No. 23
(julio-septiembre de 2003)

 

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A 50 años del derecho al voto

Las “cuotas” de mujeres en las elecciones de 2003

Josefina Chávez Rodríguez*

La reforma al COFIPE (Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) que obligaba a todos los partidos contendientes a postular por lo menos a un 30% de candidaturas para mujeres, se aplicó por primera vez en esta elección del 6 de julio.1 La anterior formulación, sólo “recomendaba” a los partidos hacerlo. Obviamente ésta no fue escuchada por lo que la más reciente reforma lo hizo obligatorio.

Viendo los resultados del 6 de julio, hay, ciertamente, un avance cuantitativo. Habrá, finalmente, más diputadas. No en la proporción que la reforma a la ley impone para el registro de candidaturas debido a que uno de los apartados, el que se refiere a la selección de candidaturas mediante voto directo de la militancia, quedó excluido de cumplir con un mínimo del 30% de propuestas de mujeres. Este elemento significó, en la práctica, un “candado” para que la representación de las mujeres alcanzara en su totalidad el 30% estipulado en la ley. Además de que en muchos casos las mujeres fueron postuladas en distritos de “riesgo”. Por lo que el incumplimiento de los partidos llevó a que se registraran por mayoría relativa sólo el 28.7% de candidatas. En este proceso electoral hubo estados de la república en donde varios partidos no postularon una sola mujer.

Lo que no fue así en el caso de la representación plurinominal, en donde no hubo manera que ningún partido dejara de aplicar la cuota; es obligado que, de cada tres candidaturas, una sea de mujer.

Pero, a pesar de estas limitaciones se incrementó el número de diputadas en un 6.4% con relación a la pasada Legislatura. Si bien los resultados finales de la elección plurinominal serán dados a conocer por el IFE hasta los últimos días del mes de agosto, diversas estimaciones realizadas2 permiten vislumbrar el panorama de las mujeres en estas votaciones. De un total de 500 curules, 116 corresponderán a mujeres, de éstas 50 por la representación de mayoría relativa y 66 por la vía de representación proporcional. Estos resultados significan el 22.2%, superando el porcentaje obtenido en las elecciones del 2000 que fue de 16.8% (80 candidatas)

Con relación a la elección de diputaciones por mayoría, es decir en los distritos uninominales la representación será del 16% de los 300 distritos. Lo anterior representa, en relación a las diputaciones electas por mayoría relativa en los distritos, un incremento del 4% pues en la Legislatura que está llegando a su fin, eran 36 mujeres, lo que equivale al 12%.

El total de mujeres postuladas como candidatas en los distritos este año fue de 228, de las cuales únicamente 50 fueron electas entre las listas del PAN, del PRI, del PRD y de la Alianza para Todos (coalición parcial entre el PRI y el Verde). Del PAN ganaron 17 candidatas, del PRI 20 (9 sólo por el PRI y 11 candidatas en Alianza con el Partido Verde Ecologista), mientras el PRD tuvo 13 candidatas electas por mayoría en los distritos. En el caso de las mujeres postuladas por la vía plurinominal, 28 corresponden al PAN, 19 al PRI, 14 al PRD, 4 al PVEM y 1 por Convergencia.

La conclusión, en consecuencia, es que, efectivamente, las cuotas han logrado que entren más mujeres como diputadas. Entendemos esta acción afirmativa como una necesaria medida transitoria pues como se demostró, en el periodo en que lo único que se conquistó (en la LVI Legislatura) fue la recomendación, la situación no se modificó. Es interesante hacer notar que en este año que se celebra el cincuentenario del voto (1953) para las mujeres y que entró a la Cámara de Diputados la primera mujer legisladora, la bajacaliforniana Aurora Jiménez,3 sea necesario introducir una cuota obligatoria de candidatas para hacer una acción afirmativa que asegure el que haya mujeres legisladoras lo que, de otro modo, debido a condiciones de inequidad y discriminación al interior de los partidos, no logra expresarse en las postulaciones de mujeres. En este caso la acción afirmativa aplicada a la ley ha comprobado su importancia como medida transitoria para equilibrar la diferencia, en lo que la conciencia social es modificada con relación a los roles de hombres y mujeres y se logre avanzar realmente hacia una nueva cultura política democrática inclusiva para las mujeres.

