No. 21
(enero-marzo de 2003)

 

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El periplio de las mujeres en busca de los derechos ciudadanos

Hoy en día parece una gran proeza estar 7, 14, 30 o 60 días en “la casa”. Hace 80 años “la casa” era el único lugar posible para una mujer. Ellas no salían en la televisión, mucho menos hacían pública su intimidad, y no expresaban en voz alta sus deseos.

Pero hace 80 años, nuestras abuelas nacían adentro de sus casas y despedían a sus muertos dentro de las mismas. La vida era adentro.

Claro que había mujeres más abiertas y mundanas, pero éstas eran miradas con recelo y contadas con los dedos de una mano. Los padres querían un varón para llevar los pantalones, el apellido y la economía de la familia. Por eso, un sexo era sinónimo de futuro y el otro no.

Sin embargo, al hacer el recuento de lo que ha significado el florecimiento y logros del movimiento feminista en el siglo XX en México, nos damos cuenta que década tras década las mujeres nacían en un mundo distinto. Que nuestras ancestras habían dibujado, a fuerza de tenacidad y resistencia, un camino distinto para las mujeres. Ha sido un largo viaje que todavía no concluye y tener memoria y conocer nuestro pasado nos fortalece, de ahí la importancia de conocer cómo obtuvimos el voto las mujeres mexicanas.

Desde finales del siglo XIX las mujeres mexicanas, muchas de ellas anónimas, lucharon desde diversas trincheras para obtener los derechos que disfruta en la actualidad la población femenina del país. Pese a que el acceso a la educación era casi exclusivo para las familias acomodadas, las mexicanas de todas las clases sociales iniciaron una cruzada para obtener igualdad de oportunidades, esfuerzo que se mantiene en la actualidad.

La larga jornada para obtener plenos derechos ciudadanos comenzó más de 60 años antes del 17 de octubre de 1953, cuando la XLII Legislatura de la Cámara de Senadores aprobó por unanimidad la reforma a los artículos 115 y 34 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, otorgando a las mujeres la facultad de votar y ser votadas.

Fue la escritora mexicana nacida en Taxco, Laureana Wright Kleinhans, quien planteó por primera vez en un impreso la necesidad de otorgar a las mujeres el derecho al sufragio y la igualdad de oportunidades para ambos sexos en la primera revista feminista llamada Violetas de Anáhuac, editada entre 1884 y 1887.

Pese a las dificultades para acceder a espacios que les permitieran difundir su problemática e ideología, las mexicanas de esa época lograron publicar en 1904 revistas como: La Mujer Mexicana, editada por Luz F. Viuda de Herrera y dirigida por Dolores Correa Zapata, que llamaba a las mujeres a “formar una colectividad en la que las mujeres hallemos las enseñanzas que eleven nuestras almas para conseguir con éxito seguro una emancipación racional y justa, sin que abandonemos las faenas del hogar”.

La irrupción del liberalismo europeo en México en los albores del siglo XX abrió para las mujeres una pequeña ventana desde la cual saltaron a actividades antes sólo reservadas para los hombres. Así, en 1910 había en el país más de 100 maestras tituladas, mientras de la universidad habían egresado cinco médicas, dos dentistas, una abogada y una química.

En enero de 1916, tiene lugar en Mérida, Yucatán, el Primer Congreso Feminista, que acuerda entre otros puntos gestionar ante el gobierno la modificación de la ley para otorgar a la mujer más libertad y derechos. Ese mismo año, los estados de Chiapas, Tabasco y Yucatán reconocen la igualdad jurídica de mujeres y hombres para votar y ser elegidas y elegidos en puestos públicos de elección popular.

Yucatán, pionero de la lucha femenina

En julio de 1916, el estado de Yucatán reduce por decreto la mayoría de edad para las mujeres de 30 a 21 años de edad, tres años después, en 1919, en el puerto de Veracruz se lleva a cabo un congreso magisterial en el que Hermila Galindo de Topete, secretaria particular de Venustiano Carranza, se pronuncia a favor de los derechos políticos de las mujeres.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, cuya promulgación el cinco de febrero 1917 prácticamente puso fin a la Revolución Mexicana que derrocó al gobierno de Porfirio Díaz, no otorgó a las mujeres la ciudadanía en forma expresa, aunque tampoco se las negó. El artículo 34 original establecía que son ciudadanos “los mexicanos”. El constituyente ni siquiera discutió el voto femenino y la indefinición fue interpretada como una negación.

En un intento por corregir el error, el 12 de abril del mismo año fue aprobada la Ley de Relaciones Familiares, según la cual la mujer y el hombre tienen derecho a considerarse iguales en el seno del hogar. La mujer quedó entonces en condiciones de ejercer la patria potestad sobre los hijos, contribuir al sostenimiento de la familia, administrar los bienes comunes y los suyos propios.

Pero la omisión en cuanto a ciudadanía y voto dio origen a un movimiento femenino por esos derechos que se prolongaría durante 36 años en todo el país.

En 1922 el gobernador de Yucatán, Felipe Carrillo Puerto, envía a la legislatura estatal una iniciativa para conceder el derecho de voto a las mujeres, ese mismo año la profesora Rosa Torres es electa como regidora del ayuntamiento de Mérida.

En un movimiento que alcanza prácticamente todos los rincones del país, en 1923 el Partido Socialista del Sureste lanza la candidatura de tres diputadas propietarias: Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche y Raquel Oslo, quienes triunfan en las urnas, aunque los comicios son anulados al caer el gobierno de Carrillo Puerto.

Ese mismo año se realiza el Primer Congreso Feminista de la Liga Panamericana de Mujeres, en el que se aborda el tema de la igualdad de los derechos de las mujeres.

