No. 21
(enero-marzo de 2003)

 

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Misión de paz. Entrevista a Nuria Marrugat*

Josefina Chávez

Nuria Marrugat, feminista e integrante de Salud Integral para la Mujer (SIPAM) formó parte del grupo mexicano que partió rumbo a Bagdad el 22 de febrero con una misión de paz, iniciativa que se sumó a las miles de actividades de la sociedad civil internacional con el propósito de frenar la guerra, en esta conversación con Cuadernos Feministas, Nuria nos relata las experiencias vividas en Irak días antes de iniciarse la guerra injusta.

 

¿Cuáles fueron los objetivos de la Misión de Paz?

Que el pueblo iraquí supiera que la mayoría del pueblo mexicano está por la paz y por la resolución no armada del conflicto, además de sumarnos a las voces y solidaridad internacional contra la guerra. También fue una manera de decirle al presidente Vicente Fox que la mayoría del pueblo mexicano estaba por la paz y que se mantuviera en su postura de no a la guerra en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El viaje, del cual la periodista Blanche Petrich hizo un seguimiento detallado, se inició el 22 de febrero, fue un largo trayecto que tuvo su primer escala en el aeropuerto de Amsterdam, Holanda, para continuar hacia Aman, Jordania. Finalmente, por tierra, atravesamos el desierto en casi 16 horas en dos camionetas rentadas en Jordania, la misión arribó a la ciudad de Bagdad el día 24 de febrero. Al llegar, nos asignaron un representante del gobierno iraquí, el cual fue nuestro acompañante y traductor durante los 15 días que permanecimos en esa ciudad. Fueron días que íbamos de la emoción, a la depresión y a los ataques de pánico, por la eminencia de la guerra

¿Cómo describirías el contacto con otra cultura?

Fue maravilloso, pues se rompieron, creo, en el ámbito individual y grupal algunos de los mitos y prejuicios que se tenían hacia la cultura y religión musulmana. Nos encontramos con un pueblo cálido, amable, hospitalario, con características similares a las de los mexicanos; era sentirte como en casa. Incluso sin saber que formabamos parte de una misión de paz nos trataban muy bien. En todos lados te invitaban a tomar el té, aun sin conocerte. Cuando se enteraban que éramos de México grupos de personas y mujeres en la calle nos decían repetidamente, ¡Welcome!, ¡Welcome!, eran manifestaciones de solidaridad y de reconocimiento a los esfuerzos internacionales que se estaban haciendo y que se siguen haciendo para detener la guerra.

¿Cuál fue tu experiencia con los grupos con los que se entrevistaron?

Al llegar a Bagdad la Misión de Paz planteó al gobierno iraquí su interés de entrevistarse con distintos sectores de la sociedad, y a partir de una agenda acordada fuimos conversando con mujeres, trabajadores, líderes religiosos, niños, y población en general. Cuando la agenda lo permitía recorrimos las calles, mercados, y barrios de las orillas de la ciudad, que eran los más pobres.

¿Y de las entrevistas con representantes del gobierno Iraquí?

Fueron muy importantes estas entrevistas para manifestar, de forma directa, la postura de México frente al conflicto, hablamos del mensaje de paz del pueblo mexicano, manifestamos como sustancial facilitar las cosas que estaba pidiendo el Consejo de Seguridad de la ONU. La reacción de Tarik Assis fue muy buena, durante la reunión que duró una hora mantuvo una actitud amable y nos dijo que estaban haciendo un esfuerzo, que estaban respondiendo a las peticiones y que no quedaba más que esperar la resolución del Consejo de Seguridad, en esos momentos había una visión optimista de Tarek sobre ese asunto.

¿Tuvieron oportunidad de entrar en contacto con grupos de mujeres?

Nos entrevistamos con la presidenta y la vicepresidente de la Federación de Mujeres de Irak, y hablaron sobre el trabajo que vienen haciendo con programas educativos, formativos y productivos para las mujeres irakis. Participantes en la Conferencia Internacional en Beijing, China nos manifestaron un reclamo: “¿Dónde están las mujeres?, cuando nosotras en Irak llevamos 12 años viviendo un embargo, no ha habido grupo que se pronuncie al respecto”. Ellas no tienen acceso a medicamentos, el cáncer se ha incrementado a partir de la guerra del 91. Con una personalidad combativa, digna, de resistencia, nos mencionaron cómo a partir del embargo muchos de los programas tuvieron que ser suspendidos y ante la amenaza de guerra estas mujeres se han dedicado a tomar entrenamiento militar e incorporarse a la organización civil de defensa y de preparación para la guerra. Las mujeres nos decían: “los gringos son unos cobardes porque bombardean, que entren por tierra y entonces nosotras cuerpo a cuerpo vamos a defender nuestro país, nuestra patria, nuestra familia”. Las guerras son absurdas; por un lado la actitud de resistencia y, por otro lado, saber que van a ser atacadas, que van a morir muchas de ellas, hombres, y niños; la muerte y la barbarie son el absurdo.

