No. 24
(octubre-diciembre
de 2003)

 

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Maquila y trabajo de las mujeres (primera de dos partes)

Gloria Tello Sánchez*

1. Rasgos fundamentales de las maquiladoras mexicanas

La economía mexicana de principios del siglo XXI, es cualitativamente distinta a la que entró en crisis de largo plazo en los años setenta del siglo pasado. La nueva economía está caracterizada por las crisis sectoriales de dimensiones diversas, que han llevado a una reestructuración productiva y del gran capital transnacional que determinan en gran medida nuevas formas de articulación y dependencia de los países subdesarrollados como el nuestro.

Resultado de este proceso es la profunda desigualdad en el país; la privatización de la planta industrial pública que llevó a la desarticulación de incipientes cadenas productivas industriales; la desregulación financiera y el abandono del financiamiento público para el desarrollo, lo que dejó a miles de medianas y pequeñas empresas a la deriva en el círculo del endeudamiento sin fin, sin capacidad para enfrentar la nueva competencia internacional en el mercado interno.1

Uno de los ejes de la reestructuración productiva en México, ha sido la industria maquiladora de exportación, que a su vez es parte medular del proceso internacional de reestructuración industrial, un eslabón más de la industria transnacional que se convirtió en la actividad más dinámica de la economía nacional. El proceso de crecimiento sostenido en la inversión extranjera conlleva cambios importantes en el proceso de producción y de trabajo, pues va a generalizarse: la producción justo a tiempo; el control de calidad; la automatización de ciertas maquinarias y parte del proceso de trabajo, todo lo cual acrecienta la capitalización de la industria maquiladora y multiplica la participación de personal técnico en la producción (Morales Josefina).

El capital fundamental en las maquiladoras, es la fuerza de trabajo que ensambla las partes importadas y utiliza una maquinaria con menor densidad de capital. Uno de los componentes modernizadores más importante se encuentra en la parte administrativa, es decir, en el control de calidad, de los tiempos y movimientos de producción en los que descansa la productividad, así como en el transporte y las comunicaciones para operar con el sistema justo a tiempo.

La transformación de la economía mundial, sostenida en una radical reestructuración del capital transnacional, se acentuó en la última década del siglo XX. La reconfiguración de regiones económicas continentales, como la Comunidad Económica Europea, el avance del Tratado de Libre Comercio de América del Norte hacia la conformación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), los cambios cualitativos de la economía estadounidense que le han permitido un crecimiento sostenido a lo largo de este período, así como las crisis asiáticas, han cambiado radicalmente la geografía de la economía mundial.

Se ha transformado la organización internacional de la producción y del trabajo, estamos ante un proceso complejo de dimensiones históricas, que a la par de las nuevas formas de acumulación y circulación del capital, trae consigo nuevos medios tecnológicos de producción, distribución y consumo. La revolución científico-tecnológica ha abierto caminos insospechados que transforman todo el proceso humano en una sociedad que es la más capitalista de la historia.2

2. Cambios notables en las maquiladoras mexicanas

Para las mujeres de la frontera norte de México las últimas cuatro décadas del siglo pasado, ha significado su entrada masiva al trabajo obrero industrial en la maquila. En el año 1975 laboraban 45,275 mujeres, en 1980 su número llegó a 78,880, diez años después eran casi el triple, es decir, 219,436 obreras; para el año de 1999 más de medio millón de mujeres trabajaban en la industria maquiladora. Sin embargo, su participación relativa en el sector ha disminuido de manera significativa: de 78.3% de la fuerza de trabajo obrera en el año de 1975, bajó a 60.9% en 1990 y para el año 2000 seguramente será la mitad. A esto hay que agregar que en el sector de empleados, de 6,698 personas en el año de 1980 aumentó a 84,705.

La investigadora Ma. Eugenia de la O Martínez3 señala que una causa que propició este cambio, es que el mercado de trabajo nacional se vio afectado por el impacto de la crisis de 1982 y por ello se compite por el trabajo ofrecido en la maquila. Otro factor fue el cambio en la composición sectorial en este tipo de industrias con el aumento de plantas de autopartes y electrónicas, estos puestos no fueron ocupados por mujeres; no hay que olvidar que la maquila estaría calificada como de “baja atracción absoluta”. También hay que señalar que las ocupaciones alternativas y “atractivas” en la industria mexicana, así como en otros sectores, declinaron o no existen en este momento, por último los requerimientos educativos exigidos en la maquila son bajos.

