No. 21
(enero-marzo de 2003)

 

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Editorial

Guerra por el petróleo

El asalto masivo contra el pueblo de Irak, iniciado por los gobiernos norteamericano y británico en la madrugada del jueves 20 de marzo, fue una guerra planeada, preparada, una estrategia política armamentista; a pesar del inédito levantamiento mundial de millones de personas en contra de la ofensiva imperialista.

Se ha pretendido justificar esta invasión afirmando la existencia de vínculos irakíes con Al-Qaeda, de la existencia de armas irakíes de destrucción masiva y de la necesidad de liberar al pueblo irakí de Saddam Hussein. Todo esto cuando fueron precisamente ellos quienes lo instalaron en el poder, le dieron armamento y lo protegieron. Cuando son los mismos que impusieron al pueblo irakí un régimen de sanciones mortales que ha provocado la muerte de millones de personas. Este embargo ha representado, para el caso de las mujeres, un incrementó en la mortalidad materna debido al difícil acceso a los medicamentos contra el cáncer cérvico uterino y de mama.1 Las muertes infantiles, 70% según datos de UNICEF, se deben a enfermedades que pueden prevenirse como diarrea y males respiratorios y los casos de tifoidea han aumentado de dos mil a 27 mil.

En esta guerra, que dice hacerse en nombre de dios, se justifican las acciones genocidas contra la población civil; en la lucha contra el terrorismo se justifica y se institucionaliza el terrorismo de Estado.2

Sin embargo, no hay dudas, de que los objetivos reales de esta guerra son el petróleo y el control la región. Se trata de reorganizar al mundo conforme a los intereses del imperialismo norteamericano y las corporaciones transnacionales. Para la consecución de su “plan” los Estados Unidos cuentan con un ejército profesional integrado, paradójicamente, por miles de personas de origen latinoamericano —por cierto un alto porcentaje son mexicanos—, y por población representativa de minorías discriminadas que la mejor o la única opción laboral con la que cuentan es ingresar al ejército en ese país. En Norteamérica el servicio militar ya no es obligatorio, claro, eso traería tensiones sociales internas más fuertes, baste recordar Vietnam; ahora la carne de cañón son los pobres que han emigrado a ese país en busca de oportunidades para sobrevivir a las políticas neoliberales.

Hemos visto que los debates en la ONU no lograron parar los preparativos militares de la guerra, pero sí cambiaron las condiciones políticas en las cuales la guerra ha tenido lugar: de inaceptable. Pues fuimos testigos del crecimiento, día con día, de un movimiento mundial de rechazo a la guerra, antes de que ésta estallara, hecho sin precedentes en la historia mundial.

Sin duda el internet ha facilitado la comunicación, y a una velocidad inimaginable, conjunto las voces de más de 600 ciudades en el mundo; propició que las personas se lanzaran a las calles a manifestarse, todo ello permitió romper la estrategia informativa del imperio, aunque ya varios periodistas de los no “incrustados” pagaron los costos de no plegarse al discurso informativo oficial de los señores de la guerra y fueron asesinados deliberadamente por la fuerza invasora.

Las intenciones de dominación mundial se vieron en vivo y a todo color, el “show”, el discurso hipócrita, cínico y mesiánico de los imperialistas quedó al descubierto. “No más sangre por petróleo” se escuchó repetidamente en las manifestaciones en los países imperialistas. La movilización más importante de los últimos tiempos “No en nuestro nombre”, nos cobijó y nos fortaleció.

Millones de mujeres y feministas salieron a las calles, hubo pronunciamientos en América Latina, Europa, Asia, África, Australia, Estados Unidos. Pero también en muchas partes la rebelión civil contra la guerra llevó a múltiples enfrentamientos.

Para todas y todos las guerras son desvastadoras pues la muerte, el dolor y la desolación son sus componentes indisolubles. Las matanzas en Irak lo han reafirmado. Las mujeres fácilmente terminan como desplazadas y a cargo de los hijos, enfrentan la disgregación familiar.

