No. 31
(julio de 2011)

 

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Marcela Lagarde
Medalla al Mérito Ciudadano 2010*

Evoco a María Zambrano, cuando reflexiona y dice: “Si hubiera que definir la democracia podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, ser persona.

 

Es un honor para una ciudadana feminista, haber sido considerada por esta Asamblea para la Medalla al Mérito Ciudadano 2010, porque es formidable coincidir con quienes nos representan.

La Asamblea Legislativa del Distrito Federal se ha significado por aprobar normas que contribuyen a un cambio de paradigma en torno a las mujeres al reconocer el derecho de las mujeres a decidir libremente la interrupción del embarazo hasta las doce semanas de gestación.

La Asamblea ya había aprobado la Ley de Igualdad entre Mujeres y Hombres y la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, y otras normas y presupuestos para impulsar políticas de gobierno con transversalidad de género.

Un avance formidable, fue la aprobación de las Sociedades de Convivencia como vía a las uniones legales entre personas del mismo sexo. El mayor aporte fue eliminar el sexo como requisito del matrimonio. Con lo que se legalizan el matrimonio entre personas del mismo sexo, la diversidad conyugal y la igualdad entre distintas opciones sexuales. Ya han contraído matrimonio 195 parejas de mujeres y 222 de hombres. En total ya han acudido a casarse en igualdad, 417 parejas del mismo sexo, 834 ciudadanas y ciudadanos.

La sinergia entre movimientos feministas, de mujeres, de liberación sexual, urbano populares y otros movimientos democráticos, alternativos y libertarios, ha aportado cambios a otras formas de ser y de vivir e imaginar otros mundos posibles.

Nosotras

En unas décadas, las mujeres de la ciudad de México hemos pasado de ser un sector, un grupo vulnerable asociado a la niñez, a personas que requieren tutelaje y apoyos especiales, a ser víctimas, o sólo como amas de casa o madres de familia. Hemos sido vistas como base electoral, clientela política o masa de apoyo de aguerridos machos.

Con todo, logramos, de manera parcial, que se considere a las mujeres como un sujeto jurídico político, que contribuye a la convivencia y a la fortaleza del tejido social, la generación de riqueza, la comunicación, la política, la cultura y las artes.

Un sujeto, en situación de desigualdad y con una ciudadanía de segunda, compuesto por mujeres que, al participar, estudiar, trabajar, al rebelarnos y plantear alternativas, y a través de un sinfín de osadías, abrimos vías a una ciudadanía plena y a la vigencia de nuestros derechos humanos.

Las defeñas habitamos una ciudad diversa, plural, progresista, hospitalaria y abierta. Poetas han cantado a sus ciudades como la novia o la luz, las han llamado invisibles y hasta de papel. La nuestra tiene un nombre poético: en el ombligo de la luna. Su nombre híbrido viene del náhuatli meztli luna, xictli ombligo y co lugar en español.

Las ciudades y las defeñas

La ciudad de México se parece a sus mujeres. Ciudad rica, trabajadora y creativa dotada de oportunidades extraordinarias, espacio de libertades y, al mismo tiempo injusta por sus desequilibrios y desventajas, carente de recursos, de derechos plenos y de igualdad.

Ciudad devastada y primermundista, usurpada por transportes insufribles, y desprovista de baños públicos, contiene segundos y tercer mundos. Inframundos. Es, en realidad, un espacio tercermundista. Yo habito la ciudad verde por sus fresnos, pinos, palmeras y ahuehuetes, florida por sus jacarandas, refrescada por fuentes, colmada de arte.

En mi ciudad están los Índices de Desarrollo Humano más altos del país. Las cifras más altas de empleo, ingreso, acceso a la salud y la mayor longevidad en América Latina. En sus casas hay servicios y jardines y sus pobladores tenemos los más altos niveles educativos, leemos libros y periódicos, disponemos de Internet, asistimos al teatro, al cine, a conciertos, gozamos de vacaciones. Tenemos circuitos escultóricos y museos formidables. Con todo, nuestras más frondosas avenidas son espacio de mercadeo sexual y de explotación. Los espectaculares ofrecen a los clientes de antros, mujeres capaces de lo inimaginable.

En el laberinto de ciudades superpuestas del segundo y tercer mundos, domina la precariedad. No hay agua, y las pipas van a tropezones por las calles sin pavimento para llenar cubetas y tambos. No hay drenaje y la gente sufre aguaceros torrenciales aterrada por el riesgo de desastre. Hay casas de lámina, escuelas sin servicios y niñas y niños sin atención.

