No. 44  (septiembredel 2002)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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La decisión de la SCJN, sigue poniendo en riesgo la vida de las mujeres indígenas

Nellys Palomo

Un o de los máximos patriarcas de la iglesia católica Onésimo Cepeda, argumenta a favor del resolutivo emitido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación bajo el razonamiento de la supuesta defensa de las mujeres indígenas, ya que de modificarse la Constitución “legitimaría usos y costumbres que permitirían matar y dar un trato a la mujer como persona de segunda clase” ( La Jornada , septiembre 8, 2002).

Este argumento no es nuevo, ya que en todo este proceso de aprobación y discusión de la ley para los pueblos indios hemos ido encontrando juicios a favor y en contra, tomando como eje esta supuesta protección para las mujeres contra los Usos y Costumbres.

Al respecto las mujeres indígenas preguntamos: ¿será por un “Uso y Costumbre” que por muerte materna fallezcan más mujeres indígenas que las que viven en la ciudad? Mientras en la ciudad mueren 3 mujeres de cada 100 embarazadas, en las comunidades indígenas encontramos que son 8 mujeres por cada 100 y en el caso de Guerrero el numero llega hasta 46 por cada 100.

A partir de datos proporcionados por la Secretaría de Salud y el INI (Censo de 1990), donde se revisaron las condiciones de salud de los pueblos indígenas de México, y se analizaron 542 municipios, cuya población en un 40% o más son hablantes indígenas se concluye “ que la población indígena de nuestro país vive en condiciones notablemente más precaria que el resto de la sociedad nacional”, se caracterizan por tener mortalidad general, infantil y materna mucho más elevadas que la de sus pares nacionales (Sepulveda, 1993).

Datos generados por la Secretaría de Salud ponen de relieve que el perfil epidemiológico de la población indígena varía notablemente con relación al resto de la población nacional, siendo así que sus diez principales causas de enfermedad tienen origen infeccioso (enfermedades curables para los de la ciudad y causales de muerte para los indígenas). Desde 1930, el descenso de la mortalidad ha ocurrido de manera sostenida en México; sin embargo, existe actualmente un diferencial muy importante en cuanto al riesgo de morir por ser indígena en comparación con los no indígenas. Se estima que en 1995, la esperanza de vida al nacimiento de los indígenas era de 69.5 años (67.6 para hombres y 71.5 para mujeres), mientras que en el resto de la población ascendía a 73.7 años (71.4 y 76 respectivamente). Esta diferencia en la vida media equivale a un nivel de mortalidad 30% superior en los indígenas respecto a los no indígenas, siendo más marcada en las mujeres (36%) que en los hombres (25%). 1

De igual manera los niveles de desnutrición presentan severos daños para la población infantil y femenina, las deficiencias de estos micronutrimentos básico en las mujeres embarazadas y en período de lactancia, llega a ser de un 40% presentando anemia en contraste con el 26.4% en el ámbito nacional. Esta situación condiciona que las mujeres indígenas tengan una mayor probabilidad de presentar complicaciones durante el embarazo o dar a luz niños pequeños, con bajo peso al nacer o prematuros.

Los datos estadísticos son elocuentes sobre las condiciones que tienen los pueblos indios y dejan de manifiesto, que no son los hombres indígenas los que matan a sus mujeres, ni los que le dan un trato de segunda, sino ha sido la política de estos gobiernos la que ha llevado a que los pueblos indios sean considerados ciudadanos de segunda.

Es bueno refrescarle la memoria al señor obispo Onécimo Cepeda, que es hasta 1992 que México reconoce a los pueblos indios en su Carta Magna, es en el marco de la mesa de San Andrés, donde las mujeres indígenas plantearon el debate sobre los usos y costumbres, ya que se reconocía que hay algunos de estos que violentan la condición de la mujer y siempre se pugnó porque en la iniciativa de ley quedara especificado que se respetarán los usos y costumbres que no dañe la integridad de las mujeres, que no atenten contra su condición como ser humano.

Esta decisión de la Suprema Corte reafirma de nuevo el carácter discriminativo y racista por parte de los que imparten la justicia en este país y se necesita recrear, conocer y aceptar que el quehacer colectivo del mundo indígena, y de la visión de las mujeres en la defensa del valor sobre sus usos y costumbres implica darle un nuevo significado a las relaciones entre los diferentes buscando generar cambios profundos en la sociedad, que impacten y modifiquen hábitos y costumbres desde lo personal y organizativo, colectivo que se relacionen con nuevos valores para una vida digna.

El gobierno con esta decisión le apuesta a la inercia, a la incertidumbre, a las contradicciones, las dudas, los temores, el pesimismo, para que así nuestras utopías y nuestros sueños se pierdan; sin embargo, sabemos que el buen combate es aquel que se libra en nombre de nuestros sueños, y como dicen hoy las mujeres indígenas “nuestro sueño, es lo que queremos alcanzar y construir desde nuestro ser femenino. Es nuestro horizonte y horizonte es lo que esta muy cerca del cielo” (Isabel, indígena tzetzal de Chiapas) y este amanecer es un buen despertar con la posibilidad de empezar a recrear y reconstruir la diversidad de nuestra sociedad mexicana basada en la tolerancia entre indígenas y mestizos, negros y blancos indios y no indios.

En el nuevo milenio que se avecina, se anuncian nuevos horizontes para los pueblos indios y para las mujeres en general.

El reto que hoy plantean los pueblos indios a la sociedad no mestiza para que los reconozcan como sujetos con derechos políticos, es el mismo que las mujeres indígenas plantean a sus pueblos: su reconocimiento y respeto.

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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