No. 20
(julio-septiembre
de 2002)

 

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Comentarios sobre el VIII Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe*

Alicia López

Ante la lectura de testimonios personales y conclusiones pertenecientes al VIII Enc. Fem. Lat. y del Caribe, de palabras escritas que mediatizan experiencias vividas, me surgieron, antes de algunas reflexiones, vivencias y sensaciones como de un eco. Las palabras leídas, antes de ser comprendidas, o juzgadas, me provocaron “efectos”. El común acuerdo con Alejandra Oberti de expresarnos en relación a un eje temático secuencial, a ciertos conceptos que nos parecieron emergentes de lo escrito, fue alterado involuntariamente por la necesidad de modificar lo previsto, y el preestablecido orden dejado de lado como si tuviera que oponerme a mi misma, a lo que me parecía mejor y sensato. Una sensación de “ya vivido” en otras épocas, cuando se trataba de conceptualizar en el accionar feminista, algo de lo que “nos ocurría” como feministas.

Por eso, desde el primer item de dicho eje temático: definir que es un “Encuentro”, para poder pasar en segundo término a la definición del sentido de la “Diversidad” y evaluar las “Contradicciones” inferidas en las demandas específicas de los distintos grupos de trabajo, centrando el interés en las “Diferencias generacionales” para arribar a la noción de “Memoria”, que involucra la de “Trayectoria”, encarnada y encarnizada en “Opciones” y posiciones, puntos de vista y actuaciones específicas de las feministas, para intentar comprender el por qué de las “Fracturas”, ejemplificadas dentro de los distintos grupos asumidos como tales, a ese preestablecido marco referencial, reitero, precedió, por sobre el reconocimiento nostálgico de “ya sé de que se trata”, un estar con y un estar contra, según lo que el texto iba informando. Por eso posiblemente me impactó lo dicho por una participante del Encuentro: “Me parece que en este encuentro cada una discute lo que quiere, mi sensación personal es que me siento un poco fragmentada (…)”.

Con el reconocimiento debido a la ventaja momentanea y arbitraria que me concede la oportunidad de escribir, seguramente ilusoria pero oportunidad al fin, y la de seleccionar lo dicho por otras mujeres, me permito entonces opinar sobre lo que se dijo y se concluyó, ejemplificando algunas ocurrencias con las palabras expresadas por las asistentes al Encuentro.

Una de las nociones más repetidas es la Diversidad, es sin duda uno de los mayores reclamos. Creo suponer que alude al propósito voluntario consensual de que en un “Encuentro” puedan entenderse distintas opciones, aceptarse diferentes conclusiones, incluirse variadísimas inserciones relativas al pensar y al accionar feministas, concernientes a mujeres provenientes de diferentes adscripciones socio-económico-cultural-ideológico-vivencial-existenciales. Pero en la lógica de la condición humana, que también las involucra, cabría pensar que la simultáneidad de sus presencias puede generar “Contradicciones” por la puesta en evidencia de “tensiones”. En algunas de las conclusiones que son reclamos y exigencias lisas y llanas, pareciera que pueden admitirse tales contradicciones, pero a la vez apropiándose de su propia semántica, pareciera que las tales tienen que cubrir un mandato de ser buenas, como para que las integrantes del/los Encuentros puedan ser más felices, con la satisfacción del objetivo cumplido: El Encuentro Ideal e Idealizado.

En otro testimonio alguien sentencia: “Se debería discutir sobre temáticas ya avanzadas” y el reclamo de esta temática, la queja relativa a la misma, se generaliza en otras mujeres. Proviene mayormente de las autodenominadas “Mujeres Jóvenes”. Otras mujeres (¿no jóvenes? ¿no tan jóvenes?) enuncian nuevos temas a discutir: “ciudadanía universal, este es un tema clave, que nos llevamos para reflexionar en la casa, ciudadanía global”. Como sin quererlo, se ha planteado como “tema” entre mujeres feministas, el de la diferencia generacional, que es también el de la diferencia de expectativas. Que llevará a la cuestión de la genealogía, veremos más adelante.

