No. 16
(junio-julio
de 2002)

 

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Reseñas

La bolsa o la vida

Las finanzas contra los pueblos

Eric Toussaint

En los próximas semanas estará en circulación la nueva edición del libro de Eric Toussaint, La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos.

En 1998 publicamos ya, desde Convergencia Socialista y en coedición con la editorial Nueva Sociedad de Venezuela, así como siempre en colaboración con el Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, el libro de Eric Toussaint Deuda externa en el Tercer Mundo: las finanzas contra los pueblos. El título en francés de este libro ya era «La bolsa o la vida» pero en México lo publicamos con aquel título.

La edición que saldrá en los próximos días es una versión corregida y aumentada con las elaboraciones e investigaciones del autor, pero enriquecida además con el desarrollo del movimiento contra la globalización capitalista de los últimos tiempos.

En su carácter de presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, con sede en Bruselas, Bélgica, Eric Toussaint ha tenido una muy activa participación en el desarrollo de este movimiento, tanto en la elaboración y propuesta teórica, como animando y apoyando la realización de los recientes encuentros y movilizaciones internacionales, desde Génova hasta las reuniones del Foro Social Mundial en Porto Alegre.

En México, hemos contado con su participación tanto en conferencias, seminarios y mesas redondas organizadas por Convergencia Socialista y el Partido Revolucionario de los Trabajadores, así como su participación en encuentros internacionales como el de los movimientos sociales realizado hace un año en la Ciudad de México. En las revistas de Convergencia Socialista, tanto en ésta como en Desde los 4 Puntos y Cuadernos Feministas, con frecuencia publicamos sus artículos, los cuales frente al desarrollo de acontecimientos tales como la crisis de Argentina son muy importantes.

Por todo lo anterior es que nos parece que la publicación del libro de Eric Toussaint será una contribución al análisis de la situación internacional, así como de los principales conflictos de la actualidad y la búsqueda de alternativas que rompan la lógica del capitalismo neoliberal. La nueva versión de La bolsa o la vida es una coedición entre Convergencia Socialista y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación para asegurar un tiraje que llegue a un mayor número de activistas e interesados en el tema.

Como un adelanto al conocimiento del libro publicamos, a continuación, el prefacio del propio Toussaint a esta edición en México donde enfoca el tema en la perspectiva y condiciones de nuestro país.

En 1914, en plena revolución cuando Emiliano Zapata y Pancho Villa estaban a la ofensiva, México suspendió por completo el pago de su deuda externa. El país entonces más endeudado del continente sólo devolvió, entre 1914 y 1942, sumas puramente simbólicas con el único fin de calmar la situación. Entre 1922 y 1942 (¡20 años!) hubo largas negociaciones con un consorcio de acreedores dirigido por uno de los directores de la Banca J.P. Morgan, de Estados Unidos. Entre 1934 y 1940, el presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó sin indemnización la industria petrolera y los ferrocariles que estaban en manos de empresas estadunidenses y británicas, expropió y repartió en forma de ejidos mas de dieciocho millones de hectáreas de grandes latifundios de propiedad nacional y extranjera, reformó profundamente la educación pública.1

Esta política radical antiimperialista y popular provocó naturalmente la protesta de los acreedores. Pero la tenacidad de México dio resultado: en 1942, los acreedores renunciaron aproximadamente al 80% del valor de sus créditos (tal como estaban en 1914, es decir sin tomar en cuenta multas por los atrasos) y aceptaron unas leves indemnizaciones por las empresas que les habían sido expropiadas.2 Otros países, como Brasil, Bolivia y Ecuador, también suspendieron total o parcialmente los pagos a partir de 1931. En el caso de Brasil, la pausa selectiva en los reembolsos duró hasta 1943, año en el que un acuerdo permitió reducir la deuda en un 30%. Ecuador, por su parte, interrumpió los pagos desde 1931 hasta los años '50.

En los años '30, en total 14 países suspendieron los pagos en forma prolongada. Entre los grandes deudores, sólo Argentina reembolsó sin interrupción, después de haber hecho lo mismo durante la crisis precedente, a finales del siglo XIX. Si se comparan los resultados económicos de Argentina en el decenio de 1930 con los de los otros grandes deudores (México y Brasil), éstos fueron por supuesto mucho peores.

Con la crisis de la deuda iniciada en 1982 y todavía en curso veinte años mas tarde, la situación cambió profundamente. Los gobiernos latinoamericanos —con la excepción de Cuba— adoptaron en general una actitud de capitulación ante los acreedores. Desde agosto de 1982 y ante la suspensión provisional del reembolso de la deuda mexicana, los acreedores, con la complicidad o la cobardía de los gobiernos latinoamericanos, en general supieron sacar provecho de la situación.