La industria maquiladora en México, Centroamérica y el Caribe

País Quiebra de plantas %
México 681 88.87
Costa Rica 7 0.91
Honduras 34 4.45
Panamá 6 50.00
Guatemala 40 5.42
Total 768 100

Otro cambio sustantivo es el desplazamiento geográfico de las plantas, que en su primera etapa se concentraban sólo en la frontera norte de México. Los primeros municipios en los que se localizaba esta actividad en el año de 1975, considerando a los que tenían 50 establecimientos o 600 trabajadoras/es, eran Cd. Juárez, Matamoros, Mexicali, Tijuana y Nogales. En el año de 1980 de un total de 620 establecimientos, apenas 69 estaban fuera de la zona fronteriza. De ellos, 23 pertenecían a la rama de la confección, que daba empleo a cerca de la quinta parte de todos los y las trabajadoras de la rama, 20 maquiladoras no fronterizas ensamblaban accesorios eléctricos y electrónicos.

En el año de 1995 quedó definido el desplazamiento regional a zonas no fronterizas, donde se ubica 30% de las empresas (639) y 28% del personal (181,513). En la rama de la confección el 78% de un total de 90 476, estaban ya laborando en un lugar distinto a la frontera norte; es decir, la mayor parte del personal de esa rama está fuera de la región tradicional de la maquila. Su reubicación se da hacia regiones con tradición textil y de la confección como son Aguascalientes, Puebla y Yucatán, así como hacia la Comarca Lagunera en los estados de Durango y Coahuila, tradicional zona productora de algodón que se ostentó como región productora internacional de pantalones de mezclilla.

El tercer cambio se da en el marco de la reestructuración de la industria maquiladora a nivel internacional; así para el año 2001, la Industria Maquiladora de Exportación perdió el 17% de su personal, es decir 219,188 trabajadoras/es, lo que equivale al despido diario de 609 personas, sin embargo la pérdida de plantas laborales en la maquila es mayor; lo que resulta es el despido de 280,790 trabajadores en el primer año y medio del Foxismo, estos despidos y cierres ocurrieron entre el declive de la producción de esta industria exportadora de octubre del 2000, hasta marzo de 2002, según la información del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI)

La cantidad de despedidos solo incluye a los trabajadores que laboran en las empresas maquiladoras y no se tiene un registro aproximado de los despidos en las empresas subsidiarias de esas maquilas, ni de las maquilas informales, que también abundan en la nación. Por lo que los despidos en la maquila podrían superar los 310 000, como afirma el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora de Exportación.4

En los estados fronterizos, donde se concentraba el mayor número de las 3 mil 750 empresas maquiladoras, los despidos en el mismo período de referencia, aumentaron a 184 mil 665, en su gran mayoría mujeres, muchas de las cuales son jefas de familia y principal sostén de sus hogares. Este reajuste de personal equivale al 65.76% del total de trabajadoras/es despedidos de la industria maquiladora.

El analista Bossio Rotondo, señala que el 20.6% del empleo en la Industria Maquiladora de Exportación (IME) de México, Centroamérica y el Caribe, se perdió por la recesión, lo que en términos absolutos significa 386 mil despidos y la cancelación de al menos 768 empresas maquiladoras. Del total de despidos el 72.74% corresponden a la maquila mexicana, es decir, 280 mil 790 empleos perdidos5 del total de quiebras del sector ascendió a 768 empresas, el l 88.67% es decir 681 empresas corresponden a la industria maquiladora de México.

La desaceleración de la economía norteamericana, que empezó en el otoño del 2000, se manifiesta con altos impactos en la industria del vestido mexicana, hacia los meses de marzo- abril de 2001, esto trajo un cambio muy drástico en los escenarios productivos. La industria empezó a contraerse, las empresas adelgazaron sus plantillas, contrajeron turnos, desaparecieron los bonos de productividad, etc. todo esto con una facilidad extraordinaria; el desempleo y una secuela de problemas sociales aparecieron en el escenario de la maquila.

