No. 19
(abril-junio de 2002)

 

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Parlamento de mujeres: Crisis de legitimidad

Josefina Chávez

El espíritu que animó la constitución del Parlamento de Mujeres en 1998 fue iniciar —en una experiencia inédita en la historia legislativa de nuestro país— una interlocución entre el ámbito legislativo y el movimiento amplio de mujeres. Una instancia que permitiera generar una nueva forma de hacer política legislativa a través del esfuerzo plural, entre diputadas, senadoras y mujeres del movimiento, para avanzar en el reconocimiento de los derechos de las mujeres.

A partir de esa fecha se estableció un compromiso para dar continuidad a esta instancia —por ello se realizó un Parlamento de Mujeres cada año — de interlocución entre el amplio movimiento de mujeres (con sus variadas expresiones sociales, campesinas, indígenas, sindicales, políticas, sociales, académicas, etcétera) y las legisladoras, entendiendo que la tarea común consistía en discutir y crear una Agenda Legislativa Nacional y Políticas Públicas que llevaran a eliminar toda forma de discriminación por razones de sexo.

Asimismo, desde su fundación quedó pendiente la elaboración de un Reglamento que deliniara las reglas del juego de esta nueva forma de comunicación, compromiso que no se cumplió, instalándose una dinámica que —en la práctica— fue sustituyendo el carácter y el perfil original del Parlamento de Mujeres, por una reedición de los ya tradicionales y conocidos foros de consulta, mecanismo utilizado por el sistema legislativo. Por ejemplo este año se perdió la capacidad de trabajar conjuntamente en la preparación del Parlamento y se acotó la convocatoria al movimiento amplio de mujeres. Desde la sesión del año pasado fue evidente la irrupción de grupos y mujeres de la derecha, dando lugar a situaciones de confrontación entre las asistentes. La Convocatoria de este año también evidenció una falta de “tacto” político, un desfasamiento de las nuevas legisladoras con relación al carácter del Parlamento. Se perdió la voluntad política, pero también quedó claro el impacto del mandato de Fox en al ámbito legislativo, expresado en el protagonismo de grupos de derecha. Ello mostró, con mayor razón, la necesidad de avanzar en el reglamento pendiente. Pero no fue así, una recapitulación breve de esta accidentada historia nos dará más elementos para entender esta situación, sin embargo, hay que señalar que en la edición del Parlamento de Mujeres del presente año nuevamente quedó pendiente la elaborarción del Reglamento.

Antecedentes

El 8 de marzo de 1998 se instaló el Parlamento de Mujeres de México, propuesta impulsada desde años atrás por el movimiento feminista y amplio de mujeres y por mujeres del PRD de la legislatura LVI, fue retomada en la legislatura LVII por las mujeres de los partidos representados en el Congreso de la Unión. Así surgió la Comisión Bicamaral-Parlamento de Mujeres la cual está integrada por legisladoras de la Cámara de Diputados y de Senadores. Esta figura fue la que se acordó entre las diputadas con la venia de los representantes de las fracciones parlamentarias, posibilitando que esta comisión quedara integrada en la estructura del Congreso de la Unión. En su instalación estuvieron presentes mujeres de diversos ámbitos: civiles, políticos, sociales, sindicales, campesinos, indígenas, académicas. Mujeres de diversos estados del país y de distintos orígenes, contribuyeron con propuestas a la integración de una primera Agenda Legislativa, que tenían por objetivo hacer del Parlamento una instancia que propiciara el avance y desarrollo de esa agenda, asignatura pendiente del siglo XX.

Avances, tensiones y crisis

El Parlamento ha dado cauce a propuestas legislativas generadas en el movimiento feminista y amplio de mujeres, mostrando importantes logros en materia legislativa a favor de las mujeres: Desde la instalación de las Comisiones de Equidad y Género, con carácter de ordinarias a nivel Federal y en diversos estados del país; la creación del Instituto Nacional de las Mujeres como organismo autónomo; la Reforma Constitucional para garantizar la igualdad de oportunidades y la responsabilidad del Estado en los derechos para las niñas, niños y adolescentes; la elevación a rango constitucional del derecho a la no discriminación; hasta, en meses recientes, las modificaciones al COFIPE.

