No. 42.
(Julio del 2002)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Una discusión entre los luchadores

Los dos textos que presentamos fueron publicados en un suplemento especial del Movimiento al Socialismo (MAS) de Argentina luego de la masacre de Avellaneda, y replantean el debate sobre la perspectiva de una alternativa de los trabajadores y la izquierda revolucionaria.

Isidoro Cruz Bernal

La masacre de Avellaneda es el primer experimento represivo que intenta el estado capitalista argentino después del proceso abierto el 20 de diciembre. Definirse ante este hecho implica no sólo repudiarlo formalmente sino plantear un curso de acción para luchar en contra de cualquier zarpazo represivo. Es un hecho que divide aguas.

Con los sucesos todavía en carne viva, salió Luis D'Elía a repetir el verso de los piqueteros "buenos" y los piqueteros "malos", de los "violentos" y de los "pacíficos". Haciendo a un lado la cuestión principal, que es definirse ante la represión, se preocupó por agitar ante la opinión pública que la lucha es funcional a un retorno de Menem y a la dolarización. También, consecuente con su trayectoria, Marta Maffei (dirigenta del sindicato de educadores) boicoteó la masiva marcha que se hizo al día siguiente para repudiar los fusilamientos en Avellaneda. Por el contrario, conviene apuntar, para tener una visión de los hechos en todos sus matices, que ATE Capital concurrió a la marcha con una importante columna.

La masacre de Avellaneda, además, es un punto de inflexión en un debate político que se viene procesando al interior del ala izquierda del movimiento de desocupados, es decir del Bloque Piquetero Nacional. Varias de esas diferencias se hicieron presentes en la segunda Asamblea Nacional de trabajadores ocupados y desocupados, del 22 y 23 de junio. Este debate nos parece crucial, porque la jugada represiva esta vez salió mal. Pero los elementos de la presente situación política indican que los fusilamientos del miércoles pasado no van a ser su último intento. Los trabajadores deben estar alertas ante cualquier intento de imponer un curso represivo.

¿Estamos hoy para tomar el poder?

En este sentido entendemos que es vital definir bien en qué situación estamos. Algunos de nuestros compañeros del Bloque Piquetero piensan que, para los trabajadores, está planteada la pelea por el poder como tarea para hoy. Los compañeros del Polo Obrero han levantado esta posición con insistencia. Esto no es así. Hoy la tarea que está planteada es ganar a las más amplias masas. Esta es la condición necesaria para que la toma del poder sea posible a partir de la situación abierta en diciembre.

El hecho de que no veamos planteado el problema del poder, ¿significa que no pasa nada? Por el contrario, en la Argentina desde el 20 de diciembre, y de antes todavía, pasa de todo. Aparte de que hubo una movilización democrática que fue el factor principal para que cayera el gobierno de De la Rúa, el país se encuentra en un cuadro de catástrofe económica como nunca se ha visto, con millones de desocupados y ocupados superexplotados, etc.

Se ha abierto para la izquierda revolucionaria una gran oportunidad de incidir en la situación política. Pero el hecho de que haya un importante movimiento de desocupados, fábricas administradas por sus trabajadores, asambleas populares, no puede hacer que dejemos de ver que hay todavía muchos compañeros por fuera de este proceso. La ausencia más notoria es la de los trabajadores ocupados, pero no se reduce a ello. Muchísimos compañeros desocupados están por fuera del movimiento piquetero. También, a pesar de que en la marcha de repudio al fusilamiento de los 2 compañeros hubo un importante componente de las asambleas populares, sabemos que éstas no tienen ahora el vigor que mostraban en febrero. En suma, más allá de que hay numerosos compañeros que pasaron a la acción y que conforman una amplia vanguardia luchadora, la tarea del momento no es la toma del poder sino ganar al conjunto de las masas populares.

Con una vanguardia minoritaria no alcanza para tomar el poder. A eso hay que agregar que hoy no existen organismos de doble poder que puedan postularse como alternativa concreta al poder de los capitalistas. Además creemos que es necesario masificar las experiencias de lucha actuales. Masificar no sólo quiere decir que haya más asambleístas o más piqueteros. También implica que tengan política para que la mayoría de la población vea con simpatía sus luchas y que, en un paso posterior, entienda que en ellas también se juega su propio destino. Por esta razón creemos que hacer hincapié solamente en luchar tiene consecuencias contraproducentes, porque no toman en cuenta una tarea tan importante como la lucha misma: la comprensión de su sentido político. Politizar es, además de luchar y masificar, una tarea de primer orden para este proceso.

Unir y confluir con todos los trabajadores

Si entendemos que masificar las luchas es un objetivo importantísimo, deberemos concluir que las acciones "vanguardistas" como cortar rutas con muy pocos compañeros pueden ser más perjudiciales que beneficiosas. En esos casos, la mayoría de las veces los compañeros se van sin obtener nada y se ganan el rechazo de una parte (despolitizada) de la población. Los objetivos de lucha deben ser acordes con la fuerza que se tiene. Hay que rechazar cualquier tentación de afrontar acciones riesgosas con unos pocos y decididos compañeros con el objetivo de generar un hecho político impactante.

La política del Bloque Piquetero tiene que buscar sumar compañeros a su perspectiva de lucha, escapándole como a la peste a la tentación autoproclamatoria de plantearles a otros sectores en lucha que "vengan al pie" a nuestra convocatoria. El Bloque tiene que luchar por confluir con todas las experiencias de lucha, no aislarse de ellas a través de un énfasis excesivo en la "identidad piquetera".

Una visión clasista de la política tiene como norte mostrar que pertenecemos a una misma clase, estemos ocupados o desocupados. Escaparle al "vanguardismo" que nos impide sumar fuerzas (y muchas veces conservar lo que tenemos) y buscar la confluencia democrática con todas las experiencias de lucha son tareas urgentes que el Bloque Piquetero debe encarar.

Por último, los socialistas del MAS pensamos que el Bloque debe encarar la construcción de un movimiento por trabajo genuino. Las bolsas de comida y los planes "Trabajar", aunque son vitales para la subsistencia de muchos compañeros, no alcanzan. La única perspectiva verdadera para superar la marginación terrible del desempleo es luchar por trabajo genuino, que es lo opuesto a que los desocupados arreglen las plazas de las municipalidades o se conviertan en trabajadores "de segunda" para que los empresarios chantajeen a los ocupados o les bajen el sueldo. Los explotados de este país saben o intuyen que la desocupación estructural es funcional a los intereses de la gran patronal. Un movimiento por el trabajo genuino tiene necesariamente, por esto, una perspectiva anticapitalista.

Y, sobre todo, un movimiento por el trabajo genuino debe dirigirse, en sus reivindicaciones y planteos, a los trabajadores ocupados para unificar a todos los que viven de su propio trabajo. En ese sentido, pensamos que es muy importante que un movimiento de este tipo tome como reivindicación la reducción de la jornada laboral sin baja del salario y que retome las experiencias que ya se están dando de administración obrera de las fábricas que cierran, exigiendo que el estado nacional, provincial o municipal se haga cargo de su financiamiento total.

Considerar cuidadosamente todos estos problemas es decisivo para que los movimientos de desocupados puedan avanzar y contribuir a que en la situación política se produzca un vuelco en favor de los explotados y oprimidos.

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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