No. 22
(abril-junio
de 2003)

 

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¿Cómo imaginamos la Agenda Feminista?

Marcela Lagarde

Candidata externa plurinominal por el Partido de la Revolución Democrática

Queridas compañeras, compañeros:

Un aniversario más de Cuadernos Feministas es un logro para todas y en particular para quienes trabajan cotidianamente la revista: nuestras queridas Josie y Ana María. Me hago eco del agradecimiento colectivo a su enorme esfuerzo y extiendo la gratitud a Convergencia Socialista que ha respetado nuestra autonomía, a la vez que nos ha dado su apoyo.

Nos felicitamos porque mantener presente durante estos años una revista feminista que toca temas de formación feminista, análisis político e información de eventos y procesos nodales para la causa de las mujeres y de la construcción solidaria en el mundo globalizado, se ha logrado.

Decir nuestros intereses es expresar de manera sintética algo formidable que nos ha sucedido. Quienes fundamos y mantenemos Cuadernos o sea las cuadernas, además de Josie y Ana María, Silvia, Sara, Fanny y Nellys, no pertenecemos al mismo partido político, no hacemos reunión de célula, tampoco estudiamos bibliografías compartidas para unificar nuestros puntos de vista, no vamos a los mismos actos políticos y, sin embargo, coincidimos y, a la vez somos diversas.

Esa coincidencia básica tiene que ver con nuestras biografías y la manera en que hemos vivido a nuestro país, al mundo y fundamentalmente, con nuestra visión y compromiso feminista con las mujeres, nuestro compromiso con causas de la izquierda y nuestra pasión por difundir los hechos marcadores de la vida política de las mujeres.

Me siento muy honrada por ser candidata a diputada plurinominal por el PRD.

Pienso nuestra agenda, como una más que me sumo a los esfuerzos que han hecho otras diputadas y senadoras, y, desde luego las organizaciones y las mujeres del movimiento de mujeres y del movimiento feminista.

La agenda feminista es la que impulsaremos las mujeres que nos identifiquemos como feministas no sólo por nuestra autoidentidad, sino por nuestra relación vinculante con las acciones y las prácticas políticas que las feministas impulsamos en nuestro país, en la región y en el mundo.

Nuestra agenda está definida por principios ético políticos de igualdad, equidad, libertades y poderes. El marco de estos principios es desde luego, la construcción de la democracia y la prioridad del desarrollo con rostro humano desde una perspectiva de inclusión.

Los grandes problemas nacionales y su inserción en el mundo global contienen la agenda feminista.

El marco político nacional confiere una gran importancia a la agenda feminista porque la confrontación entre modelos de nación pasa por los cuerpos y las mentes de las mujeres, por nuestros derechos humanos y por sustento social y cultural. La derecha aliada con la Iglesia Católica conservadora va por todo, es decir, por ocupar cada vez más espacio en el Estado y por la eliminación de un conjunto de avances de las mujeres, pero también en las esferas educativa y política.

Por ello, la agenda feminista se ubica en la defensa del principio de la separación entre la Iglesia y el Estado, por la defensa del laicismo en la vida pública y en el Estado y por la no intromisión de la iglesia en la política.

La defensa de la educación laica es también el mínimo para avanzar en la reforma educativa para incorporar en todo los niveles educativos como un eje pedagógico básico los derechos humanos y los principios de inclusión y equidad de género y el respeto a la diversidad y a la multiculturalidad.

Las feministas necesitamos incidir con propuestas concretas en la educación y en los medios masivos de comunicación para enfrentar el sexismo, el racismo y el clasismo con estos principios éticos y contribuir a un indispensable cambio en la cultura y en las mentalidades.

Como mujer feminista y de izquierda estoy identificada con las causas históricas de las y los excluidos y convencida del papel del Estado en la creación de condiciones de seguridad y acceso de las personas a una vivienda digna, a la alimentación, la salud, la educación, el empleo, la participación y la política. Requerimos un viraje en el modelo de desarrollo neoliberal e impedir la pauperización que conlleva.

Las feministas debemos proponer un plan de emergencia para enfrentar la pobreza de las mujeres, la brecha y la inequidad educativa, la insalubridad que conduce a la altísima morbilidad y mortalidad no sólo por problemas reproductivos, sino también por cáncer, diabetes, VIH sida. Este plan de emergencia debe contener acciones específicas evitar los 500,000 embarazos de niñas y adolescentes y las decenas de miles de abortos en condiciones que ponen en riesgo la vida y la salud mental.

Los derechos sexuales y reproductivos creados e impulsados por feministas de todo el mundo son eje fundamental de la agenda feminista.