La primera gran impresión que tuvimos al arribar a Bagdad fue ver a un pueblo metido en su vida cotidiana y no podías imaginar que era un pueblo, un país al borde de la guerra. Las cosas seguían su rumbo, los comercios abiertos, la gente en la calle haciendo compras, llendo a trabajar, los niños jugando en las calles, era como la “normalidad”. Después descubrimos por que era así, pues no puedes dejar de vivir, aunque sepas que estás a punto de ser atacado. Es parte de la naturaleza humana de resistir, de seguir con la vida. También fuimos descubriendo, poco a poco, los preparativos para la guerra; nos enteramos que la población cuenta con un “carnet de alimentación” y el gobierno adelantó la despensa por varios meses; !claro que sí estaba presente el ambiente de guerra¡, cuando nos entrevistamos con familias en los barrios ya tenían los costales de comida, estaban en entrenamiento militar. Los niños y niñas, en actitud similar a la de los adultos, nos decían: “Es nuestro país y nadie tiene derecho a atacarnos y lo vamos a defender”. Cuando les preguntábamos si tenían miedo, sus caritas de terror aparecían, abrían los ojos, y decían “Sí Mucho”, esto era desgarrador.

¿Se entrevistaron con sectores religiosos?

En Iraq el 80% son musulmanes, el 15% de cristianos y el resto de otras religiones. Nos entrevistamos con el arzobispo de la religión cristiana y con uno de los líderes más importantes de los musulmanes, ambos coincidían en sus opiniones: “Queremos vivir en armonía entre las religiones, creemos que los dioses son los mismos, pero los llamamos de distinta manera, la historia de los profetas ahí esta; no tenemos ningún problema con los cristianos”, y los cristianos también decían que no tenían problemas con los musulmanes: “vivimos en armonía y no tenemos ningún problema”. Durante nuestra estancia pudimos comprobar lo dicho por los líderes religiosos pues nos encontramos con reuniones de musulmanes conviviendo con cristianos.

¿Estuvieron todo el tiempo en la ciudad de Bagdad?

Para conversar con familias campesinas salimos hacia el norte de Bagdag camino a Mosul, y otro grupo camino a Basora, pero sin llegar a la ciudad. Todo mundo nos decía “cuando vayan a Basora no se espanten pues puede haber bombazos porque desde el 91 hay bombazos cada 17 o 20 días”, sin embargo, insistimos mucho en ir hacia el sur pero era de los puntos finales de la agenda y cuando se acercaba la resolución del Consejo de la ONU, una bomba había matado a quince civiles en un centro de comunicación en Basora y nos dijeron que ya no era prudente ir.

¿Cuál es el balance de la Misión de Paz?

El balance es positivo porque fortaleció lo que se estaba haciendo en el país, de hacerle saber a Fox, al Canciller, que estábamos por la paz y fortalecer la convicción pacifista de México. No se puede dar una guerra a pertir de los intereses económicos y comerciales.

Es la primera vez que se anuncia una guerra y que personas en muchos países respondemos y decimos NO señores, No queremos guerra; hay una conciencia social, una conciencia de ciudadanos del planeta, es la primera vez que la gente toma conciencia de su poder como sociedad civil mundial y salimos a las calles y nos manifestamos y estamos construyendo este poder social, este poder civil.

Los aliados en la guerra tuvieron una oposición muy grande, fue una solidaridad globalizada, saber que podemos hacer acciones en todo el mundo por una misma causa, eso de alguna manera va a fortalecer las movilizaciones sociales. Hoy en día hay mucha rabia, mucha frustración por no haber podido parar la guerra, que los costos humanos, políticos van a ser altos, y esto es lo que nos toca hacerle ver a los gobernantes del mundo, a los políticos; que no puede haber tanta barbarie sin costos, que no puede haber decisiones de ese tipo sin costos.

Si, es evidente que en todos nos queda un sentimiento de frustración, pues tantos millones de voces no pudimos parar la guerra, pero tampoco podíamos quedarnos cruzados de brazos frente a la masacre.

* Además de Nuria Marrugat el grupo estuvo integrado por: Mario Saucedo de la Secretaría de Relaciones Internacionales del PRD; Adrián Belman y Luis Cevallos integrantes de la dirección del SME; Efraín Naranjo de la Red todos los Derechos para Todos, y Daphne Cuevas de Consorcio por el Diálogo Parlamentario y la Equidad, acompañados por Blanche Petrich y José Núñez del diario La Jornada.

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