corrientes opuestas al neoliberalismo pero que toman la vía reformista: ya sea que apoyen e integren las instituciones internacionales en nombre de un internacionalismo generoso contra el nacionalismo estrecho y odioso, ya sea que apoyen a su Estado burgués nacional en nombre de su superioridad democrática.

En segundo lugar, en la esfera radical, frente a una vasta pluralidad de análisis, de opiniones, de métodos de lucha, de ideologías, de formas de organización híbridas, entablaremos el debate sobre el paso del anticapitalismo / antiimperialismo espontáneo hacia un programa anticapitalista-socialista; del radicalismo político a una estrategia mayoritaria de ruptura con el capitalismo y su Estado, basada en la autoactividad y la autoorganización del proletariado y de las capas oprimidas; del compromiso militante en el movimiento a la construcción de un partido y de una Internacional socialistas que entiendan las exigencias estratégicas básicas necesarias para dirigir a la clase obrera hacia la toma del poder. Este es el sentido específico, en esta etapa, de nuestra intervención programática, ideológica y práctica­.

 

4. Por la unidad de la clase obrera y un sindicalismo “lucha de clases”

(1) En veinte años, el movimiento sindical ha conocido un debilitamiento considerable, tanto en número de adherentes, en capacidad de movilización y de combatividad, como en autonomía política y programática. Esto refleja la degradación de la relación de fuerzas. Es también el resultado de la pérdida de cohesión del mundo del trabajo, luego de ese retroceso de gran alcance. Existe también una responsabilidad política: el apoyo activo de la socialdemocracia a la política neoliberal en general y su subordinación acrecentada a las instituciones estatales nacionales e internacionales. El restablecimiento del movimiento sindical es una tarea fundamental.

(2) No se trata solamente de constituir y de federar a las “izquierdas sindicales”. Lo que está planteado es una verdadera “re-sindicalización” de masas, que tiene tres aspectos­:

• Una creatividad sostenida en la elaboración de las reivindicaciones sociales que tengan que ver con la reestructuración del trabajo explotado en general, y que también emanen de los cambios importantes en la vida y en la conciencia sociales. Estos cambios son un poderoso factor de la politización;

• La nueva configuración del proletariado en la que —con variaciones según los continentes— las mujeres, los inmigrados y sobre todo los jóvenes ocuparán la primera línea de los combates de clase, aun sin tener un rol destacado en la dirección de la mayoría abrumadora de los sindicatos. Ocurre lo mismo con la masa creciente de los trabajadores/as al margen del núcleo relativamente estable del proletariado, que son excluidos o precarios, y viven en la miseria.

• Las nuevas formas de acción, de movilización y de organización que el nuevo ascenso social creará, como ha sido siempre en la historia del movimiento obrero. La dimensión internacionalista será desde el inicio un factor de esta reconstitución sindical­.

 

(3) Esta re-sindicalización y reorganización, serán forzosamente muy desiguales según los continentes y los países. Encontrará puntos de partida muy variados.

En las grandes confederaciones establecidas hace mucho tiempo en los países con tasas de sindicalización muy elevadas, con una gran tradición sindicalista, la re-movilización pasará ciertamente a través de esas organizaciones. La re-sindicalización encontrará ahí puntos de apoyo. De cualquier manera, la dialéctica entre la base obrera, los delegados de empresas y las diferentes capas de la burocracia sindical tomará de seguro vías complejas.

En los países donde el movimiento sindical masivo nació un siglo más tarde (COSATU en Sudáfrica, CUT en Brasil, etc.), éste será más permeable a los sentimientos de las bases. En uno y otro caso, las corrientes sindicales de izquierda serán ciertamente uno de los puntos de apoyo para el relanzamiento del sindicalismo. Por lo demás, en toda una serie de países, las carencias de las grandes confederaciones han dejado espacios en que se han desarrollado nuevos sindicatos, en general muy minoritarios en la clase obrera en su conjunto, pero con posiciones fuertes, incluso dominantes en algunas ramas, empresas, regiones o ciudades­.

El porvenir decidirá qué camino tomará la re-sindicalización de masas. Esta “re-sindicalización” es tanto más compleja en la medida en que el mundo del trabajo ha conocido un cambio enorme en sus estructuras, sus hábitos, su conciencia, etc. Esto vale en particular para los jóvenes que van llegando al mercado de trabajo en condiciones precarias, que no se identifican con el “movimiento obrero histórico” y no están listos para unírsele.