Es un hecho, en el Encuentro ha habido testimonios y conclusiones de mujeres de diferente edad, cronológica y de edad de pertenencia al feminismo. Por un extraño mecanismo de generalización, esto, que puede ser importante para tener en cuenta en las conclusiones, aunque está enunciado, se relativiza como ‘tema', en algo así como que el feminismo es una instancia donde se entra, o se permanece. Pero que no “se asimila”. Y las que han entrado ahora son las jóvenes ( cuando los encuentros comenzaron a realizarse, eran, seguramente, algunas de ellas, niñas, aunque también mujeres). La pertenencia como feminista, la conciencia y participación en su política, en sus tareas (autónomas, institucionalizadas, etc.) pareciera además involucrar un sentido de “carrera”. ¿Se deviene feminista? ¿por lo que se lee, o se escucha? ¿o es un modo de ser en la vida cuyo origen es un malestar, difuso, o severo, que provoca ante todo dolor, físico, psíquico, existencial… y que ha conducido con los tiempos a que se necesitaran “Encuentros”? Para poder estar con quienes también hayan registrado ese malestar, que ha sido conceptualizado como opresión y del que se han identificado modalidades y fuentes, y también propiciadores terrenos simbólicos. Encuentros a los que se asiste porque alguna necesidad lo pide, y alguna motivación lo impulsa. Pero las necesidades y las motivaciones son tantas como las de las participantes. Y las de sus libertades o sus compromisos. Consigo mismas o con la “modalidad operativa” de su feminismo. Las trayectorias de las mujeres feministas en el interjuego de los testimonios y conclusiones leídas, coquetean, se visten, se evidencian, según algunas denuncias y quejas, con el traje del “Poder”. Que, por lo visto, todavía no ha encontrado el modus vivendi feminista. Aquí, las “contradicciones”, en mi apreciación como lectora de lo que se concluyó, devienen extremas:

“Aunque el poder patriarcal está encarnado en Estados, gobiernos, iglesias, fuerzas armadas hay distintas pero coexistentes estrategias planteadas:

1. Ocupar espacios dentro de ese poder.

2. Luchar para arrancar nuestras reivindicaciones a ese poder.

3. Destruir ese poder.

4. Crear espacios fuera de ese poder”.

Otra conclusión: “Democratizar la información para evitar el elitismo que ha existido en el movimiento, especialmente en algunas ONGs que han acaparado los recursos, se propone la creación de una red de Internet donde se pueda insertar un link o enlace a cada página de las organizaciones”.

Y continuando con las palabras fuertes:

“El siguiente desafío: desmistificación del movimiento feminista en lo teórico y en lo práctico. Y, finalmente, búsqueda de mecanismos de comunicación sin fronteras.

Por ejemplo el uso de Internet y otros accesibles para la mayoría”.

En la primera de las citas se enuncian objetivos que podemos relacionar con una etapa clásica. Históricamente sobre esto ha habido muchísimos debates. El poder tan molesto y perturbante que, cual endiablado ser, también contagió a las mujeres feministas, se denuncia en la segunda cita bajo el enunciado de “elitismo”. Y en la tercera cita, se expresa la orden de la homogeneidad, pero con diferentes posibilidades tecnológicas. Comunicación sin fronteras en “encuentros” virtuales. Aquí también me parece que se filtran contradicciones, y que por momentos, la “Contradicción” cede espacios a la “Simplificación”. Siempre con esa extraña sensación de que se quisiera Prolijar el feminismo. La experiencia de la vida enseña que el hablar sin tapujos puede provocar grandes dolores. El hablar cosas generales ayuda a la elisión de tormentas. Pero igual, en la realidad del feminismo como instancia de mujeres ejerciendo una política que las concierne acontecen las Fracturas. Se reclama la diversidad pero no se la tolera. ¿Por lo que se dice o por lo que no se dice? En el testimonio de una de las autodenomidas jóvenes, se dice:

“Creo que hay muchos silencios en este encuentro”. Percepción de que se habla de lo que no se dice. O se escucha fragmentadamente.

Me parece que las mujeres han concluido, en las conclusiones, que hay “temas” no resueltos, temas recurrentes, temas a temer.

SI hubo historia, secuencial, temporal, existe seguro una Memoria, que parece también difícil de transmitir. Las “Jóvenes” que piden saber, y sobre todo, las que han asistido a un primer encuentro, quizá deberían saber que en el feminismo, en su adentro, en el de todos los días fuera del Encuentro, no se vive siempre esa sensación plena, el éxtasis o la alegría del testimonio poético:

“Peces de colores”. Música. Mujeres. Credulidad. Reconocerse. Reconocerme. Mujer entre mujeres. Credo. EL VIIIº fue mi Iº, colorido debut. Impacto de mujeres y de peces. Estallido de perspectivas. Pluralidad.

Con toda la validez del emergente producido.

