No. 44  (septiembredel 2002)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Un nuevo rumbo*

Nora Ciapponi y Aldo Andres Romero

Los editores de Nuevo Rumbo provenimos del “Movimiento al Socialismo”, organización en la que permanecimos hasta finales del mes de junio pasado. Muchos de nosotros —algunos con décadas de militancia nacional e internacional— fuimos parte de distintas organizaciones que a lo largo de varias décadas expresaron el desarrollo de la corriente que muchos denominaban Morenismo (por el rol de Nahuel Moreno, su dirigente histórico): “Palabra Obrera” (a principios de los 60), “Partido Revolucionario de los Trabajadores” (desde 1966 hasta comienzos de los 70), “Partido Socialista de los Trabajadores” (de 1972 hasta el fin de la última dictadura militar, y el “Movimiento al Socialismo” (de 1983 en adelante). 1

Los distintos nombres que adoptamos estuvieron siempre relacionados con cambios producidos en la lucha de clases y con los realineamientos y diversas posibilidades de construcción política que de ella se desprendían, así como también con la búsqueda de vías para superar las duras y numerosas ilegalizaciones/persecuciones sufridas durante tan largo periplo. A pesar de la crisis y estallido de la organización luego de 1992, participamos activamente en el MAS, con la convicción que el mismo era la expresión de una inconclusa batalla por rescatar y reinterpretar la tradición de nuestra corriente y la colosal experiencia del “viejo y grande MAS” (incluyendo las lecciones derivadas de la crisis y disgregación sufrida en los años 90), abocándonos a la tarea de impulsar, colectivamente, la renovación teórica-programática que consideramos imprescindible para relanzar la batalla por el socialismo en una nueva fase histórica del movimiento obrero y revolucionario mundial.

Así, dimos pasos fundamentales para una interpretación de los procesos que llevaron a la caída de los regímenes de la ex URSS y del Este, revisando críticamente las definiciones trotskistas de “Estado obrero”, 2 con el objetivo de demostrar que los Estados instaurados por el estalinismo no tuvieron nada que ver con el proyecto socialista de Marx, Lenin, Rosa Luxemburgo y Trotsky. También avanzamos en la comprensión de las transformaciones que implicaba la nueva fase imperialista, con los procesos de mundialización y financiarización del capital, y su relación con las derrotas y transformaciones sufridas por el movimiento obrero a nivel mundial y nacional, cuestiones que no habíamos sido capaces de asimilar teórica y políticamente y que en gran medida precipitaron la ruptura producida en el viejo y grande MAS en 1992. 3

El debate que desarrollamos interna y públicamente en el MAS a lo largo de más tres años, asumió nuevas proporciones en la situación abierta por el Argentinazo del 19 y el 20 de diciembre del año pasado, lo que nos permitió también reformular nuestras propuestas. Partíamos de la caracterización, anticipada ya frente a las elecciones de octubre del 2001, que el nuevo proceso abierto había subvertido y dislocado todos los mecanismos de representación política e institucionales en el país. Interpretamos que el rechazo de todo lo viejo por amplios sectores populares no sólo era una negación, sino también una trabajosa búsqueda y un desbrozar el camino a lo nuevo: nuevos dirigentes surgidos desde abajo y construcción de nuevas formas de expresión política organizada.

Considerábamos que esas nuevas formas se expresarían a partir de la rebelión más profunda que hayamos conocido en nuestro país: la ruptura con el verticalismo, con la obediencia a “los cuerpos orgánicos”, con la representación y delegación, para avanzar con la autodeterminación y autoorganización. Señalábamos que los millares de activistas surgidos no se integrarían multitudinariamente en las organizaciones de la izquierda revolucionaria, dado que percibían que la mayoría de ellas no comprendían ni impulsaban la autodeterminación. Por el contrario, con el consignismo y los extemporáneos llamados a la toma del poder, ellas trasladan a las nuevas organizaciones sociales las viejas practicas de los comportamientos “hegemonistas”, desconociendo el revolucionario proceso que se da en la cabeza y acción de millares de personas, convertidas en sujetos transformadores que no están dispuestos a dejarse manipular.

Reivindicábamos en esta discusión la tradición de nuestra corriente, que siempre había alentado y se había jugado (incluso equivocándose) para impulsar el desarrollo de movimientos políticos masivos y reagrupamientos amplios de la izquierda revolucionaria, aún cuando en ellos constituyéramos una minoría y la mayoría de sus integrantes estuvieran plagados de confusiones. Así lo habíamos hecho dentro del movimiento obrero peronista en la década del 50, en los intentos de confluir en el PRT con otras fuerzas influenciadas por la revolución cubana en los 60 y buscando la convergencia con las corrientes clasistas y socialistas en las décadas de los 70 y 80 cuando construimos el PST y luego el MAS.