(4) En la medida en que los marxistas revolucionarios juegan un papel práctico y visible, tienen una gran responsabilidad en su organización en cuanto a la realización de los objetivos del movimiento social. La unidad deviene una cuestión tanto más imperiosa en la medida en que el relanza­miento de los movimientos sociales sigue siendo defensivo y frágil, el debilitamiento del movimiento obrero tradicional (sindical y político) continúa y que las fuerzas radicales alternativas son todavía dispersas y muy minoritarias.

En la etapa actual, esta unidad asume dos formas distintas según el objetivo:

• La batalla por el frente único clásico, a saber la unidad máxima de fuerzas organizadas del proletariado en vistas a la acción práctica en busca de objetivos determinados. Conscientes del abandono por las organizaciones­ bajo la dirección socialdemó­crata de la defensa de las reivindicaciones elementales, no renunciamos empero a involucrarlos en la acción de masas. Pero nuestro posicionamiento político y táctico en adelante tendrá debida cuenta de la profunda insatisfacción de las masas populares y, singularmente, de la juventud con esas organizaciones.

• La unidad de acción y de convergencia en el seno y entre movimientos sociales, corrientes sindicales, campañas prolongadas, medios intelectuales, etc., que luchan contra el neoliberalismo. Este tipo de unidad combina frecuentemente una actividad de tipo “frente único” con una intensa actividad política proto-partidaria. Esto constituye un espacio fértil de recomposiciones sociales y dinámicas políticas. Nuestra orientación es la de promover la organización y, simultáneamente, el debate político. De esta forma, tenemos debida cuenta de las características propias del medio, sus sensibilidades, sus métodos de trabajo, su “sentido común”, etc.

 

5. La nueva radicalización de la juventud

Una nueva generación militante ha surgido en la lucha contra la globalización del capitalismo neoliberal. Un nuevo radicalismo ha nacido que seguirá sus propios cauces. Es una generación que es, desde el principio, internacional, internacionalista en el sentido más amplio del término, más radical y más interesada en organizarse. Tiene sus propios símbolos y métodos de acción (deso­bediencia civil) y organización, que rompe con la cultura política dominante en los movimientos­.

Estudiantes y jóvenes escolares son los componentes más grandes de este movimiento. Comparten iguales condiciones sociales (en particular la precarización del empleo) con los trabajadores jóvenes que están entrando a la vida profesional. Ganar esta nueva generación al socialismo, a la revolución, es una tarea fundamental.

Para ello, debemos dirigirnos específica­mente a esta joven generación con el objetivo­ de fortalecer su proceso de radicalización en un sentido anticapitalista y antimperialista. Esta intervención autónoma de lo camaradas jóvenes, estrechamente vinculada al proyecto político de la sección, es indispensable para la renovación de nuestras fuerzas revolucionarias, única garantía de nuestra capacidad para responder a la evolución del movimiento obrero y social, y a las aspiraciones de los explotados y los oprimidos.

 

6. Construir amplios Partidos anticapitalistas del proletariado

(1) Nuestro objetivo es construir partidos proletarios que:

• sean anticapitalistas, internacionalistas, ecologistas y feministas;

• sean amplios, pluralistas y represen­tativos­;

• que estén profundamente vinculados a la cuestión social y defiendan consisten­temente las reivindicaciones inmediatas y las aspiraciones del mundo del trabajo;

• expresen la combatividad de los trabajadores/as, la voluntad de emancipación de las mujeres, la revuelta de la juventud, la solidaridad internacional, y asuman la lucha contra todas las injusticias­;

• fundamenten su estrategia en el combate extraparlamentario y la autooactividad y autoorganización del proletariado; y

• asuman una clara posición a favor de la expropiación del capital y por el socialismo (democrático y autogestivo).

Para el caso de América Latina, nuestro objetivo es construir partidos y/o reagrupamientos anticapitalistas amplios, pluralistas y con una real implantación en el proletariado y los movimientos sociales que articulan la resistencia antineoliberal en el cuadro de la lucha contra la mundialización capitalista. Como corriente marxista revolucionaria, estamos por la construcción del “núcleo duro” de la izquierda. Esta perspectiva no se puede construir suplantando el pensamiento estratégico, la acción radical, y las iniciativas audaces, por una actitud sectaria de “autoafirmación” y conservadora de “nuestra identidad”.

