No. 43.
(Agosto del 2002).

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Uruguay

El “escenario de caos” tan temido

Huelga general de los estudiantes­, funcionarios y profesores­ universitarios, ocupaciones­ de facultades y liceos, huelgas obreras, rebelión­ en los barrios más pobres incluyendo algunos esporádicos­ “saqueos” contra el hambre. Ollas populares que se multiplican por todo el país. Protestas de pequeños ahorristas estafados por el “corralito” selectivo. Carpas de sindicatos y cooperativas de vivienda rodeando el Parlamento­ en momentos de discutirse la Rendición­ de Cuentas (ley de presupuesto nacional).

Ernesto Herrera

Centenas de miles de firmas contra las privatizaciones y los Referéndums por ANTEL (telefónica) y ANCAP (refinería de petróleo). Caceroleos más o menos convocados, más o menos espontáneos. Cortes de carreteras y puentes. Movilizaciones barriales contra el corte de servicios esenciales (luz, agua, gas, teléfono).

La crisis socio-económica tocó fondo, y el inevitable “contagio” de la crisis regional abierta tras la rebelión argentina, aceleran la dinámica de acciones colectivas de lucha sociales.

El “escenario de caos” —tan temido por la izquierda gestionaria y reformista— ha llegado para quedarse. Generando un clima de inestabilidad política y disputa por las relaciones de fuerzas entre las clases.

En este cuadro de final abierto, tanto la politización de las luchas sociales y la resistencia popular, como la urgencia de construir una alternativa programática anticapitalista, se ubican entre las principales “tareas” de la izquierda revolucionaria y socialista.

Crisis neoliberal

La quiebra del “modelo” asume todas las características de una catástrofe económica y social. En menos de un año el país perdió el 80% de sus reservas monetarias, el déficit fiscal se disparó al 5% del PIB, la inflación supera el 12%, y el peso se ha depreciado en un 40% en menos de dos meses. No hay indicador favorable en ningún sector de la economía. Las exportaciones cayeron el 15.8% solamente en el mes de julio, el PBI caerá más del 10% en el 2002, y la recesión cumplirá su cuarto año consecutivo­.

El drama social provocado por años de políticas neoliberales asume una dimensión desconocida en la historia reciente del país: 200 mil personas desempleadas (16% de la población económicamente activa); 700 mil personas con “problemas de empleo”; miles de despidos en la industria, comercios, y en las grandes cadenas de supermercados; caída de los salarios que alcanza al 30% en algunos sectores; más del 25% de la población viviendo en la pobreza (de los cuales el 45% son niños); y 200 mil personas en “asentamientos” precarios como resultado de los desalojos o la imposibilidad de pagar un alquiler. Cierre de los servicios de emergencia en el Hospital de Clínicas (Universitario) donde se atiende la franja más pobre, tanto de Montevideo como del interior del país. Decenas de miles de uruguayos que emigran a otros países.

Mientras tanto, salvataje del “sistema financiero” privado y hundimiento de los bancos públicos (República e Hipotecario, que concentraban el 75% del ahorro y el crédito). Un “corralito” selectivo que afecta a la mayoría de los pequeños ahorristas en depósitos a plazo fijo en la banca estatal (cuentas con menos de 10.000 dólares) y drenaje de dinero hacia la banca privada extranjera.

La ley votada recientemente por el Parlamento (con la oposición del Frente Amplio) es la condición impuesta por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y el FMI), para liquidar de una buena vez los bancos del Estado, y con cualquier margen de soberanía económica-financiera.

La crisis capitalista y de su “modelo neoliberal”, adquiere una nueva dimensión en el proceso expropiatorio: gigantesca confiscación de ingresos, empleos y pequeños ahorros, asalto programado contra los bancos y empresas públicas, y continuación del pago de la deuda externa en la medida que la mayoría del préstamo de 3.500 millones de dólares de “ayuda” provenientes del FMI y el Banco Mundial, se destinarán a cubrir los intereses de la deuda que vencen antes de fin de año (se pagaban antes del estallido de la crisis, 700 millones de dólares anuales). Sin embargo, nada asegura que se evite el “default” y la ruptura de la cadena de pagos interna.

El compromiso (no escrito) es una subor­dinación completa de las clases dominantes locales, al nuevo pacto colonial impuesto por el imperialismo, al proyecto ALCA, y al Plan Colombia.

En este cuadro, la pérdida de credibilidad política del gobierno de coalición (Partido Colorado y Partido Nacional), se ha profundizado, tanto como la reducción de su base social-electoral. Los tres componentes claves que dieron sustento al discurso neoliberal (eficacia, estabilidad, legitimidad) se han derrumbado. El presidente Jorge Batlle, que llegó al gobierno con casi el 50% de los votos en 1999, cuenta hoy, con apenas el 15% de “aprobación”.

Ya no se trata solamente de la crisis del paradigma neoliberal presentado como único “modelo de crecimiento”, sino de la crisis del Estado, sus “partidos tradicionales”, y del régimen político de dominación post-dictadura, instaurado por la vía de la “democracia representativa”.

Para garantizar este nuevo pacto colonial, el gobierno ya ha lanzado una campaña de criminalización del “desorden social”: amenaza de imponer las Medidas Prontas de Seguridad), estigmatización del movimiento sindical, cooperativo, de derechos humanos, radios comunitarias, y del conjunto de la izquierda y las organizaciones sociales, y, en particular, una escalada de denuncias y amenazas contra los sectores más radicales de la resistencia y la Corriente de Izquierda-CI. 1

Fracaso reformista

Aunque la mayoría de la dirección del Frente Amplio-FA 2 se esforzó en un sentido “dialoguísta” y “acuerdista”, en el marco de una línea de “oposición responsable”, el tan temido “escenario de caos” (que “perjudicaría” la posibilidad de ganar las elecciones nacionales del 2004) se ha instalado en el país. Por lo pronto, ha quedado al desnudo el fracaso de su estrategia de “goberna­bilidad democrática” como vía para evitar el agravamiento de la crisis y el deterioro del nivel de vida del pueblo trabajador­.