Como parte de la famosa transversalidad de género en las políticas públicas debemos proponer un mecanismo de vigilancia parlamentaria para revisar que las leyes que se aprueben cumplan con los principios de igualdad y equidad de género y, desde luego étnica.

Desde mi perspectiva, el Congreso de la Unión tiene una gran deuda con los pueblos indígenas y con las mujeres indígenas de nuestro país que, tras las movilizaciones impresionantes y el apoyo de millones, recibieron y recibimos quienes apoyamos la democracia étnica en México, un revés.

Sintetizo la propuesta con la defensa de los Acuerdos de San Andrés, que incluyen el reconocimiento de los pueblos indígenas como sujeto jurídico político en el Estado mexicano, a partir de su autonomía. Y, recogen por primera vez en la historia, el respeto de los derechos humanos de las mujeres indígenas por encima de los usos y costumbres de sus propios pueblos, como base irrenunciable de su ciudadanía.

Los principios de igualdad y equidad han sido planteados generalmente entre mujeres y hombres. Sin embargo, como feminista propongo que los consideremos en la construcción de la ciudadanía de las mujeres, como un principio intragenérico.

Se trata de lograr a nivel nacional, a través del principio de equidad, la igualdad de derechos jurídicos y sociales entre las mujeres. Podemos exigir la eliminación de la desigualdad de derechos entre las mujeres que formamos parte del pacto federal, con la homologación de derechos tomando como parámetro la legislación que asegure los mejores derechos de género como base de la ciudadanía.

La justicia es imprescindible para la democracia. Por eso, es fundamental la eliminación de la violencia de género, de clase, étnica, de edad, religiosa, contra las mujeres.

La agenda feminista debe recoger todos los esfuerzos realizados y, además nosotras debemos plantearnos la eliminación de la violencia desde el Estado hasta la casa. El femicidio de Ciudad Juárez cometido por asesinos y amparado por el Estado, es el mayor crimen cometido contra mujeres de manera concentrada en tiempo y espacio, en nuestro país. No podemos permitir ni la impunidad, ni la irresponsabilidad gubernamental, ni que haya una muerta más.

Es nuestra la exigencia de justicia de las madres de los desaparecidos en la guerra sucia, como lo es también el reclamo de justicia en todos los asesinatos de mujeres y hombres ultimados por construir un país vivible, entre ellas y ellos 600 perredistas. Exigimos justicia en el caso de los asesinatos de las Lunas de Acteal y, también, la prevención de sucesos como fue Acteal.

Las feministas seremos minoría en la Cámara y, como minoría política deberemos actuar en una alianza transpartidista a través de un mecanismo práctico funcional, una red, de tal manera que podamos hacer avanzar nuestra agenda en el mar de otras agendas que promueven derechos de otros grupos sociales o temas de interés de los partidos políticos o de corrientes. Necesitaremos de nuestra unión para incorporar nuestra agenda en otras agendas y, al mismo tiempo para convencer a las diputadas y los diputados de la propia bancada.

Nada más este esfuerzo nos requerirá mucha creatividad, capacidad de llegar acuerdos entre nosotras y poner por encima de las lealtades de partido, la sororidad, entendida como pacto político feminista, concreto y específico, cuyo principio es la eliminación de la misoginia entre nosotras y por ende inventar formas nuevas de relación política. El pacto consiste, también, en llevar adelante los puntos de la agenda feminista común que haremos en diálogos como éste y, al asumir la agenda legada por la legislatura anterior y por la evaluación de pactos precedentes.

Como parlamentarias, las feministas haremos política de cara al movimiento feminista. Eso significa que las precisiones de la agenda las acciones políticas y las propuestas serán resultado de un trabajo para el cual requerimos mecanismos de reunión, trabajo y toma de acuerdos, de tal manera que podamos construir vínculos.

Las diputadas feministas debemos dar cuenta de nuestras acciones a la ciudadanía y, de manera prioritaria a los grupos, redes, organizaciones y mujeres individuales que conforman el movimiento feminista organizado.

Quiero finalmente, agradecer a todas las compañeras, amigas, y alumnas que me han manifestado no sólo su apoyo, sino su gusto por la candidatura y su identificación conmigo. Agradezco también a las compañeras de México Posible su propuesta y, desde luego a las compañeras del PRD que lucharon por mi candidatura. Me han hecho sentir que los vericuetos de mi vida política enriquecedores y agridulces, mi dedicación a la antropología y a la vida académica, así como a la construcción de una cultura feminista, son reconocidos y ya pertenecen a otras mujeres.

Estamos aquí, porque estoy segura, Otro mundo es posible.

15 de mayo, día de las maestras.

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