No. 20
(julio-septiembre
de 2002)

 

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Clavo, canela y mejorana ¡que rica ser lesbiana! 1

Para Ivonne, en el momento preciso... pienso.

Angela G. Alfarache Lorenzo 2

Estoy segura que a ninguna persona le costará trabajo recordar la entrada de los Leones del Parque de Chapultepec. Ahora imagínenla el último sábado del mes de junio, sea con sol o con lluvia y empiecen a ocupar y poblar este espacio tan conocido. Van llegando los carros y los camiones: unos adornados con globos, con serpentinas; otros, con grandes bocinas que emiten música a todo lo que dan; otros más, con grandes pancartas o con muñecas o con muñecos o con todo aquello que la imaginación puede plasmar en el adorno de los carros y camiones. Y, en esos mismos carros y camiones y también en peseros y en taxis y en los R100 y a pie; ya sea de a una, de a uno, en pareja, en tríos, en grupos, en bola, van llegando ellas y ellos: lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transgéneros, transexuales, que esta tarde tomarán las calles para decirles —a quienes quieran ver y oír— que están orgullosos de ser quienes son y por eso —para quienes dudaban—cantarán “no que no, sí que sí, ya volvimos a salir”. ¿Piensan Uds. que ya somos las que estamos y estamos los que somos? No, todavía no: falta mirar a quienes miran. Sí, a ésas y ésos que permanecerán arriba de las banquetas (por eso aquello de banquetera o banquetero, ¡únete!), atrapados en sus carros en Reforma o trepados al Ángel de la Independencia y a las estatuas que año con año ven pasar la Marcha, sentados en los bancos de la Alameda soñando el sueño de una tarde de verano en la que ondea especialmente la bandera de los seis colores de la diversidad. ¡Ah, esperen! Que nos estamos olvidando de quienes nunca faltan: las vendedoras y vendedores del centro de la ciudad que nos ofrecerán, durante horas, aguas, cacahuates, mangos enchilados, refrescos, papitas y demás. Y que se quejan, aquí entre nos, de que los travestis no les compran nada porque no quieren engordar. Pero no sufran, que habemos otras que con todo arrasamos porque la línea no nos preocupa y menos cuando la sed aprieta y el hambre está canija.

Parece que cada Marcha del Orgullo es la primera; tal vez porque todas son iguales y cada una es diferente. Y tienen una particularidad que no todas las marchas tienen: quienes ahí están saben que forman parte de algo más amplio, porque esta Marcha aspira a ser global —en una época en que ser global es la moda que incomoda—; este 2002, por ejemplo, se marchó por primera vez en Zagreb.

Durante este sábado de junio, con lluvia o con sol, muchas Marchas marchan a través del mundo pintándolo de colores, llenándolo de canciones y diciéndole a quienes quieran oír: ¡no sólo estamos aquí, estamos en todas partes! Y en esta ciudad, efectivamente, estamos en todas partes y por eso venimos de todos los sitios, de todas las delegaciones, las colonias, los barrios. Y no sólo eso: aquí se aglutinan, este día, hombres y mujeres procedentes de diversas partes de la república; del Estado de México, desde luego, pero también de Querétaro, Monterrey, Puebla, Chiapas, Yucatán, San Luis Potosí y, cómo no, de Guadalajara.

En cada Marcha, te empapas de colores y de olores, aprendes consignas, canciones, bailes, estribillos, dichos, palabras que año con año, Marcha con Marcha, forman parte del ambiente y lo van enriqueciendo. Aprendes de moda porque cada año los travestis nos enseñan que es lo más in y más out en este ambiente; y el camión de la disco nos enseña cuál es la música preferida en los antros; diversas organizaciones nos enseñan sobre sexo seguro y te regalan condones tanto masculinos como femeninos. Aprendes que este año —estos muchos años— la lucha sigue siendo contra el Sida y a favor de las mujeres, los hombres, la niñas y los niños con Sida: que necesitamos recursos, educación, medicinas. Que este año tampoco tendremos derechos; que la Ley de Sociedad de Convivencia no va: por un punto aquí, por una coma allí, por mucha homofobia y lesbofobia en todas partes, por la incapacidad de muchos de reconocernos a pesar de la lucha de tantas y tantos por visibilizarnos.

