No. 35
(diciembre del 2001)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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El ángel de la Historia

Juan Luis Berterretche

Un cuadro de Klee llamado Ángelus Novus muestra un ángel que parece estar pronto a huir de algo que contempla atentamente. Sus ojos están fijos, su boca abierta, sus alas extendidas. Es así que imaginamos el ángel de la historia. Su rostro está vuelto para el pasado. Donde vemos una serie de eventos, el ve una única catástrofe que va amontonando sin parar, escombros encima de escombros y los tira delante de sus pies. El ángel gustaría de quedarse, acordar los muertos y reconstruir lo despedazado. Mas sopla una tempestad venida del paraíso. Ella atingió sus alas con tanta violencia que el ángel no consigue más cerrarlas. Esa tempestad lo empuja irresistiblemente para el futuro, para el cual  da la espalda, en cuanto la pila delante de él crece en dirección al cielo. Esa tempestad es lo que llamamos progreso.

Walter Benjamín, Tesis sobre la Filosofía de la Historia

A partir de los atentados del 11 de septiembre y de los acontecimientos políticos que les sucedieron, se ha procesado un profundo cambio en el pensamiento mundial.
"La Historia volvió de vacaciones" ha titulado su nota George F. Will de Newsweek recordando con ironía El Fin de la Historia de Fukuyama. El catedrático que había decretado el triunfo definitivo de la democracia liberal y la economía de mercado, debió reconocer que estábamos ante acontecimientos "históricos", de esa historia que él, hace unos años, había dado por finalizada.
El trágico desplome de las torres gemelas, ha puesto en evidencia la falsedad de la pretensión de haber llegado al ápice de la historia, con un mundo tan despiadado, tan desigual, tan injusto. Los hechos, también manifiestan la violenta resistencia que genera el dominio norteamericano, en su tarea de implantar una cultura mercantilista al planeta. Por otra parte, occidente, asombrado, ha iniciado una revaloración de la cultura y la fe del Islam.
Es que, la absoluta certeza de que todos los países evolucionarían hacia el paradigma político y económico del occidente capitalista, es hoy más que nunca,  una concepción violentamente resistida por el mundo islámico, que considera a la modernización del capitalismo tardío, contraria a su identidad.

Identidad asiática

Durante más de 400 años de colonización de portugueses, españoles, holandeses, franceses e ingleses, las sociedades asiáticas estuvieron postradas y humilladas ante los europeos. En el siglo pasado distintos movimientos de liberación obtuvieron la independencia para sus pueblos, pero la sujeción al mercado mundial, prolongó la colonización mental de sus grupos dirigentes.
Para Kishore Mahbubani —vocero del capitalismo emergente de los tigres asiáticos, economista y ex embajador de Singapur en Naciones Unidas—, en las últimas décadas se ha procesado un cambio en el pensamiento intelectual del continente: "Durante siglos ellos creían que la única vía para el progreso era imitar a occidente. Yukichi Fukuzawa, uno de los líderes de la Reforma Meiji, resumió esa actitud, cuando dijo, a fines del siglo XIX, que, para progresar, Japón debía aprender de occidente. Otros modernizadores de Asia, como Sun Yat-sen y Jawaharlal Nehru, compartían esa actitud. El cambio que está ocurriendo en la mente de los asiáticos es que ya no creen que la vía para el progreso es la copia; juzgan, ahora, que pueden encontrar sus propias soluciones".
Esta mudanza fue aconteciendo en forma gradual e imperceptible. En contacto cada vez más asiduo con las sociedades occidentales, la intelectualidad asiática "ha quedado espantada con la enormidad y la escala de los problemas sociales, culturales y económicos que afligen a los países europeos y de América del Norte".
Al mismo tiempo, "por primera vez en siglos, ocurre un renacimiento asiático. Quien visita ciudades como Teherán, Calcuta, Bombay, Shangai, Singapur o Hong Kong, encuentra una auto confianza recién descubierta, así como interés por el lenguaje y la cultura tradicional." (...) "El orgullo, que los asiáticos están teniendo por su cultura, es claro y palpable".
Este renacimiento del pensamiento asiático se da en el marco de la mundialización capitalista, un arquetipo que intenta imponer a nivel planetario la economía de mercado y la cultura de consumo norteamericano sin interesarse por expandir la democracia liberal, a no ser en aquellos aspectos imprescindibles a la comercialización de sus mercancías. No olvidemos que la gran mayoría de los aliados africanos y asiáticos del imperio, son gobiernos despóticos, castas corruptas o dictaduras militares que aceptan sus imposiciones económicas.  Es en ese intento de propagar modas y costumbres insultantes para las tradiciones de las sociedades de Asia que la mundialización promueve, entonces, disturbios, enfrentamientos, convulsiones y choques.

