No. 20
(julio-septiembre
de 2002)

 

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Historia de Sara [Saati Baartman]

Rocío Duque

África es una larga, larga herida. Cuando uno menciona el nombre de este continente (¿por qué loscontinentes tienen nombre femenino siempre?) una interminable lista de horrores y agravios vienen a la mente; desde la trata de esclavos —aun hoy en día impune en países como Somalia— y el apartheid, hasta la pandemia del SIDA que hoy acaba hasta con el 25% de algunas poblaciones, dejando tras sí hordas itinerantes de huérfanos miserables y desesperanzados; pasando por las interminables, brutales guerras que asolan a muchos de los países de la región y que culminan usualmente con el entronizamiento de algún nuevo dictador, tan sanguinario o más que el derrocado . Sequías sin fin o devastadoras inundaciones, calamidades “naturales” que bien miradas no lo son tanto, dada la magnitud de la depredación del medio ambiente; hambrunas y éxodos obligados —por la guerra o por aquellos desastres— de pueblos enteros son también usuales, esto quiere decir “lo normal” en las noticias sobre África.

La mayoría de los horrores que asolan África son resultado directo o indirecto de siglos de colonialismo. Esto es un lugar común pero también una realidad irrebatible.

La historia atroz de una mujer que murió hace muchos años se vuelve hoy emblemática de los sufrimientos del continente.

Saarti Baartman, después llamada “Saartjie,” (algo así como Sarita), nació en Cape Town (hoy Sudáfrica) en 1789 en la nación de los Khoisan, llamados después Hotentotes – un nombre considerado despectivo actualmente —por los colonizadores. En 1810, William Dunlop, un medico y sargento británico, “descubrió” a Saarti en Eastern Cape, donde era una esclava. Dunlop consideró que el inusual tamaño de sus nalgas y genitales, para los estándares occidentales, serían una gran atracción para el público europeo. Así se lo hizo saber a la muchacha, ambos se harían millonarios exhibiendo su cuerpo, le dijo.

En Londres empezó el show. Saartjie fue exhibida desnuda en altas pasarelas —para que el público pudiera mejor apreciar sus genitales— como la “Venus Hotentote”, un fenómeno de la naturaleza pero más aún, una muestra más de la superioridad blanca sobre los negros.

El colonialismo, la trata de esclavos y la explotación de pueblos indios tenía sus apoyos “científico”: había razones biológicas que apoyaban la tesis de la superioridad blanca. Historias sobre la naturaleza brutal (no necesariamente humana) de la sexualidad de los negros se popularizaron en la época, los genitales protuberantes de Saartjie era una muestra evidente de ello.

El brutal espectáculo llamó la atención de Robert Wedderburn, un activista jamaiquino contra la esclavitud, quien inició una demanda en las cortes británicas y llamó a terminar con la humillación a que era sometida aquella mujer. Las cortes fallaron a favor de Dunlop, ya que se argumentó que la muchacha tenía un contrato legítimo con éste. Cuatro años duró la novedad en Inglaterra y entonces Saartjie fue vendida a un entrenador de animales francés quien la exhibió como parte de su circo itinerante. No sólo el grueso del público se interesó en la Venus sino también diversos científicos quienes revisaron, midieron y sacaron conclusiones sobre su cuerpo y la irremediable degeneración de la raza negra: grandes genitales, cerebros pequeños.

Pero en Francia la novedad también pasó y Saarjtie fue obligada a prostituirse para sobrevivir. A los 25 años murió víctima del alcoholismo, la sífilis y la tuberculosis.

Pero aún después de muerta, su cuerpo fue objeto de abusos. Georges Cuvier, el cirujano general de Napoleón Bonaparte, diseccionó y embalsamó su cuerpo; sus genitales y su cerebro fueron metidos en botellas de formol para ser preservados en Musée de l'Homme, donde fueron exhibidos hasta 1976, cuando fueron removidos de la exhibición pública y almacenados en las bodegas del museo.

