No 31
(mayo del 2001)

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CORREO DE PRENSA INTERNACIONAL

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Análisis

Elecciones vascas. El nacionalismo democrático consolida su hegemonía política

José Ramón Castaños*

La aritmética electoral ofrece muy pocos problemas de interpretación. Se ha producido un espectacular creci- miento del índice de participación, que ha llegado hasta el 80% del censo, lo que a todas luces es algo inusual en las democracias occidentales. Nos da una idea del alto grado de politización de la sociedad vasca, así como de lo que en ella hay en juego. Unas elecciones que al parecer de muchos han tenido un cierto carácter pre-constituyente.

Las modificaciones respecto a las de 1998 han sido muy pocas si comparamos la relación entre el bloque autodeterminista (conjunto de partidos que suscribieron la declaración de Lizarra), y el bloque españolista (PP-PSOE), pero son muy significativas si consideramos lo que ha ocurrido en el interior de cada uno de esos bloques. A saber, un fracaso de la derecha españolista en su intento de minorizar al Partido Socialista (la relación entre ellos queda igual a como estaba), y un espectacular desplazamiento de votos de la izquierda abertzale (HB-EH), hacia el nacionalismo democrático —Partido Nacionalista Vasco (PNV)—. La interpretación política de estos resultados ofrece, sin embargo, un enorme interés para sondear las perspectivas de la política en todas y cada una de las piezas desajustadas que componen el puzzle del Estado español: Euskadi, Catalunya, Galicia y España. Ofrecemos a continuación algunas pistas para ello. 1.

Se ha producido una derrota sin paliativos del Estado español en su proyecto de asimilación nacional de Euskadi. El pacto de Estado entre PP y PSOE vio en el rechazo moral a los asesinatos deETA la ocasión de lanzarse al asalto de la autonomía vasca. Su pretensión era realizar una nueva reconquista española de Euskadi: anular el autogobierno vasco, invertir las políticas de normalización lingüística a favor del euskera, frenar la expansión de la identidad nacional vasca, y reducir el Concierto Económico (la soberanía fiscal actualmente existente), a la nada. El medio para ello era desalojar al PNV del Gobierno Vasco, y a tal fin iniciaron una intensa campaña de bloqueo parlamentario, de hostigamiento desde Madrid a las instituciones vascas, y de criminalización del nacionalismo democrático, al que identificaron groseramente con la violencia, el fascismo, el gulag, el holocausto y la xenofobia. El estrepitoso fracaso de este proyecto demuestra que la alternancia españolista en el gobierno vasco es un imposible metafísico como ilustra la repetición desde hace 25 años de una mayoría nacionalista que oscila entre el 58 y el 60% del electorado. 2.

La hegemonía política del nacionalismo democrático ha salido reforzada. El PNV ha ganado en el 96% de los Municipios. De forma abrumadora en las pequeñas ciudades de menos de 50.000 habitantes; con una holgura superior al 51% de todos los votos en las capitales, y con una mayoría suficiente en los grandes núcleos urbanos de población obrera y emigrante, donde el socialismo estaba fuertemente arraigado desde principios del siglo XIX. Esta concentración del voto en el PNV es una reacción de dignidad nacional contra la agresión exterior del Estado. Es algo así como decirles a los partidos españoles: no vengáis desde fuera a decirnos a los vascos qué es lo que debemos ser, porque sabemos muy bien que somos una nación diferenciada que quiere gobernarse así misma por su propia gente. El rechazo a la agresión de ese sentimiento está en la base de la hegemonía nacionalista, pero no explica porqué se ha concentrado con tanta fuerza en el nacionalismo democrático. Para buscar la causa hay que referirse al rotundo rechazo de la sociedad vasca a los asesinatos de ETA.

3. El retroceso de la izquierda abertzale es un voto de castigo de su propia gente contra ETA. Euskal Herritarrok ha perdido el 36% de sus votos y el 50% de sus escaños. Estos datos confirman que teníamos razón cuando al final de la tregua dijimos que los asesinatos de ETA eran el suicidio de la izquierda vasca. Esos votos han ido a parar, afortunadamente, al nacionalismo democrático. No son votos perdidos y pueden volver a recuperarse si la izquierda abertzale decidiera emprender un movimiento de regeneración política, imponiendo a ETA una tregua definitiva o rompiendo políticamente con ella. No hay que olvidar que la masa crítica del nacionalismo de izquierda está muy activa, y aunque la mitad de ella se exprese electoralmente bajo las siglas del PNV, no quiere decir que vaya a ser neutralizada por el nacionalismo moderado. El único problema que hoy tiene Euskal Herritarrok es que su organización ha salido demasiado debilitada, y que precisamente por eso; porque en ella sólo quedan los más fieles a la dirección, su margen de maniobra; esto es, su independencia política de ETA queda debilitada.

4. La legitimación social del nacionalismo democrático vuelve a plantear el problema de la autodeterminación nacional y de la Reforma del Estado. Estas cuestiones son inevitables si nos atenemos al discurso autodeterminista del PNV (exigencia de soberanía compartida de las nacionalidades en Europa), a la expansión de esa misma idea en Catalunya y Galicia, y a las recomendaciones que el empresariado vasco acaba de realizar al Gobierno de Aznar: comprender a los vascos para flexibilizar la política autonómica y el modelo de Estado. El PNV acaba de formular ahora su propuesta de paz: una mesa de todos los partidos políticos sin exclusiones que, a semejanza de Irlanda, construya un nuevo consenso nacional para dar a los vascos la palabra que ahora no tienen. Eso es la autodeterminación y la paz, pero la posibilidad de recorrer ese camino depende tan sólo del cambio de liderazgo en el Partido Socialista para hacerle regresar a la vieja alianza democrática con el nacionalismo para reformar la Constitución y adaptar el Estado a las legítimas aspiraciones de las nacionalidades. Este giro está sobre la mesa pero requiere su tiempo. Un tiempo que será amargo porque el diálogo para la paz habrá que hacerlo con ETA matando. Así de dura es la política en nuestra tierra.

 

*José Ramón Castaños Militante de la organización vasca Zutik y activista del movimiento Carta Social.

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  • Dirección: Nellys Palomo Sánchez (hasta el número 35 en noviembre de 2001) José Martínez Cruz (a partir del número 36)

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