No. 44  (septiembredel 2002)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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“Somos pueblos sin Estado”

Discurso inaugural pronunciado por Gaudencio Mejía en el Encuentro Nacional de Pueblos y Organizaciones­ Indígenas

Chilpancingo, Guerrero ,12 y 13 de septiembre del 2002

Compañeras y compañeros:

Hermanas y hermanos:

Esta es una reunión de emergencia nacional. Si ha existido el dominio sobre alguien, en pocas ocasiones ese dominio ha sido tan brutal como el que hemos sufrido los indígenas desde 1492.

Con gran decepción, pena, dolor, impotencia y coraje recibimos la noticia del fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al declarar improcedentes las más de 300 controversias constitucionales presentadas contra el procedimiento de aprobación de las reformas en materia de derechos y cultura indígena, publicadas el 14 de agosto del año pasado en el Diario Oficial de la Federación­.

El fallo del máximo tribunal reconoce que no tiene facultades para revisar reformas y adiciones a la Constitución ni el procedimiento que les da origen. Es decir, se hace a un lado un asunto de carácter y gran impacto nacional que ha venido posponiendo por mucho tiempo.

Para nosotros, no es más que un albazo jurídico porque la actual reforma constitucional vulnera y menoscaba nuestros derechos fundamentales ya establecidos en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo que suscribió el Estado Mexicano casi un lustro antes de la rebelión de nuestros hermanos indígenas chiapanecos.

Con ello se nos manda un mensaje: este Estado no es ni será casa de todos los mexicanos, mucho menos para los pueblos originarios.

La matriz colonialista, racista e intolerante de México ha llegado límites inimaginables. ¿Por qué a los indígenas se nos considera como el peor de los enemigos de los Poderes de la Unión? ¿Por que se utiliza todo el poder del Estado contra los indígenas? Ya solo faltaba que la Suprema Corte nos humillara.

¿A quién creerle ahora? El Presidente nos engañó. El Congreso de la Unión se burló de nuestra iniciativa y la Suprema Corte acabó con nuestra última esperanza. Ahora, sin duda alguna, somos pueblos sin Estado .

Tal parece que no es suficiente la humillación de más de 500 años atrás. ¿A qué nos quieren obligar?, ¿lanzarnos a la desesperación? ¿no les basta 500 años de infamias contra los pueblos indígenas? ¿Por qué tanta saña? ¿Por qué tanta mezquindad?

Y ahora, a qué lugar del mundo podemos ir para que por lo menos nos respeten. ¿estamos condenados otros 500 años a vivir acorralados, cercados y humillados?

¿En este país, diez millones de indígenas entre los 53 millones de pobres no son suficientes? ¿Qué gobierno nos pagará la ilimitada deuda social histórica que tiene con nosotros y con nuestras próximas generaciones? ¿Estamos condenados a seguir escuchando promesas y más promesas, o piensan que a los indígenas no nos corre también sangre por las venas? ¿Por qué tanta indiferencia a nuestros justos reclamos? ¿Cuántas modernidades genocidas más nos esperan? ¿Seguirá la destrucción, el despojo de nuestras tierras y la aniquilación de nuestras culturas? ¿Seguiremos siendo una dolorosa estadística?

El gobierno del cambio ahora exhibe su verdadero rostro, una política neoliberal que ofrece a los indígenas una oferta nada novedosa, y detrás de esta mascarada privilegiar los derechos del capital, negando los derechos históricos de los pueblos originarios. El Plan Puebla Panamá va con todo. No duda en tratar de privatizar los recursos naturales y estratégicos donde los pueblos indígenas se encuentran asentados.

No nos engañemos. Es un proyecto de las empresas trasnacionales que, en su momento, hicieron pacto con Fox para llevarlo a la silla presidencial a cambio del etnocidio en la antigua región mesoamericana, donde se llevarán nuestras riquezas, obtendrán mano de obra barata y terminar por romper al ya vulnerable tejido social.

Pero en esta reunión de emergencia nacional, desde aquí, les decimos al gobierno foxista que nuestra dignidad es la fortaleza de nuestra resistencia de más de cinco siglos, porque los pueblos indígenas no nos conocerán sólo por las rebeliones, levantamientos y motines.

Desde aquí lo invitamos a dejar la cerrazón política exhibida por los poderes de la Unión, insistimos en un diálogo profundo de alcance nacional, que nos lleve a crear un nuevo modelo de Estado, incluyente y respetuoso de la diversidad, porque no estamos dispuestos a permitir la imposición de modelos culturales, políticos y jurídicos, ajenos a nuestra realidad.

¿Tendrán la voluntad política en algún momento los poderes del Estado para dialogar sin simulaciones con los indios y construir una nueva nación?

El mensaje hasta ahora enviado es de un colonialismo interno que se presenta disfrazado de modernidad; es como el lobo que cambia de pelo, pero nunca el vicio. No estamos dispuestos a aceptarlo bajo ninguna circunstancia.

La actual Carta Magna ha dejado de ser un proyecto nacional de los mexicanos y se ha vuelto el instrumento del más poderoso. Tanto que ahora no sabemos a dónde va México. No sabemos qué pueda pasar. La gobernabilidad está en peligro, porque todo depende del absolutismo de la clase gobernante.

Alertamos el riesgo de que los pueblos indígenas y los mexicanos en general, tengamos nuevas leyes de desamortización, por ello hoy más que nunca necesitamos luchar por la instauración de un Estado profundamente democrático, con la participación y reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos indígenas.

Esto pasa por la formación de un gran consenso nacional y por el reagrupamiento de las fuerzas democráticas sin exclusiones ni sectarismos. Necesitamos un nuevo proyecto de nación que no vulnere y desprecie a los pueblos indígenas, obligándoles a vivir en la mendicidad. Queremos compromisos claros y transparentes para mejorar las condiciones de vida de los mexicanos y de los indígenas. Debemos cerrar para siempre la herida histórica de hace 500 años que aún no cicatriza.

Reconocer plenamente los derechos de los pueblos indígenas es fortalecer al país, es mayor democracia y mayor integración. Nosotros queremos la integración pero de doble vía, mediante la multiculturalidad y la interculturalidad.

La falta de democracia nos impide el desarrollo. La autonomía es la vía más corta para resolver nuestros grandes problemas, pero los Poderes de la Unión nos obstaculizan nuestra aspiración de alcanzar un nuevo federalismo, un nuevo pacto nacional, una nueva Constitución. El racismo y la discriminación del Estado deben desaparecer ¡Ya!, porque no se puede construir un Estado democrático sin la presencia de los pueblos indígenas. Una democracia sin indígenas nunca lo será.

Por eso el movimiento indígena nacional forma parte del gran movimiento nacional por la democracia, la justicia y la libertad. Estamos convencidos que nuestra lucha tiene su particularidad y demandas propias, pero no podrán resolverse si los grandes problemas nacionales no encuentran un cauce de solución.

Hermanos y hermanas:

A pesar de todo, no estamos derrotados. Este es el nuevo siglo de los pueblos indígenas y apenas el principio de nuestro resurgimiento. No estamos solos, porque muchos siguen gritando con nosotros que “otro mundo es posible”. Vayamos con todas nuestras fuerzas.

 

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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