Extinción de identidades

La mundialización pretende arrasar con la multiplicidad de identidades culturales del planeta. Para Samuel Huntington —profesor de la Universidad de Harvard y autor del libro Choque de Civilizaciones— existen ocho civilizaciones contemporáneas: china, japonesa, islámica, rusa ortodoxa, occidental, latinoamericana, africana e india. Cada una  de ellas con sus costumbres en común, sus tradiciones, sus hábitos, sus usanzas, sus rituales y sus simbolismos. La mundialización no persigue enfatizar lo que dichas civilizaciones tienen en común en término de valores, arte, filosofía o moral. Ni procura destacar las diferencias o peculiaridades que enriquecen la cultura humana. Por el contrario, en la perspectiva de la ganancia, todo se resume a la prepotencia en la imposición de los cánones de la mercantilización del mundo.
La relación que cada una de esas civilizaciones mantiene con la modernidad capitalista es diferente. La penetración del "orden del capital colectivo" —al decir de Antonio Negri— en cada una de esas sociedades adquiere perfiles particulares. La resistencia a la expansión del “capital global”, tiene por veces predominio en lo cultural, lo político, lo militar o lo económico. Pero lo cierto es que la oposición al capital no ha dejado de manifestarse en todos los continentes y de las formas más disímiles.

Resistencia islámica

La extensa resistencia islámica con sus debilidades, contradicciones y peculiaridades, participa del proceso de renovación del pensamiento asiático. Es contra esa devastación de las identidades que, desde Palestina a Afganistán, pasando por Pakistán, Irán, Irak, Indonesia y numerosos países islámicos, las masas se agitan contra EE.UU. y sus aliados y hacen tambalear a sus castas dirigentes pro occidentales.
Hace más de una década la cruzada occidental fue contra Irak y su déspota, que años antes había sido aliado contra el fundamentalismo iraní. Durante años, el centro de los esfuerzos norteamericanos fue contra la intifada palestina. En la actualidad el inviable estado palestino se ha convertido en inevitable.
Hoy, el imperialismo ha centrado su poder de fuego en aplastar militarmente al componente más violento de sus opositores asiáticos: los Talibanes y Al Qaeda  para intimidar al resto del continente. El petróleo y el gas natural del Mar Caspio son objetivos constatables en esta guerra contra uno de los países más pobres del planeta. Pero, a más largo plazo, para el capitalismo hegemónico la clave es el mercado asiático. Mientras América y Europa tienen, respectivamente, el 13% y el 12% de la población mundial, Asia detenta casi el 70 %. A mediados de este siglo su población alcanzará el 90% del total. Es el gran mercado de consumo del futuro. Y Europa y Norteamérica lo codician con voracidad. A sangre y fuego, intentan persuadir a los asiáticos sobre las bondades de la sociedad de mercado.

El retorno del ángel

El derrumbamiento de la URSS y la restauración capitalista en su territorio, abrieron un impasse de confusión, de retroceso en las ambiciones de mejorar el mundo, de revalorización de instrumentos, de propósitos, de certezas e incertidumbres. Y bajo la apariencia de un acatamiento sumiso al modelo hegemónico, los cambios, los cuestionamientos, las alternativas se siguieron abriendo camino en todo el mundo, por las brechas que dejaba el sistema.
La mundialización capitalista incitó a la resistencia, a la rebelión contra el empobrecimiento de la gran mayoría de la población mundial, a la protección de la vida del planeta, a la defensa de las identidades, a la salvaguarda de los bienes culturales que la mercantilización global pretende aniquilar.
La historia, ni había finalizado, ni estaba de vacaciones. Es que la historia modela su arcilla, a veces con sigilo, por momentos con estridencia. Pero su arte de labrar es incesante. Y sus protagonistas los seres de todas las civilizaciones con sus usanzas, sus conductas, sus tradiciones y sus aspiraciones.
Lamentablemente la inercia del pensamiento mundial debió ser sacudida por atentados apocalípticos para que se iniciara una reflexión acorde a este comienzo del tercer milenio.  Como secuela irracional del terrorismo padecemos el desarrollo de una atroz guerra donde, como siempre, la inmensidad de las víctimas son inocentes. A pesar de todo, a pesar de la inmensa tragedia que nos asola, podemos decir con Marshall Berman: "Alégrese. El ángel de la historia está de nuevo en las calles".

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

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