No. 43.
(Agosto del 2002).

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Argentina

Las propuestas de E.D.I. en debate

Andrés Méndez

La presentación de la propuesta de los Economistas de Izquierda (EDI) y el inmediato eco de la misma fue respondida por insultos y ataques de los reaccionarios. Comenzando por Hadad, que la calificó como “una pelotudez” , siguieron las descalificaciones: “stalinistas” dijo Carlos Rodríguez, “inconstitucionales” y propias de la “nomenklatura” burocrática agregó Roberto Cachanovsky.

Desde la “centroizquierda” (Frenapo, Plan Fénix, ARI), aferrada a la ilusoria y descabellada propuesta de “humanizar al capitalismo” combatiendo la corrupción y las mafias, se optó por objetar la supuesta “falta de realismo” de la propuesta.

Sorprendentemente, entre los ataques hubo también uno, particularmente violento e insultante, lanzado por el economista del Partido Obrero Pablo Rieznik, para quien el EDI seria “una variante del Frenapo y el Plan Fénix” , “charlatanismo” , “fraude político” y otras lindezas semejantes.

Contra las descalificaciones y calumnias, la mejor respuesta es recomendar la lectura y discusión de la Propuesta, disponible ahora como un pequeño librito de dos pesos gracias a la coedición de las revistas Cuadernos del Sur - Periferias - Herramienta . También puede ser consultada en el número especial sobre Argentina de Desde los Cuatro Puntos No. 36-37. Tal es el objetivo de este comentario­.

Detener el genocidio social

El EDI plantea detener de inmediato el avance destructivo de la pobreza y el hambre que afectan ya a 18 millones de argentinos, proponiendo un seguro de desempleo de 626 pesos, la indexación salarial generalizada y la elevación de jubilaciones y sueldos mínimos a 750 pesos.

No es verdad que estas medidas “desatarían la inflación”. Para probarlo basta con recordar que al mismo tiempo que los sueldos caían hubo aumentos del 30,5% de los precios minoristas y del 95,6% de los mayoristas. No son los salarios, por lo tanto, los impulsores de la inflación. Al argumento de que no existen recursos se responde señalando que, por un lado, el grupo más concentrado de las compañías exportadoras obtuvo con la devaluación y pesificación una transferencia de ingresos equivalente a 13.000 millones de pesos. Es preciso solventar el aumento mediante la adopción de impuestos progresivos y terminando con el encubrimiento a los grandes evasores para que los ricos paguen efectivamente los impuestos. Otra fuente de recursos sería la reunificación de la recaudación previsional y la recuperación para el sistema de reparto de los aportes que hoy van a engordar las comisiones de las AFJP.

Realismo frente a la deuda

Cesar inmediatamente el pago de la deuda es un paso insoslayable para revertir el colapso social. El default no impide la continuada sangría que representa el reciente pago de 550 millones de dólares al BID o la anterior transferencia de 680 millones al Banco Mundial. Es preciso repudiar el pasivo fraudulento, que aumentó de 8.000 millones (1976) a 160.000 millones de dólares (2002) pese a que ya fue pagado 25 veces, y asegurar que los recursos recuperados se destinen al gasto social y a la reactivación productiva. No se trata sólo de una cuestión económica: hay que terminar con las imposiciones e inspecciones del FMI, que ahora apuntan a imponer tarifazos y despidos masivos de empleados públicos. Y que, en las últimas semanas, incluyen la novedosa “comisión de notables” (todos ellos banqueros de los países imperialistas), que decidirán sobre la vida y la muerte de millones de argentinos, dictando el nuevo plan económico que este gobierno y el próximo deberán aplicar.

Romper el “aislamiento” del país no pasa por la subordinación al FMI (y a Washington), sino por impulsar decididamente la lucha regional y continental contra el fardo del endeudamiento, de la transferencia de recursos y de la fuga de capitales. La crisis y la ofensiva colonizadora de los Estados Unidos refuerzan la genuflexión de los gobiernos latinoamericanos, pero por otro lado han despertado una creciente hostilidad al imperialismo, presente en las recientes movilizaciones populares en Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia, Perú y Venezuela: romper con el FMI es el camino para avanzar hacia una acción común con los pueblos del mundo, porque esta institución es un instrumento (y un símbolo) de la opresión imperialista sobre todo el planeta.