(2) La lucha por tales partidos pasará por etapas, tácticas y formas organizativas que serán específicas en cada país. Semejante recomposición anticapitalista persigue de entrada un objetivo clave: promover una efectiva y visible polarización entre ella y todas las fuerzas adictas al neoliberalismo social (socialdemocracia, post-estalinismo, ecologistas, populistas) a fin de acelerar su crisis y darle una salida positiva. Esto requiere:

• La presencia de fuerzas políticas significativas, en que las corrientes marxistas revolucionarias colaboren con corrientes o representantes importantes o emblemáticos provenientes del reformismo de izquierda (socialistas, comunistas, ecologistas, etc.).

• Una relación respetuosa pero estrecha con el movimiento social, cuya recomposición alterne las demandas y la acción.

• Una representatividad reconocida en la sociedad que rompa el monopolio de los partidos adeptos al social-neoliberalismo, gracias a una presencia en las asambleas elegidas mediante el sufragio universal, a nivel local, regional e internacional (Europa).

• Un funcionamiento pluralista que, más allá de la simple democracia interna, favorezca al mismo tiempo la convergencia y el debate y que posibilite el funcionamiento de una corriente marxista como parte de un todo más amplio.

 

(3) La experiencia de los últimos diez años muestra que la izquierda revolucionaria no sectaria puede jugar un papel clave para mantener el rumbo impulsando una orientación a la vez radical y unitaria, que combine la acción extraparlamentaria con la representatividad electoral.

Para ello, deberá atravesar un camino complejo que comprende etapas y rodeos que le permitan acumular fuerzas, clarificar paso a paso las posturas, reactivar los medios militantes y construir pacientemente los vínculos con el movimiento social.

Cuatro elementos importantes del último decenio deben incorporarse en la táctica en el inicio de una nueva fase política:

• Ninguna corriente de izquierda amplia en los partidos establecidos se ha organizado y pronunciado por una recomposición anticapitalista.

• Las tendencias de izquierda socialdemócrata son timoratas, poco confiables y poco coherentes.

• Los (grandes) partidos comunistas “sobrevivientes” se acercan a su fin. Sus posiciones contra el neoliberalismo y el imperialismo no han desembocado en un proyecto político anticapitalista y un modo de funcionamiento democrático-pluralista (con la excepción de Rifondazione) y no ha surgido ninguna tendencia de izquierda no estalinista vertebrada nacionalmente.

• Los (grandes) partidos verdes no han logrado encarnar una verdadera alternativa política y social. Algunos (como los Grenen alemanes) pasan francamente al lado del estado burgués. La oposición interna en esos partidos no desemboca en la organización de una verdadera oposición de izquierda social-ecologista.

(4) Eso no significa que en esos partidos y en el movimiento social no exista interés y disponibilidad por una recomposición anticapitalista. Esta toma formas diversas. Nuestra conclusión no debe ser darle la espalda a esos partidos y sus militantes. Al contrario, una amplia recomposición en esta dirección, mediante una política sistemática de colaboración y de convergencia es indispensable para crear un polo de atracción muy amplio capaz de abatir al neoliberalismo. La conclusión fundamental que se desprende de nuestra experiencia es que la recomposición dependerá, mucho más que en el pasado, del desarrollo de un fuerte y autónomo polo de atracción y de una correlación de fuerzas externa capaz de atraer y organizar esas simpatías. En esta etapa, solamente la izquierda revolucionaria está en posibilidad de tomar la iniciativa de la recomposición anticapitalista y mantener el rumbo hacia un proyecto radical y pluralista, socialmente enraizado, con carácter de masas. Pero esto implica una ruptura profunda, razonada y práctica con el sectarismo. Implica también que los acercamientos en el seno de la izquierda revolucionaria no pueden contemplarse más que en el marco y a través de la experiencia común de esta recomposición anticapitalista.

(5) No obstante, esos procesos ponen firmemente a la orden del día el tema del reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias, ya que la izquierda revolucionaria no puede ser un catalizador de reagrupamientos amplios si no se aplica a la resolución de sus propias divisiones.

