No. 41
(junio del 2002)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Paraguay: El campo popular da su principal batalla contra el neoliberalismo

Adolfo Giménez*

Asunción, 4 junio. A las 17.00 comenzaron los choques entre campesinos y efectivos policiales en la ciudad de Coronel Oviedo, a 130 kilómetros de la capital. Dos labriegos están con heridas de bala, uno de ellos recibió el disparo en la cabeza y existe un número indeterminado de heridos.

Se teme que en las próximas horas se reanuden los enfrentamientos pues una caravana de camiones marcha hacia la capital y se enfrentará a una barrera de policías y militares en la localidad de Ypacarai, a unos 37 kilómetros de la capital. En Asunción se organiza una marcha en el centro de la capital a cargo del Congreso Democrático del Pueblo (CDP). Estos enfrentamientos forma parte de la resistencia social contra el gobierno neoliberal de González Macchi y su escalada represiva ejecutada por militares y policías.

En la tercera semana de movilizaciones en contra de la política neoliberal del desgastado gobierno de González Macchi, miles de campesinos están arribando a la capital para aguardar la decisión de la Cámara de Senadores sobre la anulación de la ley 1615 de privatizaciones, que ya cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados.

Durante diez días hubo bloqueos de las principales rutas del país que culminaron con un acuerdo parcial con el gobierno sobre cinco de los seis puntos levantados por el Congreso Democrático del Pueblo (CDP), pero sigue pendiente la derogación de la ley de privatizaciones, así como la libertad de un centenar de manifestantes que fueron detenidos en San Patricio, departamento de Misiones, a 230 kilómetros de la capital.

Esta es la mayor movilización de protesta del movimiento popular en lo que va del periodo de transición iniciado en 1989. La profunda crisis económica y política que vive el país junto al descrédito del gobierno por su corrupción y su incapacidad rompieron los diques de contención de la protesta popular, encabezada por el movimiento campesino organizado.

Una explosión que “se veía venir” desde meses atrás por la aguda crisis en que entró el Estado por la falta de recursos para solventar sus gastos y las graves consecuencias de la crisis Argentina que redujo en un 80% el intercambio comercial y las exportaciones paraguayas, en general, bajaron en un 50%; además del fuerte impacto que está teniendo en la economía local el aumento de la cotización del dólar (1 dólar por 5400 guaraníes) y la subida en los precios de los combustibles.

El CDP está compuesto por los dos más importantes bloques de organizaciones populares surgidas luego de la crisis y casi desa­parición de las centrales sindicales destrozadas por la corrupción y el burocratismo: la Plenaria Popular articulada luego del secuestro por grupos parapo­liciales de los activistas del Movimiento Patria Libre (MPL), Juan Arróm y Anuncio Martí, y el Frente contra la Enajenación de los Bienes Públicos, que comenzó su lucha contra la reforma de la banca pública.

Estas dos organizaciones cuentan en sus filas con las dos principales organizaciones campesinas del país: La Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (MCNOC) y la Federación Nacional Campesina (FNC).

Las banderas iniciales de unidad y de lucha fueron el rechazo a la ley antiterrorista, al proyecto de reforma de la banca pública, a la privatización de las rutas, a la aplicación del IVA agropecuario, la derogación de la ley de privatizaciones y la lucha en contra de la corrupción y la impunidad.

Los representantes del gobierno en la mesa de negociaciones señalaron aceptar todos los puntos, menos el referido a las privatizaciones. El 14 de junio debe realizarse la apertura de ofertas para la venta de la empresa telefónica nacional Copaco, tras lo cual esta prevista la privatización de la empresa de servicios sanitarios Essap.

Al llegar a este primer acuerdo, la CDP decidió levantar los bloqueos de las rutas pero mantener el estado de movilización hasta que el Senado apruebe la derogación de la ley 1615.

Pero es importante aclarar que la enajenación de los bienes públicos ya avanzaron profundamente en la estructura económica del país. En años anteriores se vendieron la empresa aérea LAPSA, la siderúrgica Acepar, la empresa de alcoholes APAL, la flota mercante del Estado Flomerpasa y copiando el ejemplo argentino después de la empresa telefónica se encarará la venta del servicio sanitario y agua potable, la electricidad, el seguro social, el correo y la aduana, además de las rutas. Lo que podría llamarse un paquete completito para satisfacer al capital transnacional, al FMI y a sus operadores locales corruptos.