Con los ahorristas, contra los banqueros­

Los integrantes del EDI apoyamos activamente la movilización de los pequeños ahorristas estafados por Cavallo, pesificados por Remes y confiscados con el bono de Lavagna. Exigimos que se proceda a la expropiación de los bienes en el país de los banqueros que no devuelvan los ahorros y reclamamos la eliminación total del mecanismo indexatorio (CER) que empobrecerá masivamente a los pequeños deudores. Con total impunidad los banqueros, con el respaldo de Duhalde, declaran que la “plata desapareció”, pero la pretensión de consagrar este robo forzando a los pequeños ahorristas a resignarse ha fracasado. La movilización de los afectados recuperó vigor en las calles, avanzó en organización y ha culminado en la mayoritaria negativa a aceptar el bono del gobierno (Boden). Los ahorristas han demandando directamente a los bancos en sus sedes centrales, a partir de la jurisprudencia que responsabiliza a las casas matrices por las acciones de sus filiales en el exterior y al llevar este reclamo a Europa, Estados Unidos y Canadá alientan la campaña mundial contra los estafadores.

Otra cara del problema es que los bonos compulsivos costarán 23.000 millones de dólares a las finanzas públicas, se desvalorizarán y serán acaparados por los grupos capitalistas, que cancelarán deudas o harán grandes negocios especulativos a costa del Estado. La operación apunta a reconstruir los bancos, una vez consumada la expropiación de los ahorristas, por tres vías: el despido de 50.000 empleados bancarios, la concentración total de los préstamos y la privatización de las entidades públicas. Para esto es que el FMI reclama inmunidad para los directores del Banco Central, el control de los redescuentos, el monitoreo de las fusiones y la legalización de un mecanismo de depósitos locales asegurados por entidades foráneas. Frente a esta perspectiva, el EDI propone la nacionalización inmediata de los bancos, sin ningún tipo de indemnización y bajo control de los empleados y los organismos populares.

Terminar con el negocio de las privatizadas­

La propuesta del EDI de reestatizar las empresas privatizadas bajo control de los trabajadores y usuarios no “aumentará el quebranto fiscal del Estado”, como han dicho algunos, porque de ninguna manera se debería indemnizarlas. Las empresas violaron los contratos, incumplieron las cláusulas de inversión, desconocieron las reglamentaciones, gozaron de tarifas elevadas y actuaron sin respetar ningún tipo de control por parte de los consumidores. En la última década, 26 compañías priva­tizadoras acapararon el 56,8% de los beneficios obtenidos por las 200 principales empresas que operan en el país. Cobraron tarifas tres veces superiores a las vigentes a escala internacional y remitieron al exterior el 73% de sus ganancias. Gran parte de su endeudamiento actual encubre autoprés­tamos con sus casas matrices. Estamos ante un acelerado deterioro de los servicios, que se profundizará a pesar de los inminentes aumentos tarifarios. Esto podría culminar en una crisis que terminaría empujando al estado a “hacerse cargo de compañías vaciadas”. Por eso, el EDI propone evitar este tipo de reestatización a pura pérdida, imponiendo ya mismo el control popular sobre estas compañías.

Vale aclarar que el EDI no propone un retorno al sistema de compañías manejadas por burócratas asociados con los contratistas, ya que el manejo indirecto de las petroleras privadas sobre YPF (como sucedía cuando era una empresa estatal) no es mejor que su actual control directo de los pozos petroleros y refinerías. Planteamos crear nuevos sistemas de gestión basados en la participación de la población. Esta intervención deberá incluir no sólo auditorias y mecanismos para transparentar resultados o efectivizar controles cruzados, sino también formas de elección popular de los directivos. Si se elimina el nicho de corrupción que representa el lobby de los contratistas privados existen más posibilidades de erigir un sistema de servicios públicos baratos y eficientes.

Prioridades para la reindustrialización

La propuesta del EDI apunta a estimular un acelerado proceso de reindustrialización a través de la inversión y el crédito públicos. Tras cuatro años de depresión y un derrumbe previsible de 15% del PBI, los capitalistas sólo calculan el número de fábricas a cerrar y el monto de demandas contra el estado nacional que presentarán en los tribunales del exterior. Los economistas neoliberales agitan el cuco del “retroceso tecnológico” y el “desabastecimiento de insumos importados” que provocaría una “política intervencionista” de reindus­trialización. Pero estos problemas ya existen hoy, como fruto de la crisis, la devaluación y el default, y se agravarán. El mayor peligro que afronta el país no es la carencia temporaria de ciertos insumos, sino el desmantelamiento sistemático de su estructura productiva.

Cuando hablamos de reindustrialización pensamos en primer lugar en utilización de los fondos públicos en proyectos de apoyo a los trabajadores, cooperativistas y pequeñas firmas. Las fábricas abandonadas por sus dueños y ocupadas por sus operarios desmienten el mito de que “el capitalista es insustituible” y demuestran la factibilidad de la gestión obrera. Lo que amenaza la viabilidad de estos emprendimientos es la incertidumbre jurídica (no se sabe quién es el propietario), el ahogo financiero (las deudas anteriores siguen pendientes) y la carencia de insumos y mercados. El EDI se hace eco de los reclamos obreros: expropiación sin indemnización, pasivos a cargo de los antiguos propietarios, créditos y demanda estatal para sus productos. La conformación de un área unificada de este sector constituiría un gran paso hacia un sistema de planificación obrera de la industria­.

