No. 20
(julio-septiembre
de 2002)

 

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Feminismo de bandera

Julia Pérez Cervera

Todas las teorías evolucionan. Bueno, casi todas si tomamos como evolución el cambio en sus fundamentos, prácticas u objetivos. Si tomamos evolución como avance hacia algo mejor, tendría que decir que muchas teorías evolucionan, otras retroceden y algunas están estancadas desde hace decenios. Tendría, además, que añadir que otras épocas cambian en la forma, pero retroceden en el espíritu, en objetividad y, por tanto, se alejan de sus objetivos. Esto, sobre todo en lo que hace a las diferentes corrientes que suelen surgir al interior de cualquier teoría, ideología, filosofía o movimiento.

Un ejemplo claro para mi de como una ideología se aleja de su espíritu es la que se refiere al patriotismo. Las personas pueden llegar a dar la vida por que en su patria se establezca un determinado régimen político, un determinado sistema social o tendencia ideológica (izquierda, derecha, centro) o religiosa. La patria, en esas ocasiones lo es todo. Nada por encima del bien del país. Nada por encima de la voluntad popular...

Y al cabo, todo termina en ponerse de pie frente a un “Pendón” cuando suena una música, sea esta de clarín, de banda militar o de fiesta regional. ¿Que tendrá que ver la bandera con una persona de vida desordenada para que se les llame de la misma manera? En fin, a lo que íbamos. Terminada la música, el vivo al bollo y el muerto al hoyo.

Tengo una gran preocupación sobre en qué se puede parecer esto a lo que está ocurriendo en el feminismo.

Creo que nadie escarmienta en cabeza ajena y que es humano tropezar dos veces en la misma piedra. Y, en ese sentido, al interior del feminismo han surgido, como en el partido más clásico, corrientes, exclusiones, y hasta inclusiones que no eran. Pero bueno, lo que me pregunto es ¿No habrá una forma de evitar caer en el feminismo de bandera? Es decir, en un feminismo patriotero, en un patrioterismo feministoide, de mujer@s muy solidarias en todo, que es lo mismo que en nada, sin crítica ni autocrítica. Donde todo vale para no sabemos qué, ni cuando, ni donde.

Hasta finales de los 80` y principios de los 90`el movimiento feminista se debatió en un constante análisis sobre quienes si eran y quienes no eran feministas. O sea, que significaba ser feminista. Qué líneas marcaban las pioneras de cada país, las diosas, las gurús, las reinas, las divas y qué líneas eran de movimientos confundidos no acreedores del calificativo feminista.

Durante los 90` la tendencia cambió y se impuso la línea estratégica “todas somos feministas”. Esto, debido sobre todo al argumento de una negociación necesaria y necesariamente amplia que debíamos llevar a cabo si queríamos llegar al poder. Objetivo ampliamente consensuado a excepción de la corriente auto nombrada como autónoma.

Probablemente —yo así lo creo—, en ese momento fuera necesario adoptar esa línea para dar visibilidad e impulsar cambios sustantivos de cara al reconocimiento de los objetivos feministas que hasta ese momento seguían siendo bastante vilipendiados y desprestigiados por el sistema patriarcal. Parece lógico que si quieres cambiar un sistema, intentes negociar algunas cosas con ese sistema.

Pero de ello a decir, ya en la actualidad, que para el movimiento feminista es fundamental que los hombres participen de él; que es fundamental que los capacitemos, pues los pobrecitos no saben de nuestras vidas y pesares y que de no ser así y de no conseguir que los hombres también sean feministas el movimiento muere, no se que nos ha pasado.

El salto, más que brutal, ha sido triple salto mortal con vuelta hacia atrás y sin red.

Ya no se trata de que negociemos. Se trata de entrar al juego del sistema que se quería cambiar para conservar los tres escaños o los dos cargos municipales, ya que sin ellos no hay nada que hacer.

Parece que ahora el dilema está en no perder ni uno solo de los lugares alcanzados gracias a la bondad y a la mayor comprensión de los patriarcas hacia los planteamientos sociales del movimiento feminista.

Pareciera que de no seguir en ese jueguito (que a pesar de los avances conseguidos aún mantiene la amenaza permanente de expulsión del sistema para quienes consiguieron entrar) estaríamos traicionando no se que. Porque lo realmente chistoso es que esos lugares se pueden perder en el momento que ellos quieran.

Lo chistoso es que, a pesar de los avances y logros alcanzados en los últimos foros internacionales, hemos retrocedido en derechos fundamentales.

Lo chistoso es que a pesar de poder hablar en tribuna pública se nos han agudizado las cargas de trabajo, los conflictos familiares y la vida laboral.

Lo realmente chistoso es que una de las demandas más sentidas por todo el movimiento feminista: “el derecho al propio cuerpo” sigue estando nivelado por la voluntad de los señores, incluidas las feministas.

Pero eso sí, oímos con orgullo que los políticos hablan de mujeres y hombres aunque se siguen quejando de lo latoso que es hacer un discurso así. Se habla de niños y niñas, de trabajadores y trabajadoras.... ¿y la equidad salarial?: bien.

Gracias.

Desde que se pusieron de moda esos discursos, quizá un poco antes, me empecé a preocupar. El sistema ha dado la vuelta, sistemáticamente, al contenido, al fondo y a la forma de las propuestas del movimiento feminista. Y lo ha hecho con nuestras propias palabras. Le ha cambiado el sentido a las palabras. Y con nuestra ayuda, a través de la capacitación y de la sensibilización sobre la perspectiva de género, ahora tienen argumentos que nunca se le hubieran ocurrido como que “los hombres también son discriminados por edad”.

Lo que más me preocupa es que les decimos que si. Que es verdad. Que de lo que se trata es de eliminar la discriminación contra todo el mundo. Que el movimiento feminista no es un movimiento de defensa de las mujeres sino una propuesta para una sociedad distinta ¡Y todos tan felices a seguir viviendo la vida! ¡a conservar el puesto! Porque ya no hay quien se trague eso que desde dentro se pueden cambiar las cosas más rápidamente.

Ahora, no sabemos cuál es realmente el objetivo del movimiento...

¿vamos a la próxima conferencia internacional o la boicoteamos?...

Este planteamiento me hace, al menos, recuperar las ganas por el debate. Me produce un levantamiento de ánimo. Alguien se está cuestionando hasta donde se lleva la negociación.

¡¿Hasta dónde las renuncias (porque hemos hecho muchas)?!

Hasta dónde seguir hablando, con quiénes, claramente, no están dispuestos a compartir, no digamos a analizar el futuro de este mundo, ni un lugarcito más en los foros de decisión.

Quisiera aprovechar este espacio, el de esta revista y el del Encuentro Feminista Latinoamericano para proponer, desde un lugar realmente autónomo del movimiento, sin puestos que negociar y sin amenazas del sistema, un serio debate sobre nuestro futuro. Sobre nuestro quehacer. Sobre nuestros objetivos fundamentales no alcanzados y sobre estrategias y cese de renuncias.

El movimiento feminista nació, creció y se extendió por el mundo en contra de los intereses del sistema patriarcal. Los logros son logros de las mujeres.

Sinceramente, no creo que sea necesario renunciar a nada más para seguir avanzando.

Más aún, creo que si seguimos haciendo renuncias por puestos, nos perderemos de nuevo en el masculino neutro.

Me da una gran tristeza esta idea.

Después de 2002 años de lucha de las mujeres por su vida no creo tener derecho a negociar la historia por un puesto más.

No quiero. No me apetece. No quiero ser un hombre más cómplice de mantener a las personas divididas en categorías de servidumbre.

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