No. 42.
(Julio del 2002)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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El PT y las elecciones 2002

Garantizar que el PT seguirá siendo un partido socialista y democrático pese a los derroteros que la mayoría de la dirigencia ha impuesto a la campaña electoral.

Hemos seguido de cerca con preocupación los rumbos que la mayoría de la dirigencia del partido ha dado a la campaña electoral, en particular a la disputa por la presidencia y a algunas campañas en los estados. La resolución de hacer alianza prioritaria con un partido de derecha —el Partido Liberal—, la forma como algunos de nuestros más preciados postulados programáticos han perdido su sentido original, y la violación del sentido de nuestra democracia interna son problemas vitales para el papel que el PT se propone desempeñar en la sociedad brasileña.

El problema de fondo es cómo conducirnos —en un contexto complejo— frente al chantaje de los “mercados”, cómo realizar una campaña victoriosa —electoral y políticamente— para los objetivos que definen la existencia de nuestro partido: ganar el gobierno central a fin de impulsar una revolución democrática en Brasil, coherente con la propuesta de sociedad que hasta hoy reafirmamos en nuestros postulados.

Es preciso subrayar que las elecciones deben ser para nosotros momentos de disputa abierta por otra propuesta de sociedad. Esta disputa es lo que en la lucha política puede permitirnos generar la fuerza tanto para elegir a nuestros candidatos, como para posibilitar la aplicación de nuestro programa.

Si durante el proceso electoral no logramos identificarnos con nuestras propuestas, si no tenemos claro quiénes son los adversarios del pueblo, si no tenemos poder de convocatoria y capacidad hegemónica, nos convertiremos en réferis de nuestros adversarios y, en el supuesto caso de que llegáramos a ser gobierno, no podríamos romper con la poderosa red de poderes que circunscriben y determinan la lógica y el rumbo de las políticas neoliberales.

Las elecciones de 2002 y el chantaje de los “mercados”

En las elecciones de 2002 —presidenciales, de congreso, de gobiernos estatales y de asambleas legislativas— se discute qué nación construiremos en el siglo XXI.

Un elemento determinante de este proceso, en particular de la contienda por la presidencia, es la evolución económica del país. El gobierno federal ha buscado ocultar su responsabilidad en la crisis e impedir el debate de alternativas de fondo. Ha venido utilizando el terrorismo económico para favorecer a su candidato y forzar a la oposición popular a plegarse a los intereses de los mercados financieros. El mismo gobierno responsable de la agudización de la dependencia, que dio a los llamados “mercados” un enorme poder para ejercer presión, cínicamente reta a la oposición a “comprometerse a mantener el camino correcto” en el manejo de la economía.

Aunado a ello, las declaraciones del presidente del Banco Central de los Estados Unidos, Alan Greenspan, del ex vicedirector del FMI, Stanley Fischer, y del megaespeculador George Soros, entre muchos otros, sobre el “impacto negativo en los mercados” de la candidatura de Lula demuestran que nuestros enemigos no dudan en tratarnos como enemigos y que están empeñados en garantizar la continuidad de la dictadura del capital y de los mercados internacionales (sobre todo norteamericanos) en Brasil.

Por otro lado, el candidato gobiernista se presenta a la contienda electoral con un discurso en que se articulan continuidad y cambio. En su lenguaje, aparecen lo mismo la “defensa de la estabilidad económica” que las ideas de “políticas de crecimiento” y de “distribución de la riqueza”. De esta manera busca dialogar con el cada vez mayor cuestionamiento del neoliberalismo y enfrentar, de manera oportunista, la creciente aceptación, por parte de la población, del discurso y las políticas públicas típicas de las organizaciones populares, en especial de los partidos de izquierda que han gobernado.

Mientras tanto, las modificaciones a la fórmula neoliberal, propuestas por el candidato del gobierno y por los partidos burgueses, no van más allá de los marcos del mismo paradigma. No darían lugar a alteraciones significativas en el conjunto hegemónico de clases o cambios en la lógica de inserción dependiente de Brasil en el mercado mundial. Se mantendrían los fundamentos de la política antinacional y antisocial actual.