(6) A la vez que la Cuarta Internacional contribuye a una basta organización del movimiento obrero, social y popular a nivel internacional, con la perspectiva de crear una nueva fuerza pluralista, internacionalista, revolucionaria, militante, con un impacto sobre las masas, también debemos reforzar nuestra propia organización. No con objeto de hacer la competencia y vencer a las otras corrientes revolucionarias internacionales, sino para contribuir tanto como sea posible a la construcción de esa nueva fuerza y a la vez clarificar las principales lecciones teóricas y sacar las experiencias de las revoluciones del siglo XX.

 

7. Refundar el programa de transición

(1) El nuevo periodo histórico del capitalismo y de combate socialista-revolucionario exigirá una verdadera refundación pro­gramática a la medida de los sacudimientos estructurales sociales y culturales del capitalismo y al interior de las clases explotadas y capas oprimidas. Ese programa ha de incorporar el balance crítico de 150 años de movimiento obrero y de la experiencia de las primeras revoluciones socialistas victoriosas y su degeneración. Tomará debida cuenta de la conciencia actual de las masas populares y se vinculará a sus reivindicaciones y sus modos de acción y de organización. A esto contribuiremos al máximo, sabiendo que semejante programa transitorio para el siglo veintiuno no será privativo de un grupo o corriente particular. No se trata de un rápido ejercicio libresco. Al igual que los programas de transición que se sucedieron a partir de Marx, hará falta una vasta discusión libre, una elaboración colectiva, una colaboración “mundializada”, un debate crítico y autocrítico y una apertura a las experiencias sociales en curso así como las futuras. Se trata de un verdadero desafío en la medida en que la lucha política entre corrientes y organizaciones no cesa y que toda organización activista tiene necesidad, ante las apremiantes exigencias del trabajo de militancia, de ofrecer sus respuestas inmediatas­.

(2) En el debate programático estratégico que envuelve al conjunto de los problemas de la lucha por el socialismo, alimentaremos la discusión sobre:

(I) La necesidad de formular un programa universal sobre las necesidades sociales y los derechos humanos a partir de la crisis ecológica mundial, de la regresión social generalizada, de la extrema pobreza de la mayoría de la humanidad y de las desigualdades sociales en el mundo del trabajo.

(II) La existencia de la propiedad privada de las riquezas y de los medios de producción y de intercambio, que constituye la base de una clase dominante y poseedora, como obstáculo a la realización de ese programa social. La expropiación de esa clase a favor de la colectividad humana es, por tanto, una necesidad insoslayable.

(III) Ante los discursos superficiales y moralistas sobre “pobres contra ricos” y los “excluidos”, ponemos en el centro de nuestro análisis la explotación de hombres y mujeres como trabajadores industriales y de cuello blanco, administradores asalariados, desempleados, marginados y excluidos, es decir, la clase asalariada obligada a vender su fuerza de trabajo a un patrono.

(IV) El rol decisivo para una estrategia anticapitalista y socialista de la clase asalariada global, de la cual debemos desarrollar un análisis renovado y concreto que contribuya a su unidad ante la explotación y opresión capitalista. Ese análisis debe incluir la multiplicidad de sus situaciones concretas, sus métodos de lucha, sus reivindicaciones inmediatas, sus formas de organización.

( v ) El rol decisivo del derecho a la autoorganización de las mujeres y los homosexuales y lesbianas.

( vi ) La exigencia de democracia, de transparencia y de control como principio y práctica, entendidos como intervención activa de la sociedad y en particular de su parte explotada y oprimida, como elemento crítico de la experiencia estalinista y como cuestionamiento radical de la democracia burguesa.

( vii ) Una concepción de partido que tenga en cuenta la experiencia histórica y las nuevas condiciones sociales y culturales de las sociedades y de las clases explotadas; y

( viii ) La necesidad de la lucha por el poder, quien asumirá tal lucha y cuales son sus características fundamentales.

