No 31
(mayo del 2001)

csapn@laneta.apc.org
CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

<< Índice de artículos

Puerto Rico

Puerto Rico en el espejo de Québec

Dos Américas se enfrentaron en Québec. De un lado, la Cumbre de 34 presidentes (y de las multinacionales); al otro, la Cumbre de los Pueblos. La muralla neo-liberal. Los presidentes se sentían asediados. Alrededor del centro de Québec se construyó un muro para aislarlos de las protestas. Al muro se añadió una tupida línea de policías anti-motines. Muro y represión: forma tangible del carácter excluyente de la globalización neoliberal que los gobernantes pretenden imponer al mundo

Rafael Bernabe

El muro responde a la vitalidad del movimiento anti-globalización, que para muchos se inició en Chiapas en 1994. Diversas iniciativas marcan su evolución: huelga del sector público en Francia (1995), encuentro en Chiapas (1997), protestas ante la reunión de la Organización Mundial del Comercio en Seattle (1999), seguida de protestas similares en Washington, Praga, Niza, Davos (Suiza) y Buenos Aires, y de la creación del Foro Social Mundial en Porto Alegre (2001). Y ahora Québec: los dueños del mundo saben que no pueden reunirse sin enfrentar protestas de quienes aspiran a un mundo distinto.

La ciudad de la resistencia

Difícil describir la diversidad de gente reunida en Québec: estudiantes de Estados Unidos, sindicalistas colombianos, agricultores canadienses, indígenas ecuatorianos, metalúrgicos brasileños, feministas, economistas, artistas, trabajadores de la maquila en México, ambientalistas de Amazonía, inmigrantes filipinos en Canadá, entre otros.

El Movimiento de los Sin Tierra, la izquierda del PT, ATTAC de Francia, CONAIE de Ecuador, el Zapatismo, organizaciones de mujeres de Québec (iniciadoras de la Marcha Mundial), la Alianza Social Continental y Vía Campesina fueron algunos de los referentes más destacados de la reunión. Humanidad heterogénea que comparte la convicción de que el mercado, la competencia y la acumulación privada implican una creciente desintegración del tejido social y una destrucción acelerada del entorno natural, proceso que toma formas diversas que cada sector se ocupó de explicar: contrarreforma laboral, generalización de sweatshops, efectos ambientales y sociales de una agricultura productivista, privatización (salud, educación, seguridad social, etc.), extensión del desempleo, precarización del empleo, flujo de riqueza de países pobres a ricos, desaparición de espacios de creaciónasfixiados por multinacionales de la comunicación, desplazamiento de pueblos indígenas, eliminación de programas universitarios que el capital no considera rentables, entre otros.

El ALCA

Que el capital pueda comprar y venderlo todo, invertir y moverse sin preocuparse por otra cosa que no sea aumentar sus ganancias: esa es la agenda de los sectores dominantes. A principios del siglo XXI proponen un regreso al XIX. Se pretende borrar un siglo de conquistas sociales: eliminar legislación laboral, ambiental o social que imponga límites al capital, o proteja trabajadores, al ambiente o las comunidades de la dinámica del mercado. Así, la agenda de la Cumbre incluía la negociación del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, que no pretende regular el comercio, sino los gobiernos: limitar su capacidad para regular el movimiento del capital. El ALCA obligaría a los gobiernos a tratar a las multinacionales como empresas nacionales (no podrán favorecer empresas orientadas al mercado interno, por ejemplo), a eliminar medidas que condicionen las inversiones (que impongan límites a la repatriación de ganancias o exigencias de reinversión, o de transferencia de tecnología, o de compra a suplidores locales) y a privatizar sectores en que el capital privado desee invertir. Las empresas podrían desafiar leyes, o la existencia de empresas públicas, en tribunales especiales ante los cuales los gobiernos tendrían que demostrar que sus acciones no violan el ALCA.

El déficit democrático

Es decir, si los gobiernos electos de América ya están bastante alejados de las poblaciones, ahora un creciente conjunto de decisiones económicas pasaría a organismos no electos, que ni siquiera formalmente pretenden representar una voluntad mayoritaria o algo que no sean los principios del libre cambio codificados en el ALCA. Este es uno de los flancos débiles del proyecto globalizador: carga con un serio déficit democrático. Contradice la democracia, incluso sus versiones más indirectas: priva a los supuestos representantes electos del pueblo de la posibilidad de legislar sobre aspectos decisivos de la economía. Por ello el tema de la democracia se ha unido al de la privatización y la desigualdad en el centro del debate sobre la globalización.