Todas las interrupciones en los pagos duraron menos de un año y nunca fueron decididas de manera concertada por varios países. En consecuencia, los acreedores privados pudieron realizar jugosos negocios y el FMI logró recuperar con intereses las sumas puestas en cada caso a disposición de los deudores para que pudieran honrar los compromisos internacionales y continuaran o retomaran los reembolsos.

Más importante, los gobernantes y las clases dominantes de América Latina, aceptaron las exigencias de los gobiernos imperialistas acreedores, en primera instancia de la administración estadunidense, y aplicaron medidas económicas neoliberales, que desembocaron en una recolonización de sus paises. Las políticas llevadas a cabo en México, en Argentina o en Brasil son determinadas hasta en los más mínimos detalles en Washington sede del Banco Mundial, del FMI y de la administración estadunidense.

Entre 1982 y 2000, la deuda externa de México casi se triplicó (pasando de 57 mil millones de dólares a 157 mil millones) mientras el país pagó a sus acreedores 8 veces lo que debía (según el Banco Mundial, México reembolsó 478 mil millones de dólares). El país reembolsa endeudándose. La deuda externa se vuelve eterna. El pago de la deuda externa mexicana representa, como para los otros países del Tercer Mundo, una enorme transferencia de ingresos de los trabajadores y de los pequeños y medianos productores hacia los capitalistas poseedores de títulos de la deuda externa. Entre los acreedores se encuentran capitalistas mexicanos que poseen una parte de los créditos gracias a los capitales que han colocado en los mercados financieros extranjeros. Mientras el pueblo se empobrece obligado a sacrificarse para pagar la deuda externa, los capitalistas mexicanos se enriquecen de manera inédita.

 Después de la crisis de 1994-1995, a pesar de discursos propagandísticos de los presidentes Ernesto Zedillo y Vicente Fox, las transferencias de México hacia el exterior han sido enormes, peores que en los años de 1982-1986. Según los datos comunicados por el Banco Mundial, entre 1986 y 2000, México recibió 140 mil millones de dólares en préstamos y reembolsó 210 mil millones. Significa que México transfirió hacia sus acreedores 70 mil millones de dólares más de lo que recibió. 

El reembolso de la deuda pública externa se hace en detrimento de los gastos sociales (educación, salud, vivienda) y de la inversión publica: el gobierno dedica el 30% del presupuesto público al pago de la deuda externa. En el 2001, el gobierno pagó 29 mil millones de dólares a los acreedores de la deuda pública externa (Fuente: Gobierno, Primer informe de ejecución 2001, página 208 pnd.presidencia.gob.mx/pnd/pdf/2001_ie-pnd_203-210.pdf).

Si añadimos el costo de la deuda pública interna, llegamos a sumas astronómicas. En 2001, el costo financiero de la deuda pública interna y del Fobaproa-Ipab representó 131 mil millones de pesos. El total de la deuda pública interna y externa alcanza alrededor de 150 mil millones de dólares (mitad interna, mitad externa). El reembolso de esa deuda pública implicó una hemorragia tremenda de recursos hacia los capitalistas nacionales y extranjeros acreedores. El tesoro público dedica 2,5 mas dinero al pago de la deuda que a la educación pública en un país en el que, según el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), Jorge Espina, hay “32,5 millones de mexicanos analfabetos” (El País, 23 de Junio 2002). Un país en el cual, según el mismo Jorge Espina más de la mitad de la población vive bajo la línea de la pobreza.

El modelo entreguista aplicado después del 1982 por Miguel De La Madrid hasta Vicente Fox implica entregar progresivamente los ejes fundamentales del desarrollo económico, social y cultural de la nación al gran capital extranjero (sea norteamericano o europeo) en complicidad con los capitalistas mexicanos,  manteniendo ellos un cierto control sobre una parte del aparato productivo. Este modelo implica también una degradación profunda de las condiciones de vida de los asalariados, de los campesinos y demás pequeños productores, del pueblo en general. La venta de empresas públicas implica una pérdida de soberanía nacional y el dinero de las privatizaciones sirve para asegurar el pago de la deuda pública interna y externa. En el 2001, el banco norteamericano Citigroup se apodero de Banamex y en el 2002 Banco Bilbao Vizcaya ganó el control completo sobre Bancomer.

