No. 16
(junio-julio
de 2002)

 

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Reseñas

Entre el tedio y el deseo: la pasión de la señorita Clara Rivas

Carlos Rivas Enciso

“No hay nada

más chic que el tedio...”

Clara Rivas.

Leer a Salvador Márquez Gileta significa romper con el prejuicio centralista, fomentado incluso dentro de los muros de la academia, acostumbrada a desdeñar a las literaturas regionales, en este caso la literatura de Colima.1 En efecto, la obra de Márquez Gileta, escasa debido a su muerte prematura —sólo tres novelas la constituyen: La pasión de la señorita Clara Rivas, España, la calle y La más exquisita agonía— prueba, con creces, y sobre todo con calidad literaria irrefutable que las literaturas regionales están más sanas y vivas que nunca.

La pasión de la señorita Clara Rivas, ópera prima del autor que nos ocupa, inicia la trilogía (que no lo es en el sentido estricto del término), donde Colima y la sociedad colimense son el blanco de la crítica, ante un aparente tedio provinciano permeado siempre por el deseo.

Clara Rivas, protagonista de esta novela, pertenece a la burguesía colimense de los años treinta y cuarenta, signada siempre por su condición de burguesa, sometida a la apariencia, la moda v el tedio de una sociedad parásita que no se dedica a otra cosa que a la tertulia y al regodeo neorromántico fomentado por una pasión inventada por la protagonista, al más puro estilo decimonónico. Sin embargo, como en toda realidad aparente, siempre subyace un trasfondo mucho más sórdido: el deseo, que adquiere ese calificativo, sórdido, en virtud de su ocultamiento y de su rechazo, a pesar de su permanente presencia en la vida de cada uno de los personajes.

Así, la pasión de la señorita Clara Rivas, heroína de la historia, por Julián Lafargue, señorito refinado de “modales tan finos”, a quien prometió amar desde que lo conoció, cumple perfectamente con las convenciones sociales y los requerimientos de clase exigidos a una señorita de tan alta cuna; sin embargo, en el trasfondo, se encuentra la verdadera pasión, los encuentros furtivos y nunca aceptados de Clara Rivas con sus sirvientes: Esteban, el chofer, con quien tiene algunos acercamientos, aunque nunca le permite ir más allá: “( ... ) Esteban retrocedió intimidado, sorprendido por la respuesta de Clara, que aún volteó a mirar el bulto que crecía tras la bragueta de Esteban.(...) (p. 15) y con quien, sin embargo sueña:

(...) Cuando cruzó la puerta del auto aspiró el olor del hombre, sintiendo el calor de la respiración que le bañaba el cuello y no se atrevió a levantar la vista, porque quizá se dejaría arrastrar por el sueño que en las noches de verano le abría las piernas, humedecía sus sábanas y la hacía murmurar, suave, dulcemente, una y otra vez, el nombre de Esteban. (p. 49).

... y Berta, la sirvienta, quien ante la menor provocación intenta acariciarla:

(... ) Berta hizo a un lado la charola. Arrodillada sobre el césped, intentó desabrocharla. Clara miró la cofia, el delantal almidonado, sintiendo los dedos que poco a poco abandonaron los intentos por desatar la cadena y sopesaban la pantorrilla, los labios que besaban el empeine por encima de la media. (p. 11,13).

Publicada originalmente por entregas, como aquellas novelas del siglo XIX, ubicada en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y la declaración de la guerra por parte de México a Alemania, las constantes referencias al modernismo y a los cisnes idílicos, la alusión al amor trágico procedente del romanticismo y la “hermosa provincia mexicana” como telón de fondo. La pasión de la señorita Clara Rivas no es una novela gay, aunque no es tampoco, de ninguna manera, el regodeo en la nostalgia de tiempos pasados. En este texto, el autor empieza a esbozar la homosexualidad como tema por la presencia de la bisexualidad, negada rotundamente en una ciudad que se acuesta a las nueve: “(...) Las nueve de la noche en un breve día sin viento. Las nueve en el reloj del fondo. Las nueve en la ciudad que se hundía en el sueño.(...) (p. 41).

Además, es de destacar el juego del autor, quien ante la represión y la censura que podía adivinar y que después sufriría en otra de sus obras, decide manejar estos dos planos, en donde la crítica ácida y mordaz se “diluye” en las constantes referencias a ese “paraíso perdido” que significó la belle époque tardía de la sociedad colimense.

Para concluir, no puedo menos que reconocer la gran calidad literaria de Salvador Márquez, esbozada en esta primera novela y que culminaría de manera contundente en sus otros dos textos: España, la calle y La más exquisita agonía, donde ya estarán presentes sus metáforas obsesivas (como diría la psicocrítica), en el amor que ya se atreve a decir su nombre y su más exquisita pasión: su amor por la literatura, que le dio, como él mismo lo declararía en una entrevista, una razón para vivir.

* Texto leído por el autor en la Semana Cultural Gay que se celebró en el Museo del Chopo en la Ciudad de México durante Junio del 2002. Carlos Rivas Encino estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la ENEP-Acatlán y Maestría en Letras Mexicanas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Está realizando su tesis de maestría sobre el tema de la literatura gay en México. Profesor en la UNAM desde 1988, realizó estudios de actualización en Estados Unidos y ha trabajado también en la Universidad del Valle de México y en el diplomado en Literatura Latinoamericana en el ITAM.

 

Notas

1. Salvador Márquez Gileta nació un 24 de diciembre de 1947 en Colima, estudió Psicología en la UNAM. Fue Miembro fundador del CER (Círculos de Estudio y Reflexión), grupo cultural que influenció la vida cultural de la Ciudad de Colima a principios de los años setentas. También fue de la generación fundadora del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que se constituyó en 1976 producto de la unificación de varias organizaciones trotskistas, organización donde militó mientras residió en la Ciudad de México especialmente durante los ochentas. Viviendo nuevamente en Colima en los noventas, cada año ayudó a organizar el contingente colimense que se trasladaba a la Ciudad de México a la marcha del orgullo gay.

Salvador trabajó en la Academia Nacional de Danza, en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Colima e impartió clases de literatura a los internos del penal de Puente Grande, Jalisco. Colaboró en el Diario de Colima y en su suplemento “Agora”. Fue becario del Instituto Colimense de Cultura. Escribió cuento, poesía, ensayo y novela. Se han publicado tres de sus novelas: “La pasión de la señorita Clara Rivas” en 1985 por la Universidad de Colima, “España, la calle” en 1995 y “La más exquisita agonía” en el 2000, ambas por la Editorial Praxis y el Archivo Histórico Municipal de Colima. Ahora se presenta una nueva edición de “La pasión de la señorita Clara Rivas” también por Praxis y el Archivo Histórico Municipal; Aunque su hermana, Angeles Márquez Gileta, se ha esforzado por la publicación de las obras de Salvador hay todavía un gran número de sus trabajos inéditos. Salvador, “Chava” como era muy conocido, finalmente murió el 19 de junio de 1998.

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