No. 44
(septiembredel 2002)

csapn@laneta.apc.org
CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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EEUU: No negaremos los dictados de nuestra conciencia

Declaración de intelectuales, artistas y profesionales estadounidenses frente a la “guerra contra el terrorismo”

“Nos negamos a permitir que usted, Sr. Bush, hable en nombre de todo el pueblo estadounidense. No renunciaremos a nuestro derecho a preguntar. No entregaremos nuestras conciencias a cambio de vacías promesas de seguridad. Nosotros decimos: en nuestro nombre, ¡no!. Rechazamos formar parte de esas guerras, y repudiamos cualquier conclusión que sostenga que son guerras que se libran en nuestro nombre o en defensa de nuestro bienestar. Tendemos una mano a todos aquellos que a lo largo y ancho del mundo son víctimas de esta política; les demostraremos nuestra solidaridad, con palabras y hechos”.

Que no se diga que la gente de Estados Unidos no hizo nada cuando su gobierno declaró una guerra sin límites e institucionalizó una serie de severas medidas represivas. Los firmantes de esta petición hacemos un llamamiento al pueblo de EEUU a resistir frente a estas medidas y a la línea de actuación política general surgida después del pasado 11 de septiembre, porque constituyen un serio peligro para los pueblos y habitantes de todo el mundo.

Creemos que los pueblos y las naciones tienen derecho a decidir su propio destino, libres de la coacción militar de las grandes potencias. Creemos que todos los individuos detenidos o sometidos a un proceso legal por parte del gobierno de EEUU deberían gozar de los derechos inherentes a un proceso justo. Creemos que hay que valorar y proteger la capacidad de criticar, disentir, y formular preguntas. Entendemos que estos derechos y valores son atacados siempre, y que debemos luchar por ellos.

Creemos que la gente concienciada debe asumir la responsabilidad de las acciones de sus gobiernos; antes de nada, debemos oponernos a las injusticias que se cometen en nuestro nombre. Por lo tanto, hacemos un llamamiento a todos los estadounidenses para que resistan frente a la guerra y la represión que en todo el mundo ha desatado la Administración Bush. Es injusto, inmoral, e ilegítimo. Hemos elegido hacer causa común con la gente de este mundo.

Nosotros también asistimos conmocionados a los terribles acontecimientos del 11 de septiembre. Nosotros también lloramos por los miles de inocentes que murieron, y no podíamos dejar de lamentarnos antes las terroríficas escenas de la carnicería, aún cuando estuviéramos recordando escenas similares que habían tenido como escenario Bagdad, la ciudad de Panamá y, hace una generación, Vietnam. Nosotros también nos unimos al angustiado cuestionamiento de millones de estadounidenses que no dejaban de preguntarse cómo algo así podía haber ocurrido.

Sin embargo, cuando apenas habíamos iniciado nuestro luto, los líderes del país desataron el espíritu de la venganza. Sacaron a la luz un guión simplista del “bien contra el mal” que los medios de comunicación, intimidados y flexibles, absorbieron. Nos dijeron que preguntar por qué acontecimientos tan terribles habían tenido lugar rayaba con la traición. No habría ningún debate. Por definición, ninguna pregunta política o moral tendría validez. La única respuesta posible era: guerra en el exterior, y represión en el interior.

En nuestro nombre, la Administración Bush, con la aprobación casi uniforme del Congreso, no solamente ha atacado Afganistán, sino que además se ha arrogado, para sí y sus aliados, el derecho de exhibir su poderío militar en cualquier parte y en cualquier momento. Las brutales repercusiones se han dejado sentir, desde Filipinas hasta Palestina. El gobierno se prepara ahora, abiertamente, para desatar una guerra total contra Iraq, un país sin conexión alguna con el horror del 11 de septiembre. ¿En qué clase de mundo vivimos si el gobierno de EEUU tiene carta blanca para enviar comandos, asesinos, y bombas donde le apetezca?

En nuestro nombre, el gobierno ha creado dos categorías de personas dentro de EEUU: aquellos que al menos tienen la promesa de poder disfrutar de los derechos básicos que les otorga el sistema judicial de EEUU, y aquellos otros que parecen no tener ningún derecho. El gobierno ha cercado a más de 1.000 inmigrantes y los mantiene detenidos en secreto y con carácter indefinido. Cientos de personas han sido deportadas y otros cientos languidecen a fecha de hoy en prisión. Por primera vez en las últimas décadas, los procedimientos de inmigración han distinguido a ciertas nacionalidades sobre otras con un trato desigual.

En nuestro nombre, el gobierno ha extendido un manto de represión sobre la sociedad. El portavoz del gobierno avisa a la gente de que “sean cuidadosos con lo que dicen”. Artistas, intelectuales y profesores disidentes ven cómo sus puntos de vista son distorsionados, atacados, y suprimidos. La denominada Patriot Act [Ley Patriótica], junto con otra serie de medidas adoptadas a escala estatal, concede a la policía poderes contundentes a la hora de realizar registros y detenciones, únicamente supervisadas (y no siempre es el caso) por una serie de procedimientos secretos antes tribunales también secretos.

En nuestro nombre, el Ejecutivo ha usurpado progresivamente el papel y las funciones que corresponden a otras ramas del gobierno. Con cada orden firmada por el poder ejecutivo, se establecen tribunales militares en los que la presentación de pruebas sigue procedimientos laxos y no existe el derecho a recurrir ante un tribunal ordinario. De un plumazo, el presidente decide qué grupos son declarados “terroristas”. Cuando los máximos responsables de la Administración hablan de una guerra que se prolongará durante una generación y de un nuevo orden interno, debemos hacerles caso. Nos enfrentamos a una nueva política abiertamente imperial hacia el mundo, y a una política interna que manufactura y manipula el miedo para restringir los derechos.

