No. 31
(julio de 2011)

 

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Las mujeres en los Balcanes

Sylvia Marcos

“éramos felices pero no lo sabíamos”

Amén de Bulgaria, Rumania y Albania los Balcanes incluyen todas la regiones de la ex Yugoslavia, es decir: Serbia, Croacia, Eslovenia, Kosovo, Macedonia y Bosnia, cuya capital es Sarajevo, donde he estado en dos ocasiones en el 2010.

Cuando encontré a las mujeres de Zenezenama ( mujeres para mujeres), había escuchado repetidamente sobre las “violaciones” masivas a las mujeres de los musulmanes en Bosnia. Parecía ser la regla que al masacrar 8,000 varones en Srebrenica, población cercana a Sarajevo, parte del despojo incluía destruir la dignidad tanto de los varones cuanto de las mujeres violándolas sistemáticamente: esposas, madres, hijas.

Temía encontrar un panorama desolador. Descubrí asociaciones de mujeres luchando por sus derechos en la sociedad y en la política. Me preguntaba ¿como estarían sobreviviendo? En mis encuentros con mujeres insertas en la política local, lo que más me sorprendió, fue el nivel de compromiso. Esas reuniones con representantes de más de 30 partidos fueron muy aleccionadoras. Hablaban frecuentemente de sus dificultades al asumir posiciones de autoridad, dificultades que son comunes a nosotras y a todos los regímenes patriarcales alrededor del mundo. Parecían fuertes, propositivas, en lucha contra sus condicionamientos de género en virtud de los cuales deberían de ser sumisas y dependientes de los varones.

En una reunión con las organizaciones civiles, las dirigentes presentaron sus avances en varios campos según la especialidad de cada ONG. Hacían uso de todos los avances tecnológicos y electrónicos contemporáneos.

Parecía que la guerra no había asolado su tierra, su familia y sus cuerpos hacia poco años.

Pensé que ya todo estaba en el pasado, hasta que después de un día de apretadas reuniones de trabajo, llegamos a la recepción y cena. En ella estuve rodeada, en una mesa redonda, de 11 mujeres. Después de la cena en la que se degustaron deliciosas especialidades locales y se tomaron un par de copas de vino, empezamos a charlar y fue cuando logré ver al interior de esas vidas rotas ayer y remendadas en el hoy.

Una había perdido a su hijo en 1993 y nunca volvió a saber de él, otra había sido violada y dejada por muerta en la casa campesina en donde vivía entonces. Nunca volvió a ver ni a sus hijos, hijas y su marido fue uno de los masacrados. Otra cantaba —la bella y nostálgica música local— y decía que a ella siempre le había gustado la música aunque tuviera el corazón atribulado. Otra más joven participaba en el proyecto de Eve Ensler, Monólogos de la vagina y había aparecido en el programa de Ophra de los EU, haciendo campaña contra la violación de mujeres. Su mamá estaba enferma de un cáncer terminal. Una poetisa recitaba sus versos y me invitaba insistentemente a un evento poético en “bosniak”, la lengua que anteriormente se llamaba serbo-croata. Otra más, la intérprete, contaba su trauma por haber estado fuera del país durante la guerra y no haber podido compartir ese período sangriento con su gente. Hablamos del fondo de nuestros corazones y ahí aparecieron cicatrices y heridas aún vivas. Ese es el mundo de las mujeres hoy en Sarajevo, así como en toda Bosnia.

Nadie quiere expresar ya sus dolores y traumas. Prefieren ver hacia adelante, olvidar el pasado, reconstruirse y seguir, pero siempre reclamando sus derechos como mujeres. Y han avanzado mucho aunque el camino, como para las mujeres en todas las vías, aparece todavía largo. Y aunque estaban vivos y dolientes los recuerdos de abusos de todo tipo, se sentía el hastío y desgaste de una larga exposición de éstos ante un público internacional que se aprovechaba de esos sufrimientos para crear asociaciones de “ayuda”, ONG's a favor de las mujeres violadas, organismos internacionales, benefactores que sobreviven hasta hoy exponiendo las humillaciones de las mujeres y gracias a ello, pueden pagar sueldos “internacionales” a su personal. El peso de su presencia se ha infiltrado en cada reunión femenina de denuncia y en cada propuesta política apoyada desde afuera; permea el tejido social al que casi no le queda autonomía. “Sarajevo” y “violación masiva de mujeres” aparecen hoy a los ojos del mundo exterior casi como sinónimos. Pero, ellas mismas, en su espacio y territorio, cuentan otras historias.

Bosnia tiene un poco más de tres millones de habitantes. Las poblaciones de cada uno de los otros “países” de los Balcanes: Serbia, Montenegro, Kosovo, Eslovenia, Croacia, Macedonia están en ese rango.