Desde esta perspectiva, tuvimos una visión crítica del frente con el Partido Obrero en las elecciones de octubre del 2001, considerando que hubiera sido correcto el apoyo a la candidatura de Zamora y reivindicando su rol como principal referente de amplios sectores de trabajadores y jóvenes impulsando la construcción de un amplio y poderoso Movimiento de la izquierda revolucionaria en el país. Consecuentemente, propusimos así que el MAS se jugara a la construcción de una organización nueva y superadora, un movimiento con miles de nuevos activistas surgidos del proceso en curso, convergiendo con miles de compañeros del viejo y grande MAS que volvían a la acción política, y que esto no debía estar sujeto a que Zamora estuviera o no dispuesto a dar pasos que fueran más allá de la construcción de su propia organización (“Autodeterminación y Libertad”).

Partíamos de la convicción de que el MAS era visualizado aún en su pequeñez- como una organización distinta de otras corrientes de la izquierda, preocupada por una intervención no aparatista y respetuosa de la autodeterminación de las masas, advirtiendo al mismo tiempo que ello podría perderse por la tentación de enfrentar las nuevas oportunidades y desafíos de la situación. Señalamos los peligros de la autoproclamación y que ello se acrecentaría si se dejaba pasar el momento de poner en práctica las centrales conclusiones que trabajosamente habíamos conquistado en la década del 90, las que nos permitían, ante el giro producido en el país, aportar nuestras pequeñas pero valiosas fuerzas a la necesaria recomposición política que colectivamente se estaba gestando. El Congreso realizado en junio de este año cerró la posibilidad de avanzar por el camino que proponíamos, y por ello nos retiramos del mismo. Está claro entonces que no nos retiramos del MAS porque hayamos renunciado estratégicamente a construir con otros componentes revolucionarios tal o cual forma de Partido. Consideramos imprescindible la construcción de instrumentos políticos que contribuyan al desarrollo revolucionario de la clase trabajadora, y entendemos que esa construcción adquiere distintas formas en cada momento histórico.

Reivindicando la valiosa fuerza militante de las organizaciones de izquierda, rechazamos los moldes sectarios-sustituístas que, guiados por la lógica central de acrecentar fuerzas para el objetivo de “disputar la dirección”, ello termina convirtiendo en un fin en sí mismo su propia construcción, lo que provoca la implementación recurrente de prácticas sustituistas en el movimiento de masas. Al mismo tiempo, queremos subrayar que Nuevo Rumbo no surge sólo como resultado de “un debate en el MAS”. Por el contrario, somos militantes que hemos iniciado hace ya meses, con diversos desarrollos y resultados regionales, la experiencia enriquecedora y transformadora de confluir con activistas procedentes de otras experiencias y procesos, dispuestos todos a ir construyendo nuevas formas de elaboración e intervención política organizada. Esto no ha sido un mero intercambio de opiniones o ideas, sino fundamentalmente una intervención en la lucha de clases que sustenta la formulación de conclusiones políticas comunes para nuestro accionar. Continuando este apasionado y trabajoso camino que hemos emprendido, pretendemos ser un componente del movimiento amplio y multiforme pero aún desarticulado que se desarrolla en distintos procesos y regiones del país, aportando desde Nuevo Rumbo ideas y propuestas para desarrollar debates, intercambiar experiencias y lograr coordinaciones. Seguiremos reivindicando, en esta nueva proyección, las banderas que junto a muchos otros compañeros, supimos insertar y sustentar durante décadas en las filas de la clase trabajadora argentina: la oposición inclaudicable al capital y a los burócratas de todo pelaje, la lucha por la autodeterminación y autoorganización de la clase trabajadora, el consecuente combate antiimperialista e internacionalista, la perspectiva socialista revolucionaria. En esa tarea estamos­...

 

Notas

1. No viene al caso entrar en detalles pero corresponde señalar también que el “Morenismo” animó una importante corriente del movimiento trotskysta internacional, en el seno del denominado “Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional” o, autónomamente, en la “Liga Internacional de los Trabajadores”.

2. “Pero esta amplia clase productora, muchas veces concentrada en fábricas y complejos de 30, 50 y hasta 100.000 operarios, a pesar de que en la retórica oficial era mencionada como ‘dueña del poder y orgullosa protagonista de la construcción socialista', constituía en la realidad una inmensa masa de explotación, y nada más. La clase obrera en estos países estaba explotada, oprimida y atomizada: carecía como toda la población de libertades, la maquinaria represiva e ideológica estalinista había extirpado todo vestigio de conciencia de clase, y estaba totalmente desprovista de organizaciones propias...” (Después del Stalinismo, Andrés Romero).

3. Incomprensión de las transformaciones estructurales del capitalismo y los alcances de la ofensiva “neoliberal”, errónea caracterización de la situación mundial como “revolucionaria”, subestimación de la importancia que tiene el conjunto de componentes de la subjetividad de los trabajadores (conciencia, organismos de poder...), etcétera.

 

* Editorial de presentación del No. 1 de la Revista Nuevo Rumbo, publicada en Buenos Aires en agosto del 2002. nuevo_rumbo@yahoo.com.ar

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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