Este impacto regional se va a conectar con los efectos que la globalización genera en esta industria, nuevos competidores en Asia, especialmente China, relocalización de la industria en Estados Unidos, con mano de obra de inmigrantes ilegales, desplazamientos hacia Centroamérica, movimientos al interior de nuevas regiones mexicanas y en general la muestra de la enorme facilidad que las firmas comercializadoras tienen para moverse hacia localizaciones más baratas y/o más seguras.

3. El trabajo de las mujeres en la maquila

¿Quiénes son las trabajadoras de la maquila?

Las operadoras de la industria maquiladora de exportación constituyen uno de los grupos obreros más significativos que ha cobrado relevancia durante el reciente proceso de crisis y reestructuración de la sociedad mexicana; este grupo social reúne características peculiares que lo distinguen de los núcleos industriales tradicionales. Entre los obreros típicos de antes de la crisis y las trabajadoras/ es actuales de las maquiladoras, se presentan notorias diferencias; para la gran mayoría de las operadoras de una planta ensambladora de componentes electrónicos que supervisan máquinas de inserción automática y trabajan con sistemas de calidad total, este constituye su primer trabajo y carecen de organización sindical; contrastan con los viejos mineros, ferrocarrileros, electricistas y petroleros que fueron la columna vertebral de los sindicatos nacionales de industria, alcanzaron remuneraciones relativamente altas y defendieron contra viento y marea voluminosos contratos colectivos.6

La mayoría de las operadoras y operadores de la maquila se incorporaron al trabajo industrial en el contexto de la crisis de las cuatro décadas recientes y con rapidez experimentaron intensos procesos de modernización productiva, social y cultural. La mayor parte de los beneficios heredados de la Revolución Mexicana solo los conocieron a través de sus padres, pues ya no vivieron el reparto agrario ni la época de bonanza del Estado benefactor, no disfrutan de contratos colectivos generosos ni mucho menos de sindicatos protectores. Son hijas de la época de inflación, de las políticas de austeridad, recomposición económica y apertura al exterior.7

Desde los inicios de las maquiladoras, se ha señalado que estas emplean prioritariamente a mujeres jóvenes, destacando “rasgos de género” que tornan más redituable el empleo de estas, en lugar de los hombres para idénticas tareas, esto puede deberse a que el costo laboral femenino sea mas bajo que el masculino, en términos de salarios, beneficios y cargas sociales o a una superior productividad, con el argumento de “los dedos ágiles” o a ambos factores combinados. La racionalidad económica generalizada se complementa con la lógica política o de control; las mujeres por su presunta o real docilidad, paciencia y carencia de experiencia sindical constituyen, por lo menos para los empresarios, una mano de obra mas fácilmente manipulable que sus pares masculinos.

Las ventajas que representa la inserción subordinada de las mujeres al trabajo, para las empresas, ha sido destacada ante todo por estudiosas feministas, quienes enfocan por lo general la lógica del disciplinamiento y del control de los sistemas productivos, con la descalificación del trabajo y los mecanismos de control, que el proceso de flexibilización del trabajo, ha traído consigo, la precariedad, pérdida de empleos y prestaciones; si bien estas pérdidas afectan a hombres y a mujeres, se destaca que las trabajadoras son las mas afectadas y les afecta de manera diferente que a sus congéneres. De esta manera el ámbito del trabajo se redefine como el espacio crucial de construcción y renegociación de relaciones entre los géneros y en el cual los intereses expresados no son únicamente los del capital, sino los del género masculino dominante.8

Las trabajadoras de la maquila, se incorporaron al trabajo asalariado, en el marco de la necesidad para sostener a la familia; esto implica tiempos y desgastes físicos y psíquicos, adicionales a sus tiempos y desgastes de la jornada de trabajo doméstico y cuidado de los hijos y a la jornada de trabajo remunerado; experimentaron novedades en sus propias vidas y en sus relaciones con el trabajo y contribuyeron a crear algunas modificaciones en las lógicas familiares, sociales y políticas vigentes.

Los intereses prácticos de género, de donde arranca la motivación de las trabajadoras para el involucramiento, no son necesariamente contradictorios ni un obstáculo para que las trabajadoras lleguen a ejercer su papel según el medio ambiente de estímulos, restricciones y alternativas en el que se encuentren. El aprendizaje colectivo y la adaptación a circunstancias cambiantes, además de la rotación de tareas reduce sus tiempos, favoreciendo el incremento del rendimiento del trabajo sobre la base de la productividad y / o intensificación del trabajo.