 

(3) En América Latina en particular ese ‘programa transicional', pasa por cuestiones como:

• el carácter que asume la recolonización económica y la cuestión de la soberanía nacional (antiimperialismo concreto);

• la reformulación de los procesos de integración regional como alternativa al ALCA (propuestas de un real desarrollo­);

• el no pago de la deuda;

• la lucha contra las privatizaciones;

• la cuestión de la democracia política, de re-apropiación de los derechos confiscados, tanto como el carácter, alcance y límites de una orientación de democracia participativa a nivel local o municipal (la izquierda latinoamericana gobierna ciudades capitales tanto como pequeños pueblos en Brasil, Uruguay, México, El Salvador, Ecuador, Perú, Colombia);

• la relación entre luchas urbanas y rurales­;

• la relación entre la resistencia social y la organización política;

• las nuevas formas que adquieren los sujetos que se reproducen al calor de la fragmentación de la clase obrera (piqueteros, asambleas populares, ocupantes de tierras y cooperativas de viviendas, experiencias de autodefensa, barrios que pelean por los servicios públicos, espacios juveniles, mujeres que organizan la autosubsistencia, las distintas experiencias de economía de trueque);

• las políticas de alianzas sociales y políticas.

 

8. Hacia una nueva internacional revolucionaria de masas

(1) La construcción de las internacionales que han existido históricamente ha estado vinculada a desarrollos sociales y políticos de gran alcance. El nuevo ciclo de reorganización política plantea desde el principio el problema de una nueva internacional revolucionaria anti-capitalista y anti-imperialista de masas. Un nuevo internacionalismo ha surgido con gran fuerza a partir de “Seattle”. Diversos impulsos lo habían preparado, desde el viraje de los años 1989-91: el surgimiento del neo-zapatismo, el Llamado de la Bastilla que inaugura la larga campaña por la anulación de la deuda del Tercer Mundo, las Euromarchas, la serie de contra-cumbres en oposición a las instituciones de la globalización capitalista, FMI/BM, la larga serie de reuniones en las que la “sociedad civil” (frecuentemente ONGs) enfrentan a las cumbre oficiales (sobre la Tierra en Río, la Mujeres en Pekín, la Cumbre Social de Copenhague). Luego de dos reuniones del Foro Social Mundial en Porto Alegre y una proyectada tercera reunión, junto a foros regionales, se ha iniciado un proceso de consolidación organizativa y programática. A la misma vez ha surgido un proceso de clarificación y diferenciación bajo el impacto de los más importantes eventos políticos mundiales­.

(2) A diferencia del periodo “internacionalista” de los años 60 y 70, no se trata prioritariamente de una solidaridad y de un apoyo político a un proceso social o democrático-revolucionario. Su fuerza proviene de un movimiento de resistencia, necesariamente internacional, contra una nueva etapa de la internacionalización del capitalismo, su política y sus instituciones. Aparece en esta etapa como un movimiento social “nuevo” dotado de gran legitimidad, impulsado por fuerzas sociales-políticas que escapan al control de las burocracias tradicionales del movimiento obrero y popular. Se sitúa igualmente al margen de las organizaciones revolucionarias internacionales y, en general, rechaza la integración de los partidos políticos. Al mismo tiempo, este movimiento es profundamente político. Ha generado una espectacular polarización frente a las clases dominantes, reabriendo una perspectiva anticapitalista y una esperanza­ de emancipación, creando un espacio público a la vez centralizado y descentralizado en el que se combinan reflexión analítica, confrontación política y compromiso militante, un terreno en el que las corrientes políticas organizadas existen de hecho. En esta etapa, estas significativas y diversas fuerzas no pueden constituirse en una nueva organización política internacional, pero pueden fortalecerse políticamente a través de un proceso de experiencia y clarificación y a través de la intervención en estos debates de fuerzas revolucionarias, en particular la CI.

(3) En segundo lugar, en el plano partidario, ya no existe ningún país-guía (ni siquiera Cuba para América Latina) susceptible de favorecer una dinámica centrípeta unitaria. Los reagrupamientos pluralistas de izquierda, anticapitalistas y anti-imperialistas, todavía son débiles e informales, pues, en ausencia de un poderoso ascenso social, se les hace difícil escapar de la inercia histórica y a su “cultura política” totalmente ineficaz para abordar la nueva etapa de la lucha de clases (la izquierda socialdemócrata es débil, las corrientes salidas de los PCs están en un impasse programático y tienden hacia comportamientos estalinistas y la mayoría de las organizaciones revolucionarias padecen un sectarismo congénito). Los progresos iniciales se ubican ante todo al nivel de una región / continente: en América Latina, el Foro de Sao Paulo cuya dinámica inicial se esfumó, la importancia mantenida por el PT brasileño; en Europa, las modestas Conferencias de la Izquierda Anticapitalista y algunos encuentros en Asia. Ante la UE, la perspectiva de un partido “anti-capitalista” europeo está sobre el tapete.