Siendo un avance lo obtenido en esta elección en términos cuantitativos, hay ahora dos problemas adicionales. El que haya más mujeres legisladoras no es garantía de que tienen conciencia de su situación y condición como mujeres en esta sociedad o de un compromiso con las causas y la lucha de las mujeres. Es decir, cuerpo de mujer no significa conciencia de mujer, ni menos conciencia feminista. Así como las sufragistas, lucharon por el derecho al voto, nuestra generación peleó por las cuotas para enfrentar la desigualdad de una ley que se dice igual para todos. Luchamos y obtuvimos estos derechos para todas las mujeres, no sólo para las feministas. No todas las que llegan hoy tienen conciencia de su situación e incluso otras, como Martita Sahagún y Vicente Fox, ante la legitimidad alcanzada socialmente por estas luchas (que antes fueron denostadas y despreciadas) convierten en modos “políticamente correctos” usos del lenguaje y la comunicación (hablar todo el tiempo de “las y los” o de “la perspectiva de género”), aunque no compartan la concepción feminista como una práctica política liberadora para las mujeres.

Lo que queremos destacar es que aún cuando haya más legisladoras esto no será garantía automática de más avances en la causa de las mujeres. Las feministas entre esas legisladoras tendrán que dar de todos modos una muy difícil lucha para establecer consensos entre las diputadas de los distintos partidos, así como al interior de sus fracciones parlamentarias.4 Eso sí, cuentan con un camino andado y un compromiso público para una agenda mínima firmada en el mes de junio, y ratificada el 6 de agosto en el Senado por las diputadas electas, entre mujeres de diversos partidos.

El otro problema es la crisis de representatividad que expresa esta elección por la histórica abstención ocurrida y la crisis de identidad y legitimidad de los partidos actualmente reconocidos. El pequeño avance numérico en la presencia de mujeres en el Legislativo ocurre en un momento de cuestionamiento o descrédito o falta de entusiasmo con la elección misma y los partidos contendientes y sus promesas de “cambios”. Por supuesto que ese descrédito no tiene que ver con la elección de candidatas, pero una vez electas les afectará. Evitar que el descrédito de las prácticas políticas actualmente hegemónicas (desde el clientelismo hasta los acuerdos cupulares excluyentes) envuelva conquistas y prácticas políticas como la de las cuotas es un reto para todas.

El feminismo de izquierda requiere también de profundizar en su análisis, redefinir estrategias políticas a la luz de la nueva configuración política que refleja el propio movimiento integrado por una enorme dispersión de proyectos temáticos y una diversidad, a veces poco clara, de posturas políticas. Si bien se ha renovado en esta coyuntura político electoral un pacto para el ámbito legislativo, éste no abarca el conjunto de la agenda feminista. Una vez que ha terminado el activismo electoral, la necesidad de una reflexión y profundización de las perspectivas del movimiento de los feminismos está a la orden del día. Una reflexión que requiere incorporar los elementos, económicos e ideológicos del neoliberalismo, que están presentes en la coyuntura internacional y nacional. ¿Cuáles son las prioridades políticas para una agenda del movimiento feminista de izquierda? ¿Qué tipo de estrategias se requieren actualmente para reconstituir un tejido de alianzas más allá de los intereses de cada uno de los distintos agrupamientos que interactúan en el amplio movimiento? ¿Qué implicaciones tiene en una perspectiva histórica el que un significativo número de reconocidas feministas haya evolucionado en sus posiciones políticas hacia la contrucción del Partido México Posible? ¿Qué implicaciones tiene para la construcción de alianzas entre feministas el que un número significativo de ellas mantienen la posición de no militancia en partidos políticos y dan prioridad a una práctica de grupo, de organización no gubernamental o de organización ciudadana? ¿Qué impacto ha tenido en los diversos grupos y redes el que otro significativo número de feministas están insertas en la implementación de políticas públicas, y son funcionarias, tanto de los gobiernos del PRD como del PAN y del PRI? ¿ De qué tipo de radiografía y diagnóstico partimos, y donde nos situamos, con quién nos aliamos y para qué?. Indudablemente las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez y en otros estados son el foco rojo, pero ¿más allá de Juárez? Muchas preguntas surcan en los aires.

*Directora de Cuadernos Feministas.

 

Notas

1. La ley dice que no pueden postularse más del 70% de candidaturas para el mismo género, pero en realidad quiere decir que están obligados a postular por lo menos 30% de mujeres, pues lo contrario nunca ha pasado.

2. Rafael Maya de CIMAC noticias y Sonia del Valle del periódico Reforma.

3. Chávez, Josefina, “Aurora Jiménez de Palacios, primera Diputada Federal”, en Cuadernos Feministas No. 1, julio de 1997.

4. Ver “Cómo imaginamos la agenda feminista”, en Cuadernos Feministas No. 22, abril-junio de 2003.

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