Simultáneamente, queda al desnudo el fracaso de la estrategia de “concertación social” impulsada por la mayoría de la dirección del PIT-CNT, 3 y de numerosos sindicatos que apostaron por la conciliación de clases con los empresarios.

El giro al centro de la mayoría de la dirección del Frente Amplio, su curso hacia un reformismo sin reformas estructurales, su política de izquierda gestionaria y de alternancia (antes que de alternativa y de ruptura con las clases dominantes y el imperialismo) enfrenta, ante la magnitud de la crisis socio-económica y la amplitud de la resistencia social, el cuestionamiento de un gran sector de las bases y el movimiento popular.

Tanto la “lealtad” institucional, como la “cultura de gobierno” 4 están siendo puestas a prueba por estos días. La estrategia que jugaba todas las cartas al horizonte electoral del lejano e incierto 2004, choca con la amplitud y radicalidad de las resistencia popular, con los debates internos en el Frente Amplio, 5 y con la legitimidad adquirida por la propuesta de la Corriente de Izquierda y organizaciones sociales en el sentido de ¡Fuera Batlle y el FMI del Gobierno, Elecciones Anticipadas!, y de ¡Asamblea Constituyente, Popular y Soberana! (integrada por las organizaciones políticas, los movimientos y organizaciones sociales y populares).

Estas propuestas se inscriben en una perspectiva de ruptura democrático-radical con el cronograma electoral que impone la institucionalidad burguesa, y en el sentido de que la democracia implica el derecho a la revocabilidad y a la participación directa del pueblo.

Izquierda revolucionaria

Dos retos inmediatos se le plantean a una izquierda anticapitalista en un paisaje de agudización de la lucha de clases, donde todos los tiempos políticos se aceleran.

Uno: articular la acción y las diversas experiencias militantes acumuladas tanto en los movimientos de resistencia, como en el Frente Amplio, en un escenario de Frente Único de la Izquierda. En todos los casos, se trata de miles de espíritus insurrectos que, en la práctica, ejercitan una línea de acción clasista y combativa, y de unidad revolucionaria en la acción.

Dos: reorganizar una perspectiva estratégica revolucionaria y socialista, con capacidad de asociar un programa de emergencia contra el hambre, a una perspectiva transicional anticapitalista y antiimperialista, para evitar que el desempleo y la pobreza derroten al movimiento obrero y popular.

Es en tal sentido, que la CI ha lanzado una convocatoria para constituir una Comisión Nacional Contra el Hambre (ver apartado), que lo presenta al Plenario Nacional del Frente Amplio, a las organizaciones sociales, al tiempo que inicia la realización de Asambleas Populares barriales, para darle contenido social y político organizado­.

Montevideo, 17 de agosto 2002.

 

Notas

1. Corriente de Izquierda, constituida en 1997. Reagrupamiento de la izquierda radical, integrada por militantes de tradición marxista (trotskista, comunista, socialista), tupamara, nacionalista revolucionaria e independientes. Se define como “una organización política unitaria y plural, revolucionaria, socialista e internacionalista”. Cuenta con 350 militantes, y cerca de 1.000 adherentes. Edita dos mil ejemplares del mensuario “Corriente de Izquierda”. Integra el FA, y tiene una intervención militante en los sindicatos, movimientos barriales, derechos humanos, cooperativas de vivienda, y organizaciones juveniles. Participa en Comités de Base y Coordinadoras del FA. En las recientes elecciones internas del FA (26-5-02) obtuvo 6.000 votos. En septiembre, realiza su III Congreso Nacional.

Los servicios de inteligencia del gobierno acusan a la CI de ser parte de los “desórdenes sociales” y los actos de “violencia” como los “escraches”. La prensa de la derecha asocia “la estrategia política de confrontación” de la CI, a la lucha de los “piqueteros” argentinos.

2. Frente Amplio, constituido en 1971. Atravesó los años de dictadura en la clandestinidad y con miles presos. Actualmente es la principal fuerza política del país (40% del electorado nacional e igual representación parlamentaria). Gobierna la capital del país desde hace 13 años. Es un “movimiento-coalición” integrado por los partidos políticos de la izquierda y Comités de Base territoriales en todo el país. Cuenta con 200.000 afiliados. Las organizaciones mayoritarias son el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, Partido Socialista, Asamblea Uruguay, Vertiente Artiguista, y Partido Comunista. El FA integra el Foro de Sao Paulo y su núcleo de dirección (Grupo de Trabajo).

3. Plenario Intersindical de Trabajadores-Convención Nacional de Trabajadores, central obrera única. Cuenta con 120.000 afiliados, en su mayoría empleados públicos.

4. La idea de una “cultura de gobierno” opuesta a una “cultura de resistencia”, se ha venido desarrollando en la dirección del FA, principalmente, a partir del gobierno municipal de Montevideo, en manos del FA desde 1990.

5. La crisis ha desatado un debate intenso, tanto en la dirección del Frente, como en sus Comités de Base. El MLN-Tupamaros propone un “gobierno patriótico de salvación nacional”, y el Partido Comunista un “gobierno de reconstrucción nacional”. Mientras que el PS no descarta proponer una ley constitucional que permita adelantar las elecciones. En todo caso, los muros de las ciudades y las marchas de protesta, comienzan a llenarse con el ¡Fuera Batlle y el FMI del gobierno!

 

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

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    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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