Solamente el enfrentamiento directo entre la clase dominante y el proletariado, sólo la lucha de las masas en defensa de sus condiciones de trabajo y de vida, podrán trastornar la relación de fuerzas, lograr un enraizamiento social y proveer militantes para construir, a nivel nacional, una nueva fuerza política anti-capitalista, internacionalista, feminista en la perspectiva de construir una nueva Internacional.

El movimiento anti-globalización ha creado una esperanza, un referente y un punto de apoyo importantes, pero, como existe actualmente, no constituye la fuerza motriz para una nueva Internacional. Las discusiones políticas y estratégicas que reflejan las diferencias políticas existentes se harán cada vez más presentes en el seno de este movimiento y harán al siguiente periodo mucho más complejo.

(4) En tercer lugar, existe una evolución importante en el seno y entre algunas corrientes provenientes o que se reclaman del “trotskismo”. Todas las organizaciones, incluida la CI, han debido realizar un importante esfuerzo para estar a la altura de la nueva situación mundial, en los terrenos del análisis, de la orientación y de la actividad. La capacidad de respuesta, a tiempo y en buenas condiciones, ha tenido un impacto sobre la continuidad de todas las corrientes. Existe hoy una gran diversidad de grupos salidos o que se reclaman del “trotskismo”, algunos han mantenido una organización internacional relativamente coherente, otros han estallado en grupos nacionales o federados. Esto vale todavía más para las organizaciones ex “maoístas”. La unificación de los “trotskistas” o de ex-“maoístas”, en nombre de un programa o de una política vuelta hacia una época superada del movimiento obrero revolucionario y apoyada en la defensa del record de una organización no puede de ninguna manera servir para el reagrupamiento, ni una fusión. Un acercamiento entre agrupaciones que se reclaman del marxismo y de la revolución socialista, no puede tener sentido más que respecto a las batallas, el movimiento real y las tareas actuales y futuras.

Constatamos que en la actualidad co-existen tres desarrollos políticos y organizativos de tipo internacionalista: el “movimiento real” contra la globalización y sus corrientes socio-políticas; la convergencia de corrientes anti-capitalistas y políticas pluralistas; las corrientes de la izquierda revolucionaria. Esta situación podría prolongarse durante todo un periodo. Sin embargo, allí donde los acercamientos sean posibles, tomaremos iniciativas unitarias para avanzar hacia reagrupamientos serios.

 

9. La CI, ayer, hoy y mañana

(1) La CI nació en resistencia a las más grandes derrotas del proletariado y del movimiento obrero internacional: el fascismo, el estalinismo y la guerra mundial. Nuestras secciones eran pequeñas minorías en el movimiento obrero internacional y fueron reprimidas por todas las fuerzas contrarrevolucionarias (socialdemócratas, estalinistas, los estados burgueses fascistas o democráticos). No lograron transformarse en verdaderos partidos (revolucionarios). A pesar de su compromiso destacado en todos los grandes combates revolucionarios y cotidianos, fueron reducidas demasiadas veces a comentar los acontecimientos y a defender las conquistas del marxismo revolucionario ante las falsificaciones burocráticas. En los años 70, los ascensos revolucionarios en el mundo hicieron pensar que la hora había llegado para el avance hacia una Internacional de masas. La CI participaba, entonces, en una disputa con los otros reagrupamientos internacionales trotskistas (lambertistas, morenistas, la corriente “Militant”, la corriente “capitalismo de Estado” / SWP) sobre cual era la corriente “trotskista” legítima (sucedió lo mismo en el seno de la CI con el SWP norteamericano frente a la mayoría de la internacional). Incluso si la CI nunca cayó en los delirios sectarios de otros reagrupamientos, se consideraba no obstante la vanguardia política legítima, el núcleo alrededor del cual se realizaría la recomposición de una Internacional revolucionaria.

(2) El cambio de periodo, patente en los años 80, la crisis de la CI y la caída del Muro provocaron una oscilación pendular que acarreó el riesgo de poner en entredicho la existencia de la CI. Nuestra resistencia a la enorme ofensiva reaccionaria de los años 80 y 90 no nos condujo al tipo de sectarismo que se refugia en la propaganda socialista como una especie de talismán, una actitud parasitaria respecto del movimiento de masas y la autoafirmación identitaria. Las organizaciones que lo hicieron, no evitaron graves crisis internas. La CI pagó también el precio organizativo del retroceso general del movimiento obrero internacional, pero logró atravesar el periodo reaccionario conservando su unidad orgánica y su cohesión política, por medio de:

• El desarrollo de un marxismo crítico y actual.