Las que pueden contar la trayectoria: “Los treinta años que han transcurrido en nuestro cuerpos y en nuestras vidas nos hacen reconocer condiciones distintas a las de nuestro surgimiento”, no mencionan en el documento la alegría o la pasión que los encuentros generan y que parece no llevarse siempre bien con las negociaciones o las formalidades académicas. En la “trayectoria” se sabe de disgustos y de esfuerzos. Después de los encuentros que serían la fiesta, viene el trabajo. Que ha existido y existe, en sus tantas formas.

Hay un malestar enunciado en algunas conclusiones que alude a las diferencias de “Saberes” y al padecimiento de las “Jerarquías”:

“La mayoría de nosotras ha llegado al feminismo o el feminismo les ha llegado desde la academia o el accionar en las ONG y no desde el movimiento político como lo fue desde décadas pasadas”. Añado, por lo que he podido apreciar en otras épocas, que otras mujeres llegaban desde sus problemas. Otras traían sus problemas y no permanecían. Otras creaban problemas. ¿Por qué no ha de seguir ocurriendo?

Las demandas en los encuentros han sido siempre múltiples y siempre tuvieron un cariz acuciante. Quizá si las participantes se dieran más tiempo para alguna forma instrumental de tolerancia a lo mejor se perfilarían mejor las carencias o se encontrarían modos de transmitir en lenguajes comunicables más útiles los pro y los contra de las experiencias. Pedirle a un Encuentro que sea un Congreso no se si es pertinente. Pero si lo es que la gente se junte en función de lo que le interesa y quiera seguir adelante con lo que considera que haya sido “tratado”. Hay mujeres que se dedican a conceptualizar las urticantes cuestiones que nos conciernen a las Mujeres, y hay años de trabajo en la transmisión formalizada de esos saberes. Años de trabajo con las mujeres. Me pregunto cómo se entienden, que significan y como se asimilan en la Diversidad, no sólo de “las mujeres” sino de las feministas, que asisten por primera o por tantísima vez a un Encuentro. La pedida, la abarcativa esperanza para “millones y millones de Mujeres”. Pero también me pregunto que sucede, que ha sucedido, volviendo a los textos de las conclusiones que marcan la cuestión de la diferencia generacional, con los saberes del feminismo literal. No literable. ¿Qué le pueden decir unas mujeres feministas a otras? Las quejas de que siempre se parte de cero, las denuncias de la manipulación, de los dimes y no-diretes de las temáticas y de la tendencia al encapsulamiento involutivo de los distintos grupos feministas (eludo enumerar sus clasificaciones nominales), planteados por disgustadas testimoniantes, dicen que hay algo que no “pasa”. Y según parece, en este particular Encuentro de Santo Domingo pasó “menos”.

Ha habido ya ocho reuniones convocantes del Feminismo Latinoamericano y del Caribe. El mundo ha cambiado, las chicas han crecido. Las ingresantes a los encuentros reclaman cuentas, se presentan: “Nos tocó vivir en un mundo que ya está globalizado y el auge del neoliberalismo, crecimos bajo las dictaduras, movimientos armados y militarismos de nuestro países y hemos presenciado la muerte de las grandes utopías y la crisis de las políticas partidistas”.

Quienes crecimos en ¿otro? mundo también padecemos el de ahora. Y la cuestión feminista tiene Genealogía para ser recuperada, Memoria para advertir. Una anécdota que me ha contado una feminista de las consideradas Históricas, dice que las feministas de principios de siglo establecían un método específico para delimitar su participación “opinante” en el curso de sus reuniones. Cada una de ella recibía antes de iniciarse el debate, cinco piedritas, que debía ir entregando una por una a medida que intervenía en la discusión. Cuando se le terminaba su dotación, debía forzosamente permanecer callada. Podemos suponer que este era un silencio legitimado por una necesidad de regulación. Y podía ser también una manera de fomentar la responsabilidad en relación al conjunto, de incentivar el ingenio para ser atendida y entendida, y quizá esto tenía efectos operativos. Era un método que se podría adscribir a la lógica de la organización. El silencio denunciado por algunas feministas en este Encuentro alude a otro sentido, de mayor peligro corrosivo.

Alguien expresó dentro de un grupo, todavía: “Las feministas queremos cambiar el mundo y no nuestras casas, pero es por ahí que se debe empezar”. Y esto puede ser un reclamo, una metáfora, una alusión, una cuestión literal, una vigencia atemporal.

* Artículo tomado de la Revista Travesías No. 8 del Centro de Encuentros Cultura y Mujer (CECyM), Buenos Aires, Argentina, diciembre, 1999.

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