En sus hogares vive un sinnúmero de mujeres marginadas y excluidas, sin escuela y sin remuneración, sin empleo, pero trabajando de manera no reconocida, invisible para-otros . La mayoría de las defeñas además del quehacer y la atención a sus familias, además del trabajo visible, si lo tienen, venden algo, fabrican, cosen, bordan, pegan, adornan echan garnachas, quesadillas y sopes, hacen y venden tamales y abonan millones a la economía sumergida. Sujetas a formas de sobreexplotación del trabajo en que quienes lo hacen, no trabajan, ayudan; no tienen derechos, se sobreponen y, con mucho orgullo, sacan adelante a sus hijas e hijos.

En estas ciudades hay niñas y niños y personas adultas sin casa. Viven en las calles y, para vergüenza nuestra, en la ciudad habitada por el mayor número de indígenas en nuestro país, niñas y niños indígenas, indigentes, crecen en los camellones. Eso sí, hay quienes pasan por talleres de género, circo y cuentacuentos.

La Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe , sostiene que sólo en La Merced, a plena luz del día, 5 mil mujeres y mil 500 niñas son explotadas sexualmente para solaz de hombres machistas, con la colusión de policías, funcionarios autoridades y gobernantes, igualmente patriarcales. La mayoría de ellas es víctima de trata y otras formas de esclavitud sexual. Sanjuana Martínez, ha hecho público que “Una menor de 11 años es vendida por los tratantes varias veces, entre 50 mil y 200 mil pesos para ser sujeta de explotación sexual ( La Jornada, 23/10/20).

Aquí han ocurrido tragedias evitables como la del News Divine, a la cadena de hechos lamentables, se sumó la violación a los derechos humanos de mujeres y hombres adolescentes y jóvenes, para colmo pobres. Damnificados, fueron violentados por quienes deberían proteger sus vidas y su integridad. En contraste, adolescentes y jóvenes gozan de espectáculos, fiestas y rituales masivos gratuitos. Algunos tan desconcertantes como el de las quinceañeras.

En esta contradictoria ciudad, se da la mejor atención pública del país a la interrupción del embarazo antes de las doce semanas de gestación. En tres años más de 55 mil mujeres lo han solicitado. Y el gobierno reporta 48 mil 138 mujeres atendidas. 1,400 mujeres al mes. Todas ellas están en programas institucionales por una sexualidad sin riesgos.

Nuestra ciudad es la única en el país que cuenta con un Diagnóstico de Derechos Humano. Fue impulsado por la Comisión de Derechos Humanos del DF (CDHDF, 2009) y realizado con las organizaciones civiles. Fue saludado como base de la política gubernamental para garantizar la vigencia de los derechos humanos.

Quienes habitamos esta ciudad anhelamos que el contrato social y el pacto político de gobernabilidad democrática tengan como prioridad convertir a la ciudad de México en una ciudad para la igualdad, redistributiva, incluyente y justa, vitalmente multicultural, diversa, plural y alternativa. Millones de personas nos esforzamos cada día para lograrlo. Lo mejor de nuestra ciudad está en su ciudadanía capaz de crear y habitar lo inhóspito y transformarlo en habitable.

Derechos de las mujeres, derechos de la ciudad

Así como las mujeres requerimos derechos, recursos, bienes, oportunidades y mejoría en la calidad de la vida, la Capital requiere trato equitativo: soberanía republicana y un pacto federal justo con equidad fiscal: un gobierno y un congreso soberanos y una ciudadanía en igualdad.

Las mujeres requerimos plenos derechos a la educación, al empleo, a la salud, a la participación social en igualdad y a la participación política paritaria, al desarrollo personal, así como el respeto a nuestra integridad y dignidad, a nuestras libertades y a la seguridad, puertas adentro y en todas partes. Precisamos la mejoría equitativa de las condiciones de vida y la vigencia plena de los derechos humanos. La izquierda ha gobernado para potenciar a nuestra ciudad y satisfacer necesidades de las mayorías. Esa es la vía urgente para el país en pos de recuperar la República democrática, disminuida día a día, con las desigualdades inaceptables, las violencias estallando por doquier y la percepción civil de que vamos cada vez a peor y perdemos derechos y libertades.