Y aprendes algo fundamental: que este movimiento es diverso, que “no somos una ni somos diez, por favor, cuéntennos bien”; que nos unen algunas cosas y nos diferencian otras. Y si no pregúntale al Grupo de Madres Lesbianas, que marchan orgullosas de serlo, junto con sus hijos e hijas; pregúntales que tan fácil es —en una sociedad machista, sexista y homófoba— ser lesbiana y ser madre. O pregúntaselo al grupo de lesbianas feministas; dicen algunas lenguas (no sabemos si buenas o malas) que son pocas, que este movimiento es de hombres. Pero pocas o no, se bastan y se sobran para recordar que esta Marcha no sería la Marcha del Orgullo lésbico-gay sin su lucha de muchas décadas; que muchos de los principios políticos, éticos y filosóficos que rigen el movimiento mundial sobre el derecho a la diversidad han sido elaborados desde el feminismo; que, hoy por hoy, quien está en la Asamblea dando la lucha por las leyes para todas y todos quienes integran este Movimiento, es una mujer... lesbiana y feminista. Enoé Uranga.

Y dicen que no es un movimiento serio porque hay demasiados colores, demasiadas máscaras, demasiado disfraz, demasiado desfiguro, demasiado carnaval, demasiado desmadre. Y des-madre sí que hay, y también des-padre porque ¿cuántas y cuántos de los que caminan no han perdido madre y padre, hermanas y hermanos, amigos, compañeras, casa, comida y sustento sólo por decir soy lesbiana, soy gay, soy transgénero, soy transexual? Por decirlo y por vivirlo. Aunque, todo hay que decirlo para no olvidarlo, ahora podemos ver marchar a padres y madres, amigos y amigas, compañeros y compañeras, solidarizados con la lucha por los derechos de la comunidad lésbica, gay, bisexual, transgénero.

“Que no es serio”, dicen voces desde fuera y también algunas desde dentro. Pero resulta que lo es y no lo es, y las dos cosas son posibles en estricto apego al diccionario. Porque que algo o alguien sea serio significa, por un lado, “poco propenso a exteriorizar su alegría o regocijo/Ser hosco o duro” Y así, quien vea esta Marcha no podrá negar que tenemos la risa fácil, el canto ingenioso, que hoy al menos nos regocijamos, que hoy nos permitimos no ser hoscas ni duros. Para muchas y muchos es un lujo que sólo hoy podrán darse, y, si lo dudas pregúntales si es de reírse la discriminación, la injusticia y el miedo cotidiano a que te descubran o a descubrirte. Pregúntale, no sólo a los travestis de vestidos lujosos, zapatos de tacón y maquillajes perfectos, pregúntale también a los que no llevan grandes vestidos, ni maquillajes de cine; a los que el dinero no les alcanza para implantes y se conforman con postizos; a los que llevan las medias rotas y los zapatos de tacón sin suelas.

Pero, por otro lado, esta Marcha es cosa seria en el sentido de “asunto importante o trascendente, o asunto cuya finalidad no es la mera diversión sino que aspira a ser considerada de cierta importancia.” ¿Y a qué otra cosa pueden aspirar, si no, estas mujeres y hombres que se atreven a salir a la calle en un mundo que saben homófobo, lesbófobo, discriminador, injusto, violento de palabra y obra, cruel en sus insultos? Por eso, y sólo por hoy, los insultos que se escuchan (por que esto aunque parezca un carnaval no lo es), no es que no duelan, pero se amortiguan, hoy pueden ser contestados con ingenio, con una consigna, con un “se ve, se nota, ustedes también son jotas”; hoy estamos juntos, juntas, somos muchos y muchas y nos damos fuerza unas a otros.

Que no es serio dicen que los travestis vayan dando la nota toda la Marcha porque es lo único que la prensa y la televisión sacan al día siguiente y no las reivindicaciones políticas del Movimiento. Pero ¿acaso son serios los medios de comunicación que, de las múltiples marchas que hay en esta Ciudad, a la única que no le preguntan por sus reivindicaciones políticas es a ésta? Que no es serio que vayan los hombres gays con trajes de cuero enseñando las nalgas (por ahora) y luciendo músculos y bailando como locos ¿o como locas? En una palabra, que esta Marcha es de todo menos política. Y, tal vez, no se vea lo político porque en ella no se va a caballo ni en tractor, no se llevan machetes ni pistolas, no se lincha a homófobos y lesbófobos en la calle, ni se pide venganza. Sin embargo, lo es —yo pienso— por el simple hecho de estar ahí, de salir, de tomar las calles; por el hecho de ocupar los espacios prohibidos, vetados, a lesbianas y homosexuales. Lo es porque contiene a todas y todos; a quienes van disfrazados y maquillados y con lentejuelas y con máscaras, y a quienes no también: son hombres gays y lesbianas feministas que van, digamos, con la cara lavada y la ropa de diario y con la firme convicción de que marcharán mientras no tengamos los derechos que nos corresponden y, por lo tanto, mientras impere la invisibilidad, la discriminación, la violencia y la injusticia.