Según ACNUR el 80% de los 50 millones de personas desplazadas a causa de la guerra son mujeres. En Ruanda y Bosnia la violación se convirtió en arma de guerra. Más de 20 mil mujeres musulmanas fueron violadas en Bosnia en el año de 1992. En Colombia, 1.5 millones de personas se han visto obligadas a dejar sus casas por las condiciones de violencia armada. Un alto porcentaje de los desplazados son responsabilidad de los paramilitares.3

El impacto de la invasión a Irak tendrá repercusiones profundas a corto y largo plazo en la situación política mundial. La estructura de las instituciones internacionales ha sido debilitada, la ONU ha quedado relegada. En los países europeos el movimiento contra la guerra ha impactado fuertemente a sus gobiernos, a los parlamentos y a los partidos políticos.

Veinte años de neoliberalismo y de desarrollo del capitalismo global constituyen las raíces de esta guerra. El propio neoliberalismo es la guerra. Y si no reaccionamos, la guerra, y la de Irak y otras, conducirá a una política neoliberal aún más agresiva. Las clases dominantes quieren hacernos pagar esta guerra y las futuras.

Contra las mujeres, Bush ya había declarado la guerra antes que a Irak, denuncia un pronunciamiento de feministas mexicanas contra la guerra que también señala que desde el año 2000 los fondos norteamericanos para programas de planificación familiar se condicionaron a que no se mencionara absolutamente nada del tema de aborto. Igualmente el gobierno estadounidense retiró de la ONU, hace más de un año, los fondos que destinaba para apoyar programas de salud reproductiva en los países pobres, poniendo en riesgo la vida de millones de mujeres; además, niega el apoyo del gobierno a las organizaciones que trabajan en contra de la pandemia del VIH-SIDA.

Y si lo anterior fuera poco, el gobierno de Estados Unidos designó como jefe del comité asesor para asuntos de salud reproductiva a David Hager, conocido funcionario que está contra el aborto y recomienda que para tratar los síntomas premenstruales las mujeres deben hacerlo con lectura biblica y oración (¡!). Por ello, señalan las feministas, que las mujeres norteamericanas y las de los países empobrecidos han estado viviendo la guerra como consecuencia de las políticas neoliberales y conservadoras.

Nuestro país también está viviendo el impacto de estas políticas; pues existen mujeres a las que se les ha negado, deliberadamente por las autoridades, la posibilidad de recurrir al aborto en circunstancias de embarazo producto de violación. Es cierto, hay una guerra sorda contra las mujeres, pues no podemos decir otra cosa ante la complicidad del gobierno local y federal respecto de las mujeres asesinadas y desaparecidas en Ciudad Juárez desde hace más de 10 años; o de las mujeres indígenas violadas con una impunidad que alarma.

El 14 de enero el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro4 denunció que el ejército y corporaciones policíacas continúan violando los derechos humanos y que 52 mujeres indígenas fueron violadas por militares en los estados de Guerrero y Veracruz. Políticas neoliberales y guerra van unidas de la mano.

La guerra ha generado una conmoción mundial expresada en el ascenso de las movilizaciones anticapitalistas y denuncias de las verdaderas intenciones neoliberales detrás del discurso “liberador”. La movilización es la veta de oro más preciosa que hemos encontrado y la que nos reafirma que “otro mundo es posible”, la única que nos puede permitir vislumbrar un futuro para la humanidad. Una nueva izquierda antiimperialista, anticapitalista es necesaria.

 

Notas

1. Esto, a pesar de que en 1995, durante la Conferencia Mundial de la Mujer en Pekín, junto con la ONU, las mujeres de Irak y otras latitudes acordaron, en el marco de la protección de las mujeres y niñas en conflictos, resolver la falta de medicamentos contra el cáncer (CIMAC).

2. En Irak, según la UNICEF, un millón de menores de cinco años padece desnutrición crónica y la mortalidad infantil es dos veces superior a la que había a finales de la década de los ochenta, debido a las sanciones tras la guerra del Golfo en 1991 (CIMAC).

3. A finales del 2001, 13.5 millones de personas vivían como desplazados en sus propios países: 1.7 en África; 4.5 millones en Asia; 3.6 millones en Europa; 2.2 Millones en América Latina; 1.5 millones en el Medio Oriente (ONU).

4. Informe de “La represión en México 2002” (CIMAC).

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