Una política disfrazada de fatalidad

El tema de la democracia y de cómo se pretende imponer el ALCA colinda con la crítica de un mito neoliberal: la idea de que ciertos procesos (poder de las multinacionales, desarrollos en la transmisión de información) rebasan todo intento de reglamentación. En Québec se insistió, al contrario, que la globalización neoliberal no es una fatalidad a la que hay que resignarse: es, al contrario, una política, política impuesta por gobiernos. En fin, no es que los Estados no puedan regular el movimiento del capital, es que no quieren hacerlo: abdican ante el mercado, no porque sean impotentes ante las multinacionales, sino porque son sus cómplices. De ahí que los Estados combinen su alegada impotencia ante el capital con un aumento de la vigilancia sobre sus poblaciones. La otra cara del mercado es el muro: represión y militarización. La otra cara del ALCA es el Plan Colombia, igualmente denunciado por los movimientos reunidos en Québec.

La globalización, más aún, se vende como integración benévola de pueblos, como superación de límites nacionales. Sus críticos serían, según esto, oscurantistas y xenófobos. Pero si algo convoca a los movimientos a reunirse en Seattle, Porto Alegre o Québec es precisamente su internacionalismo. Lo que esa resistencia denuncia es la globalización de los mercados, es decir, la integración internacional por vía de la desigualdad, de la destrucción ambiental, de la precarización de la vida y la subordinación de unas culturas a otras. La oposición a la globalización no es una defensa del aislamiento sino de otra integración: por vía, no del mercado, sino de la subordinación del mercado a prioridades sociales determinadas colectiva y democráticamente. Una de las consignas de Québec resume la idea: luchar juntos por una América solidaria.

La dictadura del mercado

En los talleres en Québec varias veces oímos el nombre de Karl Polanyi. Reconocimiento justificado. Su clásico estudio, “La gran transformación”,1 elaboró una crítica de la idea de que el mercado surge espontáneamente como emanación de la naturaleza humana si se remueven los límites que le impiden desplegarse, idea que corresponde la noción del mercado como espacio de libertad. Polanyi nos recuerda que el mercado tan sólo se generaliza como producto de un desgarrador y violento proceso de imposición y desarticulación de formas de regulación social no mercantiles.

El mercado es un dictador implacable, que castiga con la ruina a quien no se atenga a sus reglas: dictadura que goza de la ventaja de no tener centro visible, cara reconocible, que se presenta como una especie de fatalidad, de ley natural. Pero el mercado, según Polanyi, maltrata implacablemente al ser humano y a la naturaleza: sus victorias provocan, con mayor o menor retraso, nuevas resistencias. La última década ha vuelto a confirmar esta tesis: desde los think tanks neo-liberales, pasando por las políticas del FMI, hasta la represión abierta, el mercado neoliberal se ha impuesto planificada y concientemente. Y la resistencia ha surgido desde los más diversos e inesperados sectores. Estos movimientos todavía carecen de una estrategia compartida o de una propuesta social alterna, en parte debido a la desilusión con los diversos socialismos del siglo XX. Pero no hay duda de que la crítica del capitalismo renace vigorosamente: crítica que poco a poco redescubre la pertinencia de elaboraciones tantas veces enterradas por los profetas del mercado, como la explicación marxista de la dinámica y contradicciones del capitalismo.

Ambigüedades

Como indicamos, para el capital la globalización plantea un problema político: ¿cómo legitimar un proceso elitista y anti-democrático? De ahí la disposición de sectores burgueses a invitar organizaciones sindicales y ambientales, entre otras, a participar en algunas reuniones. Las centrales sindicales (caso más destacado: la AFL-CIO), históricamente comprometidas con una política de colaboración con el capital y su Estado, son las más propensas a entusiasmarse con esto y a limitar el movimiento a un intento de reformar el FMI o la OMC o de enmendar los acuerdos como el ALCA con cláusulas sociales. Esta posición fue criticada por muchos en Québec, no sólo porque divide el movimiento y limita su alcance, sino porque facilita el intento de los globalizadores de legitimar su proyecto como afín a las preocupaciones de los movimientos sociales.

Recolonización del mundo

En Québec se denunció otra dimensión de la globalización: la erosión de la (ya limitada) independencia de los países lainoamericanos. Incluso en los países que existió el atisbo de un desarrollo autónomo orientado al mercado interno, hoy el neoliberalismo impone algo distinto: economías orientadas a la exportación, industria básica desplazada por plantas de ensamblaje, agricultura remodelada o arruinada por el agribusiness, desmantelamiento del sector público, crecimiento de economías informales e ilegales, vulnerabilidad ante el capital financiero y la especulación. Tres subordinaciones resumen el proceso: de las burguesías locales a las multinacionales, de los Estados a organismos financieros internacionales (el FMI, Banco Mundial), de antiguos críticos de la dependencia (como la CEPAL y F. H. Cardoso ) a los dogmas del neoliberalismo.