El bloque gobiernista ha venido exhibiendo su carácter antidemocrático. Prueba de ello es la manera como se ha echado mano de expedientes ilegítimos e ilegales durante la contienda electoral. El ejemplo más claro es la instrumentación de la Policía Federal en contra del PT.

Además de Lula y del candidato del gobierno, un tercer candidato, Ciro Gomes, 1 participa con ventajas en la contienda electoral. Principal representante de la oposición burguesa, se presenta también como candidato de continuidad y cambio; a cada momento recuerda su papel como ministro en la implantación del Plan Real, 2 por un lado, y por el otro, se define como opositor al gobierno actual (aunque sea apoyado por Antônio Carlos Magalhães, Jorge Bornhausen y por la mayoría del PFL, 3 incluso cuenta con la simpatía de Tasso Jereissati). 4

Un partido como el nuestro, comprometido con la “radicalización de la democracia”, necesita construir un vigoroso movimiento de discusión de nuestro programa con la población; sólo así se generarán la movilización y la legitimidad social necesarias para romper con la lógica mercantil, vencer y comenzar con la aplicación de nuestro programa de gobierno.

El cambio que la mayoría del pueblo brasileño desea sólo es posible mediante un amplio movimiento de masas que nos lleve a ser gobierno y nos de sustento frente a los desafíos de las transformaciones económicas, políticas y sociales que procuraremos dirigir. Por tanto, necesitamos dejar clara la polarización entre dos proyectos antagónicos: de un lado, las fuerzas conservadoras y liberales, identificadas con el actual proyecto hegemónico, que incluye al gobierno de Fernando Henrique Cardoso y a la oposición burguesa que quiere reformas, pero sin ruptura; del otro, los millones de trabajadores, jóvenes, desempleados y luchadores sociales; hombres y mujeres que desean la ruptura con el actual modelo hegemónico. No se construirá un proyecto victorioso mediante ambigüedades, sino a partir de opciones y propuestas claras.

Las resoluciones del XII Encuentro: ruptura global con el modelo existente

Nuestra referencia para este momento político deben ser las resoluciones del XII Encuentro Nacional del PT (diciembre de 2001), en especial el documento “Concepciones y directrices del Programa de Gobierno del PT para Brasil”, centrado en la construcción de una alternativa efectiva al neoliberalismo, en el terreno de la disputa electoral. En los debates del proceso de elecciones internas del partido fueron expresadas divergencias importantes respecto al programa. Mientras, la aprobación de este documento por el Encuentro, con la incorporación de diversas enmiendas, representó un momento de unificación de las posiciones del partido.

Estas “directrices” retomaron la línea de elaboración político-programática que el partido viene realizando desde su fundación y, especialmente, desde el V Encuentro Nacional de 1987, cuando por primera vez se postuló a Lula a la presidencia. En aquel encuentro se formuló la estrategia de la “alternativa democrática y popular”. Hoy en día, aunque de manera menos radical que en el texto de 1987, las “directrices” sustentan el “carácter democrático y popular” de nuestro programa de gobierno y afirman “que no puede haber duda de que el gobierno democrático y popular necesitará llevar a cabo una efectiva ruptura global con el modelo existente, sentando las bases para la implementación de un modelo de desarrollo alternativo”. Por lo tanto, quedó muy claro el rechazo al camino de la desmoralización y del fracaso estrepitoso representado por lo que puede llamarse “alternativa De la Rúa”.

Evitando las ilusiones respecto al carácter progresista de las clases dominantes brasileñas, nuestro partido afirma en la tesis aprobada que la implementación de nuestro programa de gobierno “sólo será posible a partir de la constitución de una nueva coalición de fuerzas que rompa los sucesivos pactos conservadores que han dominado por décadas al país”.

La crisis del neoliberalismo y el incremento de las luchas populares en América Latina

De esta forma, el XII Encuentro del PT reflejó el avance de las luchas populares y del cuestionamiento al proyecto neoliberal que se ha venido registrando tanto en el plano social como internacional. De hecho, el escenario internacional de la lucha de clases comenzó a alterarse positivamente. La creciente inestabilidad de la economía mundial, con la serie de crisis, resta legitimidad al proyecto neoliberal y fomenta una resistencia que, desde las manifestaciones de Seattle, a finales de 1999, ganó carácter internacional.