En México, vivimos una guerra ilegal con 30 mil muertos, en una vía neoliberal que depreda, destruye riqueza acumulada, elimina trabajadores y empresas, malgasta y derrocha recursos, desmantela instituciones y fuentes de trabajo y elimina capacidades instaladas. En la ciudad de México hay violencias pero no estamos en guerra.

Las mujeres, la democracia y el desarrollo

Los aportes de las mujeres a los avances en la ciudad son evidentes. Lo notable, es que han sido realizados en desventaja, con sobre carga de trabajo y doble jornada para la inmensa mayoría, en desigualdad y bajo formas de dominación, apropiación y control lacerantes.

Los movimientos feministas han hecho aportes formidables a esta energía civil transformadora y han incidido en la mejoría y el avance de las mujeres.

La ciudad que queremos

Nuestra ciudad requiere fortalecer y mejorar sus instituciones y las vías asertivas al empoderamiento de las mujeres y la garantía de sus derechos.

La Ciudad de México tiene que cambiar muchas cosas propias y en su articulación con la zona metropolitana y con el país. También con el mundo global al que pertenece. La capital del país debe tener como prioridad eliminar el desasosiego vital, el hambre, la miseria y la pobreza.

Desaparecer la explotación sexual y la trata de mujeres y niñas. Que nuestras calles y sitios de diversión dejen de ser mercado sexual cosificador de las mujeres para el placer de hombres que deben cambiar. Que no haya la necesidad de construir refugios para mujeres de paz, cuya vida está en peligro por las violencias que ejercen contra ellas, próximos y desconocidos. Que las mujeres y las niñas estemos seguras en la casa y en la calle, en el aula, en el trabajo, en la comunidad, ante las instituciones, ante nuestros seres queridos. Que nuestra cultura deje de recrear violencias y discriminaciones y la imaginación y los aportes éticos y políticos de tantísima gente creativa, se desplieguen e innoven subjetividades y mentalidades y dejemos atrás lastres oprobiosos.

Que los hombres defeños dejen de ser un obstáculo a la igualdad y a la democracia genérica. Que cambien tanto, que ya no finquen su vida en supremacismos machistas y misóginos y potencien en cambio, el trato igual y la empatía solidaria hacia las mujeres y entre los hombres. El gobierno de la Ciudad debe cambiar para hacer que sus instituciones, funciones y acciones, se articulen e impulsen la transversalidad de género de manera integral.

Si se profundizan los aciertos, en una sinergia entre el gobierno y la ciudadanía, es posible erradicar todas las violencias y que no haya más mujeres maltratadas, vejadas, lastimadas. Eso se logrará sólo si como pauta de convivencia se respetan la integridad y la dignidad de las mujeres. Si vamos logrando todo eso, será posible que las defeñas y cualquier mujer que pase por aquí, puedan ser lo que quieran ser, estudiar, trabajar, hacer arte y política, y tengan el derecho a tener derechos y a no ser oprimidas, explotadas o discriminadas.

Que puedan fluir con libertad en diversas opciones sexuales y que eliminemos del sincretismo de género la premodernidad y la modernidad sexistas y excluyentes que nos constriñen. Nuestra ciudad debe ser la casa acogedora para que las niñas, las adolescentes y las jóvenas lo sean de verdad y tengan el derecho a tener derechos, en presente: a ser cuidadas, a jugar y estudiar, a divertirse y convivir con personas adultas pacíficas y solidarias, a crecer con autonomía y libertad y a desarrollarse. Y, también para que las más mayoras podamos hacer lo mismo y alguna que otra cosilla más.

Que la justicia sea expeditada y sea justa.

Imaginemos cómo será la Ciudad de México cuando hayamos convertido en modo de vida defeño y en cultura defeña, la igualdad en todas sus modalidades y sean colocadas las banderas blancas de ciudad libre de analfabetismo, ciudad libre de pobreza, ciudad libre de violencias.

Ciudad lacustre, habitable, segura, sustentable y equitativa para las mujeres. Entonces lo será también para los hombres. Cuando lleguemos ahí, sólo estaremos en el inicio de la metamorfosis de nuestro valle y sus montañas, e n el Ombligo de la Luna: ciudad con derechos plenos, parte de un país próspero y justo, territorio de ciudadanas y ciudadanos plenos.

* Discurso pronunciado por la Dra. Marcela Lagarde, el 28 de octubre de 2010, al recibir la Medalla al Mérito Ciudadano 2010 que le otorgó la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. El epígrafe fue tomado del libro Persona y Democracia, 1988.

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Edición:
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