Porque son muchos los que opinan que bien, lo que se dice bien, pues no está eso de ser lesbiana o de ser homosexual, o bisexual, o travesti o transgénero, pero, ni modo, si ya lo eres por favor no te muestres, no te descares, no nos enseñes; que no tengamos que verlos y sufrirlos y padecerlos. O sea que ¡a casita que están más bonitas! Ahí sí, según esto, cada cual que sea y haga lo que quiera, pero sólo ahí. No en la calle: en la calle es un descaro, una falta de vergüenza, un atentado a la moral sobre todo de las niñas y los niños que en tarde de sábado pasean por esas calles con sus globos y sus mangos enchilados. Y son tan felices. Y sus padres y sus madres también lo son, porque ¿no es cierto que preocupa tener un hijo homosexual o una hija lesbiana, pero no extraña, ni preocupa, ni asusta, tener un hijo o una hija homófoba?

Esta Marcha es política porque hoy, al menos, venimos porque podemos y no venimos a ver si podemos. ¿O no? Tal vez se vería más clara la politicidad si señalados y conocidos políticos y políticas, es decir, si más diputadas y diputados, senadores y senadoras, alcaldes, presidentes municipales y jefes de gobierno, marcharan solidariamente como sucede en muchos países de Europa; si perdieran el miedo al que dirán, al que pensarán, al “a lo mejor me confunden”. Y, así, su presencia connotara y demostrara que esta Marcha sí es política en serio.

Pero lo es porque hoy, al menos hoy, somos muchas y muchos los que salimos para mostrarnos y que nos vean; sí, sí, que nos vean. “Pues claro —dicen— ¡si son todas unas exhibicionistas, les encanta mostrarse, lucirse, causar escándalo, alterar el orden!” Pero no es así: salimos para hacernos visibles, usamos máscaras y disfraces para decirles que queremos salir de las máscaras y los disfraces, para decirles que este mundo es de todo el mundo. Desfilamos por las principales avenidas de esta Ciudad de la esperanza y les decimos que aquí estamos aunque no nos quieran ver; que formamos parte de esta ciudad aunque la esperanza de algunos sea que no volvamos a salir; que aunque puedan, hoy y mañana, negarnos los derechos a los que tenemos derecho —aunque las leyes se manden a la congeladora— nosotras y nosotros estamos aquí: tal vez un poco congelados también pero respiramos y vivimos y caminamos y somos ciudadanos y ciudadanas de una ciudad que, para que sea de todas y todos, tienen que ser de cada uno y una.

Por eso banquetera, banquetero, ¡únete! Atrévete a bajar de la banqueta, entra en nuestro camino, canta y baila con nosotras; te lo prometo, no te va a pasar nada, esto no es gripa (no se contagia), no es un grano (no se ve). No nos veas pasar como un espectáculo, como unas ridículas, unas locas, unos jotos, unas machorras, unos putos, unas tortilleras. Cada una y uno tenemos nombre y apellidos y hemos elegido otros nombres para nombrarnos: somos lesbianas, somos gays, somos trasvestis, somos transgéneros, somos bisexuales. A lo mejor, si te unes, puedas cantar con nosotras aquello de “Clavo, canela y mejorana, qué rico ser lesbiana” y ... quién sabe, hasta puedas encontrarle sabor al dicho.

Pero si no te unes, si no marchas con nosotros y nosotras, de cualquiera manera piensa: tú que nos miras desde la banqueta este sábado de junio, con sol o con lluvia, tienes derechos que nosotras y nosotros no tenemos. ¿Somos entonces ciudadanos y ciudadanas de la misma ciudad, del mismo país?

 

Notas

1. Crónica presentada en la Mesa: Diversidad sexual en la Ciudad de México del Congreso: “La ciudad y sus cronistas. Historia, testimonio, literatura y periodismo”, organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, el Consejo de la Crónica de la Ciudad de México y el Centro de Educación Continua Unidad Allende del instituto Politécnico Nacional en la Ciudad de México del 25 al 27 de septiembre de 2002. Agradezco a Martha Nualart, creadora de esta consigna, el habérmela regalado como título para mi crónica.

2. Licenciada en Etnología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, D.F. Autora del libro Identidades lésbicas y cultura feminista (en prensa).

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