La crisis político-social es más profunda en América Latina, acentuada por la recesión global que afecta con fuerza la región y por el aumento de la deuda externa. En toda Latinoamérica, la implantación de políticas neoliberales llevó a la proliferación de la miseria y el desempleo, y volvió más dependientes y más vulnerables a las presiones del capital internacional a nuestros países. El imperialismo norteamericano quiere todavía más: busca imponer un nuevo pacto colonial mediante el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). No podemos olvidar, además, que la propuesta del ALCA viene acompañada de un incremento de la presencia militar estadunidense en la región, de las restricciones en las libertades democráticas y de la redefinición del papel de las instituciones continentales, como la OEA.

En contrapartida, América Latina tal vez sea la región en que la superación del periodo de dispersión y fragmentación de las luchas, ante la ofensiva neoliberal, esté más avanzada. Vivimos un momento de retorno a las movilizaciones y de reorganización de los movimientos sociales. El “argentinazo”, la derrota del golpe militar en Venezuela, patrocinado por los Estados Unidos; el aumento de las luchas sociales y de la presencia institucional de la izquierda en Brasil, el incremento de las movilizaciones en Paraguay y en Bolivia confirman un nuevo periodo de lucha de clases.

Este proceso se relaciona con el crecimiento del movimiento de resistencia a la mundialización capitalista y expresa el surgimiento de un internacionalismo renovado, una de cuyas expresiones es el Foro Social Mundial de Porto Alegre.

En este contexto, las resoluciones del XII Encuentro expresan una orientación no sólo necesaria, sino absolutamente viable.

La necesidad de alianzas coherentes

Un partido socialista debe buscar alianzas sociales y políticas, e inclusive alianzas electorales —siempre basadas en acuerdos programáticos—. De hecho, la viabilidad de un gobierno capaz de llevar a cabo profundas transformaciones sociales exige coherencia entre programa y alianzas, en el contexto de una amplia movilización popular y de una profunda democratización de la sociedad. Alianzas electorales de ocasión con partidos de centro, centro-derecha o de derecha no sólo no garantizan esa coherencia ni favorecen nuestra capacidad de movilización y democratización, sino que en la práctica la imposibilitan.

La ampliación de nuestra política de alianzas, en dirección al Partido Liberal y otros partidos externos al campo democrático y popular, es contraria a esta exigencia. No toma en cuenta nuestra propia historia y tampoco se haya justificada por un análisis serio de nuestros éxitos y fracasos electorales. Por el contrario, todo los que aprendimos hasta ahora refuerza la tesis de que un partido socialista y democrático se deslinda políticamente de la derecha y éticamente de la corrupción, y que las transformaciones, por las cuales luchamos, exigen la movilización de una voluntad política a partir de la unidad del campo democrático, con un proyecto que exprese y movilice las esperanzas y la voluntad de lucha de las mayorías nacionales.

Orestes Quércia y los sectores del PMDB 5 que se alinean con él (con quien el Encuentro de São Paulo aprobó esfuerzos previendo una alianza, que finalmente no se formalizó en el plano estatal, pero está permitiendo el apoyo de los quercistas a Lula) pueden ser caracterizados como de centro o centro-derecha. Ya el PL es claramente un partido de derecha. No podemos olvidar que, en diversos estados, participa de la base de apoyo del gobierno. Sus apoyos a Paulo Maluf 6 y a ACM son ejemplos elocuentes de su carácter. En Alagoas, ese partido es controlado por el principal industrial del estado, Carlos Lira. Sus diputados están involucrados en escándalos de corrupción y se hallan vinculados con Collor de Mello. Dos de ellos fueron citados por la CPI del narcotráfico. 7

El texto de las resoluciones del XII Encuentro, aun cuando registre que se aprueba el esfuerzo de ampliación de las alianzas y relación al centro, mantuvo el criterio de tomar el programa como base, y no mencionó en ningún momento la posibilidad de inclusión de sectores de derecha, como el PL.