En el 2001, antes de la realización de la cuarta sesión, se volvió a discutir la pertinencia de contar con un Reglamento que permitiera trabajar conjuntamente en los problemas que están socavando día con día la libertad y la justicia a la que tienen derecho las mujeres mexicanas. Y ¡oh sorpresa! se pospuso nuevamente, a pesar de que se aceptó la modalidad de instalación de una mesa —la número 13—, que abordaría el tema del reglamento, mesa que no estaba incluída en la convocatoria original de las legisladoras, un hecho curioso que mueve a las interrogantes es que los resolutivos de esa mesa no fueron leídos en la plenaria, además de que la actitud de las legisladoras y las fracciones Parlamentarias fue de indiferencia y deliberada omisión.

Convocadas para participar en la sesión del Parlamento de este año, la Red Milenio Feminista decidió no participar, considerando que se habían agotado las condiciones de diálogo y, además, se había impuesto una dinámica de unilateralidad por parte de las legisladoras, excluyéndose, en la práctica, la interlocución desde una óptica de corresponsabilidad con el movimiento amplio de mujeres.

A partir de esta reflexión de Milenio Feminista diversos grupos feministas también tuvieron una postura crítica del Parlamento de Mujeres. Por quinta ocasión reiteraron que el espíritu de la iniciativa del Parlamento de Mujeres no pretendía crear una instancia para las legisladoras pues éstas tienen las opciones que proporciona el ámbito legislativo (Foros de consulta, comisiones de trabajo, etcétera), más bien se pretendía crear una instancia que fuera un marco para dar seguimiento a las propuestas emanadas desde los distintos espacios sociales, sindicales y políticos del movimiento amplio de mujeres; a las iniciativas legislativas y en donde las diputadas se comprometieran a informar del curso de las mismas. Es necesario reglamentar para dejar claras las reglas del juego en la interlocución, se trata de una oportunidad para las mujeres de México lleven a cabo un ejercicio con una nueva práctica democrática para discutir, analizar y arribar a acuerdos y dejar claro, dada la pluralidad actualmente presente en el movimiento amplio, de cuales son los puntos de debate, los puntos de acuerdo y las prioridades.

Hay una evidente discrepancia con aquellas legisladoras y legisladores que piensan que al arribar a la legislatura nada las y los obliga a una relación de diálogo, consulta y rendición de cuentas hacia el conjunto de la ciudadanía, y en este caso hacia las mujeres. No se puede olvidar que detrás de las legisladoras actuales hay más de tres siglos de lucha de mujeres de distintas corrientes políticas en nuestro país por la causa de las mujeres. Las mujeres necesitamos unir esfuerzos y establecer pactos entre nosotras, tener confianza en nuestra propia energía transformadora; si nosotras no lo hacemos nadie lo hará por nosotras.

Las legisladoras de los distintos partidos están obligadas a una seria reflexión del compromiso que tienen con la causa de las mujeres, que no siempre es la causa de sus partidos.

El Parlamento de Mujeres era una señal de esperanza. Pero se ha demostrado que no hay voluntad política para consolidarlo, hoy se ha convertido en una reunión anual masiva, en donde se reproduce el esquema de “foro de consulta”, sin trascendencia política. Las mujeres presentan propuestas y las legisladoras hacen como que escuchan.

Se llegó, pues, a una situación límite, donde diversos elementos están presentes en lo que parece ser una crisis de interlocución. Un sector del movimiento feminista ha decidido no seguir en ese juego y ha invitando a iniciar una reflexión más amplia en torno a diversas temáticas que atraviesan la interlocución del movimiento con diversas instancias del Estado, ello con la perspectiva de generar nuevas propuestas para la articulación del movimiento feminista en el nuevo siglo. Esta crisis ha evidenciado la urgente necesidad de abrir espacios de discusión e intercambio del propio movimiento.

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Directora:
Josefina Chávez

Edición:
Ana María Hernández.

Comité Editorial:
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