Redefinir el progreso y el desarrollo

Las nuevas resistencias tienen otra dimensión que se nutre, entre otras cosas, del movimiento ambiental y del movimiento indígena: no sólo la exigencia de desarrollo, bienestar y progreso, sino también la aspiración a redefinirlos a la luz de las consecuencias del desarrollo capitalista. En pocas palabras: un desarrollo que no sea una réplica de Estados Unidos, un modelo de modernidad mas allá del American Way of Life. Una conocida acción de Vía Campesina en Francia resulta emblemática: como protesta contra formas destructivas de producción y consumo desmantelaron, pieza por pieza, un McDonalds. El objetivo de comida para todos no puede alcanzarse por vía de Big Macs para todos. Ante la lógica capitalista de la acumulación incesante de mercancías, este movimiento combina la exigencia de bienestar material con preguntas como ¿qué y cómo se produce y qué implica para generaciones presentes y futuras (uso de recursos no renovables, empleo de la tierra, creación de desechos)? ¿Cómo se organiza el trabajo, el tiempo libre, el espacio urbano y la agricultura, y la relación campo-ciudad?

En Puerto Rico

Una y otra vez las actividades en Québec nos recordaron a Puerto Rico: no se puede escuchar debates sobre el sector público, garantía de servicios, control de la multinacionales y la democracia, y no recordar los debates suscitados por la Huelga del Pueblo; o aprender sobre nuevas formas de coordinación y no pensar en el CAOS; o leer la consigna El mundo no se vende en paredes de Québec y no pensar en Puerto Rico no se vende; o escuchar denuncias del Plan Colombia y no pensar en Vieques; o leer críticas del desarrollismo desenfrenado y no pensar en nuestras luchas ambientales, desde la ruta 66 hasta Piñones; o enterarnos del cuestionamiento de las formas dominantes de consumo y producción, progreso y desarrollo, y no recordar los problemas de la casi muerte de la agricultura en Puerto Rico, la incoherencia de su desarrollo industrial, la dinámica destructiva de sus asentamientos urbanos, la irracionalidad del transporte, la relación antagónica con la naturaleza, las prácticas de la sociedad desechable made in USA; o escuchar, en fin, propuestas para repensar el desarrollo, y no pensar en la necesidad de redefinir la relación entre agricultura e industria y las formas del desarrollo industrial, y la relación entre consumo y producción, campo y ciudad en Puerto Rico. Las luchas reunidas en Québec son un espejo en el que Puerto Rico puede y debe reconocerse.

Québec, al igual que Seattle y Porto Alegre, nos invita a convertir la resistencia al neoliberalismo y sus consecuencias en una lucha por una redefinición igualitaria, participativa, emancipadora del sector público y de la democracia, proyecto político que tan sólo puede construirse a partir de las luchas y movimientos sociales en el país: obreras, estudiantiles, comunales, ambientales, de la mujer y de todos los sectores oprimidos.

Québec nos recuerda que la resistencia al neoliberalismo no sólo implica la exigencia de cambios en cada país, sino también la necesidad de una nueva relación entre países: otro mundo en que pueda superarse la polarización entre países ricos y pobres, desarrollados y subdesarrollados, metrópolis y colonias. Nos recuerda que se trata de dos caras del mismo proceso, que del avance de las luchas en todo el mundo, sobre todo en los países de mayor peso económico, depende que se hagan viables las soluciones radicales que cada cual necesita.

Todo esto implica ciertas formas de pensar la independencia y de entender su viabilidad: como lucha que puede y debe construirse a partir de las luchas sociales en el país; como movimiento, por tanto, que puede y debe crecer como aspiración a una soberanía pública y ciudadana sobre los procesos económicos y sociales hasta ahora gobernados por los mercados y la acumulación privada; como lucha por un desarrollo igualitario y sostenible (que asimile la crítica de los aspectos más destructivos del American Way of Life); como proyecto cuya viabilidad depende de la posibilidad de una nueva relación entre pueblos y regiones: la independencia, en fin, como apuesta a que otro mundo es posible y como aspiración a participar como agentes autónomos, junto a otros pueblos, en ese proyecto compartido.

 

Notas

1. Redacción: se refiere a la obra de Karol Polanyi, La Gran Transformación, escrito en 1944. Hay una muy buena edición de La Piqueta con el subtítulo de Crítica del liberalismo económico. Madrid, 1989.

*Rafael Bernabé. Dirigente del Frente Socialista de Puerto Rico. Activista del movimiento contra la intervención de Estados Unidos en Vieques.

 

<< Índice de artículos

  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

    Coordinación: José Martínez Cruz.

    Edición: Ana María Hernández.

    Colaboradores: Edgard Sánchez; Claudia Cruz; Josefina Chávez.

    Traducción de textos: Alberto Nadal.

  Desde los cuatro puntos es una publicación mensual de Convergencia Socialista, Agrupación Política Nacional (apn), registrada en el Instituto Federal Electoral. Registro de la Dirección General del Derecho de Autor (en trámite). Certificado de Título y Contenido (en trámite). Publicación periódica. Oficinas y suscripciones: Xola 181, 3er. piso, Col. Alamos, C.P. 03400, Teléfono 5 90 07 08, México, D.F.