El candidato gobiernista se presenta como un continuismo sin continuidad y busca legitimarse a sí mismo mediante nuestra deslegitimación como alternativa, lo que hace intentando igualar a Lula y al PT con él, tanto en su programa como en sus prácticas. El principal candidato de la oposición burguesa sigue un camino semejante.

En este escenario, es preciso —más que nunca— mantener la nitidez de nuestro proyecto y, a partir de él, acreditarnos como representantes del compromiso con la lucha y la esperanza de millones de brasileños y brasileñas.

Somos, por tanto, enteramente contrarios a la alianza con Orestes Quércia y con el PL, en el plano nacional y estatal —inclusive, naturalmente, en Paraíba. En este estado, el compañero Avenzoar Arruda, dirigente de DS, la coalición con el PL y la aceptación de un candidato a vicegobernador de ese partido. Esta posición, sin embargo, no fue respaldada por la tendencia. Al contrario, esta posición —la alianza con el PL— es frontalmente contraria a lo que históricamente defendemos en el PT.

La perspectiva del socialismo

El fracaso del neoliberalismo, en particular en América Latina, evidencia que el capitalismo no es una solución. El modelo de desarrollo económicamente viable, ecológicamente sustentable y socialmente justo que defendemos no podrá ser construido dentro de sus límites.

Defendemos el vínculo de una perspectiva de gobierno a un proceso de cambios más amplio, y la construcción del socialismo. Esto es respaldado no sólo por las posiciones históricas del PT, sino por algunas experiencias de administración del partido que, entre otras medidas, iniciaron una incorporación de sectores de la población organizada a las decisiones de gobierno.

Es respaldado, también, por la evolución de la coyuntura internacional, como fue expresamente reconocido en el texto de las “Directrices”, aprobado en el Encuentro de Recife: se llevan a cabo revueltas populares en diversos países, en particular en América Latina, donde el caso de Argentina es la última y más radical manifestación de las consecuencias de una política impuesta por el FMI. La creciente inestabilidad de la economía mundial, con la serie de crisis, ha restado legitimidad al proyecto neoliberal. Este cambio del cuadro mundial permite combinar la defensa de la soberanía con la lucha por un orden internacional radicalmente distinto del actual. A la mundialización del capital y de los mercados debemos oponer la solidaridad y el internacionalismo de los pueblos. Es en este contexto donde la defensa del socialismo democrático comienza a volverse más favorable, al tiempo que crece la perspectiva de apoyo a un programa de izquierda a escala internacional (“Directrices”, item 54).

La victoria del PT en las elecciones será conmemorada por la izquierda en todo el mundo. Al contrario de las recientes victorias electorales de la derecha, especialmente en Europa, un gobierno de izquierda en Brasil abriría nuevas posibilidades a la lucha socialista. El fortalecimiento de la soberanía nacional, el no haber firmado el acuerdo del ALCA, un proyecto de desarrollo económico que acabe con la dependencia, un vigoroso movimiento de participación popular, la decisión democrática de todo lo que es público, son iniciativas que proyectarían otro modelo.

Crítica a la posición de la mayoría de la dirigencia del partido

En tres aspectos fundamentales la posición de la mayoría de la dirigencia del Partido, en las elecciones, debe ser criticada: en la expresión del contenido programático de la campaña, en la definición de las alianzas y en el funcionamiento del partido.

En primer lugar: ante la presión de los “mercados”, nuestro candidato y otros representantes de la campaña han tenido posiciones contradictorias. Por un lado, han señalado correctamente la responsabilidad del gobierno de Fernando Henrique Cardoso en la crisis (tanto por la política que agravó la dependencia de la economía brasileña, como por las repetidas insinuaciones de que los candidatos de la oposición serían irresponsables) y también han refrendado los compromisos los compromisos del partido con los cambios. Por el otro, sin embargo, han cedido a la presión y multiplicado declaraciones que buscan tranquilizar a los mercados, corriendo el riesgo de colocar en un segundo plano las directrices programáticas aprobadas en el Encuentro de Recife y, aún peor, de afirmar que el gobierno del PT mantendría un razonable grado de continuidad de la actual política económica.