La trayectoria mortal que viene marcándose con los acontecimientos de los últimos meses debe ser interpretada como lo que es, y debemos resistirla. En demasiadas ocasiones a lo largo de la historia, la gente ha esperado, hasta que ya era demasiado tarde para resistir. El presidente Bush ha dicho: “O están con nosotros, o contra nosotros”. He aquí nuestra respuesta: nos negamos a permitir que usted hable en nombre de todo el pueblo estadounidense. No renunciaremos a nuestro derecho a preguntar. No entregaremos nuestras conciencias a cambio de vacías promesas de seguridad. Nosotros decimos: en nuestro nombre, ¡no! Rechazamos formar parte de esas guerras, y repudiamos cualquier conclusión que sostenga que son guerras que se libran en nuestro nombre o en defensa de nuestro bienestar. Tendemos una mano a todos aquellos que a lo largo y ancho del mundo son víctimas de esta política; les demostraremos nuestra solidaridad, con palabras y hechos.

Nosotros, los firmantes de esta declaración, hacemos un llamamiento a todos los estadounidenses para que se unan a nosotros a la hora de hacer frente a este reto. Aplaudimos y apoyamos el proceso de cuestionamiento y protesta que sigue su marcha, si bien reconocemos que es mucho, muchísimo más, lo que hace falta para detener esta vorágine de destrucción. Nos inspiran los reservistas israelíes que, arriesgando sus propias personas, declaran que “hay un límite” y se niegan a servir bajo la ocupación en Gaza y Cisjordania.

Nos inspiran los numerosos ejemplos de resistencia y conciencia que encontramos en la historia de EEUU: desde aquellos que combatieron la esclavitud con rebeliones y utilizando el ferrocarril de manera clandestina, hasta aquellos que desafiaron la guerra de Vietnam negándose a obedecer órdenes, resistiendo la conscripción obligatoria, y permaneciendo al lado de quienes resistían. No permitamos que ese mundo que nos mira se desespere con nuestro silencio y nuestra incapacidad para actuar. En su lugar, dejemos que el mundo escuche nuestro compromiso: resistiremos frente a la maquinaria de la guerra y la represión, y reuniremos a muchos más para, entre todos, hacer todo lo posible por detenerlas­.

Firmado por:

Michael Albert, Laurie Anderson, Edward Asner, actor, Russell Banks, escritor, Rosalyn Baxandall, historiadora, Jessica Blank, actriz y guionista, Medea Benjamin, Global Exchange

William Blum, escritor, Theresa Bonpane, director ejecutivo, Oficina de las Américas, Blase Bonpane, director, Oficina de las Américas, Fr Bob Bossie, SCJ, Leslie Cagan, Henry Chalfant, escritor y productor de cine, Bell Chevigny, escritor, Paul Chevigny, profesor de Derecho, New York University (NYU), Noam Chomsky, Stephanie Coontz, historiadora, Evergreen State College, Kia Corthron, guionista de obras teatrales, Kevin Danaher, Global Exchange, Ossie Davis, Mos Def, Carol Downer, miembro del consejo de dirección del Feminist Women's Health Centre, Chico (California), Roxanne Dunbar-Ortiz, profesor, California State University (Hayward), Eve Ensler, Leo Estrada, Profesor de Planificación Urbana, UCLA, John Gillis, escritor y profesor de historia, Universidad de Rutger, Jeremy Matthew Glick, editor de Another World Is Possible (Otro Mundo Es Posible), Suheir Hammad, escritor, David Harvey, profesor emérito de antropología, CUNY Graduate Centre (City University of New York), Rakaa Iriscience, cantante hip-hop, Erik Jensen, actor y guionista, Casey Kasem, Robin DG Kelly, Martin Luther King III, presidente de la Conferencia del Liderazgo Cristiano del Sur (Southern Christian Leadership Conference), Barbara Kingsolver, C Clark Kissinger, de Refuse & Resist!, Jodie Kliman, psicóloga, Yuri Kochiyama, activista, Annisette & Thomas Koppel, cantantes y compositores, Tony Kushner

James Lafferty, director ejecutivo del Gremio Nacional de Abogados, Los Ángeles (California), Ray Laforest, Haiti Support Network, Rabbi Michael Lerner, editor de la revista judía y progresista estadounidense Tikkun, Barbara Lubin, Middle East Children´s Alliance, Staughton Lynd, Anuradha Mittal, codirector del Instituto para la Alimentación y el Desarrollo (Institute for Food and Development Policy/Food First), Malaquias Montoya, artista plástico, Robert Nichols, escritor, Rev E Randall Osburn, vicepresidente ejecutivo de la Southern Christian Leadership Conference, Grace Paley, Jeremy Pikser, guionista, Jerry Quickley, poeta, Juan Gumez Quiones, historiador, UCLA, Michael Ratner, presidente del Centro para los Derechos Constitucionales (Centre for Constitutional Rights), David Riker, director de cine, Boots Riley, cantante hip-hop (The Coup), Edward Said, John J Simon, escritor y editor, Starhawk, Michael Steven Smith, Gremio Nacional de Abogados en Nueva York, Bob Stein, editor, Gloria Steinem, Alice Walker, Naomi Wallace, autora teatral, Rev George Webber, presidente emérito del Seminario de Teología de Nueva York, Leonard Weinglass, abogado, John Edgar Wideman, Saul Williams, artista, Howard Zinn, historiador

 

Declaración aparecida en The Guardian , 14 de junio de 2002. Traducción: CSCAweb (www.nodo50.org/csca), 26 de junio del 2002.

 

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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