• Un debate sin tabús sobre el “balance del siglo”.

• Un régimen interno favorable a la continuidad de la discusión y una confrontación de análisis alrededor de los grandes acontecimientos constitutivos de la nueva situación mundial.

• Un enraizamiento y compromiso de fondo en el movimiento obrero y social (nacional e internacionalmente).

• Un trabajo unitario sistemático en los movimientos.

• Un comportamiento unitario y radical, particularmente en la lucha por una recomposición anticapitalista pluralista.

 

(3) Actualmente, la situación de la CI como organización puede definirse como sigue:

• Una organización internacional de revolucionarias y revolucionarios, basada en el método del Programa de Transición y en la estrategia y las tácticas que se derivan del mismo.

• Un conjunto sin paralelo de referencias programáticas, de experiencias políticas, particularmente en cuestiones como la opresión de las mujeres, los homosexuales y las lesbianas, temas históricamente poco desarrollados por otras corrientes revolucionarias, con secciones en muchos países, basadas en las necesidades de la clase obrera de cada región.

• Una organización que respeta la autonomía de los movimientos de masa y practica el pluralismo de tendencias en su interior.

• Así pues, una herramienta viva, pero muy inestable dada la debilidad de sus partes y la dificultad de recomponer una coordinación y una estructura de dirección que pudiera corresponder a su realidad militante. Haber conservado esta estructura y ser sin duda alguna el único reagrupamiento internacional existente de este tipo es un recurso precioso para el nuevo periodo político en el que surgen nuevas generaciones de militantes.

 

(4) Nuestra tarea principal como CI consiste en contribuir a una vasta reorganización, a nivel mundial, del movimiento obrero, social y popular, en la perspectiva de la constitución de una nueva fuerza internacionalista, pluralista, revolucionaria, militante y con impacto de masas. Esta perspectiva pasará inevitablemente por un largo proceso de experiencias y de clarificaciones políticas. De ninguna manera implica esto el debilitamiento o la disolución de nuestra organización. Al contrario, queremos fortalecernos, no para competir y derrotar las otras corrientes revolucionarias-internacionales, sino con el objetivo de contribuir al máximo a aquel objetivo, construir una nueva fuerza a la vez que derivamos las lecciones teóricas fundamentales a extraerse de la experiencia del siglo XX.

(5) En todo este periodo intermedio, aportamos una respuesta en tres niveles:

• Primero, tanto en el movimiento contra la globalización como en el movimiento sindical y en los otros movimientos sociales, luchamos por el “frente único” en las luchas y movilizaciones, y por crear o solidificar los movimientos, al mismo tiempo que participamos en el debate programático y político. Favorecemos la creación de movimientos internacio­nalistas anticapitalistas de masas alrededor de sus objetivos respectivos­.

• Segundo, en el plano partidario, según la situación concreta regional / continental, impulsamos el trabajo en común de las fuerzas políticas anticapitalistas, el cual podría asumir formas diversas.

• Tercero, en el terreno de la izquierda revolucionaria, entablamos un diálogo más sistemático y más general mediante encuentros bilaterales, participaciones en reuniones internas y públicas de otras corrientes con las que compartimos la apreciación tanto de la situación mundial actual, como de las grandes orientaciones y tareas.

 

(6) Hacemos una doble constatación. Primero, existe una brecha importante entre nuestra influencia en el seno de los movimientos y el fortalecimiento político y organizativo de nuestras organizaciones. La influencia ideológica difusa o personal se refleja poco o nada en el fortalecimiento del partido. La calidad de nuestros análisis, el compromiso de los militantes y la difusión de la perspectiva socialista son claramente insuficientes. En segundo lugar, el proceso de repolitización en curso no conduce espontáneamente a que la gente se una a partidos políticos (ya sea un partido revolucionario o en otro), siendo el obstáculo particularmente grande entre la juventud.

