No. 42.
(Julio del 2002)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Necesitamos un movimiento político de los trabajadores

Roberto Ramírez

El Central de Trabajadores Argentinos (acompañado por la Corriente Clasista Combativa) realizó una marcha el Día de la Bandera. Allí fue lanzada la "convocatoria a un frente político y social". (Página 12, 21/06/02). Días después D'Elía reiteraba la propuesta, planteando a Zamora y Carrió que "depongan sus candidaturas presidenciales y discutan la formación de un frente que vaya más allá de una estrategia electoral" y que "discutan con los ahorristas, los caceroleros y los desocupados un nuevo proyecto de país..." (Clarín, 24/06/02).

Esta propuesta (así como otras que comienzan a circular) tiene que ver con un problema real y de extrema importancia: que existe una especie de vacío político. El 20 de diciembre, con el "que se vayan todos", marcó un punto de ruptura de millones de trabajadores y sectores de clase media con las viejas dirigencias políticas radicales y peronistas. Pero, al mismo tiempo, la gran mayoría no tiene clara una alternativa.

Para lograr "que se vayan todos", hay que definir (y organizar) cómo y con quienes reemplazarlos, y para hacer qué cosas. O sea configurar otra fuerza o bloque social y político para gobernar con "un nuevo proyecto". Por no haber tenido el 20 de diciembre esta alternativa política, ellos pudieron seguir gobernando. Ahora, piensan volver a legitimarse con elecciones... Con el cuento de "no se queje, usted lo votó", quieren seguir reventándonos.

Entonces, en el fondo, éste el problema más serio que enfrentamos: ¿qué alternativa política les oponemos? Existe hoy una amplia diversidad de movimientos sociales que agrupan a decenas de miles de luchadores... asambleas populares, organizaciones de desocupados, agrupaciones y sindicatos combativos de trabajadores ocupados, organismos de derechos humanos independientes del sistema, agrupamientos estudiantiles y de intelectuales de izquierda, etc. En esos movimientos actúan los partidos y corrientes de izquierda, pero debemos señalar que la gran mayoría de esas decenas y decenas de miles de activistas no son militantes de ningún partido, ni nadie puede arrogarse su representación.

Muchos activistas de este torrente de movimientos sociales —proceso rico pero extremadamente disperso— empiezan a sacar una conclusión común: que sus luchas sectoriales, aunque sean importantes, necesitan ubicarse en el marco de la pelea por una salida general, o sea, política. Las discusiones abiertas en ese activismo acerca de los programas es un reflejo de eso.

La construcción de un instrumento o herramienta política -para luchar por ganar a los millones que están en ruptura con los viejos partidos pero que aún no tienen clara otra cosa- es hoy una necesidad primordial para los luchadores de todos los movimientos sociales. Si no somos capaces de llenar ese vacío político, nuestros enemigos lo harán.

Es para llenar ese vacío que desde la CTA se plantea la convocatoria a un "frente político y social" que levante "un nuevo proyecto de país". ¿Pero cómo deberían ser ese "frente" y ese "nuevo proyecto" (o sea con qué programa)?

Hay que aclarar bien esto porque ya venimos de una experiencia de "frentes" con un "nuevo proyecto", como el Frepaso, del cual, casualmente, D'Elía, fue dirigente, y De Gennaro, simpatizante. Para no hacer, como en el cine, la superproducción "Frepaso II, el ataque del clones... de Chacho Alvarez", hay ser más concretos para no repetir esa estafa.

En primer lugar, nos parece que tanto las últimas experiencias en el país como también en otros de América latina (Brasil, Ecuador, etc.) indican que la forma de movimientos es la que hoy está logrando más y mejor agrupar amplios sectores. El reagrupamiento de los activistas de las asambleas y de las organizaciones de ocupados y desocupados en un amplio movimiento político sería la continuación "natural" de lo que ya en parte vienen haciendo en sus respectivos movimientos sociales.

El carácter de ese nuevo movimiento político estará determinado por el "proyecto"; o sea su programa. Tanto desde las asambleas como desde los distintos movimientos independientes se ha ido, de hecho, delineando un programa. Aunque aún falte avanzar mucho en su elaboración, tiene claros perfiles antiimperialistas, anticapitalistas y de clase. Es decir, es muy diferente del programa de humanización del capitalismo y de colaboración con míticos empresarios "nacionales" y/o "productivos", que levantan dirigentes del CTA como D'Elía y De Gennaro, y en el terreno político la señora Carrió.

Entonces, hay que ser claros: ¡No a un nuevo Frepaso! ¡Sí a un nuevo y amplio movimiento político de los trabajadores, con un programa consecuentemente antiimperialista y anticapitalista! Pensamos, por último, que todos los partidos y corrientes de izquierda —incluyendo especialmente al compañero Luis Zamora, por su amplia simpatía popular— deberíamos ponernos al servicio de las decenas de miles de activistas en lucha, para ayudarlos a construir una herramienta política, un movimiento amplio y muy democrático, que levante un alternativa para que las masas que ya están hartas de Partido Justicicialista y la Uníón Cívica Radical, se vuelquen conscientemente a una salida anticapitalista.

Al igual que los movimientos sociales existentes, lo planteamos como un movimiento para luchar. Es decir, un movimiento político de los trabajadores que no sea ni exclusiva ni principalmente para participar en las elecciones tramposas, sino para combatir en las calles, los barrios y los lugares de trabajo y estudio por el poder, para impulsar que las masas trabajadoras y populares se organicen democráticamente y tomen en sus manos los destinos de la sociedad.

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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