 La situación económica en México se vuelve nuevamente muy tensa : pérdida de 500.000 empleos desde que empezó la nueva crisis económica en el vecino del norte a inicio del 2001 (90 % de las exportaciones mexicanas salen para EEUU). El Producto Interno Bruto bajó en 2001. El precio del petróleo, como el de otras materias primas, está deprimido, lo que reduce los ingresos fiscales del gobierno con los que se paga la deuda externa. Las presiones contra el peso aumentaron nuevamente a mitad del 2002; las salidas de capitales se aceleraron. No es descartable un aumento de la tasa de interés (premio de riesgo país) que paga México sobre su deuda. En breve, no es improbable una nueva crisis económica y financiera con problemas de pago de la deuda. Sin embargo, la presidencia de Vicente Fox profundiza la política neoliberal de sus predecesores. Con la política de apertura económica total que favorece a las empresas transnacionales, los obreros y obreras, los campesinos y campesinas de México están obligados a competir con los trabajadores de los demás países, cercanos y lejanos. El diario español, El País, lo expresa de manera cruda : “las maquilas, las cadenas de montaje de capital extranjero, que crearon más de un millón de empleos, y constituyen el segundo generador de divisas después del petróleo, pierden competitividad. La razón es simple: los obreros mexicanos ganan tres dólares y medio a la hora, y los chinos o indios, cuarenta centavos” (El País, 23 de Junio 2002).

 Hace falta romper totalmente con el modelo neoliberal y quebrar el círculo infernal de la deuda. No hay nada ineluctable.

Las certidumbres teóricas neoliberales manifestadas hoy día no valen apenas más que las de los liberales o conservadores en el poder en los años 1920 antes del crack financiero. El fracaso económico y el desastre social provocados por los neoliberales de hoy podrían desembocar en nuevos grandes cambios políticos y sociales. La mundialización no es un bulldozer que aplasta todo a su paso: las fuerzas de resistencia son reales y vivas. La mundialización está lejos de haber logrado un sistema económico coherente: las contradicciones en el seno de la Tríada son múltiples (contradicciones entre potencias imperialistas, contradicción entre empresas, descontento social, crisis de legitimidad de los regímenes en el poder, criminalización del comportamiento de los grandes actores económicos). Es más, las contradicciones entre el Centro y la Periferia se refuerzan ya que la dinámica actual de la mundialización es excluyente. Los pueblos de la Periferia constituyen más del 85% de la población mundial: los que creen que van a dejarse marginar sin reaccionar cometen una gran equivocación. Finalmente en el interior de la Periferia, las autoridades que aceptan la vía neoliberal pierden progresivamente elementos de legitimidad (v.g. Fernando de la Rúa en Argentina derrocado por el pueblo en diciembre 2001, Alejandro Toledo obligado en Perú a renunciar a ciertas privatizaciones en junio de 2002). En general, las clases dominantes en estos países no tienen muchas perspectivas de progreso que ofrecer a la gran masa de la población.

Frente a esta falta de perspectiva de mejoramiento del desarrollo humano, es hora para los millones de personas y decenas de miles de organizaciones que luchan, de aprender a vivir juntos reconociendo la real complementariedad e interdependencia entre sus proyectos, de organizar y de afirmar la mundialización de las fuerzas de (re)construcción de nuestro porvenir unidos, de difundir la narración solidaria de este mundo.

Ya es hora.

 

Notas

 1. La reforma al Artículo 3 de la Constitución que entró en vigor en diciembre 1934 decía : “La educación que imparta el Estado será socialista, y además de excluir toda doctrina religiosa combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social”. En los fundamentos la iniciativa de ley presentada en la Cámara de Diputados se podía leer : “La implantación de la enseñanza socialista en la república, al aprobarse la reforma del artículo 3°, no significa la inmediata transformación económica del régimen en que vivimos, significa la preparación del material humano que necesita la revolución para continuar y afirmar su obra. El futuro del país pertenece a la niñez y juventud socialista que ahora se oriente y cultive en los establecimientos educativos y a ella toca realizar definitivamente las aspiraciones del proletariado y de las clases oprimidas de México” (citado por Adolfo Gilly: La revolución interrumpida, Ediciones El Caballito, México DF, 1971, p. 381).

2. Para un análisis detallado, véase Carlos Marichal: A century of Debt Crises in Latin America, 1820-1930, Princeton University Press, 1989; del mismo autor, La deuda externa: el manejo coactivo en la política financiera mexicana, 1885-1995, Mimeo, México, 1999.

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