La historia de Saarjtie permaneció casi en la penumbra, conocida sólo por algunos estudiosos y activistas del movimiento negro y feminista, hasta que Zola Maseko, un estudiante de cine en Inglaterra, la escuchó en alguna clase. Maseko es co-productor y director del documental The Life and Times of Sara Baartman .

Durante la investigación que hizo para éste, Maseko visitó el Musée de l'Homme, donde pidió ver los restos de la Venus Hotentote, lo que le fue negado.

La historia era lo suficientemente brutal como para avergonzar a los franceses. Finalmente, después de conseguir el apoyo de la embajadora de Sudáfrica en Francia, parte de los restos le fueron mostrados, aunque le aseguraron que el cerebro y los genitales estaban desaparecidos.

Diversas peticiones para que los restos de Sara fueran repatriados, se elevaron entonces hasta las autoridades francesas. Sin embargo, el miedo de que esto alentara nuevas exigencias y protestas para regresar objetos y tesoros sustraídos por los colonialistas en diversas partes del mundo, hizo que las peticiones fueran desoídas. Finalmente, en 1994 el entonces presidente de Francia, Francois Mitterrand prometió a su homólogo, Nelson Mandela de Sudáfrica sus buenos oficios para lograr la repatriación de Saartjie.

A principios de este año, 187 años después de que empezaran sus desventuras, en solemne ceremonia los restos mortales de Saarti Baartman (su esqueleto y su cerebro y genitales embotellados en formol), fueron entregados al embajador sudafricano en París.

Ella fue enterrada por su pueblo, los Khoisan, en Cape Town, de donde salió hace tanto tiempo. Sarita ha regresado a casa, descanse en paz Saarti Baartman.

Solidaridad con la periodista Belkis Genao de Santo Domingo

El incremento de la violencia de género asuela la sensibilidad de la sociedad dominicana, no obstante las autoridades dan pocos pasos efectivos para detenerla. En la última semana del mes de septiembre dos mujeres fueron ultimadas por sus parejas y en uno de esos casos el perpetrador se suicidó: ambos eran estudiantes de ingeniería de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Singular consternación causó el otro feminicidio, cometido por un cabo de la fuerza aérea. Aunque el individuo alega que se trató de un atraco, la versión resulta poco creíble: su esposa, y madre de los dos hijos de ambos, de tres y un año, pereció por un balazo en la cabeza.

Lo que agrega particularidad a este hecho es que la joven era hija de la periodista Belkis Genao, colega que desde hace cuatro años ha estado combatiendo los feminicidios desde una revista de crónica roja donde trabaja. En el último lustro ella ha ido registrando de modo confiable las estadísticas de este tipo de asesinatos, rechazando que la comisión los califique como crímenes pasionales ya que ello le resta gravedad a los hechos y responsabilidad a los agresores.

Desde la Red Dominicana de Periodistas con Perspectiva de Género, Belkis Genao ha promovido el enfoque adecuado para ese fenómeno y su experiencia fue muy reconocida cuando la expuso el pasado mes de mayo, en el Encuentro Mujer y Comunicación en La Habana.

En medio de su llanto desgarrador frente al cadáver de su hija, la comunicadora reiteraba: “Yo nunca pensé que iba a contabilizar en esas cifras a mi propia hija.” En tiempos más recientes Belkis Genao estuvo preocupada y acumulando información sobre qué es lo que pasa con los huérfanos: ahora tiene a dos en su propia casa.

Las mismas palabras de Belkis fueron escuchadas por las asistentes, el pasado mes de octubre en la ciudad de Cancún al V Encuentro de Periodistas de México, Centroamérica y el Caribe las periodistas y comunicadoras realizaron una emotiva ceremonia para brindar su pésame y solidaridad con Belkis Genao. Las mujeres asistentes, con flores blancas en las manos y lágrimas compartieron el dolor profundo de Belkis.

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