La conclusión de esto es que la organización marxista revolucionaria debe ser capaz de demostrar que tiene una función política propia que llenar en la actividad cotidiana, en el trabajo de masas y en los movimientos. Esto exige, en particular, una propaganda más regular y sostenida de nuestras ideas, una agitación más consistente, una voluntad de debate político y estratégico, y el apoyo de un sistema de organización fortalecido. En pocas palabras, una autonomía política que nos diferencie y nos identifique claramente en la sociedad, en el movimiento y respecto a las otras corrientes ideológicas o políticas en el movimiento social.

(7) Esta autonomía no apunta a inaugurar un curso sectario de denuncias, de polémicas o de operaciones “entristas” dirigidas a logros a corto plazo. Parte de la tradicional comprensión, característica de nuestra corriente marxista revolucionaria, de la relación entre el movimiento de masas y el partido: ( i ) el respeto por la autonomía y la democracia interna de los movimientos, lo que significa igualmente una comprensión de sus sensibilidades y mecanismos de funcionamiento específicos, y ( ii ) el rechazo del concepto de una vanguardia esclarecida y arrogante, que actúa parasitariamente o somete al movimiento.

Entre ser un simple acompañante del movimiento, por un lado, y la autoafirmación sectaria-ideológica, parasitaria del movimiento, por otro, existe otro camino que nos diferencia de las corrientes radicales sectarias que se enganchan de los jóvenes que buscan opciones revolucionarias fuertes y de compromiso militante. Nuestra respuesta no puede ser la misma.

(8) Pero nuestro mayor problema no es el sectarismo, sino más bien en un comportamiento político y organizativo que subvalora o diluye la organización marxista revolucionaria. Debemos corregir esto en tres planos combinados:

• Una orientación, perfil y comportamiento político independiente de los movimientos­.

• Una intervención más visible y más coherente­.

• Una coordinación interna más fuerte.

 

(9) Necesitamos un fortalecimiento de una estructura de dirección internacional que apunte a cubrir las tareas descritas arriba­.

La reforma de los Estatutos, que se apoya en nuestra experiencia de los últimos años, provee una base coherente, que favorecerá a la vez el debate continuo, abierto y crítico en la instancia central, el Comité Internacional, y el papel del Buró Ejecutivo, como centro activo de coordinación del trabajo.

El CI (antiguo CEI) deberá continuar jugando su papel de centro de gravedad de un debate continuo y contradictorio (entre posiciones contrapuestas). Este debate es mucho más libre en tanto que los estatutos reconocen una autonomía a las secciones que no impone ninguna obligación de asumir las decisiones adoptadas por la mayoría del CI. Y es más abierto producto de la presencia, en el CI, de organizaciones externas que participen en nuestras discusiones sin compromiso organizativo alguno con nosotros. El BE tendrá la tarea clave (además de la dirección cotidiana en los niveles de la administración, de las finanzas, de la prensa, de los contactos internos y externos) de construir vínculos más fuertes con y entre las organizaciones nacionales, y con los cuadros de las organizaciones. Esto valdrá en el plano de la elaboración, de la iniciativa, de la coordinación y de las tomas de posición públicas. El desarrollo de la prensa de la Internacional (revistas, boletines electrónicos, pagina web) es una prioridad.

Esto implica, para el BE, aprovechar la situación más saludable de varias secciones nacionales para fortalecer el Buró con camaradas integrados en direcciones de organizaciones nacionales (en particular europeas, gracias a la proximidad geográfica­).

Más aún, el BE tendrá que construir o fortalecer el papel de las estructuras de trabajo, algunas a escala europea, otras más claramente internacionales (trabajo de empresas, redes-mundialización, mujeres, jóvenes, trabajo de base).

De acuerdo al desarrollo de la dimensión regional / continental del capitalismo mundializado, habrá que contemplar estructuras de trabajo según las condiciones concretas (Europa, América Latina, Asia). Dado el desarrollo de la UE como estructura para-estatal, una tarea específicamente europea consiste en erigir una real dirección europea lista para responder a las múltiples necesidades impuestas por el marco de la UE, desarrollando el peso y el ritmo de las actuales instancia (BPs europeos, Secretariado europeo).

Todas esas estructuras deben jugar a la vez un papel de coordinación, de iniciativa y también de elaboración política colectiva sobre las múltiples cuestiones del mundo actual. Deben permitir igualmente desarrollar y construir organizaciones nacionales y fortalecer los vínculos entre sus direcciones­.

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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