La “Carta ao Povo Brasileiro” de Lula sintetiza estas orientaciones contradictorias: reafirma el compromiso con cambios fundamentales, pero al mismo tiempo da garantías de que se mantendrán los aspectos de la actual política económica que más agradan al capital financiero. Peor aún: mientras que la reafirmación de los compromisos con cambios es genérica, las garantías a los “mercados” son muy precisas.

Naturalmente, toda manifestación del PT en favor de la continuidad de los aspectos de la actual política económica beneficia al candidato del gobierno. Él puede, con razón, presentarse como el más coherente en esta línea, y ya lo ha hecho.

Por otro lado, como sería de esperarse, el esfuerzo para tranquilizar a los “mercados” ha dado resultados muy modestos. Sus intérpretes (en particular, los economistas de bancos) y los miembros del equipo económico del gobierno han dicho que reconocen que Lula ha hecho un esfuerzo importante por aproximarse a las posiciones que defienden, pero, de igual manera, afirman que es necesario que Lula vaya mucho más lejos en este sentido. El ministro Malan 8 “sugirió” que se estableciera un compromiso con la manutención del presidente del Banco Central. Otros voceros de los “mercados” han dejado clara la inviabilidad del esfuerzo de Lula y de la dirección de la campaña para ganar su confianza: dicen que “la reputación es algo que se construye con el tiempo”, y que sólo después de algunos años Lula podría ser visto como amigo de los mercados.

De hecho, la única medida de Lula que agradaría plenamente a los “mercados” sería el anuncio de que retira su candidatura. Desde luego, hacerlo de ninguna manera eliminaría la crisis, cuyo origen profundo está en el agravamiento de la dependencia, provocado por las políticas del gobierno de Fernando Henrique Cardoso.

La mejor alternativa para vencer el chantaje no es rendirse al chantajista, sino contribuir a reforzar la percepción, que gran parte de la población tiene ya, de que sus intereses son contrarios a los de los banqueros y especuladores; es conquistar la disposición de lucha de la mayoría, para enfrentar los obstáculos que se oponen a la construcción de otro país.

El segundo y el tercer aspectos criticables de la posición de la mayoría de la dirigencia del PT están interrelacionados: la política de alianzas y el funcionamiento del partido. Es decir: tanto el contenido de esta política, como la manera en que es conducida por la dirigencia merecen una fuerte crítica.

El acuerdo con el PL presenta aspectos inéditos que van más allá de la aprobación de una coalición con un partido claramente de derecha (lo que ya de por sí es completamente inaceptable). La orden dada por la mayoría de la dirigencia nacional del PT es cumplir todo lo que el PL exige, lo que significa crear condiciones para que este partido elija el mayor número posible de diputados. En los estados en que interesa al PL hacer alianza con el PT para elegir parlamentarios, se impone dicha coalición. En algunos casos, además, la coalición sólo se realiza para las elecciones proporcionales. Donde al PL no le interesa hacer alianza (como en São Paulo, Bahía o Río de Janeiro), este partido tiene la libertad de hacer lo que desee (como apoyar a Maluf, a Antônio Carlos Magalhães y Garotinho). 9 No hay incoherencia de parte del PL al dar estos apoyos: quien es incoherente es el PT o, mejor dicho, de la mayoría de su dirigencia nacional.

De hecho, sólo es posible comprender la posición que defiende Lula cuando entendemos que su propósito de coalición con el PL no es precisamente apoyar a ese partido, que, por otra parte, sólo será muy parcialmente. Lo que le interesa es ganar tiempo televisivo y, sobre todo, la posibilidad de tener a un gran empresario como vicepresidente.

En relación con Alagoas, la imposición del PL violenta toda la construcción histórica del partido en el estado y es una falta de respeto a la conciencia de los militantes en su conjunto. Echa por la borda la posibilidad de conquistar un gobierno de izquierda, sin el yugo de los industriales y sin acuerdo con el sindicato del crimen. Por eso había unanimidad del PT estatal contra la alianza con el PL. Por eso la compañera Heloisa Helena y otros compañeros y compañeras retiraron sus candidaturas.