En Chiapas, el gobierno estatal promulga en 1925 el decreto número 8 que reconoce a la mujer, de los 18 años en adelante, los mismos derechos del hombre, lo que le permite votar y ser votada para cualquier puesto público de elección popular. Entre 1932 y 1934 se realizan en la Ciudad de México el primero, segundo y tercer Congreso Nacional de Obreras y Campesinas, en los que se reitera la demanda del voto ciudadano pleno para la población femenina.

En 1934, Edelmira Rojas Escudero se convierte en la primera directora del Sector Femenino del Partido Nacional Revolucionario (PNR), que había sido fundado en 1929. A ese organismo se unieron grupos de profesionistas, ejidatarias, obreras, locatarias, amas de casa y estudiantes de escuelas superiores, que trabajaron durante la campaña política del general Lázaro Cárdenas, candidato a la presidencia de la República.

En 1935 se forma el Frente Único Pro Derechos de la Mujer, a iniciativa de María del Refugio García, ajeno al PNR, y afilia a mujeres de todo el país, entre ellas a Matilde Rodríguez Cabo, Consuelo Uranga, Frida Kahlo, Adelina Zendejas, Esther Chapa, Clementina Parra, Alicia Reyes, Sara Miranda, Rosa Amelia Aparicio, Soledad Orozco Ávila y Dolores Uribe Torres, entre otras.

El eje del programa del frente es el logro del voto de la mujer, para lo cual colabora con el PNR en sus campañas electorales y comienza a promover la instalación de escuelas para mujeres adultas, guarderías infantiles, hospitales de maternidad, talleres de costura y confección de ropa y artesanías, instala centros de conferencias e imparte clases de oratoria.

José Mijares Palencia, gobernador del estado de Puebla, emite en 1936 un decreto que reforma y adiciona el artículo 33 de la Ley Electoral para Poderes Locales para reconocer que “son electores y por lo mismo tienen derechos a ser inscritos en el padrón electoral los varones y las mujeres poblanas”.

Sin embargo, es hasta 1937 cuando el PNR postula por primera vez a una mujer como candidata a diputada al Congreso del estado de Guanajuato: Soledad Orozco de Ávila, por el distrito de León, gana la curul con 13 mil 282 votos a favor, pero inconformidades de la Federación de Trabajadores de León y grupos campesinos llevaron a que se desconociera su triunfo.

Mientras Lucina Villarreal y Aurora Fernández organizaban manifestaciones de la “Unión de Mujeres Americanas” para presionar al Congreso a modificar el artículo 34 constitucional, así como al 37 de la Ley Electoral de Poderes Federales, que señalaba como ciudadanos sólo a los hombres, las mujeres campesinas organizaron las ligas femeniles bajo la dirección de Refugio Rangel Olmedo.

Otro grupo femenil, el “Leona Vicario”, realizaba protestas pacíficas frente a la Cámara de Diputados exigiendo se le concediera el voto a la mujer y acceso a puestos públicos administrativos.

Las reformas visionarias de Lázaro Cárdenas

En septiembre de 1937 Lázaro Cárdenas envía al Senado una iniciativa para reformar el artículo 34 constitucional. La reforma presidencial establece que: “Son ciudadanos de la República todos los hombres y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan además los siguientes requisitos: Haber cumplido 18 años de edad, siendo casados y 21 si no lo son y tener un modo honesto de vivir”.

En medio de manifestaciones de la Unión de Mujeres Americanas, la iniciativa fue aprobada por los senadores, pero se estancó en la Cámara de Diputados el seis de julio de 1938.

En junio del mismo año, el Frente Únido Pro Derechos de la Mujer apela la decisión de los diputados a la iniciativa presidencial ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sin embargo el asunto pasa a segundo plano por la expropiación petrolera y la participación de México en la Segunda Guerra Mundial.

En 1940 se integra el Primer Comité Nacional del PNR, encabezado por Graciana Becerril, Martha Andrade, Isaura Murguía y Josefina Viscens. Durante el mismo año se crea la Alianza Femenina, dirigida por Amalia Caballero de Castillo Ledon, Tina Vasconcelos de Borges y María Luisa Ocampo, que pugna por la unidad de acción de todas las organizaciones femeninas e igualdad de derechos de la mujer y el hombre, así como el trabajo organizado y acciones cívicas para lograrlo.

En 1946 la Alianza Nacional Femenina organiza en la capital del país un acto en apoyo al candidato presidencial Miguel Alemán Valdés, al que asisten 10 mil mujeres de los tres sectores del Partido Revolucionario Institucional (PRI). En diciembre del mismo año la Cámara de Diputados aprueba una adición al artículo 115 constitucional, según la cual “en las elecciones municipales participarán mujeres en igualdad de condiciones que los varones, con el derecho a votar y ser votadas”. La adición entra en vigor en febrero de 1947.

El seis de abril de 1952 tiene lugar un acto proselitista del entonces candidato a la presidencia, Adolfo Ruíz Cortines, en el que se compromete ante 20 mil mujeres a otorgarles derechos ciudadanos plenos si votan por él en las elecciones.

Finalmente, el 17 de octubre de 1953 se publica en el Diario Oficial de la Federación el nuevo texto del artículo 34 constitucional, que establece: “Son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos reúnan además los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años de edad, siendo casados, o 21 si no lo son y tener un modo honesto de vivir”. La adición de 1946 al artículo 115 de la Constitución fue derogada por el Congreso Constituyente.

* El presente texto fue elaborado por Ana María Hernández con información proporcionada por el Centro de Documentación de Comunicación e Información de la Mujer, A.C. (CIMAC)

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Edición:
Ana María Hernández.

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