El territorio de Sarajevo, además, quedó partido en dos: La Republika Srpska y los Bosnios (musulmanes). Las complicaciones burocráticas e institucionales de un gobierno estatal dividido así, son imposibles de entender y menos de narrar.

A Belgrado, capital de Serbia, me invitó la organización "Mujeres de negro". Serbia coquetea ahora con las herencias de Tito, que en su época había implementando propuestas colectivistas de producción y un gobierno que trajo beneficios a las grandes mayorías, evitando la concentración capitalista en pocas manos.

Esta república/estado que fue el centro administrativo de Yugoslavia está ahora en manos de una pequeña elite neoliberal que explota los cambios para su propio beneficio y amasa fortunas instantáneas dejando a la mayoría de la población en una pobreza que anteriormente no conocía.

Los sectores de izquierda, sobre todo las activas ONG's de mujeres, como la que me invitó, están horrorizadas con estos cambios. Además, la población general esta desilusionada de que las promesas se volvieron en su contra con estos cambios que los han hecho retroceder en sus agendas sociales. Ahora se ha erigido un importante e imponente museo que rememora y conmemora los tiempos, la historia y las hazañas de Tito.

Estuve ahí en una concentración convocada por los grupos de mujeres. El edificio del museo esta rodeado de una explanada llena de árboles que contrasta con los edificios a proximidad —aun perforados por las bombas— herencia de la brutalidad de Milosevic.

Las "Mujeres de negro" de Belgrado me convocaron a hablar sobre el proceso zapatista. Para los habitantes de los Balcanes, es un reto entender el concepto de “autonomía” como lo entienden y suscriben los zapatistas: sin soberanía. Ellos se transformaron de un país, en 6 ó 7 dependiendo de que se considere a Kosovo como estado soberano. El lugar donde di la conferencia estaba atestado, la gente se apiñaba, había también de pie y otros sentados en el suelo y llenando además el espacio adyacente. Con un interés inmenso por esta propuesta que presentaba “otro camino”: una revolución posible a través de una rebeldía pacífica… Ellos que estaban todos atravesados por las balas psíquicamente, cuando sus edificios lo están por balas que horadaron viviendas cotidianas, hogares, lugares de esparcimiento público, cosas que revelan una guerra fratricida y genocida.

La discusión posterior fue larga e intensa. Intervenían los herederos y herederas de una larga tradición de izquierda, personajes que discurrían y a cuyas ideas yo tenía acceso fragmentario a través de una traducción sintética de Staja, la coordinadora y gran amiga de América Latina.

Las "Mujeres de negro" de Belgrado recogieron la semilla de las mujeres zapatistas, de sus propuestas, de sus búsquedas de autonomía en donde la revolución de las mujeres camina a la par y parejo con la de los desposeídos, lado a lado sin choques y sin dejarse avasallar una por la otra.

La lucha que está hoy invisibilizada en México, llevó su luz a las serbias y los serbios inconformes y luchadores-luchadoras por un mundo mejor, mas justo y posible.

A Zagreb llegué al final de mi periplo. Invitada por Centar za zenske studije (Centro de estudios de la mujer). Biljana y Rada tuvieron la idea de que participara en un evento que convocó a la intelectualidad de Croacia: el “Festival de cine subversivo”, a éste habían invitado a filósofos y pensadores como Slavoj Zizek. Paradójicamente o típicamente, según desde donde se vea, no había mujeres invitadas. Mi participación sirvió, según ellas, para llenar un poco ese vacío. Así me lo explicaron para alegrarme de hablar en un foro cinematográfico para 3,000 personas. El título de la ponencia —a sugerencia de ellas— que expuse fue: The idea of liberation from a Latin American Perspective . Imprimieron la Ley revolucionaria de las mujeres zapatistas traducida al croata e ilustrada con una obra de Beatriz Aurora. Me gustó más poder hablar en corto con las mujeres de ese Centro de estudios de la mujer, grupo de intelectuales croatas, que han publicado varios libros y que desde hace veinte años tienen la tarea de instruir, dar seminarios y cursos, compartir publicaciones y conferencias en donde la situación de las mujeres es analizada, criticada y revisada.

En Sarajevo, caminando por sus viejas callecitas alrededor de la mezquita, Nuna, mi anfitriona, me enseñaba orgullosamente como, antes de la inexplicable guerra, estaban unidas incluso espacialmente la mezquita, la sinagoga y la iglesia cristiana ortodoxa.

“Antes siempre pudimos vivir en armonía y respeto mutuo con todas nuestras diferencias”. Habrá que ensayarlo de nuevo inspirados en ese ayer que, como dice Walter Benjamín, permanece unido dialécticamente con el hoy .

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