En ningún momento la política de coalición con el PL fue debatida por entero y de manera clara, en todas sus implicaciones, por el pleno del partido. El contenido de las discusiones en la negociación con el PL no fue dado a conocer; en lugar de ello, este acuerdo insólito está imponiéndose de arriba para abajo.

Defendemos un partido democrático, en que las decisiones sean tomadas y respetadas —especialmente las resoluciones de los Encuentros—. Un partido donde los candidatos no estén por encima del partido. Esto es fundamental por razones programáticas y por electorales: la democracia interna nos da credibilidad para defender la democracia en la sociedad.

El carácter de la coalición con el PL nos obliga a preguntar: ¿cómo puede cambiarse un país reproduciendo las prácticas de la política tradicional? La política de garantías a los “mercados” y de alianzas con sectores del centro y de la derecha ha sido conducida por la mayoría de la dirigencia nacional con el argumento de que es más favorable a la elección de Lula.

Aun cuando esto fuera cierto, no bastaría para justificarla: nuestro objetivo no puede ser ganar una elección a cualquier precio, abandonando nuestra coherencia y nuestro programa.

Con todo ello, resulta muy dudoso que el cálculo de que esta política sea electoralmente favorable sea correcto. Finalmente, la coherencia siempre fue un patrimonio del PT e constituye una gran ventaja también en el plano electoral. Tener un vicepresidente como el senador José Alencar (que además de gran empresario pertenece a un partido que apoya a Maluf y a Antônio Carlos Magalhães) no ayuda a la candidatura de Lula: contradice toda la historia de Lula y del PT. Además, el hecho de que Lula aparezca defendiendo políticas de Cardoso, Malan y Fraga —como el aumento del superávit primario del gobierno y metas de inflación, sólo puede beneficiar a la candidatura de Serra o, quien sabe, beneficiar a un candidato que puede identificarse de forma más natural con la idea de cambios sin rupturas, como Ciro Gomes.

Conclusión

Nuestras críticas a aspectos fundamentales de la orientación de la campaña son críticas de quien lucha por la victoria del PT y, más que esto, por un gobierno que pueda ser el principio de un proceso de transformaciones fundamentales, de universalización de derechos, participación y organización popular, de conquista de una efectiva soberanía nacional.

Un gobierno que sea un paso hacia la construcción del socialismo, de la eliminación de todas las formas de opresión y explotación. Lo que está sucediendo es lo suficientemente grave para ser tratado como un problema menor, que pueda olvidarse luego de las elecciones, cualquiera que sea el resultado. Lo que está en juego es el futuro del PT como partido socialista y democrático.

 

Notas a pie:

1. Ex gobernador del estado nordestino de Ceará, ex ministro de hacienda y candidato por el Partido Popular Socialista (PPS) a la presidencia del país. [N. de la T.]

2. El programa brasileño de estabilización económica es considerado el más exitoso, entre los planes ejecutados en los últimos años para combatir casos de inflación crónica. Se combinaron condiciones políticas, históricas y económicas para permitir que el gobierno brasileño crease, a fines de 1993, las bases de un programa a largo plazo. Organizado por etapas, el plan daría como resultado el fin de casi tres décadas de una inflación alta y en la substitución de la antigua moneda por el Real, a partir del primero de julio de 1995. [N. de la T.]

3. Partido del Frente Liberal, dirigido por Jorge Bornhausen. [N. de la T.]

4. Tasso Jereissati, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), es candidato al senado por el estado de Ceará. [N. de la T.]

5. Orestes Quércia es presidente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). [N. de la T.]

6. Paulo Maluf es presidente del Partido Progresista Brasileño (PPB) y su candidato al gobierno de São Paulo. [N. de la T.]

7. Comisión Parlamentaria del narcotráfico. [N. de la T.]

8. Pedro Malan, ministro de Finanzas de Brasil. [N. de la T.]

9. Anthony Garotinho renunció al gobierno de Río de Janeiro para competir por la presidencia representando al Partido Socialista de Brasil (PSB). [N. de la T.]

 

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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