Uno de los elementos por los cuales la campaña en favor de las privatizaciones tuvo un tropiezo importante en Paraguay es la absoluta falta de claridad y la corrupción con que se manejo por parte de funcionarios del gobierno. La secretaría de la Reforma está intervenida por la contraloría general de la República por hechos ilícitos comprobados. En el Parlamento también surgieron denuncias de coimas y prebendas para favorecer la venta de Copaco.

El referente de marzo

La crisis del bloque dominante que no encuentra salidas por ningún lado, la profundización del deterioro económico a un nivel nunca visto antes (el desempleo y el subempleo llegan al 34%, el 25% de la población campesina está en la pobreza extrema), la presión de Estados Unidos y el FMI para la aplicación de los planes de ajustes y privatizaciones, la absoluta incapacidad e inmoralidad del gobierno de González Macchi y las consecuencias de la crisis Argentina hacían prever un estallido en Paraguay­.

En el mes de abril en Convergencia Popular Socialista (CPS), integrante de la Plenaria Popular, en una análisis de la situación nacional se destacó lo siguiente: “Después de las heroicas jornadas de lucha del Marzo Paraguayo (1999) hubo movilizaciones en los años siguientes que, sin embargo, no alcanzaron el mismo nivel. El caso Arrom-Martí despertó un movimiento espontáneo que se tradujo en la Plenaria Popular. De todas maneras resultó evidente que desde entonces no se ha podido articular una movilización unitaria y masiva de organizaciones populares, democráticas y de izquierda, de repudio al gobierno y al neoliberalismo.

“En este mismo periodo, no obstante, las movilizaciones campesinas alcanzaron logros importantes porque por primera vez lograron sentar a representantes del gobierno en una mesa de negociación para discutir proyectos concretos destinados al campo. Pero —al igual que las movilizaciones de sindicatos, trabajadores de la salud y la educación, los sin techos— no han podido convocar a otros sectores de la población en torno a consignas aglutinantes. Todavía falta la campaña nacional contra la enajenación de los bienes públicos, la deuda externa, el despilfarro, la corrupción y la incapacidad de los organismos de Estado, el decaimiento económico, la falta de salud y educación, el problema indígena, la violación a los derechos humanos, etc. La situación nacional no ha llegado todavía a un punto límite porque puede —dramáticamente— empeorar”.

La huelga general

La movilización logró superar un primer escollo importante al lograr la unidad del campo popular y de la izquierda, en una combinación de lucha popular democrática y autorganización espontánea de masas que se va extendiendo. La lucha a medida que se prolonga, se profundiza. Se está preparando ahora una huelga nacional con participación de las organizaciones que no integran el CDP.

Ante esta circunstancia los sectores del bloque dominante discuten abiertamente la posibilidad de hacer un cambio de gobierno (que lógicamente excluya al CDP) y para lo cual busca el apoyo de los militares, quienes se acuartelaron para socorrer a la policía en caso de un “desborde” de las manifestaciones de protesta. En esta circunstancia, el CDP está obligado a profundizar su plan de lucha y sus acuerdos políticos internos.

Sobre el futuro nada puede vaticinarse aún. La combatividad y el ejemplo de lucha del movimiento popular es incuestionable. Tras el primer acuerdo logrado con el gobierno algunos grupos de piqueteros se negaron a levantar los bloqueos de ruta y sólo lo hicieron con el compromiso de continuar la lucha hasta lograr paralizar la venta de la empresa Copaco.

Todo parece indicar que se dará una batalla final entre un amplio conglomerado de organizaciones populares, democráticas y de izquierda contra un debilitado gobierno que sólo tiene posibilidades de dar manotazos de ahogado para llegar al 2003 —año de elecciones generales— y un bloque dominante desarticulado junto a sus partidos políticos que busca una salida que todavía no la ve por ningún lado por lo que —como siempre— sus representantes recurrirán a la embajada estadounidense para lograr un consenso muy, pero muy difícil. La rebelión en Argentina y el posible triunfo de Lula en Brasil rompen el sueño a muchos, el fracaso del Mercosur, el ataque del ALCA y del Plan Colombia sólo abren las puertas a una lucha prolongada del campo popular.

* Periodista, dirigente de Convergencia Popular Socialista (CPS).

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

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    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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