Las trabajadoras de la maquila, se vuelven sujetos sociales a través de su relación con la producción y con los otros, no obstante las dificultades ellas están construyendo un margen de autonomía que les permite dar sentido a sus conductas y a las relaciones sociales en las que están insertas. La incorporación al mercado de trabajo les ofrece una base para su valorización individual y social, que no les proporciona el trabajo doméstico, contribuye también, en mayor o menor medida, a afianzar el reconocimiento social necesario para lograr un desarrollo independiente del resto de los miembros de su familia; llegan a establecer así una nueva relación con lo social mediatizada por el trabajo.

* Gloria Tello es integrante del Equipo de la Frontera Norte de Servicio, Desarrollo y Paz, A.C. (SEDEPAC) y del Grupo de Trabajo sobre Normatividad Laboral con Perspectiva de Género.

 

Notas

1. Morales Josefina, “Maquila 2000”, en El eslabón industrial. Cuatro imágenes de la maquila en México, Editorial Nuestro Tiempo, México, 2000, p. 18.

2. Ibidem.

3. De la O Martínez, Ma. Eugenia. Maquila, “Mujer y cambios productivos: Estudio de caso en la industria maquiladora de Ciudad Juárez”, en Mujeres Migración y Maquila en la frontera norte. El Colegio de la Frontera Norte-El Colegio de México, México, 1995.

4. Jiménez Lescas Raúl, ¿ Agotado el Modelo Maquilador?, en Trabajadores en Línea Revista, de la Universidad Obrera de México. México, 2002.

5. Bossio Rotondo, Crisis y Reestructuración de la Maquila de Exportación, Trabajadores en Línea. Universidad Obrera de México. México, 2002.

6. Uno de los estudios que caracterizan a las trabajadoras de la maquila en Ciudad Juárez y Chihuahua es el realizado por Luis Reygadas, retomo esta caracterización (Cfr. Reygadas Luis, Un rostro moderno de la pobreza. Problemática social de las trabajadoras de las maquiladoras de Chihuahua. Gobierno del Estado de Chihuahua. Chihuahua. 1992, p. 11.

7. Ibidem.

8. Roldán Martha, “Nuevos Procesos de Trabajo y jerarquías de género en los 90”, en El trabajo de las mujeres en el tiempo global. ISIS Internacional (Ediciones de las mujeres No. 12), 1995 Santiago de Chile.


Panorama histórico de la Ley Federal del Trabajo y los derechos de las mujeres.

En 1931, que se promulga la Ley Federal del Trabajo (LFT), las mujeres mexicanas no tenían derecho a la ciudadanía, es decir, a elegir a sus representantes y a ser electas a ocupar cargos de elección popular, menos aún en participar en el debate de los derechos que les atañen como trabajadoras, por lo que no se tomó en cuenta a las mujeres como sujetas de derecho al trabajo. Asimismo, cuando se promulga la LFT la presencia de las mujeres en el mercado de trabajo era escasa, es hasta los años setenta que en forma progresiva las mujeres se incorporan al espacio laboral extradoméstico.

En las reformas de 1962 y 1970 la LFT no sufrió alteraciones sustantivas en cuanto a los derechos de las trabajadoras, sino fue hasta 1974, en el marco de la modificación al Artículo 4° Constitucional que declaró la igualdad jurídica entre hombres y mujeres. El régimen laboral, entonces, se limitó a proteger socialmente a la maternidad, desde una visión, en donde las reglamentaciones sobre el trabajo de las mujeres eran trabas jurídicas que limitaban la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo. La reforma al Artículo 4° Constitucional se dio en el marco de los preparativos para la Primera Conferencia Mundial de la Mujer organizada por la ONU y realizada en México en 1975, y en este mismo marco se adecuaron, también algunos artículos del Código Civil en materia familiar que condicionaban el trabajo extradoméstico de las mujeres al permiso del esposo y al cuidado de las responsabilidades de la familia.

Grupo de Trabajo sobre la Normatividad Laboral con Perspectiva de Género.

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