También deben destinarse priori­tariamente los fondos públicos a este tipo de empresas, en los casos de opción mayoritaria por formas de propiedad cooperativa, sin idealizar esta forma de gestión que se vuelve en contra de los trabajadores si los operarios asumen los pasivos, pagan alquiler y se asignan sueldos miserables para sostener una actividad que termina en la tercerización. La cooperativa no debe encubrir tampoco negocios inmobiliarios o el enriquecimiento de sus administradores. Es preciso una reglamentación que permita a los cooperativistas ejercer el control efectivo de su labor en el marco de un plan general de la industria.

Es preciso, por otra parte, estabilizar la moneda mediante el control de cambios y el monopolio del comercio exterior, para terminar con una situación en que 20 compañías controlan esta estratégica actividad y el 80% de los embarques al exterior lo manejan Repsol, Cargill, Techint, Arcor, Deheza, Pérez, Companc, Siderca, Nidera y algunas automotrices. Cada vez que retienen divisas para especular con la cotización del dólar provocan un temblor cambiario. Sin control del comercio exterior ningún plan de recuperación económica será perdurable.

La perspectiva socialista

La propuesta del EDI se proyecta en objetivos socialistas, porque la crisis argentina resulta del carácter expropiatorio del capitalismo, agravado en la actual fase del imperialismo. Cuando los reaccionarios dicen que esto representaría “una vuelta al pasado” y la “pérdida de libertades económicas”, además de asustar buscan ocultar que hasta ahora nuestro país fue regido siempre por el sistema capitalista, y fueron ellos quiénes gobernaron por decreto, dieron plenos poderes al ejecutivo y sobornaron al Parlamento. Cuando afirman que es “inviable” cualquier medida no capitalista, esconden la verdad: que en los últimos setenta años se aplicaron en el país todas las recetas económicas capitalistas y que todas ellas se mostraron inviables.

La derecha, que pretende asustar agitando las barbaridades realizadas por los regímenes estalinistas, que nada tienen que ver con el proyecto del EDI, se niega a asumir su responsabilidad directa con lo ocurrido en los últimos años de empobre­­cimiento, depredación y confiscación masiva de los ingresos. Oculta también que el “capitalismo realmente existente” nada tiene que ver para la inmensa mayoría de la humanidad con las pinturas idílicas del “Primer Mundo”, y que la tragedia argentina es semejante a la padecida por millones de hambrientos y explotados de África, Latinoamérica y Asia. Lejos de ser una excepción, Argentina constituye un ejemplo de regresión económica capitalista y de un proceso de recolonización continental. Los estrategas del imperialismo han colocado al país en la lista de “estados fracasados”, candidatos a devenir protectorados. La “comisión de notables” que enviará el FMI para asumir directamente el manejo del Ministerio de Economía forma parte de este plan, que personajes como Dornbusch han explicitado con total crudeza. La reivindicación de luchar “por la segunda y definitiva independencia ” frente a esta recolonización tiene un alcance continental y se enlaza con la perspectiva del socialismo­.

Una propuesta de trabajo colectivo

El EDI se conformó tras la sublevación popular del 19 y 20 de diciembre y dio un nuevo paso en sintonía con las manifestaciones masivas contra el asesinato de dos piqueteros. Como bien ha escrito Claudio Katz: los economistas de izquierda estamos integrados con las nuevas formas de acción directa y deliberación colectiva que se han gestado en los piquetes y en las asambleas populares. Elaboramos propuestas a través de un diálogo con los trabajadores, los desocupados y los vecinos autoorganizados. No estamos proponiendo un plan de gobierno, ni un equipo de funcionarios para continuar manejando desde arriba los resortes del poder a favor de la clase dominante.

“Nuestro trabajo está dirigido a los organismos populares, los partidos de izquierda y todas las instancias de lucha social y democrática. Proponemos iniciativas para debatir con todos los participantes de las marchas, las deliberaciones y embriones de gestión popular directa. Sugerimos medidas que sólo podrán conquistarse a través de la lucha y cuya implementación permitirá desenvolver los cimientos de un poder ejercido por la mayoría de los trabajadores y el pueblo .

El EDI es, en si mismo, un colectivo de trabajo en desarrollo. La integración de nuevos compañeros, el trabajo en comisiones sobre temas específicos, la preparación de un encuentro nacional, y la relación viva con los movimientos piqueteros, asambleas populares y empresas controladas por los trabajadores, se traducirán sin duda en nuevos aportes. Lo importante es que se trata de una propuesta que está ya en manos de las fuerzas populares que, para vivir, deben asumir el tremendo desafío de terminar con la colonización imperialista y la explotación capitalista.

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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